Día 410

1 CORINTIOS 8.1-11.1.

Hoy continuaremos con el análisis de 1 Corintios, de los capítulos 8 al 10, que tratan con los siguientes temas: comer o no comer alimentos ofrecidos a los ídolos, los derechos de un apóstol, aprender de la historia de Israel para no repetir sus errores, las fiestas idólatras y la libertad cristiana.
Iniciemos con el asunto de los alimentos ofrecidos a los ídolos. Al parecer, la controversia era si era malo o no comer ese tipo de alimentos. Para comprender mejor el asunto, revisemos el contexto social de este asunto. De acuerdo con el Holman Bible Handbook, de Holman Bible Publishers, en Corinto mucha de la carne que estaba disponible en los mercados venía de animales sacrificados en los templos paganos de la ciudad en honor a las deidades paganas. De hecho, Pablo comentó en 1 Co 8.5, “Pues aunque haya los así llamados dioses, ya sea en el cielo o en la tierra (y por cierto que hay muchos «dioses» y muchos «señores»)”, esto principalmente debido a que en realidad en la ciudad de Corinto sí había muchas deidades. La Biblia de Estudio Apologética comenta que un escritor griego llamado Pausanias registró que en Corinto los templos paganos estaban por todas partes, donde los sacerdotes paganos sacrificaban animales a sus dioses y luego las sobras de esos sacrificios se venían en los mercados. Incluso las cenas familiares se hacían en presencia de estatuas de deidades. Así que podemos decir que la cultura religiosa pagana de los corintios estaba muy arraigada e influenciaba todas las áreas de la vida cotidiana.
Con esta información nos resulta más fácil ahora ponernos un poco en el lugar de los discípulos de Cristo en Corinto, quienes de acuerdo con el pasaje que estamos analizando, al parecer estaban divididos en 2 puntos de vista con respecto a los alimentos ofrecidos a los ídolos:
  1. Los cristianos que se consideraban maduros y a quienes no les afectaba en lo más mínimo comer alimento ofrecido a los ídolos porque sabían que esos dioses no eran nada y que solo había un Dios verdadero (1 Co 8.4-6). Además, ese mismo conocimiento que habían adquirido los hacía enorgullecerse y mantener una postura arrogante ante los cristianos más débiles de conciencia.
  2. Los cristianos que tenían una conciencia más débil y que al comer de esos alimentos ofrecidos a ídolos, sentían que estaban contaminando su conciencia (1 Co 8.7-8).
Pablo abordó este problema enseñando algunas cosas muy importantes:
  1. La fe cristiana no tiene nada que ver con cuestiones de alimentos (“Pero lo que comemos no nos acerca a Dios; no somos mejores por comer ni peores por no comer.”, 1 Co 8.8). Aunque en el Antiguo Pacto este tema sí era de una relevancia importante, bajo en el Nuevo Pacto no es así. Un cristiano puede comer de todo sin problema y no por dejar de comer algo o por comerlo va a favorecer a su relación con Dios.
  2. Tenemos libertad en Cristo pero debemos ejercerla con responsabilidad (1 Co 8.9-13, 1 Co 10.23-30). Aunque Pablo enseñó que es cierto que en Cristo somos libres de estar sujetos a cuestiones como los alimentos, también predicó que “no todo es constructivo” (1 Co 10.23) y que nadie debería ejercer su libertad cristiana de forma egoísta y afectando las conciencias de otros creyentes, ya que esto constituye un pecado contra Cristo (1 Co 8.12). Es decir, nuestra libertad cristiana es real pero debe respetar la debilidad de conciencia de otros creyentes, y a donde nuestra libertad afecta a terceros, ahí también termina y un verdadero discípulo de Jesús necesita tener la disposición de limitarse en dicha libertad por el bien de la conciencia de otros creyentes (1 Co 8.13).
  3. Lo principal en todo lo que hagamos “todo para la gloria de Dios” (1 Co 8.31) y cuidando de no hacer tropezar a nadie (ni creyentes ni judíos ni gentiles). Una de las formas de asegurarnos que hacemos esto es cuidar que el motivo por el que hacemos o dejamos de hacer cosas no tenga nada que ver con cuidar o satisfacer nuestros propios intereses, sino más bien tenga como prioridad cuidar los intereses y los corazones de otros creyentes. Pablo lo resume en 1 Co 10.24, “Que nadie busque sus propios intereses sino los del prójimo.” Si mantenemos esa mentalidad en todo lo que hacemos, estamos dando gloria a Dios con nuestra conducta.
Tomando como punto de partida la convicción de Pablo de limitar su libertad espiritual para cuidar la conciencia de otros, en el capítulo 9 el apóstol amplió el tema y terminó haciendo una defensa de su apostolado y hablando de algunas cosas muy importantes con respecto al liderazgo en las iglesias:
  1. Pablo afirmó que tenía varios derechos: a) a alimentarse, b) a tener una esposa creyente, c) a recibir apoyo económico de las iglesias. Sin embargo, aunque todo esto era legítimo, Pablo decidió no ejercer varios de esos derechos por convicción personal.
  2. Como dato histórico, Pablo afirmó que tanto Pedro como los demás apóstoles e incluso los hermanos de Jesús tenían una esposa creyente (1 Co 9.3-6). Incluso esas esposas los acompañaban en sus viajes misioneros (que eran de hecho muy largos). Llama la atención que Pablo menciona a “los hermanos del Señor” (1 Co 9.5), no solamente a Santiago. Esto nos muestra que también el resto de los hermanos de Cristo se convirtieron en sus discípulos. Otro punto importante es que la esposa que cada uno tenía era “creyente”, lo que nos recuerda la convicción de la iglesia primitiva de rechazar los matrimonios nuevos mixtos.
  3. En 1 Corintios 9.7-14, Pablo desarrolló más a fondo el tema de la manutención de que se dedican a predicar el evangelio. Tomando como ilustración Deuteronomio 25.4 (“«No le pongas bozal al buey mientras esté trillando.»”), Pablo afirmó que era voluntad de Dios que las personas que se dedicaban a su servicio y el de su iglesia, al igual que aquellos que servían en el templo de Jerusalén, vivieran de ese ministerio. Incluso afirmó que “el Señor ha ordenado que quienes predican el evangelio vivan de este ministerio.” (1 Co 9.14). El Holman New Testament Commentary: I & II Corinthians, de Broadman & Holman Publishers, afirma que es muy posible que este versículo está conectado con las palabras de Jesús en Mateo 10.10 (“0 ni bolsa para el camino, ni dos mudas de ropa, ni sandalias, ni bastón; porque el trabajador merece que se le dé su sustento.”) y con Lucas 10.7 (“Quédense en esa casa, y coman y beban de lo que ellos tengan, porque el trabajador tiene derecho a su sueldo. No anden de casa en casa.”). Con todos estos argumentos, Pablo quería demostrar a los corintios que él estaba en su total de derecho de recibir un sueldo de parte de los corintios por su labor como predicador y apóstol. De hecho, pareciera que ya otros cristianos recibían algún tipo de remuneración económica de parte de la iglesia de Corinto para ese momento (1 Co 9.12), pero ni a él ni a Bernabé los contemplaban para eso.
  4. Pablo también expuso su convicción de no hacer uso de esos derechos ya que “lo soportamos todo con tal de no crear obstáculo al evangelio de Cristo.” (1 Co 9.12). El apóstol quería facilitar el éxito de la misión en Corinto desde el inicio y por eso se dedicó a trabajar con sus manos hasta que pudo recibir ayuda de otras iglesias externas, pero a los corintios nunca los cargó con esa responsabilidad financiera. También el apóstol dejó claro que toda esta apología que hizo de su propio apostolado no era porque quisiera reclamar esos derechos en ese momento (1 Co 9.15), sino más bien para que todos comprendieran su convicción de hacer lo que fuera para facilitar que se pudieran salvar a todos los que se pudiera. Es ahí cuando afirmó que para cumplir bien su trabajo de salvar a los más posibles, se hacía como esclavo de todos (1 Co 9.19-23). Así estuviera con judíos, no judíos, fuertes o débiles; Pablo buscaba hacerse como ellos (buscar puntos de empatía) “a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles” (1 Co 9.22).Es decir, la causa del evangelio era prioridad para él y mantenía una disposición alta a sacrificar lo que fuera para beneficiar a su misión.
  5. Como punto final a esta discusión, Pablo comparó también a la vida cristiana con la ilustración de una carrera atlética posiblemente tomada de los juegos olímpicos griegos (1 Co 9.24-27). De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de Inter-Varsity Press, los filósofos de la época utilizaban frecuentemente ilustraciones atléticas para describir su lucha por la verdad y la vida sabia. Pablo utilizó en este caso la ilustración de las carreras (1 Co 9.24-26a) y del boxeo (1 Co 9.26b-27). También habló de la gloria de recibir el premio al ganar alguna competencia. El apóstol aseguró que la disciplina personal era un factor muy importante para lograr victoria en esas competencias y así también para salir vencedores en la vida cristiana, cuidando siempre de no quedar descalificados al final de la carrera “después de haber predicado a otros” (1 Co 9.26).
Para terminar, en el capítulo 10 el apóstol Pablo llevó a los corintios a recordar un poco de la historia de Israel, para darles las siguientes lecciones:
  1. Así como el antiguo Israel pecó y le falló a Dios, así también los cristianos corrían el riesgo de caer en las mismas cosas: idolatría, inmoralidad sexual, falta de confianza en Dios (poniéndolo a prueba) y murmuraciones contra Él. Pablo hacía un llamado a los corintios a que aprendieran de los errores de Israel para que no los repitieran, ya que cada uno de esos pecados tenía consecuencias fuertes y Dios seguía siendo el mismo del Antiguo Testamento.
  2. Dios protege a los discípulos de Jesús de las tentaciones, ya que “no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar.” (1 Co 10.13). Pablo nos presenta a un Dios que comprende la debilidad y la fragilidad humanas y por eso mismo no permitirá nunca que los discípulos sufran tentaciones que no sean “común al género humano” (1 Co 10.13), y además cuando llegue la tentación, “él les dará también una salida a fin de que puedan resistir. ” (1 Co 10.13). A diferencia del pueblo de Israel del AT, los cristianos del Nuevo Pacto tenían la protección continua de Dios en sus vidas diarias, seguramente a través del Espíritu Santo, para ayudarlos en sus buenos deseos de rectitud, fidelidad e integridad. Si un cristiano quiere realmente agradar a Dios, recibirá toda la ayuda que necesita, ¡es un hecho!
  3. Precisamente una de los más grandes peligros para la fe que los cristianos de Corinto tenían era el asunto de la idolatría (1 Co 10.14-22). Pablo literalmente les dice, “huyan de la idolatría” (1 Co 10.14), justo como les pidió anteriormente que huyeran de la inmoralidad sexual también (1 Co 6.18). Así, la inmoralidad sexual y la idolatría aparecen en 1 Corintios como pecados de los que un discípulo debe huír. Pablo les aclaró que los sacrificios hechos a los ídolos en los rituales paganos de Corinto eran en realidad sacrificios hechos a demonios (1 Co 10.20). Claro está que las personas no estaban pensando que les dedicaban algo a los demonios, pero bajo el principio de que Satanás es el “padre de la mentira”, todo engaño doctrinal o moral que desvíe a las personas de Dios proviene de él y de sus demonios. Así que podemos decir que la idolatría está respaldada completamente por Satanás, y un cristiano no puede participar de la “copa del Señor y también de la copa de los demonios” (1 Co 10.21). Por eso Pablo llamó a los corintios a estar alertas y cuidarse de no tener ninguna relación con la idolatría, aunque el costo social e incluso económico fuera alto para ellos.

Conclusiones:

  1. La verdadera libertad cristiana se ejerce con responsabilidad y siempre manteniendo el amor fraternal como prioridad. Cuando alguien argumenta su derecho a la “libertad cristiana” pero está lastimando la conciencia de otros creyentes, se encuentra en una posición muy delicada ante Jesús, ya que está pecando contra él y necesita arrepentirse y poner el bien de la iglesia antes que sus intereses personales.
  2. La iglesia primitiva contemplaba sin problema el remunerar económicamente a personas que se dedicaban de lleno a la predicación del evangelio y el pastoreo. Aunque existan críticas modernas a esta posición, no deja de ser bíblica y además es parte del plan de Dios para su iglesia.
  3. ¿Qué tan importante es para nosotros el éxito de la misión? ¿Tenemos disposición a cambiar áreas en nuestra vida con tal de apoyar a que la misión de salvación sea más efectiva? ¿Qué tanto nos importa la conciencia de los demás creyentes? Pablo nos llama a imitarlo en sus convicciones si nos llamamos discípulos de Jesús.
  4. Aprendamos de los errores del pueblo de Dios tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Leamos más nuestra Biblia y estemos alerta ante nuestras propias debilidades, para que no nos engañemos y terminemos viviendo en rebeldía contra Dios, como le sucedió al antiguo Israel.
  5. Apreciemos tanto que Dios tiene la disposición de protegernos de las tentaciones y que nos proporciona todo lo que necesitamos para llevar una vida cristiana exitosa. Esto quiere decir que no es excusable la mediocridad espiritual. La realidad es que estamos donde estamos espiritualmente porque ahí queremos estar, porque si Dios nos da su ayuda, a su lado todo es posible.

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