Día 394

MARCOS 15.42-27, MATEO 27.57-61, LUCAS 23.50-56, JUAN 19.38-42, MATEO 27.62-66, MARCOS 16.1-8, MATEO 28.1-7, LUCAS 24.1-12, MARCOS 16.9-13, JUAN 20.1-18, MATEO 28.8-15.

Después de analizar los terribles momentos de la pasión de Cristo, pasemos ahora a revisar los detalles de la sepultura y la resurrección. No existe milagro más poderoso registrado en la Biblia que este. Varias cosas importantes pasaron entre el viernes por la tarde que Jesús murió y el domingo por la mañana en que los discípulos se dan cuenta que ya no estaba en la tumba.
Hablemos primero de la sepultura de Jesús. Los 4 evangelios coinciden en mencionar que la sepultura de Jesús se debió a la generosidad de un hombre llamado José de Arimatea, de quien la Biblia menciona las siguientes características:
  1. Era un “miembro distinguido del Consejo” (Mr 15.43).
  2. Esperaba el reino de Dios (Mr 15.43).
  3. Era rico (Mt 27.57).
  4. Se “había convertido en discípulo de Jesús” (Mt 27.57).
  5. Aunque era miembro del Consejo, no estuvo de acuerdo con la decisión y con el proceder de ellos contra Jesús (Lc 23.51).
  6. Era miedoso, ocultaba su fe ante los judíos (Jn 19.38).
Esto nos muestra que también había personas ricas e importantes siguiendo a Jesús, aunque no abiertamente porque le tenían mucho miedo a los religiosos judíos. Imaginemos el dolor de José de Arimatea, siendo miembro del Consejo, y presenciando ante sus ojos el falso juicio de Jesús y la sentencia terrible que le aplicaron. Ya que Jesús había muerto, José de Arimatea se llenó de valor para ir ante Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús, y se lo dio. De hecho, el sepulcro donde fue enterrado Jesús era de su propiedad. Definitivamente algo muy fuerte movió a José de Arimatea para vencer su temor y hacer algo por su Maestro, aunque fuera facilitar todo para su sepultura. Un detalle interesante que el relato nos muestra es la presencia de Nicodemo en el sepulcro (Jn 19.39), quien llegó “con unos treinta y cuatro kilos de una mezcla de mirra y áloe”, quien junto con José de Arimatea, trabajaron en el ritual de sepultura de Jesús (que involucraba envolverlo en vendas aromáticas). Aquella conversación nocturna entre Nicodemo y Jesús dejó impactado profundamente al religioso quien desde ese momento admiró y siguió a Jesús, pero en secreto. Así que aquellos discípulos secretos de Jesús (Nicodemo y José de Arimatea) fueron los que se encargaron de su sepultura.
¿Qué sucedió con estos dos hombres? El Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de editorial CLIE, nos dice que la tradición cristiana afirma que Nicodemo fue bautizado por Pedro y Juan pero que sufrió mucha persecución por su fe y tuvo que huir de Jerusalén. También se cree que su familia cayó en una pobreza terrible, posiblemente debida a la guerra con Roma o bien, a causa de haber aceptado el cristianismo. El mismo recurso nos comenta que también la figura de José de Arimatea se volvió famosa entre los primeros cristianos, llegando a afirmar que también sufrió persecución por su fe, especialmente después de que los fariseos y los jefes religiosos judíos se enteraron de lo que él y Nicodemo habían hecho por el cuerpo de Jesús. Así que, es posible que dejaron a un lado su cobardía y expresaron abiertamente su fe en Cristo, pagando las consecuencias por ello pero con valor.
En cuanto a la forma de la tumba, la Biblia de Estudio Arqueológica nos confirma que se han encontrado otras tumbas del primer siglo con la misma estructura que la descrita en los evangelios: eran excavadas en la roca con una pequeña entrada, un pasillo para entrar muy bajo y una cámara de entierro con bancos en 3 de los lados para la colocación de los cuerpos. Aquí tenemos una imagen de la tumba de la familia de Herodes, contenida en BiblePlaces.com Image Library, de Logos Bible Software. Podemos observar la tumba cavada en la roca y la piedra circular que servía como puerta de entrada.
Tumba Familia de Herodes
En cuanto al día exacto de la sepultura de Jesús, Marcos 15.42 dice, “Era el día de preparación (es decir, la víspera del sábado). Así que al atardecer…”. El día de preparación para el sábado pues era el viernes, el mismo día en que murió Jesús. Tenían que darse prisa porque estaba por iniciar el día de reposo (sábado) y no podrían hacer trabajos físicos. Así que Jesús fue sepultado el viernes por la tarde.
Un detalle único que encontramos solamente en Mateo es el relato de la guardia de soldados romanos en el sepulcro (Mateo 27.62-66). Según el mismo, los jefes de los sacerdotes y los fariseos fueron con Pilato para pedirle una guardia armada para cuidar el sepulcro algunos días, ya que dijeron: “nosotros recordamos que mientras ese engañador aún vivía, dijo: “A los tres días resucitaré.” (Mt 27.73). Es decir, ¡ellos estabaan bien conscientes de lo que Jesús profetizó sobre su resurrección! De hecho, observando las reacciones de los discípulos ante la noticia de la resurrección, es posible que estaban más conscientes de esas palabras que estos últimos. Precisamente pensando en eso, quisieron la guardia para asegurarse de que nadie pudiera decir que resucitó. De acuerdo con el Enhanced Strong’s Lexicon, de Woodside Bible Fellowship, la palabra griega para “guardia de soldados” es κουστωδία (koustodia), que implicaba un grupo de soldados compuesto de 4 hasta 16 elementos.
Ahora, en cuanto a la resurrección de Jesús (Marcos 16.1-13, Mateo 28.1-15, Lucas 24.1-12 y Juan 20.1-18), veamos los siguientes detalles:
  1. Mateo 28.1 dice, “Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana”. De acuerdo con el Holman New Testament Commentary: Matthew, de Broadman & Holman Publishers, la celebración del sábado terminaba oficialmente en la puesta del sol del mismo día. Al siguiente día del sábado se consideraba “el primer día de la semana”, lo que sería el domingo entonces. Así que la visita a la tumba de Jesús por parte de las mujeres fue precisamente el domingo por la mañana. De hecho, Marcos 16.2 menciona que fueron “muy de mañana… apenas salido el sol”, y Juan 20.1 dice que fueron “cuando todavía estaba oscuro”. Estas mujeres eran “María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé” (Mr 16.1). Imaginemos cómo fueron las noches del viernes y el sábado para ellas y para todos los discípulos de Jesús. Estaban tan inquietas que inmediatamente que comenzó a amanecer, de hecho posiblemente de madrugada aún, salieron rumbo al sepulcro a llevar especias aromáticas que prepararon (Lc 24.1).
  2. Los evangelios narran la intervención de uno y hasta dos ángeles (Lc 24.4) en la resurrección de Jesús de la siguiente manera: a) Mateo afirma que hubo un terremoto, que el ángel parecía como un relámpago con ropa “blanca como la nieve” (Mt 28.3), b) asustaron terriblemente a los guardias la grado que quedaron paralizados de miedo (Mt 28.4), c) el aspecto al menos de uno de ellos era de “un joven vestido con manto blanco” (Mr 16.5), establecieron un diálogo con las mujeres que entraron al sepulcro donde les anunciaban la resurrección y les pedían que informaran inmediatamente a los apóstoles para que lo encontraran en Galilea (Mr 16.6-7).
  3. Aunque Marcos 16.8 dice que las mujeres después que salieron del sepulcro no dijeron nada a nadie “porque tenían miedo” (Mr 16.8), Mateo y Juan afirman que sí fueron con los demás discípulos a avisarles. Sin embargo, es Lucas quien nos proporciona más detalles de cómo realmente pasaron las cosas: “Pero a los discípulos el relato les pareció una tontería, así que no les creyeron” (Lc 24.11). El IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, nos dice que el testimonio de una mujer era considerado de poco valor en la cultura judía del primer siglo. Por eso precisamente los apóstoles no las tomaron en serio.
  4. Después del aviso de María Magdalena a los apóstoles, aunque varios no creyeron, fueron Pedro y el discípulo “a quien Jesús amaba” (Jn 20.2, referencia al apóstol Juan) quienes salieron corriendo al sepulcro y descubrieron lo siguiente: a) las vendas con las que envolvieron a Jesús, b) el sudario que cubrió la cabeza de Cristo “enrollado en un lugar aparte” (Jn 20.6). De acuerdo con el libro The Beloved Disciple’s Memoirs and Letters: The Gospel of John, I, II and III John, de Bible Lessons International, el sudario era una tela que se utilizaba para envolver la cabeza del fallecido, aparte de las vendas para envolver el resto del cuerpo. Llama la atención aquí el detalle del sudario enrollado y acomodado aparte de las vendas. Una posible muestra más de la excelencia de Jesús que continuó mostrando incluso regresando de la muerte.
  5. Después de esta visita de los 2 apóstoles, el evangelio de Juan registra que se quedó María Magdalena a llorar junto al sepulcro, y ahí se le apareció Jesús mismo (Juan 20.10-18), aunque ella inicialmente no lo identificó sino hasta que él la llamó por su nombre. Esta constituye la primera aparición de Jesús una vez que resucitó. Un detalle interesante aquí es cuando Jesús le dijo a María: “—Suéltame, porque todavía no he vuelto al Padre.” ¿Qué significa esto exactamente? ¿Había algún problema energético con el cuerpo de Jesús? ¿O sería que Jesús realmente no resucitó en forma física (como algunos críticos afirman)? La Biblia de Estudio Apologética nos dice que el versículo en griego se puede referir a que María dejara de aferrarse a Jesús y lo soltara, ya que él no había regresado de la muerte para quedarse en un cuerpo físico permanentemente, sino que sus apariciones serían temporales y rápidas, ya que la ascención era la meta final.
  6. Mateo 28.11-15 añade un detalle muy importante, ya que afirma que cuando los guardias fueron a contarle a los jefes de los sacerdotes sobre lo que pasó en la tumba, se armó un complot para ocultar la verdad (que involucró soborno a los soldados), y se inventó la versión de que los discípulos de Cristo se robaron el cuerpo por la noche. Según Mateo, “Esta es la versión de los sucesos que hasta el día de hoy ha circulado entre los judíos.” (Mt 28.15). Parece ser que el apóstol quería dejar bien claro cómo los religiosos judíos torcieron la verdad sobre la resurrección y trataron de impedir que la historia se corriera. Imaginemos las conciencias de esos hombres, que a pesar de que soldados romanos paganos les dieron el reporte de la aparición sobrenatural del ángel, no quisieron aceptar la verdad y prefirieron corromperla. Una última evidencia de la dureza de sus corazones.
Algunos críticos del cristianismo y personas escépticas en general han expresado sus dudas sobre la resurrección de Jesús, argumentando que no fue un evento histórico sino un invento judeo-cristiano del primer siglo. En su libro The Resurrection: An Historical Analysis, de C. Foster Stanback, Illumination Publishers International, se plantea esta posiblidad desde las perspectivas del entorno cultural del primer siglo, las cuales listamos a continuación con su correspondiente antítesis bíblica:
  1. Resucitación: no es posible bíblicamente porque la Biblia registra que Jesús entregó el espíritu, murió, su muerte fue confirmada (la lanza que lo atravesó con testigos presentes), se apareció de repente dentro de un cuadro con puertas cerradas.
  2. Teofanía: no es posible tampoco porque todos los testigos vieron la tumba vacía.
  3. Una aparición fantasmal: no es congruente con el relato ya que María pudo tocarlo, Jesús mismo comió con sus discípulos (más adelante revisaremos este momento) y el mismo aseguró que no era un fantasma.
  4. Metáfora: tampoco es posible ya que los historiadores de la época registraron también la muerte de Jesús con detalles claros de tiempo, lugar y personajes involucrados.
Otro detalle es la mención del testimonio de las mujeres. Cualquier judío del primer siglo que quisiera inventar la historia de la resurrección jamás hubiera puesto a las mujeres como las primeras testigos de las apariciones de Jesús, ya que su testimonio culturalmente hablando no era válido. Tal vez el hecho de que Jesús se haya aparecido primero a María Magdalena y no a Pedro o a Juan (que también visitaron la tumba), no fue circunstancial, sino un acto deliberado para fortalecer la posterior historia de la resurrección.
Un argumento más contra la teoría de que Jesús no resucitó reside en el hecho de cómo explicar que una guardia de soldados romanos experimentados (posiblemente de 4 a 16) fueron derrotados por unos cuantos discípulos deprimidos para robar el cuerpo de Cristo.  Conociendo las habilidades guerreras de los romanos, ¡no es creíble simplemente!
Finalmente, vale la pena mencionar que una sábana con una figura humana impresa que se ha llamado “El Manto de Turín” (click para ver más detalles) se ha considerado por muchos años como la posible sábana que cubrió al cuerpo de Cristo, aunque hay bastante controversia alrededor porque estudios científicos fecharon la tela en una fecha muy posterior a la crucifixión.

Conclusiones:

  1. Seguir a Cristo “en secreto” no funciona, tarde o temprano necesitaremos mostrar valor y dejar que otros sepan en quién creemos y a quién seguimos. Ser un discípulo de Jesús requiere valor de nuestra parte. La cobardía no es compatible con el cristianismo bíblico.
  2. Resulta impresionante pensar en el grado de dureza que había en los corazones de los líderes religiosos judíos, que ante tantas evidencias internas y externas de quién era Jesús, ¡no quisieron creer! Ni siquiera ante el testimonio de los soldados romanos. Tengamos cuidado con nuestros corazones para que no los permitamos endurecerse a tal grado que negamos nuestra fe y dejamos de creer en Dios y en su Hijo.
  3. La resurrección de Jesús, al igual que la crucifixión, constituyen los dos eventos más importantes de la fe cristiana. Aprendamos a defender nuestra fe de los ataques a la misma, especialmente aquellos que contradicen la resurrección de Jesús. Existen evidencias internas y externas que nos ayudan para tener confianza en lo que la Biblia dice.
Veamos el fragmento final de la película The Passion of the Christ, que muestra desde la muerte de Jesús hasta su resurrección.


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