Día 289

JEREMÍAS 5.20 – 6.30, 2 REYES 22.3 – 20, 2 CRÓNICAS 34.8 – 28.

Continuando con el estudio sobre el libro de Jeremías, estudiaremos hoy más advertencias que Dios le dio a Judá y especialmente a Jerusalén sobre el castigo que se acercaba. También vamos a conocer la vida del famoso rey Josías, el último rey de Judá que buscó a Dios antes que llegara el desastre de la invasión por parte de Babilonia. Aprenderemos varias lecciones importantes para nuestra vida.

En cuanto a las advertencias de Jeremías, encontramos en los capítulos 5 y 6 algunos temas importantes:

  1. La denuncia del estado espiritual del pueblo de Dios. El Señor mismo dijo con respecto a su pueblo: “tiene el corazón terco y rebelde; se alejó y me abandonó.” (Jer 5.23), “Esta es la ciudad que debe ser castigada, porque es perversa hasta más no poder.” (Jer 6.6), “Tienen sordos los oídos y no pueden oír. Ellos desprecian la palabra del SEÑOR. No quieren escuchar para nada.” (Jer 6.10), “Desde el menos importante hasta el más importante, sus vidas están dominadas por la avaricia.” (Jer 6.13). El corazón del pueblo en Jerusalén estaba endurecido y se rehusaban a escuchar los mensajes de parte de Dios porque preferían seguir en sus conductas malvadas y perversas. Había un ambiente de rechazo a los mensajes proféticos de Dios.
  2. Las consecuencias de vivir en el pecado. Jeremías 5.25 dice, “Su maldad les ha privado de estas maravillosas bendiciones; su pecado les ha robado todas estas cosas buenas.” El pueblo no se daba cuenta de que el pecado les estaba robando muchas bendiciones de parte de Dios y muchas “cosas buenas”, como mantener un “temor reverente” a Dios (Jer 5.24). Y así sucede, la maldad nos priva de recibir grandes bendiciones. Debemos comprender la naturaleza destructiva del pecado y las graves consecuencias que tiene para nuestra vida a largo plazo.
  3. El anuncio del ejército invasor que se aproximaba. El profeta Jeremías también dejó avisos sobre un poderoso ejército que llegaría del norte (Jer 6.22) y que Dios utilizaría para efectuar su juicio contra Jerusalén. Este ejército estaba bien armado, se caracterizaban por su crueldad y su falta de compasión y además ya tenían hechos sus planes para destruir Jerusalén.
  4. La difícil tarea del profeta. Jeremías 6.27 dice, “«Jeremías, te he hecho probador de metales, para que puedas determinar la calidad de mi pueblo.”, “Te he puesto como observador y como examinador entre Mi pueblo, Para que conozcas y examines su conducta.” (NBLH), “Te he puesto entre mi pueblo como vigía y quilatador: Conoce, pues, y examina el camino de ellos.” (BTX). Dios le asignó a Jeremías la misión de pesar y medir a su pueblo, para exponer la calidad de su fe. Lamentablemente el pueblo no pasaría la prueba y el mismo Jeremías sufriría mucho en el proceso. Ser profeta en el antiguo Israel no era una tarea agradable, al contrario, involucraba sufrimiento al tener que pronunciar juicios tan fuertes contra sus compatriotas y muchas veces, vivir para presenciar cómo se cumplía cada uno de ellos.

Después de este análisis de los capítulos de Jeremías, ahora vamos a estudiar la vida del rey Josías. 2 Reyes 22 y 2 Crónicas 34 nos hablan sobre este importante rey. Siendo muy joven subió al trono (a los 8 años de edad, 2 R 22.1) y desde el octavo año de su reinado, “siendo aún joven, Josías comenzó a buscar al Dios de su antepasado David.” (2 Cr 34.3). ¿Cómo se dio este proceso de un rey tan joven buscando a Dios?:

  1. A los 16 años de edad inició su búsqueda personal de Dios, por su propia iniciativa. A pesar de su juventud, se interesó mucho en conocer al Dios de sus antepasados y saber qué quería de su pueblo.
  2. En el año 12 de su reinado (es decir, a los 20 años de edad), 4 años después del inicio de su búsqueda de Dios y seguramente como fruto del entendimiento que fue desarrollando, Josías comenzó un proceso de erradicación de la idolatría de Judá destruyendo santuarios, postes y figuras de adoración pagana (2 Cr 34.3-7). Él personalmente dirigió esta campaña visitando diversas ciudades y regiones para llevar a cabo su tarea de purificación que se había propuesto.
  3. En el año 18 de su reinado (a los 26 años de edad) y también como continuación de las convicciones que fue adquiriendo por su búsqueda personal de Dios, Josías inició la reparación del templo de Dios en Jerusalén (2 Cr 34.8-12). Con las ofrendas que el pueblo de Dios comenzó a dar de nuevo se financiaron las obras de reconstrucción del templo.

Fue durante éste último proceso que el sacerdote Hilcías encontró el olvidado libro de la ley de Dios (2 Cr 34.15), y al leerlo al rey conforme a su petición, Josías inmediatamente “rasgó su ropa en señal de desesperación” (2 R 22.11) y mandó a varios funcionarios a consultar a una profetisa en el templo de Dios para que intercediera por ellos ante Dios y le preguntaran sobre el libro encontrado. Dios respondió y le confirmó a Josías que todas las profecías de juicio contra Judá y Jerusalén se llevarían a cabo sin falta con la siguiente afirmación final: “Mi enojo será derramado sobre este lugar y no se apagará.” (2 Cr 34.25).

Sin embargo, la Biblia nos hace la siguiente aclaración:

  1. Dios notó la actitud con la que Josías tomó el hallazgo del libro de la ley y el tomar conciencia de que no se estaba obedeciendo: “‘Estabas apenado y te humillaste ante Dios al oír las palabras que él pronunció contra la ciudad y sus habitantes. Te humillaste, rasgaste tu ropa en señal de desesperación y lloraste delante de mí, arrepentido.” (2 Cr 34.27). Josías realmente demostró mucha humildad ante Dios de forma privada. Dios no pasó por alto esto, estaba pendiente y para Él tuvo mucho valor que Josías reaccionara de esa manera ante su Palabra. Recordemos que el estándar del corazón del israelita promedio era endurecimiento y rechazo a los mensajes de Dios. Realmente Josías hizo la diferencia. Sus varios años de esfuerzo buscando a Dios de forma personal habían dado fruto en un corazón suave, humilde y sensible a las cosas espirituales.
  2. Dios le prometió a Josías que había escuchado su oración y que por eso retrasaría la llegada del desastre anunciado hasta que Josías muriera, para que él no tuviera que presenciarlo (2 Cr 34.28). Dios tomó en cuenta el corazón de Josías y a pesar que su sentencia ya estaba dictada sobre Jerusalén, estuvo dispuesto a recompensar a Josías evitándole el sufrimiento que vendría sobre Judá y especialmente sobre Jerusalén. Dios tuvo compasión de él por el corazón que mostró hacia su Palabra.

Conclusiones:

  1. El pecado nos roba las bendiciones que Dios nos puede dar y de muchas otras cosas buenas que podemos disfrutar en esta vida. No nos dejemos engañar por el pecado, porque aunque nos ofrezca felicidad o satisfacción inmediatas, a largo plazo nos roba más de lo que nos da.
  2. Para buscar a Dios no hay límites de edad, tanto un jovencito lo puede buscar como una persona de la tercera edad, y si hay sinceridad, en cualquier caso e independientemente de la edad, Dios puede transformar sus corazones de forma poderosa.
  3. Cuando decidimos buscar a Dios de corazón, comienza un proceso de transformación interna que nos llevará a dar más pasos, uno a uno, para ir cumpliendo la voluntad de Dios en nuestra vida. A veces tendremos que dedicarnos a purificarnos, después a deshacernos de viejos e inútiles hábitos, luego a cambiar nuestra forma de pensar, y después a dedicarnos a hacer acciones correctas según la voluntad de Dios en su Palabra. Buscar a Dios siempre será un viaje maravilloso de cambios, decisiones y acciones; ¡nunca es una experiencia aburrida!
  4. Dios se fija mucho en la actitud con la que recibimos su Palabra, Él está pendiente en ver cómo reaccionamos cuando se nos ayuda o se nos corrije con las Escrituras. Si ve un corazón humilde, suave y dispuesto, como el de Josías, no pasa por alto para nada esa reacción y la recompensa. Pero si ve un corazón duro, indiferente y hostil a su mensaje, también Él se encargará de tratar con esa persona de la forma como Él mejor lo decida.

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