Día 278

MIQUEAS 5.1 – 7.20.

Hoy terminaremos el estudio del libro profético de Miqueas. Recordemos que Miqueas fue un profeta contemporáneo a Isaías y trató varios de los temas que también Isaías manejó en su libro. Veamos los puntos más relevantes de la historia:

  1. La profecía mesiánica contenida en Miqueas 5. Nuevamente dentro del mensaje con motivo de la invasión asiria a Judea, podemos encontrar otro mensaje que apuntaba hacia el futuro distante, hacia los tiempos de Jesús: A) el gobernante de Israel que nacería en Belén. El Nuevo Testamento registra que los religiosos judíos del siglo I reconocían a esta profecía como mesiánica (Mateo 6.2). B) Los orígenes de este rey “vienen desde la eternidad” (v. 2) o “desciende de una antigua familia” (DHH-LA). Probable alusión a la dinastía del rey David que tuvo su origen también en Belén (1 Samuel 16.2). C) Referencia a la “mujer que está de parto” (v. 3). Algunos estudiosos piensan que tiene conexión con Isaías 7.14 y 9.6 que hablan sobre la madre del Mesías. D) Ese rey sería “la fuente de paz” (v. 5). Cristo también puede entrar aquí, como dice Efesios 2.14, NVI, “Porque Cristo es nuestra paz”. Así que Dios no solamente estaba revelando la liberación futura de Judea y de todo su pueblo, sino también estaba liberando la esperanza que vendría en un futuro más lejano, donde todo dependería de un bebé que nacería en Belén y que sería la paz de Dios personificada: ¡Jesús!
  2. El dolor de Dios por el desprecio de su pueblo. En Miqueas 6.1-5 encontramos a Dios mismo dando un mensaje directo a su pueblo. Aquí podemos comprender mejor cómo Dios sí siente las reacciones negativas de su pueblo contra Él y sus designios. Así como Israel tenía quejas continuas contra la voluntad y los mandatos de Dios, así también Dios tenía quejas contra su pueblo. La frase, “»Oh pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿Qué he hecho para que te canses de mí? ¡Contéstame!” (v. 3) o “«Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¡Dime en qué te he ofendido!” (NVI), revela los sentimientos de Dios claramente: se sentía muy dolido por el trato que su pueblo le daba. Después de la queja, pasa a recordarle a Israel parte de lo mucho que Dios había hecho por ellos (v. 4 – 5), comenzando por la gloriosa y poderosa salida de Egipto y luego todo el trayectoi hacia la tierra prometida. Así como le pasó a Israel, a veces también le pasa así a los creyentes: se llenan de quejas contra Dios y olvidan todas las bendiciones que han recibido de Él, pero en su postura egoísta no se preguntan cómo se estará sintiendo Dios de todas sus quejas. ¿Te ha preocupado alguna vez cómo haces sentir a Dios cuando te pones como Israel, quejándote solamente y no agradeciendo? Dios también tiene sentimientos, ¡Él nos los puso! El siente mucho más que nosotros, es un hecho.
  3. Lo que Dios espera de su pueblo. En los versículos 6 al 8 de Miqueas 6 tenemos varias preguntas que supuestamente hace Israel, tratando de comprender qué es lo que Dios realmente quiere: ¿qué tipo de ofrendas? ¿Cada cuánto se presentan? ¿Cuántos ejemplares? ¿Qué sacrificamos? Pero la respuesta de Dios no tenía nada que ver con lo que ellos pensaban: “El SEÑOR te ha dicho lo que es bueno, y lo que él exige de ti: que hagas lo que es correcto, que ames la compasión y que camines humildemente con tu Dios.” (v. 8), “Sino sólo practicar la justicia (el derecho), amar la misericordia (lealtad), Y andar humildemente con tu Dios?” (NBLH). Dios no quería adoración fría, mecánica e hipócrita. Más bien quería que los corazones de los israelitas estuvieran entregados a Él y se reflejara en su búsqueda por ser íntegros, en la práctica activa de la misericordia para con el prójimo y en andar en obediencia a su Palabra. ¡No son tantas cosas las que pedía! Y así también, no son tantas cosas las que pide hoy. ¿Estamos adorando a Dios como Él quiere o como nosotros nos imaginamos? ¿Te queda claro qué espera Él de tu vida?
  4. La esperanza futura después del sufrimiento sentenciado. Hay una frase que ilustra muy bien el estado espiritual del pueblo de Israel en ese tiempo: “La gente que sigue a Dios ha desaparecido; no queda ni una persona honrada sobre la tierra.” (v. 2), “Ya no hay en este mundo gente buena y que ame a Dios; unos a otros se hacen daño.” (TLA). Esto quería decir que lo que más caracterizaba al pueblo de Dios ya no era devoción, rectitud, compasión, justicia, etc. Más bien todo lo contrario. Y aunque el profeta estuviera haciendo una exageración intencional para dejar claro el punto, era un hecho que la sociedad israelita estaba en seria decadencia y tendría que enfrentar las consecuencias de sus pecados muy pronto.
  5. El conocimiento de Dios que viene después de tiempos difíciles. El profeta hablando en primera persona como si representara a todo Israel, dice varias cosas importantes para lograr esperanza después del sufrimiento: a) buscar la ayuda de Dios y confiar en su salvación (Miq 7.7), b) seguridad de que aunque cayera ahora se levantaría después por el poder de Dios (Miq 7.8), c) sería paciente mientras sufriera el castigo merecido enviado por Dios (Miq 7.8), d) después Dios enviaría su liberación y su victoria sobre su pueblo de nuevo (Miq 7.10-20). Los últimos versículos del libro de Miqueas nos muestran la imagen de Dios que recibirían con respecto a la liberación que les tenía planeada: un pastor (Miq 7.14), un hacedor de grandes milagros (Miq 7.15), un Dios que perdona el pecado de su pueblo y no se queda enojado para siempre con ellos (Miq 7.18), un Dios que se “deleita” en mostrar su “amor inagotable” (Miq 7.18), y un Dios que cumple sus promesas antiguas (Miq 7.20). Es un hecho que los tiempos difíciles nos permiten conocer mejor a Dios ya que podemos apreciar más de cerca la forma en que trabajará en nosotros y los diferentes atributos de su carácter que se revelarán en el proceso.

Conclusiones:

  1. Jesús es nuestra paz, no lo olvides. Desde antes que naciera ya se había determinado que así sería, entonces no hay razón para perder nuestra paz hoy por las pruebas o las dificultades, ¡Él seguirá siendo nuestra paz si nos mantenemos fieles a su Palabra!
  2. A Dios le duele cuando lo despreciamos, cuando solo nos quejamos de lo que no tenemos olvidando todo lo que ya nos ha dado, y cuando nos enfocamos más en procedimientos y legalismos que en la integridad, la compasión y la humildad. ¿Qué le generamos hoy a Dios, alegría o dolor? Deberíamos poner a pensarnos más en qué siente Dios de nosotros, no solamente cómo nos sentimos nosotros con Dios.
  3. Que nunca llegue el día que al mirar la iglesia podamos decir lo mismo que Isaías: “La gente que sigue a Dios ha desaparecido”. Sigamos luchando por mantener firme nuestra fe y por acercar a otros a la fe en Dios.
  4. Podemos conocer mejor a Dios cuando pasamos con éxito las pruebas y las dificultades, porque ahí es donde sus promesas se hacen realidad y donde su amor y su compasión se muestran. ¿Qué tanto aprovechamos los momentos difíciles para conocer mejor a nuestro Dios? ¿Puedes decir que a través de las dificultades en tu caminar de fe has conocido mejor a Dios?

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.