Día 445

INTRODUCCIÓN A 1 PEDRO.

De acuerdo con nuestro estudio cronológico del Nuevo Testamento, toca el turno ahora a la primera carta de Pedro. De acuerdo con el libro Chronological and Background Charts of the New Testament, de H. Wayne House, Zondervan, este libro del NT fue escrito en el año 63 d.C. por el apóstol Pedro desde la ciudad de Roma, y estaba dirigida a los cristianos en Asia Menor. Veamos un poco de información de contexto de acuerdo con el Harper’s Bible Dictionary, de Harper & Row:
  1. Se considera que es una carta debido a que contiene el formato típico que usaban: saludos iniciales, cuerpo central, la nota que hacer referencia al secretario y agradecimientos.
  2. El apóstol Pedro utilizó numerosos contrastes para tratar de ayudar en su fe a los cristianos que estaban recibiendo la carta. Dichos contrastes tenían por objetivo resaltar el cambio tan radical que sus lectores habían sufrido al convertirse al cristianismo, para que no olvidaran la trascendencia eterna de su decisión.
  3. Sin embargo, la conversión al cristianismo implicaba también mucho sufrimiento. Pedro trató este tema ampliamente en su carta con el objetivo de ayudar a permanecer firmes a los cristianos que por causa de su fe, estaban dejando viejas lealtades a la familia o a la sociedad o a sus anteriores dioses, para abrazar el cristianismo. Muchos por causa de su conversión perdieron su posición social, riquezas, relaciones familiares y hasta su vida por causa del cristianismo.
  4. Pedro también animó a los creyentes con respecto a la nueva casa a la que pertenecen, ya no terrenal, sino celestial. Les habló acerca de la familia de Dios y el privilegio que representa pertenecer a ella. La carta entonces tiene referencias muy importantes a este tema.

1 PEDRO 1.1-2.12.

La carta inicia con el autor escribiendo, “Pedro, apóstol de Jesucristo” (1 P 1.1). Algunos estudiosos bíblicos sostienen que no hay certeza de que Pedro hubiera escrito la carta por cuestiones del estilo literario en griego utilizado, que no corresponde con el de un pescador inculto de Palestina. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos sí están de acuerdo en la autoría de Pedro para esta carta. Como el mismo v. 1 lo menciona, la carta estaba destinada para “los elegidos, extranjeros dispersos por el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia”, territorios que corresponden a Asia Menor. De acuerdo con la Biblia de Estudio Arqueológica, podemos mencionar dos puntos principales con respecto a la introducción:
  1. El término “extranjero” se refería a las personas que residiían en una zona sin protección legal y sin los derechos proporcionados a los ciudadanos. Pedro llamó así a los cristianos de Asia Menor debido a que posiblemente pertenecían a clases sociales marginadas y además al convertirse en cristianos se habían unido a un grupo privado de derechos y perseguido.
  2. La zona geográfica a la que se escribió la carta es muy grande y de hecho no hay registro bíblico de que el apóstol Pablo hubiera visitado todos esos lugares. Sin embargo, Hechos 2.9 dice, “Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia”, mencionando los lugares de donde venían los peregrinos judíos que estaban presentes en el día de Pentecostés en Jerusalén. Muchos de ellos fueron convertidos, conocidos por Pedro y regresaron a sus lugares de origen tiempo después, posiblemente iniciando iglesias. Así que los creyentes destinatarios de la carta pudieron ser los mismos que Pedro conoció en Jerusalén en Hechos 2.
En los versículos 3 al 5 del capítulo 1, el apóstol Pedro escribió acerca de la esperanza que tenemos los cristianos, mencionando las siguientes cuestiones:
  1. Al convertirnos en cristianos, adquirimos una esperanza viva de una herencia que Dios tiene reservada para sus fieles. Esa herencia es descrita como “indestructible, incontaminada e inmarchitable.” (1 P 1.3). No se puede comparar a las herencias que en ese tiempo o en nuestros tiempos se acostumbraban a dar, ya que sin importar del tipo que fueran (dinero o propiedades o tierras para sembrar), todo se podía perder o terminar con el tiempo. La herencia que Dios ofrece no sigue ese camino.
  2. ¿Dónde está esa herencia? ¿La recibimos cuando nos bautizamos? De acuerdo a Pedro, “Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes” (1 P 1.4). Todavía no la recibimos, nos está esperando. En la vida cristiana hay mucho más que el perdón de todos los pecados o el conocimiento de las Escrituras o la transformación del carácter. Tenemos las promesas que hablan de un futuro mejor en la eternidad con Dios. La buena noticia es que Dios nos protege por medio de su poder para que alcancemos la salvación (1 P 1.5). No estamos solos, Dios va con nosotros todo el camino, cuidándonos para no caer y privarnos de una bendición tan grande.
Por otro lado, el apóstol también habló de las pruebas que los cristianos tenían que pasar, en 1 Pedro 1.6-12, donde podemos aprender una perspectiva espiritual sobre el sufrimiento por causa de nuestra fe y el valor que ella adquiere a través de las pruebas:
  1. El v. 6 dice, “Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo.” o “En lo cual ustedes se regocijan grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, sean afligidos con diversas pruebas (tentaciones)” (NBLH). Varias traducciones manejan la idea de que “es necesario” que seamos probados, aunque “por un poco de tiempo”. Lamentablemente no podemos afirmar que una vez que conocemos a Jesús, todo será muy bueno y toda nuestra vida estará llena de momentos felices y dulces. Quien predique ese tipo de evangelio no está hablando del evangelio de Jesucristo. Al contrario, la Biblia nos enseña que si bien la vida cristiana si es una vida de alegría y plenitud internas, no está excenta de sufrimientos y especialmente de pruebas que llegan por causa de la fe.
  2. El v. 7 compara la necesidad de las pruebas para la fe como el proceso de purificación que sufre el oro, el cual “se acrisola al fuego”. De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVaristy Press, el oro era fundido en un horno para separar las impurezas que tenía y producir un metal más puro. De la misma forma, Pedro comparó las pruebas que sufre un cristiano con esa purificación, asegurando que después de pasar por ellas, su fe sería más valiosa a los ojos de Dios y sería recompensada cuando Jesús regresara.
  3. En el v. 8, Pedro levantó la fe de aquellos cristianos que amaban a Jesús sin siquiera haberlo conocido en persona (como él lo hizo), y a pesar de eso, creían en él y se “alegran con un gozo indescriptible y glorioso”. Esta podría considerarse una evidencia de la autoría de un testigo ocular de Jesucristo (como Pedro), ya que le resultaba impresionante que aquellas personas que nunca conocieron a Jesús ni le escucharon hablar en persona ni lo vieron hacer un solo milagro, ¡ahora creyeran tanto en él y además estuvieran llenos de alegría! Justo como los apóstoles estaban llenos de alegria por ver a Jesús resucitado, también esos creyentes que nunca conocieron a Jesús estaban llenos de alegría al igual que ellos. Dios estaba demostrando que su evangelio era verdadero y no tenía fronteras ni límites. También el apóstol Pedro les aclaró que la meta de su fe era su salvación, lo cual nos ayuda aún más a comprender que la meta última del cristianismo no es para esta vida, sino para la vida después de la muerte. Recordemos esto para no caer en la confusión de esperar que por hacernos cristianos todas las cosas salgan bien y nos vaya bien en todo. En realidad no es así, si bien sí Dios nos bendice de muchas formas, nuestra meta final está más allá de este mundo.
  4. Pedro termina esta tema en los versículos 10 al 12 escribiendo acerca de cómo fue para los profetas del AT recibir tantos anuncios sobre la gracia futura y el trabajo del Mesías que vendría a la tierra. Los v. 10 al 11 dicen, “estudiaron y observaron esta salvación. 11 Querían descubrir a qué tiempo y a cuáles circunstancias se refería el Espíritu de Cristo”. Esto quiere decir que a medida que recibían las profecías inspiradas por el Espíritu Santo para que las escribieran, una curiosidad natural crecía en ellos con respecto a tratar de descubrir cuándo y cómo, pero Dios les restringió el resto porque les hizo ver que “no se estaban sirviendo a sí mismos” (v. 12), sino a nosotros. Así que aguantaron la curiosidad y fueron fieles. Apreciemos el corazón de los profetas de la antigüedad y agradezcamos a Dios por ellos, porque se dejaron guiar por Él y sus escritos nos han servido a nosotros para comprender el plan completo de Dios para nuestra vida.
Pedro continuó en el v. 13 diciendo “Por eso…” y después desde ese versículo hasta el 2.3 el apóstol presentó una detallada lista de exhortaciones con respecto a cuidar esa preciosa salvación que por su fe los creyentes habían recibido. Veamos cuáles fueron:
  1. Actuar con inteligencia (1 P 1.13). El versículo dice, “dispónganse a actuar con inteligencia” o “preparen su entendimiento para la acción.” (NBLH) o “Por lo tanto, cíñanse los lomos de su espíritu” (BJL). El apóstol llamó a los cristianos a no vivir de una forma tonta o sin entendimiento, sino más bien invertirse en cultivar el dominio propio y también aprender a poner completamente su esperanza en las promesas futuras de Cristo y no en las cosas terrenales. Cualquier creyente que tome decisiones firmes en estas 2 áreas en su carácter y en su mente definitivamente está viviendo con inteligencia.
  2. Un llamado a la santidad (1 P 1.14-21). Pedro les dijo, “no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia.” (1 P 1.14) o “no vivan conforme a los deseos que tenían antes de conocer a Dios.” (DHH-LA). Cuando Cristo nos rescató, cumplió su promesa y nos liberó de las cadenas del pecado en nuestra vida (Jn 8.31-32). Sin embargo, si somos negligentes con nuestra salvación y la descuidamos, podemos terminar amoldándonos de nuevo a nuestros antiguos patrones de vida, de carácter y de pensamiento. ¡Esto es muy peligroso! Por eso Pedro les dijo, “Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó” (1 P 1.15). Luchar por la santidad en nuestra vida siempre será una decisión inteligente y nos protegerá de nuestras tendencias pecaminosas que nos pueden engañar nuevamente. Esto se logra, de acuerdo con Pedro, viviendo con “temor reverente” (1 P 1.17) a Dios en todos los caminos que tomemos, pero también recordando el precio tan alto que Jesús pagó por nosotros (v. 18-19) y por el cual debemos estar muy agradecidos. Así, luchar por la santidad diaria, manteniendo un temor reverente a Dios en todos nuestros caminos y estar agradecidos por el sacrificio de Jesús son los mejores pasos que podemos dar para alcanzar la santidad y no perder lo que tanto le costó a Jesús dárnoslo.
  3. Construir relaciones humanas espirituales (1 P 1.22-2.3). Otro aspecto que es necesario considerar si vamos a responder con gratitud a la salvación tan grande que Dios nos ha otorgado es el mantener un amor sincero por los creyentes, amándolos de corazón. De hecho, de acuerdo al v. 23, ese tipo de amor es una consecuencia natural de nacer de nuevo de la Palabra de Dios. Antes de la conversión, manejábamos nuestras relaciones humanas de acuerdo a los estándares del mundo que aprendimos tanto en nuestra familia como en la sociedad inmediata, pero después de la conversión necesitamos abandonar muchas de esas ideas para “nacer de nuevo” en nuestra forma de construir relaciones humanas. Por eso mismo Pedro les ordenó “abandonando toda maldad y todo engaño, hipocresía, envidias y toda calumnia” (1 P 2.1). ¿Qué es todo eso? Formas corruptas de construir relaciones humanas. ¿Cómo lograrían cambiar esas antiguas mentalidades sobre esto? Les dijo también, “deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación, 3 ahora que han probado lo bueno que es el Señor.” (1 P 2.2-3). Es decir, si llenaban sus mentes y sus corazones de la Palabra de Dios con una actitud como de bebé hambriento (deseando la leche pura), lograrían entonces abandonar sus viejos patrones de manejo de relaciones humanas y reemplazarlos por nuevos patrones que nadie más les habían enseñado pero que están registrados en la Palabra de Dios. Así, el estudio bíblico profundo y sincero debe forzosamente generar una persona que construye relaciones humanas de forma espiritual. Un estudioso bíblico que utiliza engaño, envidias, calumnias y demás cosas para manejar sus relaciones con creyentes o con no creyentes es una verdadera contradicción.
Para terminar este estudio, Pedro les habló a los destinatarios de su carta de quién debería ser Cristo para ellos, en 1 Pedro 2.4-12:
  1. El apóstol explicó de forma magistral en términos teológicos qué realmente estaba sucediendo en el ámbito espiritual en todos los creyentes que eran fieles a Dios: al hacerse cristianos se acercaron a la “piedra viva” (v. 4) que es Cristo, y como consecuencia ellos se convirtieron también en “piedras vivas” (v. 5) con las cuales se estaba construyendo “una casa espiritual” (es decir, la iglesia). Es decir, un cristiano no es un seguidor pasivo de un gran maestro iluminado, sino más bien se convierte en parte activa de todo el plan de Dios y contribuye con su vida a construir o destruir el edificio que Cristo está construyendo para la gloria de Dios. De hecho, tan importante es esa construcción, que nos convertimos automáticamente en “un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales” (v. 5). Es decir, los sacerdotes de Dios en el NT somos nada menos y nada más que todos los cristianos. Y así como los sacerdotes en el Antiguo Pacto tenían como deber ofrecer los sacrificios en el templo, también nosotros necesitamos ofrecer sacrificios espirituales a Dios todos los días de nuestra vida.
  2. En el versículo 9 se reafirma la idea: “ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.” No solo somos seguidores, para Dios somos mucho más que eso. Cuando veamos a la iglesia con todos sus defectos y sus virtudes, no olvidemos verla como Dios la ve: ¡un real sacerdocio! !Una nación santa! Un pueblo que además tiene una misión: proclamar las obras maravillosas de Dios a todas las personas de este mundo. Nuestra meta es alcanzar la salvacion (llegar al cielo un día), nuestra misión es proclamar el evangelio de Jesús a todo el mundo.
  3. En el v. 10 podemos notar los contrastes que hablábamos en la introducción de la carta: “antes ni siquiera eran pueblo”, “antes no habían recibido misericordia”; vs. “ahora son pueblo de Dios” y “ahora ya la han recibido”. La vida cristiana siempre será de constrastes claros y bien definidos entre un “antes” y un “después”. Si en tu vida cristiana no se ven claramente esos contrastes, ¡hay un problema! Necesitas profundizar en tu fe y en la razón por la cual eres un(a) cristiano(a). Hablando de esto, Pedro les recordó en los versículos 11 al 12 qué significaba en términos prácticos marcar constrastes: a) considerarse a sí mismos como “extranjeros y peregrinos en este mundo” en lugar de amar al mundo y lo que ofrece, b) apartarse completamente de los deseos pecaminosos “que combaten contra la vida” en lugar de entregarse a satisfacer todo deseo mundano que nuestro corazón pida, c) mantener entre los que no creen una conducta tan ejemplar que cualquier calumnia o falsa acusación contra nuestra integridad se derrumbe sola al observar las “buenas obras” que hacemos. Algo interesante en el v. 12 es la mención de cuándo los no creyentes que acusan falsamente a los cristianos se darán cuenta de su error: “glorifiquen a Dios en el día de la salvación” o “glorifiquen a Dios en el día de la visitación” (BTX) o “alabarán a Dios el día en que él pida cuentas a todo” (DHH-LA). Es decir, ¡el día del juicio final! Así, mientras estemos en este mundo, por más que nos esforzemos por llevar dignamente el nombre de “cristiano” por esta vida, siempre habrá gente que intentará acusarnos falsamente para lastimar nuestra reputación, y muchos de ellos no cambiarán de postura sino hasta que Dios revele todo el día del juicio y entonces ellos terminen glorificando a Dios por haber ayudado a sus fieles. Así que no nos desesperemos si nos encontramos en ese caso, más bien seamos pacientes y confiemos en Dios.

Conclusiones:

  1. Recordemos que la herencia que Dios nos prometió por seguir a Jesús no está en este mundo. No perdamos nuestro tiempo ni nuestra salud buscándola en el mundo que nos rodea. Más bien recordemos que está en el cielo y que la recibiremos después de esta vida, cuando Dios nos llame a rendir cuentas. Cristianos que se han confundido en esto han terminado abandonando su fe muy decepcionados porque no recibieron las bendiciones que esperaban y que regularmente se resumen en cosas de esta vida (hijos, dinero, salud, pareja, etc.).
  2. Aceptemos el plan de Dios: nuestra fe será probada tarde o temprano. La buena noticia es que los tiempos de prueba no son eternos, duran poco tiempo comparados con los tiempos de alegría y prosperidad en todas las áreas. No nos resistamos a sufrir de vez en cuando por Cristo, o terminaremos amargados y descontentos con nuestra vida cristiana.
  3. Apreciemos el trabajo que hicieron los profetas del Antiguo Testamento y agradezcamos a Dios por sus vidas. Gracias a la fidelidad que mostraron a Dios y a su paciencia, hoy contamos con el contexto histórico y teológico necesario para que el Nuevo Pacto quedara más claro para todos.
  4. Apreciemos nuestra salvación y demostremos nuestra gratitud a Dios por ella actuando con inteligencia, luchando por la santidad y construyendo relaciones humanas sanas y espirituales. Sigamos las recomendaciones del apóstol Pedro.
  5. Somos sacerdotes de Dios, no lo olvidemos. Todos y cada uno de los cristianos lo somos. Aunque desempeñemos funciones diferentes en el cuerpo de Cristo, todos estamos llamados a ser sacerdotes y a ofrecer sacrificios espirituales a Dios.
  6. ¿Qué tal se ven los contrastes en nuestra vida? ¿La gente que nos conoció antes de ser cristianos podría fácilmente señalar los contrastes que se ven en nosotros? ¿O podrían decir que nos ven igual o peor que antes? Meditan en esto.
Los dejo con un video de reflexión del cantante Jesús Adrián Romero sobre el tema de las pruebas y los momentos difíciles en la vida cristiana, y cómo reaccionar ante ellos.


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