Día 355

MARCOS 1.21-28, LUCAS 4.31-37, MARCOS 1.29-34, MATEO 8.14-17, LUCAS 4.38-41, MARCOS 1.35-39, LUCAS 4.42-44, MATEO 4.23-25.

Jesús continuó con su ministerio en la zona de Galilea. Hoy estudiaremos los siguientes eventos: la expulsión del espíritu maligno en una sinagoga de Capernaúm, las actividades de Jesús desde la casa de Pedro y la decisión de Jesús de salir de Capernaúm para seguir predicando en otros pueblos.

Tanto Marcos 1.21-28 como Lucas 4.31-37 registran el mismo evento: a Jesús predicando en la sinagoga de Capernaúm en un sábado. Veamos algunos aspectos importantes al respecto:

  1. Recordemos que apenas había tenido problemas serios en la sinagoga de Nazaret al afirmar que una profecía mesiánica se estaba cumpliendo en su persona. Ahora regresaba a otra sinagoga, pero esta vez en Capernaúm.
  2. Nuevamente comenzó a enseñar pero sucedió algo muy extraño, un asistente a la sesión interrumpió a Jesús gritando en forma plural: “—¿Por qué te entrometes, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres tú: ¡el Santo de Dios!” (Mrc 1.24). Si comprendemos bien, un judío que asistía a la sinagoga como todos los demás judíos devotos era en realidad un hombre poseído por un demonio y éste se hizo evidente hasta que estuvo delante de Jesús. Al parecer había casos de posesión muy claros y obvios como más adelante estudiaremos y también había otros casos donde la posesión podía pasar desapercibida hasta que en ciertos momentos era evidente. La presencia de Jesús alborotaba a los demonios en todas partes por donde él andaba.
  3. Jesús reprendió al espíritu para que no revelara más sobre su identidad y le pidió que se saliera del hombre, a lo cual el espíritu obedeció y dejó tranquilo a la persona. Tanto por la enseñanza que daba como por la forma en que expulsó al demonio la gente estaba asombrada y decía: “¡Una enseñanza nueva, pues lo hace con autoridad! Les da órdenes incluso a los espíritus malignos, y le obedecen.” (Mrc 1.27). Incluso Marcos 1.22 aclara que la forma de enseñara de Jesús era muy diferente a la de los maestros de la ley. La diferencia radicaba en la autoridad que transmitía Jesús al enseñar. No era lo mismo que cualquier hombre mortal enseñara sobre las Escrituras que la forma en que podía enseñar la Palabra de Dios hecha hombre. ¡Naturalmente se sentía la diferencia!

Ahora bien, en Marcos 1.29-34, Mateo 8.14-17 y Lucas 4.38-41 encontramos el relato de los eventos que siguieron inmediatamente a la predicación en la sinagoga de Capernaúm. Veamos los hechos principales:

  1. La Biblia dice que Jesús fue junto con Jacobo y Juan (los hermanos) a la casa de los otros hermanos que también eran sus discípulos (Simón y Andrés). El v. 30 menciona que la “suegra de Simón estaba en cama con fiebre” (Mrc 1.29). Estos versículos nos dan una idea de cuánta gente vivía en la casa de Simón: su hermano Andrés, la esposa de Pedro (al tener suegra pues sería casado) y la suegra de Pedro, cuando menos. De acuerdo con The IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, es posible que, por las costumbres de la época, los padres de Simón y Andrés murieron dejándoles a ellos la casa y que el suegro de Simón también hubiera muerto, con lo cual él y su esposa decidieron llevarse a vivir con ellos a su suegra para cuidarla. Este tipo de acciones de cuidado por la familia extendida eran más comunes de lo que son hoy en la sociedad moderna.
  2. Una vez dentro de la casa de Simón, Jesús llevó a cabo una serie de sanidades poderosas a diversas personas. La primera fue la suegra de Simón que sanó de algún tipo de infección ya que tenía una fiebre muy alta (Lucas 4.38). La sanidad fue inmediata ya que la suegra se levantó al momento y se puso a servir a Jesús y a sus discípulos. Ese mismo día, por la tarde, después de que la gente de Capernaúm seguramente se enteró de que Jesús andaba por ahí, le llevaron “a todos los enfermos y endemoniados” (Mrc 1.32) y todos estaban a la puerta de la casa de Simón. Jesús “puso las manos sobre cada uno de ellos y los sano” (Lc 4.40) y además liberó a los endemoniados. Ni una sola de las personas enfermas o endemoniadas se quedó sin sanidad y además Jesús tocó físicamente a todos. Jesús mostró en este evento mucho amor por las personas y mucha paciencia también para acercarse personalmente a cada uno.
  3. De acuerdo con el evangelio de Mateo, estos episodios de sanidad demostraban que estaba cumpliendo una profecía mesiánica contenida en Isaías 53.4 que dice, “«Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores.»” Pensemos en todos los dolores físicos y emocionales que esas personas aquel día traían encima, ya fuera como consecuencia de alguna enfermedad crónica e incurable o por el sufrimiento que la posesión demoníaca les estaba ocasionando. Al acercarse a cada una de esas gentes, escuchar sus ruegos, ver sus dolores, sentir su desesperación, tocarlos y sanarlos, indudablemente Jesús cargó con todas sus enfermedades y con todos sus dolores, y les dio sanidad.

A continuación les presento una fotografía del sitio que tradicionalmente se ha identificado como las ruinas de la auténtica casa de Simón, en Capernaúm, contenida en el Holman Bible Handbook, de Holman Bible Publishers.

Casa de Pedro - 1Para terminar, Marcos 1.35-39, Lucas 4.42-44 y Mateo 4.23-25 se enfocan en la decisión de Jesús de mover su ministerio de Capernaúm a otras ciudades cercanas para cumplir su misión. Veamos también algunos detalles importantes:

  1. La necesidad de Jesús de orar. Marcos 1.35 nos dice, “Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.” Lucas 4.42 también menciona el evento. Como nos estamos dando cuenta, los días de Jesús eran muy intensos: predicar y enseñar tanto a sus discípulos como a multitudes, sanar a todos los enfermos que le llevaban sin excepción, expulsar a multitud de demonios de personas poseídas que sufrían mucho, y muchas veces soportar la persecución. Si hablamos en términos emocionales, ¿qué tan desgastante sería ser Jesús? ¡Muchísimo! Aunque él era el Hijo de Dios, necesitaba pasar un tiempo de oración profundo antes de iniciar las labores del día para poder soportar todo y salir victorioso. Si él lo necesitaba, ¿cuánto más nosotros?
  2. El enfoque misionero de Jesús. A pesar de que la gente de Capernaúm no quería que Jesús se fuera de su pueblo (¿quién querría que se fuera después de todas la sanidad que les dejó?), Jesús afirmó que “«Es preciso que anuncie también a los demás pueblos las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado.»” (Lc 4.43). No permitió que la gente lo detuviera sino se fue a otros pueblos de Galilea a continuar predicando en las sinagogas y también expulsando demonios, como dice Marcos 1.39. El resultado de ese ministerio en Galilea está resumido en Mateo 4.23-25: enseñanza en sinagogas, predicación el evangelio, sanidad de todas las enfermedades, sanidad de “dolores graves”, expulsión de demonios, sanidad de epilépticos y sanidad de paralíticos. Curiosamente, Mateo es el único que detalló los tipos de enfermedades que Jesús trató en su ministerio en Galilea. Podemos notar cómo diferencía entre epilépticos y endemoniados. Como la Biblia de Estudio Apologética lo menciona, existen críticos de los evangelios que afirman que los discípulos de Jesús confundieron a epilépticos con endemoniados y que llamaban “endemoniado” en su ignorancia a todo el que tuviera enfermedades inexplicables. El v. 24 derriba esta postura ya que confirmamos cómo Mateo sí sabía distinguir entre un epiléptico y un endemoniado, y ambos casos los sanaba Jesús.
  3. El éxito de su ministerio. Al final, Jesús tenía una multitud de seguidores de “Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y de la región al otro lado del Jordán.” (Mt 4.25). La voz se corrió por todas esas zonas y gente viajaba grandes distancias para conocer a Jesús y ser parte de su ministerio. Definitivamente estaba teniendo mucho éxito.

Conclusiones:

  1. Cuando escuchamos las palabras de Jesús podemos sentir la autoridad con la que fueron enseñadas, ya que Jesús era Dios mismo hecho hombre. Cuando estudiamos sus enseñanzas recordemos esto: no estamos leyendo a un filósofo antiguo popular, o a un “iluminado” de alguna religión oriental, o a un luchador social con buenas ideas; estamos estudiando las palabras de Dios hecho hombre y por eso tienen autoridad.
  2. Jesús cargó con todas nuestras enfermedades y todos nuestros dolores. Recordemos esto cuando estudiamos sus enseñanzas, ya que sin importar cuál dolor estemos pasando o qué tan fuerte sea, tengamos en cuenta que Jesús ya lo cargó por nosotros.
  3. Pensemos en un día típico en nuestra vida, ¿cuántas tentaciones enfrentamos? ¿Cuántos problemas se nos aparecen? ¿Cuántos obstáculos encontramos? ¿Cuántas burlas recibimos por causa de nuestra fe? Si como creyentes no nos disciplinamos para llevar una vida de oración, ¡no sobreviviremos en la fe! Si Jesús necesitó orar antes de comenzar su día, ¡cuánto más nosotros necesitamos imitarlo!
  4. El corazón de Jesús cuando estuvo en este mundo fue sanar a todos, liberar a todos, aliviar a todos. Jesús sigue teniendo ese mismo corazón ya que quiere salvar a todos. Sus discípulos somos sus instrumentos para lograr ese fin. ¿Estamos imitando su corazón al trabajar por ayudar a todos a llegar a Dios?

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