Día 370

MARCOS 8.22-30, MATEO 16.13-20, LUCAS 9.18-20, MARCOS 8.31-9.1, MATEO 16.21-28, LUCAS 9.21-27, MARCOS 9.2-13, MATEO 17.1-13, LUCAS 9.28-36.

Hoy nos enfocaremos en 3 eventos: la sanidad de un ciego en Betsaida que requirió un “segundo toque”, la enseñanza que Jesús les dio a sus discípulos sobre su identidad y su partida en Cesarea de Filipo, y por último, el glorioso momento de la transfiguración.

Marcos 8.22-26 relata otra sanidad que hizo Jesús justo después del episodio de la multiplicación de panes y peces para 4,000 personas (Marcos 8.9) y el viaje en barca que hizo junto con sus discípulos, llegando justamente a Betsaida. Ahí le llevaron a un ciego a Jesús para que “lo tocara” (Mr 8.22). ¿Qué tiene de especial esta sanidad con respecto a las demás que hemos estudiado? Que Jesús lo intentó sanar una primera vez, escupiendole en los ojos y poniendo sus manos en él, pero no quedó completamente sano, ya que su vista estaba parcialmente recuperada (“-Veo gente, parece árboles que caminan”, Mr 8.24). Entonces Jesús necesitó ponerle de nuevo las manos sobre los ojos y hasta entonces “comenzó a ver todo con claridad” (Mr 8.25). La pregunta es, ¿por qué Jesús necesitó tocarlo 2 veces? ¿Por qué no sanó a la primera, como en otras ocasiones?

Diferentes estudiosos bíblicos tienen diversas opiniones al respecto. Hay un poco de espacio para la especulación aquí ya que no hay más datos para poder dar una explicación muy clara. Lo que sí podemos decir es lo siguiente: a) a veces Jesús sana y ayuda en etapas y posiblemente depende de la fe de cada persona, b) al final Jesús sí hace el trabajo completo y bien hecho. Este evento es el único ejemplo en los evangelios de Jesús sanado en 2 etapas con sus discípulos observando. De forma interesante, el libro The Life of Christ: A Study Guide to the Gospel Record, de 3E Ministries, afirma que el propósito del milagro en partes no fue solamente sanar al ciego, sino ayudar a los discípulos a entender cómo Jesús trabajaría en ellos también, ya que con su fe inicial recibieron ciertas bendiciones, pero si la desarrollaban, recibirían el trabajo completo de Dios en ellos. Un punto importante para meditar.

Después de este milagro y a lo largo del camino de Jesús y sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo, sucedió una plática entre ellos muy importante, contenida en Marcos 8.27-9.1, Mateo 16.13-28 y Lucas 9.18-27. Veamos los aspectos importantes del suceso:

    1. Los evangelios de Marcos y Mateo afirman que Jesús se encontraba en el camino a las aldeas de Cesarea de Filipo (Marcos), que ya había llegado a dicha región (Mateo) y Lucas afirma que en el momento que empieza la plática con sus discípulos, él “estaba orando para sí” (Lc 9.18). Si tomamos las 3 perspectivas del momento, entendemos que Jesús hizo algún alto durante el camino a la región destino, posiblemente ya dentro de la misma, y se puso a orar. De ahí partió lo demás.
    2. Jesús inició la discusión con los discípulos haciéndoles dos famosas pregunta: “—¿Quién dice la gente que soy yo?” (Mr 8.27) y “—Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mr 8.29). Como ya hemos estudiado, Jesús tenía el poder para leer las mentes y los corazones de las personas e identificar sus pensamientos. En realidad, es posible que Jesús ya sabía la respuesta, pero quería escuchar de los labios de sus discípulos cuál era su opinión.
    3. Pedro, hablando de alguna manera a nombre de todos, tomó la iniciativa para contestar a Jesús la siguiente pregunta y dijo, “—Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt 16.16). Jesús entonces levantó públicamente lo que Pedro había reconocido y le dijo varias cosas importantes (Mateo 16.17-19): a) que era “dichoso” porque Dios le había revelado eso, b) que él era “Pedro”, c) que “sobre esta piedra” Jesús edificaría su iglesia, d) que ni la muerte podría derrotar a la iglesia, d) que Pedro recibiría “las llaves del reino de los cielos”, e) que con esas llaves tendría autoridad para atar y desatar en la tierra con un impacto eterno en el cielo.
    4. Jesús se dirigió a Pedro en Mateo 16.17 como “Simón, hijo de Jonás” o “Simón bar Jonás” (BTX), donde la palabra “bar” es arameo para “hijo”. Jesús utilizó la forma aramea del nombre de Simón, la que siempre tuvo hasta que Jesús le cambió el nombre a Pedro en Juan 1.42. Pero después le dijo, “Yo te digo que tú eres Pedro” (Mt 16.18) o “Ahora te digo que tú eres Pedro (que quiere decir “roca”)” (NTV). En el momento en que Pedro reconoció públicamente que Jesús era el Mesías, éste le reconfirmó el cambio de su nombre, es decir, Pedro. Es decir, cuando Pedro estaba conectado con quién era Jesús realmente, su nombre cobraba sentido entonces.
    5. De acuerdo con The New International Greek Testament Commentary: The Gospel of Matthew, de W.B. Eerdmans y Paternoster Press, el punto más controversial de la discusión es lo que siguió: “y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (Mt 16.18) o “sobre esta roca” (BTX). “Pedro” en griego es, de acuerdo con el Diccionario Strong de Palabras Originales del Antiguo y Nuevo Testamento, de Editorial Caribe, la palabra  Πέτρος (Pétros) y significa “un pedazo de roca más grande” y es masculino; mientras que “piedra” o “roca” es, según la misma fuente, πέτρα (pétra), que significa “una masa de roca, peña” y es femenino. Así como en el griego parece que hay un juego de palabras implícito en el pasaje, es muy posible que en el arameo original en que habló Jesús ese juego haya estado aún más presente. Entonces es posible que en arameo Jesús se haya referido a ambos términos con una sola palabra: kepha (Cefas). Aún el griego es imperfecto para representar aquí lo que realmente Jesús dijo.
    6. Sin embargo, la pregunta es, ¿sobre quién construiría Jesús su iglesia? ¿Sobre Pedro o sobre él mismo? Ya que la palabra griega pétra es femenino, no se puede utilizar para referirse al nombre de una persona, pero no es el caso en el arameo original. Históricamente hablando es aquí donde se ha generado una de las mayores controversias religiosas en la fe cristiana. La Iglesia Católica ha tomado tradicionalmente la interpretación de que Pedro fue el primer papa y de ahí se desarrolló un elaborado sistema de liderazgo eclesiástico. La Iglesia Protestante, en reacción contra esa suposición, ha afirmado siempre que Jesús nunca se refirió a Pedro en el versículo sino a él mismo o a la confesión de fe que hizo Pedro, eliminando así toda la interpretación de los católicos. Sin embargo, el The New American Commentary: Matthew, de Broadman & Holman Publishers, menciona que es posible que Jesús sí se estaba refiriendo a Pedro, pero no como la iglesia católica lo ha interpretado, sino como el hombre que Dios usaría para comenzar una comunidad de creyentes (la iglesia) y que los ayudaría a crecer espiritualmente. ¿No fue esto exactamente lo que sucedió en Hechos 2? Fue a través de la predicación de Pedro en ese pasaje que 3,000 personas fueron bautizadas en un día y la iglesia de Cristo inició. Y de acuerdo al mismo Jesús, ni el poder de la muerte podría detenerla ni destruirla. Desde entonces, la iglesia siempre ha existido.
    7. Ahora, en cuanto a la frase, “Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.” (Mt 16.19), el Commentary Critical and Explanatory on the Whole Bible, de Logos Research Systems, nos dice que probablemente se refiere al mismo evento de Hechos 2 ya que Pedro ese día de alguna manera “abrió” la entrada del reino de Dios a miles de personas a través de la predicación del evangelio. Después hablaremos de lo que significa “atar” y “desatar” en la tierra y en el cielo, cuando llegue otro momento cuando Jesús menciona eso a sus discípulos. Lo que es seguro en cuanto todo el panorama del NT, es que el apóstol Pedro no mantuvo una autoridad superior a todos los demás apóstoles por esta misión que recibió de Jesús, lo cual contradice la interpretación tradicional de la iglesia Católica.
    8. Inmediatamente después de estas declaraciones, Mateo 16.21 dice que Jesús “comenzó… a advertir a sus discípulos que tenía que… sufrir muchas cosas”. Fue justo a partir de este momento en que la mayoría de sus discípulos estaban conscientes de la naturaleza divina de Cristo que comenzó a avisarles cómo sufriría y moriría a manos de los religiosos judíos. Antes no se los quiso decir, sino hasta este momento. Jesús consideró que ya estaban listos para saber cómo terminaría la historia de forma más clara.
    9. Pedro, el gran apóstol que apenas había sido declarado por Jesús como “dichoso”, ahora sería objeto de una reprensión fuertísima, ya que al reprender a Jesús por el anuncio que había hecho de su sufrimiento próximo (Mt 16.22), Jesús le contestó: “—¡Aléjate de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar; no piensas en las cosas de Dios sino en las de los hombres.” (Mt 16.23). La naturaleza impulsiva y emocional de Pedro lo traicionó nuevamente y terminó en un instante abandonando una mentalidad espiritual y adoptando una mentalidad puramente humana: el sufrimiento no es compatible con la felicidad que Dios nos ofrece. Por eso Jesús lo trató con firmeza ya que, de acuerdo con sus propias palabras, esa mentalidad representaba una fuerte tentación para Jesús en los momentos en que su final se acercaba.

Así, tomando como punto de partida esa reacción humana de Pedro, Jesús enseñó el famoso llamado al discipulado (Mt 16.24-28, Mr 8.34-38, Lc 9.23-27): si alguien quiere ser “discípulo” de Jesús se le pide negarse a sí mismo (muerte al egoísmo), cargar su cruz personal (disposición a sufrir por Cristo) y seguirlo. Jesús dejó claro también que solo hay 2 opciones para las personas: a) tratar de ganar el mundo agradándose a ellos mismos y a otros seres humanos, pero al final perder su alma; b) morir al mundo y tratar de agradar a Dios primero y al final salvar su vida. La mejor respuesta de Jesús al humanismo fue el llamado al compromiso y al sacrificio por Cristo.El relato termina con la promesa de Jesús en Marcos 9.1 de que algunos de sus discípulos tendrían vida para ver el “reino de Dios llegar con poder”. Cuando estudiemos el libro de Hechos recordaremos este pasaje.

Para terminar, encontramos la historia de la transfiguración en Marcos 9.2-13, Mateo 17.1-13 y Lucas 9.28-36. ¿Qué sucedió aquí?:

  1. Marcos y Mateo afirman que este evento sucedió 6 días después de aquella plática con sus discípulos, mientra que Lucas dice “Unos ocho días después de decir esto” (Lc 9.28). No hay razón para dudar del relato por esta diferencia, Lucas está hablando en forma aproximada mientras que Mateo y Marcos tratan el tiempo de forma más exacta. Todos están en lo correcto.
  2. Ahora, ¿qué estaba haciendo Jesús exactamente antes de que se transfigurara? Lucas 9.28 dice que “subió a una montaña a orar” y solo estaba en presencia de 3 de sus discípulos: Pedro, Juan y Jacobo. Fue entonces mientras oraba que la apariencia física de Jesus se transformó (rostro y ropa) a una imagen de mucha iluminación y también se aparecieron 2 famosos personajes del judaísmo: Moisés y Elías. Lucas es el único que describe de qué hablaban entre ellos: “de la partida de Jesús, que él estaba por llevar a cabo en Jerusalén.” (Lc 9.31). Moisés representaba la ley judía dada por Dios en el desierto mientras que Elías representaba al período profético de Israel. Ambos hablaban con Jesús sobre su próximo sufrimiento y muerte.
  3. Pedro y Juan se habían quedado dormidos y al despertar vieron la escena, diciendo tonterías (que les iban a preparar 3 albergues, uno para cada uno). Primero estaban viendo con asombro, pero cuando escucharon la voz del cielo desde una nube iluminada, se “postraron sobre su rostro, aterrorizados” (Mt 17.6). Entendieron que era Dios mismo hablando. Jesús los tuvo que calmar después de que todo terminó.
  4. ¿Qué representa la transfiguración? Es posible que Jesús necesitó un poco de aliento de parte de Dios porque ya se acercaba su prueba más fuerte. El hecho de que Moisés y Elías estuvieran hablando con él sobre su muerte en Jerusalén es muy significativo. Es posible que ese tiempo fue para animar a Jesús y darle valor cuando estaba por iniciar sus momentos más difíciles en la tierra.
  5. Al final, Jesús les pidió que no dijeran nada de ese evento hasta “hasta que el Hijo del hombre resucite” (Mt 17.9). Nuevamente, los 3 apóstoles no entendieron nada de esa parte. Después Jesús les explicó que la referencia del AT sobre que Elías vendría primero que el Mesías tenía que ver con Juan el Bautista.

Conclusiones:

  1. Al igual que en el caso del ciego, Jesús trabaja también en fases en nuestra vida, mucho dependiendo de cómo está nuestra fe. Lo que es seguro, es que si somos fieles, él seguirá trabajando hasta el fin y logrará un trabajo completo y perfecto. ¡Permitamos que Jesús trabaje en nosotros en todo tiempo!
  2. La iglesia de Cristo, una vez que inició, jamás ha dejado de existir. Esa fue la promesa de Jesús. A lo largo de la historia de la humanidad la iglesia siempre ha existido y nunca dejará de existir.
  3. Apreciemos la vida de oración de Jesús. Justo antes de los dos últimos eventos analizados (la conversación con los discípulos y la transfiguración), Jesús estaba orando. Cuidemos nuestra vida de oración, si somos constantes cosas poderosas pueden pasar después en nuestra vida también.
  4. El mejor remedio contra el humanismo siempre será el llamado al discipulado de Jesús: sacrificio, negarse, sufrimiento por él, y solo entonces podremos ser llamados “discípulos de Jesús”. No dejemos que la mentalidad moderna de comodidad, egoísmo y búsqueda del bien personal nos dominen.
  5. Si Jesús mismo necesitó fuerzas y ánimo de parte de Dios, de Elías y de Moisés, ¡cuánto más nosotros! Busqsuemos a Dios con más necesidad cada día para encontrar el refugio, las fuerzas y el ánimo que necesitamos y más cuando la hora de necesidad nos alcanza.

 

Los dejo con un video de ilustración de la transfiguración:


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