Día 429

Después de terminar el estudio del libro de Efesios, toca el turno ahora enfocarnos en Colosenses, una más de las cartas escritas desde prisión por el apóstol Pablo en el año 60 d.C. desde Roma, de acuerdo con el libro Chronological and Background Charts of the New Testament, de H. Wayne House, Editorial Zondervan. Recordemos que las otras cartas clasificadas en esa categoría son Efesios, Filipenses y Filemón.

INTRODUCCIÓN A COLOSENSES.

De acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de Editorial CLIE, contamos con la siguiente información de contexto de la carta a los Colosenses:
  1. Ha existido un poco de controversia sobre la autoría paulina de la carta, aunque no existen pruebas suficientes que demuestren lo contrario. Escritores cristianos antiguos como Ireneo, Justino Mártir, Clemente de Alejandría y otros siempre consideraron que el autor fue Pablo.,
  2. La carta a los Colosenses contiene un fuerte énfasis en la obra cósmica de Cristo y ahí radica su importancia teológica en comparación con el resto de las cartas del N.T. Básicamente el autor relaciona la historia de la salvación con la creación entera, expandiendo la importancia del alcance del evangelio no solo a los tiempos de Pablo, sino a todas las generaciones de seres humanos que han existido.
  3. Contiene una parte apologética donde Pablo llama a los cristianos en Éfeso a equiparse bien en su fe y sus convicciones para no dejarse engañar ni por los judaizantes (con su énfasis en las cosas externas) ni por los herejes (con su aparente inocente ascetismo). Incluso se cree que este tipo de mezclas de elementos judios, cristianos y paganos que se estaban dando en la iglesia en Colosas abrirían el camino para la posterior influencia del gnosticismo en la iglesia cristiana.
  4. Incluye también un llamado a la renovación del estilo de vida de un creyente, dejando atrás todo apetito pecaminoso para revestirse de la nueva naturaleza en Cristo.

COLOSENSES 1.1-23.

Como podemos observar en el v. 1, Pablo se presenta a sí mismo como el autor de esta carta y afirma que estaba acompañado de Timoteo (como lo hizo en otras ocasiones según 2 Corintios 1.1, Filemón 1.1, 2 Tesalonicenses 1.1). Pensemos por un momento que Timoteo fue testigo visual de cómo Pablo escribía todas estas cartas a las iglesias y por lo tanto, él podía confirmar que esos escritos eran realmente paulinos. Los destinatarios en esta ocasión eran “los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas” (Col 1.2). De acuerdo a la misma fuente bibliográfica (el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia), se sabe que Pablo no evangelizó personalmente Colosas (que en tiempos de Pablo era una pequeña población casi sin importancia), sino es posible que haya sido Epafras (Col 1.7), uno de los discípulos de Pablo, quien fundó la iglesia en Colosas mientras posiblemente Pablo estaba trabajando con la iglesia de Éfeso.
En Colosenses 1.3-14 encontramos una acción de gracias de Pablo por la iglesia de Colosas y también otro vistazo a la vida de oración de Pablo y lo que pedía a Dios por las iglesias, especialmente en este caso por la iglesia de Colosas. Veamos algunos detalles importantes:
Pablo era impulsado a expresar gratitud a Dios por la iglesia de Colosas por las siguientes razones: a) su fe en Cristo, b) el amor que le tenían a todos los santos. Esto nos recuerda inmediatamente a Efesios 1.15-16, donde Pablo agradecía a Dios exactamente por las mismas 2 razones (fe en Cristo y amor por la iglesia). Ya hablamos de este tema en el análisis del pasaje de Efesios, pero vale la pena remarcar solamente que a Pablo le llenaba de mucha satisfacción ver cómo las iglesias crecían en fe en Jesús y en amor por la iglesia. Recordemos que estos dos factores son claves para evaluar la salud espiritual de una congregación o de un individuo. También en este pasaje Pablo añadió una razón importante por la cual la iglesia en Colosas había desarrollado aquellas dos virtudes: “a causa de la esperanza reservada para ustedes en el cielo.” (Col 1.5). Era precisamente pensar en la promesa de la vida después de la vida y la eternidad con Dios lo que movía a los cristianos en Colosas a trabajar fuerte en incrementar su fe personal y su amor por el resto de la iglesia. ¿Nos cuestan trabajo ambas cosas? Pensemos en dónde tenemos puestos los ojos, si estamos viendo solamente las fallas de otros creyentes y las nuestras (mirando hombres), o si estamos con la vista puesta hacia la perfección que Dios está trabajando en nosotros y en otros para un día hacernos parte de la promesa de la eternidad.
En Colosenses 1.5b-6 encontramos algo muy interesante, ya el apóstol mencionó el alcance que estaba teniendo el evangelio en su tiempo y mencionó lo siguiente: “Este evangelio está dando fruto y creciendo en todo el mundo, como también ha sucedido entre ustedes” (Col 1.6) o “y así en todo el mundo está llevando fruto y creciendo” (BTX) o “Este mensaje está creciendo y dando fruto en todas partes del mundo” (DHH-LA). ¿En realidad el evangelio había llegado a todas partes del mundo en el año 60 d.C. cuando esta carta fue escrita? Claramente podemos negar esto, sin embargo, de acuerdo con el The Bible Knowledge Commentary, de Victor Books, esta expresión corresponde a una hipérbole, que como ya lo habíamos mencionado anteriormente, consiste en una herramienta literaria que exagera la verdad con la intención de enfatizar un punto. Lo mismo sucedió con Colosenes 1.23 que dice, “Éste es el evangelio que ustedes oyeron y que ha sido proclamado en toda la creación debajo del cielo”. El punto principal de Pablo era apuntar hacia la universalidad del evangelio y no tanto a la extensión geográfica precisa que su influencia había alcanzado. Por otro lado, para los habitantes de Oriente Medio y Europa, el mundo conocido no era lo mismo que para nosotros en el siglo XXI, que ya sabemos que existe el Continente Americano y otros territorios desconocidos para ellos. Ahora, un punto importante es, ¿cómo se logra que el evangelio de fruto y crezca en nosotros? ¿En qué punto del proceso de adquirir fe sucede esto? Pablo les dijo a los colosenses al respecto, “desde el día en que supieron de la gracia de Dios y la comprendieron plenamente.” (Col 1.6). Así, cuando escuchamos de la gracia de Dios y cuando la llegamos a comprender plenamente es cuando el evangelio puede dar los frutos correspondientes en nuestra vida.
La oración de Pablo por los colosenses incluía: a) que Dios les diera a conocer su voluntad “con toda sabiduría y comprensión espiritual” (Col 1.9), b) que así lograran vivir de una manera digna de Jesús. Aquí podemos comprender que no se trata solamente de conocer la voluntad de Dios (es decir, saber qué quiere Dios de nosotros), sino de que ese proceso nos desarrolle “sabiduría y comprensión espiritual” o “sabiduría y discernimiento espiritual” (BTX) o “sabiduría y la inteligencia que da el Espíritu Santo” (TLA). No se trata solamente de llenar nuestra mente de información, de conocimiento, de idiomas antiguos, de doctrinas y más. Si todo el conocimiento no nos convierte en personas más sabias y con más discernimiento espiritual, ¡algo estuvo mal en el proceso! Por otro lado, en esta carta Pablo describió lo que era llevar una vida digna de Jesús: “Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios 11 y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación” (Col 1.10-11). Nuevamente nos recuerda al libro de Efesios, que en los capítulos 4 al 5 trata con muchos aspectos de lo que significa en términos prácticos llevar una vida digna del evangelio de Jesús. Pero a todas las instrucciones sobre la rectitud (resumidas aquí en “dar fruto en toda buena obra”), Pablo agregó otras cosas: a) crecimiento en el conocimiento de Dios, b) fortalecerse con el poder de Dios, c) desarrollar perseverancia y paciencia para enfrentar “toda situación”. Así que una vida digna de Jesús no solamente se reduce a no hacer lo malo y hacer lo bueno, sino también a un esfuerzo personal por crecer espiritualmente en varias áreas más. El cristianismo no se puede limitar a una vida moral y ética, sino implica un poderoso crecimiento espiritual y en carácter del individuo.
Pablo nos recordó también en Colosenses 1.12-13 que a través de Jesús, los discípulos fuimos rescatados del “dominio de la oscuridad” para ser trasladados al “reino de su amado Hijo”. Cuando una persona se convierte en términos espirituales experimenta un “traslado” de estado de su alma, de la oscuridad a la luz, del reino de las tinieblas al reino de Jesús. Aunque al salir del bautismo pareciera externamente que no ocurrió nada, en realidad sí ocurre mucho en el plano espiritual, además del perdón de los pecados.
Ahora, en Colosenses 1.15-20 encontramos lo que de acuerdo con la Biblia de Estudio Apólogética se cree que era un conocido himno cristiano antiguo que Pablo incluyó en su carta y que resume de forma poderosa la cristología común que era confesada por la iglesia primitiva. El orden en que está en nuestras Biblias modernas nos permite un análisis más específico:
  1. La “imagen del Dios invisible” (v. 15). De acuerdo con el The New American Commentary: Philippians, Colossians, Philemon, de Broadman & Holman Publishers, la palabra griega para “imagen” (eikōn) tiene dos posibles significados: una imagen que representa y simboliza al objeto principal (en este caso, Jesús representa y simboliza a Dios), y una manifestación del objeto prinicipal no solo como símbolo sino como la presencia actual del objeto (sería que Jesús es la manifestación visible de Dios en la tierra). Así, la mitad de este pequeño versículo contiene una verdad muy trascendente: ver a Jesús es ver a Dios mismo, es Dios hecho hombre, su manifestación carnal en la tierra.
  2. El “primogénito de toda creación” (v. 15). Como el mismo recurso bibliográfico comenta, esta afirmación generó una de las más famosas controversias en la iglesia primitiva a través de un predicador cristiano llamado Arrio en el s. IV d.C., quien tomando como punto de partida este versículo y con la intención de proteger al cristianismo de las acusaciones de politeísmo (por el asunto de la Trinidad), comenzó a afirmar que Jesús había sido el primer ser creado por Dios, diferente y único con respecto al resto de la creación, pero finalmente creado. Esta posición fue condenada por la iglesia en el año 325 d.C. como herejía, que ha sido llamada Arrianismo (click para ver más información). Algunos grupos religiosos modernos como los Testigos de Jehová conservan la influencia del arrianismo en sus dogmas de fe. Pero entonces, ¿qué significa esta afirmación del v. 15? De acuerdo nuevamente con la misma fuente bibliográfica, la palabra griega para “primogénito” es πρωτότοκος (prōtotokos), la utilización de esta palabra griega en la Septuaginta (LXX) refleja dos tendencias: a) para referirse al primer hombre o animal nacido, b) para referirse a una relación especial de privilegio con Dios el Padre. Es precisamente el segundo significado el que se permea en todo este himno cristocéntrico. De esta manera, Jesús está por encima de la creación de Dios y es anterior a la misma, como lo dicen varias traducciones más:  “es su Hijo primogénito, anterior a todo lo creado.” (DHH-LA) o “Él ya existía antes de que las cosas fueran creadas y es supremo sobre toda la creación” (NTV). Una mala interpretación de un solo versículo tan importante como este puede generar una herejía que sobreviva por generaciones y que complique de alguna manera la expansión sana del evangelio.
  3. También “por medio de él fueron creadas todas las cosas” (v. 16). Este versículo hace énfasis en el papel de Jesús en la creación de todo lo que existe (tanto en el plano físico como en el espiritual): “por medio de él” y “para él”. Otras traducciones dicen: “en El fueron creadas todas las cosas” (NBLH), “En él Dios creó todo” (DHH-LA). Dios siguió siendo el autor principal de la creación pero lo que Pablo afirmó es que Jesús tuvo un papel muy relevante. De acuerdo al significado griego de la frase “por medio de él”, Jesús concibió la creación y sus complejidades y definió todos los detalles de la misma. Es como si Dios fuera el arquitecto de la creación que determinó que todo existiría mientras que Jesús fuera el diseñador de la misma y quien le dio toda la forma que tiene.
  4. “Él es anterior a todas las cosas” (v. 17). Dos verdades muy importantes salen de este versículo: a) Cristo ha existido siempre desde antes que Dios determinara crear todo lo que existe, b) a través de él es como la creación entera mantiene su “consistencia” (BJL) o “un todo coherente” (NVI). Esto reafirma por un lado la verdad de que Jesús no fue un ser creado sino que siempre ha existido, y por otro lado, que él continúa participando en mantener el orden y el balance en el universo entero. Recordemos cómo en los evangelios hay evidencias de cómo la creación entera se sometía por completo a Jesús (el mar embravecido, los vientos, las enfermedades, los demonios, la composición química de los elementos, las plantas, el cuerpo humano, la muerte misma). Jesús sabe a la perfección cómo funciona el universo y cómo se logra mantener el balance en el mismo.
  5. La “cabeza del cuerpo que es la iglesia” (v. 18). En este versículo encontramos otras 3 verdades muy importantes: a) Jesús es quien está a cargo de la iglesia, no los hombres; b) él es “el principio” del trabajo redentor de Dios que se concluye en c) “el primogénito de la resurrección”. Con Jesús, Dios inició su trabajo redentor para con la humanidad y con su resurrección lo terminó. Su parte ya estaba hecha, ahora solo resta la nuestra. Apreciemos aquí la importancia y la trascendencia del concepto divino de la iglesia de Cristo. Cristo y su iglesia no pueden ser separados, por eso alguien que solo quiere tener fe en Cristo pero no quiere saber nada de iglesia, ¡no está comprendiendo el diseño divino de las cosas!
  6. Dios habitando en Cristo y la reconciliación ofrecida (v. 19-20). De acuerdo a estos versículos, a Dios le agradó tomar forma humana en Jesús, pero también su plan para Cristo era que él fuera el agente de la reconciliación universal de todas las cosas y todas las personas con Dios, mediante su sacrificio. Dios estuvo feliz de enviar a Jesús para que llevara a cabo la misión más importante de todas: redimir al ser humano y reconectarlo con su Creador.
Para terminar, en los versículos 21 al 23 Pablo les recordó a los colosenses su anterior estado espiritual antes de conocer a Jesús: “alejados de Dios y eran sus enemigos.” (Col 1.21). Por la vida pecaminosa y su mente perdida, los colosenses anteriormente eran considerados por Dios como sus enemigos. Pero gracias al evangelio de Cristo, fueron reconciliados por la muerte y resurrección de Jesús. Sin embargo, necesitaban cuidar su salvación, la cual se haría efectiva en ellos bajo las siguientes condiciones (v. 23):
  1. Mientras se mantuvieran firmes en la fe o “deben seguir creyendo esa verdad y mantenerse firmes en ella” (NTV), y también, “sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio”. Si por alguna razón los creyentes se alejaban de su fe y la abandonaban, Dios no estaría obligado a cumplir su promesa de salvación en ellos. La doctrina evangélica de “una vez salvo, siempre salvo” no es bíblica, como lo hemos comentado anteriormente. Si descuidamos nuestra firmeza en la fe, podemos perder la salvación.
  2. Pero no se trata sólo de sobrevivir en la fe, sino de estar “bien cimentados y estables” o “bien cimentados y constantes” (NBLH) o “sólidamente cimentados en la fe” (BJL). Pablo estaba llamando a los colosenses a desarrollar una fe fuerte, firme, constante y bien fundamentada; no solamente a que se mantuvieran en la línea de lo mínimo aceptable para poder ser salvos un día.

Conclusiones:

  1. Trabajemos fuerte en nuestra vida cristiana por crecer en fe y en amor para la iglesia. Recordemos que no hay crecimiento espiritual sano si una de estas dos partes no está presente en la vida de un creyente. Nunca fue el plan de Dios que nos llenáramos de fe en Él pero que menospreciáramos la importancia de la iglesia de Cristo en este mundo y en nuestra vida.
  2. Si nos cuesta trabajo alguna de estas dos partes, pongamos nuestra mirada en la esperanza celestial que nos aguarda como creyentes. Pensar en el cielo a menudo nos puede dar la fuerza suficiente para seguir adelante y crecer en las áreas necesarias en nuestra fe. ¿Qué tan frecuente piensas en el cielo?
  3. Ser cristianos no se trata solamente ser personas moralistas con vidas más o menos decentes, sino de además de aprender a llenarnos de buenas obras, de desarrollar la sabiduría, el discernimiento espiritual, el entendimiento, y el carácter. Ser cristiano involucra un concepto completo, no parcial.
  4. Es un verdadero privilegio ser un seguidor de Jesús, quien a la luz del himno de Colosenses 1.15-20, es una figura mucho más trascendente de lo que nos imaginamos. Ningún otro ser humano que ha existido en la historia del mundo, ni que existirá, se puede comparar con Jesús. Nadie ha clamado ser Dios hecho hombre y demostrarlo con tanto poder como él lo hizo. Meditemos en esto y oremos al respecto, para llevar realmente vidas dignas del nuestro Señor Jesús.
  5. La esperanza de salvación está garantizada pero se puede perder si descuidamos nuestra fe y la abandonamos. Pero también recordemos diariamente que no estamos llamados a mantener una fe tibia, superficial y mínima por décadas, sino a crecer en la misma hacia todas las áreas de nuestra vida.

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