Día 415

ROMANOS 3.21-8.17.

Continuaremos hoy con nuestro estudio del libro de Romanos, profundizando en los capítulos correspondientes a este día en una reflexión teológica que desarrolló el apóstol Pablo acerca del poder del pecado pero también de la inmensa gracia que Dios demostró para con la humanidad a través del sacrificio de Jesús en la cruz. Hablaremos de Adán, Abraham, Moisés y Jesús, y la contribución de cada uno al plan perfecto de Dios para la redención de la gente. Llenémonos de convicciones y de gratitud a través de las verdades maravillosas que estos pasajes tienen para nosotros a través del análisis de los temas teológicos contenidos en los capítulos 3 al 8 de Romanos.
Iniciemos hablando del concepto de la redención  y el papel que la fe y la ley tienen en ella (Romanos 3.21-4.25):
  1. En Romanos 3.23 encontramos la triste y deprimente verdad acerca del estado espiritual de todos los seres humanos: “pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” o “por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (NBLH) o “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (RVR95). Delante de Dios, uno solo de nuestros pecados nos destituye o nos priva o nos aleja de su gloria, de su presencia, de que compartamos la eternidad con Él. Si Dios no hubiera dispuesto una opción de salvación, ¡todos estaríamos perdidos sin esperanza alguna! Moriríamos en nuestros pecados y destinados a una eternidad sin Dios.
  2. En Romanos 3.24 Pablo nos explica por qué entonces aquellos que seguimos a Jesús tenemos una esperanza de un futuro diferente: “por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó”, y Romanos 3.22 dice también, “Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen.” Recordemos que “gracia” es un regalo inmerecido y en este caso ese regalo fue la oportunidad de alcanzar la salvación de la ira de Dios a través de la fe en Jesucristo.
  3. Ahora, este regalo no fue gratis, tuvo un precio. Romanos 3.25 dice, “Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre”. Para nosotros este regalo está al alcance de una forma muy sencilla, pero para Dios el costo fue altísimo: permitir que su Hijo viniera al mundo y ofrecerlo en sacrificio, logrando que a través de su sangre derramada los pecados de aquellos que tuvieran fe en él serían borrados para siempre.
  4. Es por la fe en Jesús que somos justificados ante Dios, no por el cumplimiento de la ley judía (Romanos 3.30-31). Sin embargo, la ley no queda descartada ya que Pablo dijo que a través de la fe en Jesús “confirmamos la ley” (Ro 3.31). Esto quiere decir que el apóstol estaba reconociendo que toda la ley apuntaba de cierta forma hacia Cristo y cuando éste vino al mundo, la ley encontró su perfecto cumplimiento. Es decir, como hemos mencionado antes, la ley y sus ordenanzas representaba una sombra de la realidad que se experimentaría a través del evangelio de Cristo. Así que la fe en Jesús no invalida la ley judía, más bien es el paso natural que sigue ante la llegada y el sacrificio del Mesías esperado.
  5. Para fortalecer este argumento, Pablo habló un poco acerca del patriarca por excelencia para los judíos, que era Abraham y del cual ellos afirmaban ser sus hijos (Juan 8.39). El apóstol le recordó a sus lectores una lección acerca de la historia del judaísmo: que Abraham fue justificado por Dios ANTES de la circuncisión y no después (Romanos 4.10). Efectivamente Génesis 17.10 nos confirma que Dios le pidió a Abraham que como señal externa del pacto que había establecido con él, todos los varones de sus descendientes deberían ser circuncidados por las generaciones venideras. Pero para este punto, Dios ya había aceptado la fe de Abraham y ya había establecido una relación con él. Así que primero vino la fe antes que las señales externas. Por eso Pablo afirmó que Abraham “creyó cuando todavía era incircunciso” (Ro 4.11) y que “no fue mediante la ley como Abraham y su descendencia recibieron la promesa de que él sería heredero del mundo, sino mediante la fe, la cual se le tomó en cuenta como justicia.” (Ro 4.13). Por eso, todos los que desarrollan fe en Jesús también son parte de la promesa que Dios le hizo a Abraham como lo recuerda Romanos 4.17, “«Te he confirmado como padre de muchas naciones.»” (citando Génesis 17.5). Fue la fe de Abraham que, demostrada por ejemplo cuando le creyó a Dios que sería padre aunque “su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara” (Ro 4.19), Dios tomaría como justicia. De la misma forma, Pablo asegura que a los creyentes en Cristo se nos toma en cuenta nuestra fe en Jesús como justicia, igual que a Abraham se le tomó en cuenta su fe para justicia. Así, con este desarrollo teológico, Pablo desarmó uno de los argumentos centrales de los judaizantes acerca del valor de la circuncisión para ser realmente aceptados como justos a los ojos de Dios, aunque las personas ya tuvieran una fe en Jesús y la vivieran activamente.
Después de profundizar en el concepto de redención, Pablo continuó hablando ahora de los resultados de la justificación por la fe (Romanos 5.1-21). Veamos los aspectos relevantes:
  1. El primer resultado de desarrollar fe en Jesús es que “tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Ro 5.1). Esto representa una enorme bendición ya que de ninguna otra manera hubiéramos podido lograr la paz con Dios. Ahora, que Jesús haya muerto para permitir que alcancemos la paz con Dios implica también que entonces no estamos en paz con el Creador y por lo tanto somos sus enemigos (Col 1.21). Así que todos necesitamos ponernos en paz con Dios y esto solo se alcanza a través de la fe en Jesucristo. Solo así “seremos salvados del castigo de Dios” (Ro 4.9). Por eso Pablo utilizó el término “reconciliados” (Ro 4.10) para referirse a lo que sucedía entre los Dios y los hombres cuando éstos últimos desarrollan fe en Jesús. Necesitamos reconciliación porque sin Jesús, estamos en guerra contra Dios.
  2. El segundo resultado está contenido en Romanos 5.2, “También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes.” Es decir, a todos los que poseemos una fe en Cristo se nos abren las puertas para la eternidad con Dios, ¡tenemos esa esperanza! Así que no solamente Jesús nos permite ponernos en paz con Dios mientras estamos en este mundo, sino que después de la muerte, nos da acceso al cielo y a experimentar la gloria de Dios para siempre. Nuevamente debemos comprender que nosotros no podíamos hacer nada para ganar esta salvación ya que el apóstol Pablo dijo, “A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados.” (Ro 5.6). Y cuando dice “incapaces” es literal, ¡no había nada que pudiéramos hacer por nuestros medios humanos para ese fin!
  3. Por eso, Pablo dijo con profunda convicción: “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Ro 5.8).  Para el apóstol, el hecho que Jesús haya venido al mundo y se haya entregado voluntariamente al sacrificio por esta humanidad pecadora era la prueba más grande que pudiera existir de que Dios realmente ama a este mundo. ¿Qué más podría hacer Dios por nosotros para demostrar su amor? ¿Podríamos exigirle algo más grande que enviar a su propio Hijo a ser sacrificado por nosotros? ¡Creo que no!
  4. Como parte de todo este desarrollo, Pablo aprovechó para profundizar en el tema del sufrimiento humano, especialmente el que pasamos por causa de Cristo, diciendo que el sufrimiento bien entendido y bien llevado genera una cadena de virtudes en los creyentes: “perseverancia” o “paciencia” (BTX) – “entereza de carácter” o “carácter probado” (NBLH) – “esperanza”. Curiosamente también ese mismo sufrimiento mal llevado puede conducirnos a perder incluso nuestra fe. Por eso necesitamos comprender el gran valor de la gracia de Dios para que cuando nos llegue el momento de experimentar sufrimientos en la vida cristiana, logremos adquirir todo el paquete de virtudes y fortalezas que se pueden producir.
  5. La comparación entre Adán y Jesús (Romanos 5.12-21). Después de hablar de Abraham, Pablo se enfocó en la figura de Adán de quien afirmó que “por la transgresión de un solo hombre murieron todos” (Ro 5.15). Efectivamente, fue por la desobediencia de Adán que el pecado entró al mundo y con ello el distanciamiento de Dios de la humanidad. Sin embargo, Pablo utilizó esa triste realidad para hacer una analogía con la acción redentora de Jesús ya que “un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos” (Ro 5.18) y “por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos.” (Ro 5.19). Así como un solo hombre nos trajo pecado a todos, un solo hombre también nos trajo salvación a todos. Aquí podemos ver reflejado el corazón de Dios para con el ser humano, ya que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Ro 5.20). Ante tanta maldad que había en el mundo, Dios decidió amar y dar una oportunidad para salvar.
Otro tema muy importante que Pablo desarrolló es la diferencia entre estar muertos en el pecado con vivir por el Espíritu de Dios (Romanos 6.1-8.17). Veamos los puntos importantes de estos importantes conceptos:
  1. El bautismo marca el punto preciso del antes y el después (Romanos 6.3-4). El apóstol afirmó que una persona que recibió el bautismo cristiano (el enseñado en Hechos 2.36-39 y en múltiples pasajes posteriores) ha experimentado lo siguiente: a) muerte al pecado (Ro 6.2, ya no está obligado a continuar viviendo igual), b) participación en la muerte, sepultura y resurrección de Jesús (Ro 6.3-4). Incluso Pablo afirmó “mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva.” (Ro 6.4) o “por el bautismo” (BTX) o “por medio del bautismo” (NBLH). Todas las traducciones analizadas coinciden en presentar la misma idea: que el bautismo es el vehículo designado por Dios a través del cual se hace efectivo el sacrificio, la muerte y la resurrección de Jesús en el corazón de aquel que lo experimenta. La preposición griega utilizada aquí (διά, dia), significa de acuerdo con el Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento, de Editorial Mundo Hispano, “A través de, por, por medio de, entre… a causa de, por motivo de, por, para”. Curiosamente las personas que intentan restarle importancia al bautismo en agua en el proceso de conversión se respaldan mucho en el libro de Romanos con pasajes tomados fuera de contexto, cuando en el mismo libro Pablo está afirmando esta poderosa verdad. Así que el bautismo cristiano señala el antes y después, la muerte al pecado y el inicio de una nueva vida con nuestras conciencias limpias y nuestros pecados perdonados. No es que el bautismo sea una obra a través de la cual “ganamos” la salvación, sino más bien es el medio que Dios estableció en su plan divino para hacer efectiva su gracia y requiere fe previa de nuestra parte.
  2. En la fe en Jesús encontramos verdadera libertad espiritual (Romanos 6.5-14). Pablo dijo con convicción que “Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; 7 porque el que muere queda liberado del pecado.” (Ro 5.6). Estas palabras nos recuerdan definitivamente la promesa que hizo Jesús en Juan 8.31-32, “—Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; 32 y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” Una vez que una persona decide seguir a Jesús, se debe considerar “muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Ro 6.11). Esto quiere decir en términos prácticos que un creyente bautizado ya no está obligado a vivir encadenado al pecado como en su vida pasada, sino que ahora tiene la libertad de elegir qué vida quiere llevar. Sin embargo, fuimos llamados a ofrecer nuestro cuerpo y sus miembros para Dios y no para el pecado, solo así “el pecado no tendrá dominio sobre ustedes” (Ro 6.14). Necesitamos diariamente renovar nuestro compromiso con Dios de ofrecerle nuestra vida y nuestro cuerpo para su propósito y no para obedecer nuestros malos deseos (Ro 6.12, 6.19). Es nuestra responsabilidad cosechar la santidad que Dios espera, Él ya hizo su parte salvandonos y enviándonos el Espíritu Santo (Ro 6.22). Es importante notar que Pablo no está afirmando que un cristiano ya no tiene malos deseos, sino más bien que gracias a su fe en Jesús ahora los puede dominar y no ellos dominarlo a él (Ro 6.12, “no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos”).
  3. La gracia de Dios no es ninguna licencia para vivir en pecado (Romanos 6.15-18). Pablo afirmó enfáticamente: “Vamos a pecar porque no estamos ya bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera!” (Ro 6.15). La gracia de Dios no nos provee ninguna licencia o permiso especial para vivir pecando sin arrepentimiento y pensar que estamos “cubiertos” por la sangre de Jesús. Esa mentalidad religiosa ha llevado a muchos a vivir hipócritamente su fe en Cristo, con vidas que no respaldan lo que sus bocas dicen. Más bien Pablo dijo que los romanos se habían “sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida” (Ro 6.17), y por eso fueron liberados del pecado y ahora podían ser considerados “esclavos de la justicia” (Ro 6.18). Jamás la enseñanza del evangelio de Jesús contempló la hipocresía como parte de la fe, más bien recordemos cómo comenzó Jesús su predicación pública: “«Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca.»” (Mateo 4.17). Ya estudiamos anteriormente el concepto bíblico del arrepentimiento. La analogía tomada del matrimonio (Romanos 7.1-6). Nuevamente el apóstol Pablo utilizó otra analogía para ilustrar mejor la enseñanza de la redención, esta vez no se enfocó en ningún personaje sino en el matrimonio. Comparando cómo una viuda queda libre de su compromiso matrimonial cuando su esposo muere y se puede casar con otro, comenzando así una nueva vida (Ro 7.3); de la misma manera un creyente murió a la ley “mediante el cuerpo crucificado de Cristo, a fin de pertenecer al que fue levantado de entre los muertos” (Ro 7.4). Pablo recordó también cómo era vivir sin Cristo: “Porque cuando nuestra naturaleza pecaminosa aún nos dominaba, las malas pasiones que la ley nos despertaba actuaban en los miembros de nuestro cuerpo, y dábamos fruto para muerte.” (Ro 7.5). Gracias a Cristo esa vida pasada murió y ya no estamos obligados a seguir en ella, más bien tenemos la oportunidad de una nueva vida ya que nos “casamos” con otro esposo: Cristo.
  4. La ley y el pecado (Romanos 7.7-13). De acuerdo con el apóstol, la ley judía sirvió para poner en evidencia el pecado humano, más no es mala en sí, sino “santa, y… el mandamiento es santo, justo y bueno” (Ro 7.12). Dios fijó mandatos santos, pero el hombre desobedeció y con eso expuso qué tan terrible y malvado es el pecado. Asi, “Más bien fue el pecado lo que, valiéndose de lo bueno, me produjo la muerte; ocurrió así para que el pecado se manifestara claramente, o sea, para que mediante el mandamiento se demostrara lo extremadamente malo que es el pecado.” (Ro 7.13).
  5. El conflicto personal con el pecado (Romanos 7.14-25). Por el tiempo en que el apóstol usó los verbos en este pasaje, los estudiosos están divididos acerca de quién está hablando: ¿Pablo como cristiano o Pablo como judío? El pasaje describe una tensión fuerte con respecto al pecado: “No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco” (Ro 7.15), “ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mí” (Ro 7.18), “no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.” (Ro 7.19), “en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado.” (Ro 7.23), “¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?” (Ro 7.24). El pasaje completo nos transmite una cosa: FRUSTRACIÓN. Varios pasajes en el resto del NT nos iluminan un poco para comprender si la descripción es de un cristiano o de una persona que no es cristiana: a) Romanos 6.16 afirma que ya no estamos esclavos del pecado, b) 1 Juan 3.7-9 dice que pecamos pero ya no practicamos el pecado, c) Gálatas 2.20 afirma que Cristo es quien mora en nosotros y no el pecado, d) Filipenses 2.12-13 nos dice que podemos avanzar en nuestra fe con la obediencia, e) 1 Corintios 4.16-17 dice que el Espíritu siempre gana en la batalla entre la carne y el Espíritu de Dios, f) vivimos con regocijo y felicidad plena (Filipenses 4.4). Por todas estas razones bíblicas, es más factible que Pablo se está describiendo a sí mismo cuando todavía no conocía a Jesús y vivía bajo la ley judía. Por eso termina afirmando, “¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!” (Ro 7.25). El día que conoció a Jesús se terminó esa frustración y ese fracaso. ¡Que así sea en nuestras vidas también!
  6. La vida en el Espíritu (Romanos 8.1-17). El apóstol nos dejó una comparación clara entre lo que es vivir “conforme a la naturaleza pecaminosa” (Ro 8.5) y vivir “conforme al Espíritu”. ¿Cómo son las personas que viven conforme a su naturaleza pecaminosa? a) tienen la mente fija en la satisfacción de sus malos deseos (Ro 8.5), b) su mentalidad los lleva a la muerte (Ro 8.6), c) su mentalidad los convierte en enemigos de Dios (Ro 8.7), d) de ninguna manera agradan a Dios (Ro 8.8). ¿Cómo es vivir por el Espíritu? a) para comenzar debemos asegurarnos que tenemos el Espíritu ya que “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.” (Ro 8.9), b) el cuerpo está muerto al pecado (ya no tiene por qué seguir esclavo), c) el Espíritu nos da vida para derrotar al pecado (Ro 8.11), d) por el Espíritu podemos dar muerte a “los malos hábitos del cuerpo” (Ro 8.13), e) el Espíritu nos permite una comunión íntima con Dios como para decir “«¡Abba! ¡Padre!»” (Ro 8.15, aquella expresión muy cercana que Jesús utilizó para referirse a Dios como “papá” en arameo), f) si tenemos el Espíritu entonces es garantía que somos hijos de Dios (Ro 8.16). El bautismo cristiano hace una parte muy importante, pero sin el Espíritu Santo sería imposible llevar una vida agradable a Dios a largo plazo. ¡Gracias a Dios que también nos envió a su Espíritu a través del sacrificio de Jesús!

Conclusiones:

  1. La fe tiene un papel relevante en nuestra salvación y en nuestra relación con Dios. Vivamos vidas de fe todo el tiempo y no busquemos la seguridad en cosas externas, como la circuncisión, o el sábado.
  2. Aunque hablamos de que la salvación viene por la gracia de Dios y no por obras (lo que es cierto), no olvidemos el precio altísimo que Dios pagó por ello. ¡Valoremos cada día más el sacrificio de Jesús por nosotros!
  3. Hay personas en este mundo que están convencidas de que Dios no los ama, porque las cosas no salen como quieren, o la vida no es como la soñaron, o sus planes no prosperan. Pablo afirmó más bien que Dios amó tanto al mundo que envió a Jesús a morir por nosotros. Todas esas personas necesitan urgentemente estudiar la Biblia para comprender su posición egoísta y errada.
  4. En la batalla diaria contra el pecado, llenémonos de las convicciones que Pablo enseñó en Romanos: somos libres en Cristo, tenemos el Espíritu para poder vencer, no fuimos llamados al pecado, podemos dominar nuestros malos deseos, no necesitamos vivir en frustración constante, ¡y más! Seamos testimonios vivientes de la victoria de Jesús contra el pecado.
  5. Recordemos que una de las más importantes evidencias de que vivimos en el Espíritu es nuestro cambio de mentalidad. ¿Qué tan renovados estamos en nuestra forma de ver la vida y el mundo? ¿Qué tantos cambios hemos hecho en la forma en que pensamos? Ahí está el punto de partida para la vida espiritual,¡cambiemos nuestra mentalidad con el poder de Dios!
Los dejo con un video y una canción de reflexión sobre el tema de la realidad del pecado y la gracia de Dios derramada en nuestras vidas a través de Jesús. Medita en esto mientras lo ves.


One Response to “Día 415”

  1. Gildardo dice:

    EL PODER DE LA GRACIA…Me ayudan hoy 3 Cosas más una que soy declarado justo por la Fe, segundo me inspira e ejemplo de perseverancia de Abraham su mentalidad para creer que Dios cumplirá lo que había prometido y tres que el Espíritu santo que Recibí en el bautismo me hace hijo y me permite vencer el Miedo, Así que hoy deseo vivir con Fe, con mentalidad positiva y confiando en la guía del Espíritu.
    Rom 4:21 plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido.
    Rom 8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.
    Rom 8:15 Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!»

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