Día 247

2 REYES 15.1 – 15, 2 CRÓNICAS 26.1 – 21.

El enfoque principal de este estudio está en los reyes de Israel (en 2 Reyes) aunque también hay detalles de Uzías, de Judá. Igualmente hoy comenzaremos el estudio de un libro de un profeta (Jonás), cronológicamente paralelo al relato que estaremos estudiando en 2 Reyes y en 2 Crónicas. Podremos apreciar varios aspectos del corazón de Dios y también del corazón humano.

  1. La historia del rey Uzías de Judá (2 Reyes 15.1 – 7, 2 Crónicas 26.1 – 21). Continuando con la historia de Amasías y sus descendientes, la Biblia nos presenta el relato de la vida del rey Uzías, hijo de Amasías, que reinó en Judá. Subió al trono muy joven (16 años) y reinó durante 52 años (2 R 15.2). Nuevamente los relatos de 2 Reyes y 2 Crónicas se complementan para darnos una visión más completa de la vida del personaje, que de otra forma no podríamos tener (especialmente si no contáramos con 2 Crónicas). Al igual que le sucedio a Amasías con su padre, Uzías imitó a Amasías en cuanto a hacer lo que era agradable a Dios por un tiempo, pero no de forma completa. Fue entrenado por Zacarías en cuanto al temor a Dios. ¿Quién era este Zacarías? El Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia, de la Editorial Caribe, menciona que pudo haber sido el Zacarías hijo de Joiada (2 Cr 24.20-21), que fue asesinado por el abuelo de Uzías, es decir, el rey Joás.
  2. Su historia espiritual se puede resumir en el siguiente versículo: “Uzías buscó a Dios en el tiempo de Zacarías, quien le enseñó a temer a Dios; y mientras el rey buscó la dirección del Señor, Dios le dio éxito.” (2 Cr 26.5). Emprendió muchas acciones bélicas, de construcción y de agricultura y en todo Dios lo bendijo. Su ejército es descrito como muy poderoso (2 Cr 26.11-12). Se hizo muy famoso y muy poderoso, “porque el Señor le dio su maravillosa ayuda” (2 Cr 26.15). Lamentablemente, siguió los mismos pasos de su padre Amasías en cuanto a volverse orgulloso por las victorias que Dios le había dado, y terminó rebelándose contra el culto a Dios en el templo al querer él mismo ofrecer incienso sobre el altar del incienso, haciéndose acreedor al castigo anunciado en Números 3.10 (NVI), “A Aarón y a sus hijos les asignarás el ministerio sacerdotal. Pero cualquiera que se acerque al santuario y no sea sacerdote, será condenado a muerte.»” Al ser confrontado por los sacerdotes reaccionó con furia y Dios lo castigó con lepra, muriendo tiempo después de dicha enfermedad. Otra historia triste de un rey que llegó a ser poderoso por haber confiado en Dios pero después permitió que su orgullo lo engañara y se rebeló contra el Señor, terminando de manera trágica.
  3. Los reyes Zacarías y Salum, de Israel (2 Reyes 15.8-15). Zacarías fue hijo de Jeroboam II y reino en Samaria solo 6 meses. Su conducta fue típica de los reyes de Israel: “hizo lo malo a los ojos del Señor” (2 R 15.9). Terminó su vida asesinado en público por Salum, quien comenzó a reinar pero a su vez fue asesinado por Manahem, y solo reinó 1 mes en Israel. El resto de la historia de los reyes de Israel sonará muy parecida, con hombres haciendo lo malo ante Dios y siendo asesinados por rivales que a su vez repetían el ciclo. El final de Samaria se acercaba, Dios estaba cerca de darles toda la retribución por sus pecados y su rebeldía. Nada bueno encontramos en las historias de los reyes de Israel, solo maldad y finales trágicos, para después repetir el ciclo.

Conclusiones:

  1. Apreciemos como creyentes que a lo largo de nuestra vida cristiana hemos tenido “mentores” espirituales, que nos han enseñado cosas básicas como construir un relación diaria con Dios, o desarrollar temor a Dios, o formar convicciones espirituales en nuestro corazón. Así como Zacarías enseñó a Uzías, así seguramente diversos hombres o mujeres nos han enseñado muchas cosas sobre Dios. Agradezcamos a Dios por sus vidas e imitemos lo bueno que aprendimos de ellos, sin importar a dónde se encuentren el día de hoy.
  2. Nuevamente recordemos el poder destructor del orgullo humano. Es tan fuerte que sin importar si Dios ha estado trabajando en nuestra vida por un buen tiempo, el orgullo puede acabar con todo lo bueno que Dios haya hecho en nosotros. Es uno de los pecados más destructores a los que estamos expuestos. Mantengamos la humildad en las victorias que Dios nos de y en nuestras relaciones unos con otros, solo así, mientras busquemos la dirección sincera de Dios y lo obedezcamos, Dios nos dará éxito.
  3. Cuando quitamos a Dios de nuestra vida ciertamente nada bueno podemos esperar de la misma. Las historias trágicas de pecado y miseria se repiten a través de las diferentes generaciones familiares, mientras Dios no esté contemplado en el hogar. Ciertamente Dios hace la diferencia en todo, ¡no olvidemos incluirlo en nuestra vida! Y no olvidemos que Él es el centro de nuestra vida.

5 Responses to “Día 247”

  1. Citlali Gamboa dice:

    Mentores: recientemente agradeceré la amistad d mujeres, hoy en países cómo E.U, Canada y Bolivia por ejemplo de personas q conocí en ICMAR, 2 ya no están sigo presente también hablándoles de Dios y una me sigue inspirando en su caminar c Dios. Gracias totales y saludos.

  2. blanca martinez dice:

    GRACIAS ARTURO BUENAS LECCIONES PARA NUESTRA VIDA POR QUE NOS HAYUDA A RECAPASITAR PARA QUE NOS ESFORZEMOS A TENER NUESTRAS CONVICCCIONES PARA NUESTRA VIDA DIARIA Y SIEMPRE DEPENDER DE DIOS QUE NO NOS OLVIDEMOS PARA QUE NUESTROS HIJOS IMITEN NUESTRO EJEMPLO.

  3. Adriana Casas dice:

    Gracias Arturo, creo que siempre debemos pedir a Dios en nuestra oración, entre otras cosas, muuucha humildad. BENDICIONES

  4. Vicky dice:

    Él es el centro de mi vida, que bendición más grande, que privilegio, un gran tesoro, hay dicha en mi corazón y una gratitud enorme!!!

    Gracias por el agua fresca constante a mi vida… Dios te bendiga a ti y a tu familia!!!

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