Día 446

1 PEDRO 2.13-5.14.

Continuando con nuestro estudio de la 1 carta del apóstol Pedro, revisaremos los siguientes temas: sumisión mutua como muestra de reverencia a Cristo, la actitud correcta al sufrir, el llamado a romper con el pecado, más reflexiones sobre el sufrimiento por causa de Cristo, y consejos finales de humildad en las relaciones fraternales.
Como parte de las recomendaciones que el apóstol dejó a su audiencia con respecto a cómo demostrar que apreciaban y valoraban su salvación, 1 Pedro 2.13-3.17 nos presenta el tema de la sumisión que agrada a Dios en sus diferentes manifestaciones. Veamos los detalles:
  1. Sumisión a las autoridades (1 P 2.13-17). El apóstol afirmó en estos versículos que si un cristiano se sometía con respeto a las autoridades que gobiernan, hacía lo agradable a Dios. De hecho el llamado es: “Sométanse por causa del Señor a toda autoridad humana” (1 P 2.13), eso incluye todas las áreas de la vida social: civil, militar, laboral, académica, y religiosa también. La clave aquí es “por causa del Señor”, es decir, por Cristo debemos practicar la sumisión a las autoridades. De hecho, un cristiano debe ser reconocido públicamente como alguien que respeta a sus autoridades en cualquier ámbito. Solo así haremos callar “la ignorancia de los insensatos” (1 P 2.15). ¿Cómo es esto? De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, la “ignorancia” incluía el falso entendimiento del cristianismo por parte especialmente de la aristocracia romana que quienes eran rápidos para condenar y acusar a las minorías religiosas cuyas creencias no se amoldaba a las de los romanos. Es decir, se levantaban cargos falsos a los cristianos de desobediencia al emperador o de rebeldía a las autoridades, sin justificación alguna, solamente por ser minoría religiosa. Pedro llamó a los creyentes a combatir esa tendencia cultural de la época con el buen ejemplo personal. Esa estrategia fue y será siempre la mejor para combatir los prejuicios contra los cristianos de todas las épocas: ¡nuestro ejemplo personal! Al final, Pedro resumió esta convicción en la siguiente frase: “Den a todos el debido respeto: amen a los hermanos, teman a Dios, respeten al rey. ” (1 P 2.17).
  2. Sumisión a los amos (1 P 2.18-25). Pedro llamó a los cristianos a sobresalir también en el respeto y la sumisión en el ámbito de la esclavitud, es decir, a sus amos. Y aclaró que el cristiano deberia mantener su convicción de sometimiento y respeto no solamente a los “buenos y comprensivos” sino también a “los insoportables” (1 P 2.18) o “a los de áspera condición” (BTX). Aquí estaba el desafío para los esclavos cristianos, ya que en esos tiempos los amos podían tener carta abierta para tratar como desearan a sus esclavos, quienes estaban siempre expuestos a abusos, maltratos e incluso la muerte. De acuerdo a Pedro, era justamente bajo ese contexto de injusticia donde el verdadero espíritu cristiano debería ser mostrado, ya que Cristo nos dio el ejemplo de cómo soportar el sufrimiento injusto (cuando pagó con su vida por nuestros pecados). De hecho, Pedro dijo dos cosas claves aquí: a) es digno de elogio sufrir injustamente, b) fuimos llamados por Cristo para sufrir como él sufrió. Los versículos 21 al 25 nos presentan un breve recordatorio de la actitud de Cristo ante el sufrimiento y la injusticia que experimentó: no regresó los insultos, no amenazó, no devolvió mal por mal, confió en la justicia de Dios, murió para que dejáramos el pecado y sanara nuestras heridas. Tal como Jesús se portó en el mundo, así nosotros estamos llamados comportarnos especialente en el contexto de sufrimiento injusto. El v. 25 ilustra de manera muy gráfica lo que Jesús hizo por nosotros y lo que representa para nosotros también: “Antes eran ustedes como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al Pastor que cuida de sus vidas.” Cristo nos cuida como un Pastor, está pendiente de nosotros, nos ama y quiere vernos felices y firmes en nuesta fe, aunque tengamos que sufrir de vez en cuando.
  3. Sumisión para la mujer casada (1 P 3.1-6). Un área más donde se espera que un cristiano muestre sumisión y respeto es en la relación matrimonial, pero no solamente de la esposa al esposo, sino también del esposo a la esposa. Para las esposas cristianas, Pedro dejó instrucciones muy específicas según su caso: A) A las que tenían esposos no cristianos deberían entender que sería a través de su “conducta íntegra y respetuosa” (1 P 3.2) como sus esposos llegarían a la fe, no a través de sus sermones y quejas. B) A todas las mujeres cristianas en general les recomendó que no siguieran los estándares del mundo en cuanto a la belleza, sino que buscaran mejor ser bellas por dentro (“un espíritu suave y apacible”, 1 P 3.4). De acuerdo con el libro A Handbook on the First Letter from Peter, de United Bible Societies, la mujer romana (especialmente la que tenía dinero) se esforzaba mucho por reflejar una belleza superficial basada en “peinados ostentosos” (arreglos para el cabello que llegaban a medir varias pulgadas por encima de la cabeza y con cadenas de oro o collares de perlas entrelazados), “joyas de oro” (trataban de llenarse de este tipo de joyería para llamar más la atención), y “vestidos lujosos” (también ponían mucho énfasis en el tipo de ropa que utilizaban, mientras más atractiva a la vista de los hombres, mejor). Es decir, Pedro les pidió a las mujeres cristianas que aprendieran a no basar su autoestima en su apariencia externa (como las mujeres romanas del mundo), sino más bien en las virtudes que Cristo podía desarrollar en ellas. De hecho, mencionó a grandes mujeres de la Biblia como Sara, como un ejemplo a seguir para las cristianas. Así, la sumisión sincera y respetuosa al esposo vale más para Dios que el énfasis en el arreglo exterior. La expresión “Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor.” (1 P 3.6) nos hace pensar que la mujer cristiana no necesita vivir en el constante temor que genera la inseguridad sobre su apariencia externa (si llama la atención o no, si es atractiva o no, si alguien la observa o no), sino más bien ha aprendido a encontrar su seguridad en Cristo y en caminar fiel a él. Así, ese “espíritu suave y apacible” se logra cuando la mujer encuentra su paz, su autoestima y su seguridad en su relación con Dios y con Jesús. ¡No hay otra forma de conseguirlo mas que así!
  4. Sumisión para el hombre casado (1 P 3.7). Aunque con menos palabras pero no por eso menos profundidad, Pedro también llamó a los hombres casados a reflejar la sumisión y respeto a su esposa de la siguiente manera: ser comprensivos con ellas y tratarlas con respeto. ¿La razón principal? La consideración de que “como mujer es más delicada” o “que es un ser más frágil” (BJL) o “no tienen la fuerza de ustedes” (TLA). Los hombres cristianos deben estar siempre conscientes de que su esposa fue creada como un ser más frágil y delicado y que Dios espera que se mantengan alertas a este principio y se refleje en el trato que les dan. Cuando el hombre no hace caso a esta verdad, termina viviendo en frustración y desesperación con su esposa y por lo tanto, en estorbar su propia relación con Dios porque continuamente está en conflictos y enojos con ella. Por eso Pedro dijo, “Así nada estorbará las oraciones de ustedes.” Si los hombres casados se apegan a este mandato en la forma en como tratan a su esposa, tendrán una relación con Dios abierta, dinámica y viva siempre.
  5. Sumisión y respeto unos a otros (1 P 3.8-17). Pedro también aclaró que en las relaciones fraternales en la iglesia debemos estar dispuestos a vivir en sumisión y respeto mutuo en las siguientes formas prácticas: vivir en armonía, compartir penas y alegrías (siendo vulnerables y abiertos), practicando el amor fraternal en la compasión y la humildad, no regresar mal aunque nos lo hagan, no hablar mal de otros y no mentir. Incluso citó Salmos 34.12-16 como ilustración para reforzar su punto, que afirma que para “amar la vida y gozar de días felices”, el respeto al prójimo es fundamental. Si no tomamos en cuenta esto, terminaremos en una existencia de conflictos personales sin fin que amargará nuestra vida. Por eso también Pedro dijo, “¿quién les va a hacer daño si se esfuerzan por hacer el bien?” (1 P 3.13), es decir, si nos determinamos a mantener buenas relaciones con nuestros hermanos en la fe y a tratar a todos con respeto y consideración, ¿quién tendrá deseos de hacernos daño? La reacción general de las personas será también brindar respeto y aprecio. Pero si tratamos mal a nuestro prójimo, recibiremos lo mismo de regreso. Pedro incluso mencionó que aún cuando se trate de defender la fe y dar razón de ella ante los que no creen, se debe hacer “con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia” (1 P 3.16), para avergonzar a sí a los que hablan mal de los cristianos. Pero eso sí, cada cristiano debería hacer 1 P 3.15b como una meta en sus vidas: “Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes.”, ya que es un llamado a preparanos mejor en lo que creemos para ser capaces de responder a cualquiera.
En 1 Pedro 3.18-4.19 encontramos un llamado general a imitar a Jesús en diferentes áreas, poniéndolo a él como centro de todo y como punto de partida de nuestra fe y de nuestras acciones. Podemos decir que es un tratado cristológico importante. Veamos los puntos relevantes:
  1. El trabajo redentor de Cristo (1 P 3.18-22). Después de recordar a sus lectores sobre el propósito de la muerte de Jesús en la cruz (redención por nuestros pecados) y su resurrección por medio de el Espíritu Santo, Pedro mencionó una serie de puntos que pueden generar confusión y controversia: A) Cristo “fue y predicó a los espíritus encarcelados” (1 P 3.19), y específicamente mencionó que eran las personas de tiempos de Noé que murieron durante el diluvio. ¿Cómo interpretamos esto? De acuerdo con el The New American Commentary: 1, 2 Peter, Jude, de Broadman & Holman Publishers, se han propuesto varias interpretaciones a través de los siglos. Algunas como la de Martín Lutero literalmente afirmaron que era uno de los versículos más oscuros del NT y que no sabía qué significaba. Otros como Agustín lo entendieron como que Cristo predicó a través de Noé a aquella generación malvada que murió en el diluvio. Otros más piensan que se refiere a que en el intervalo que pasó entre su muerte y su resurrección, Jesús descendió al lugar donde están los muertos para predicarles a los espíritus y ofrecerles la oportunidad de arrepentirse y salvarse. Pero la posición más común entre los estudiosos es de que el pasaje se refiere a la proclamación de victoria de Cristo y el juicio sobre los ángeles caídos que estaban presos como lo afirma Judas 6 (“Y a los ángeles que no mantuvieron su posición de autoridad, sino que abandonaron su propia morada, los tiene perpetuamente encarcelados en oscuridad para el juicio del gran Día.”). Siendo así, el versículo no indica que Cristo descendió al lugar donde van los muertos que no fueron fieles a Dios (llamado el Tártaro, que más adelante estudiaremos), ya que Lucas 23.43 afirma que Jesús le dijo al ladrón arrepentido que ese mismo día estarían juntos en el paraíso (el lugar donde van los espíritus de los muertos que fueron fieles a Dios). Meditemos bien en el pasaje y tomemos la interpretación que pensamos es la más correcta a la luz del contexto.
  2. El papel relevante del bautismo en agua (1 P 3.20-22). Tomando como ejemplo la ilustración de Noé y el diluvio, Pedro afirmó que aquella agua “simboliza el bautismo que ahora los salva también a ustedes. El bautismo no consiste en la limpieza del cuerpo, sino en el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios.” (1 P 3.21), o “Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora los salva a ustedes” (NBLH), o “Y esa agua representaba a la que ahora usamos para el bautismo, por medio del cual Dios nos salva.” (TLA). Este versículo es la única mención del bautismo cristiano en la carta y la única mención específica en todo el NT de que el bautismo en agua “nos salva”. De acuerdo con el Word Biblical Commentary, Volume 49: 1 Peter, de Word Incorporated, nos dice que de acuerdo con la construcción del texto griego, el pasaje no se refiere al bautismo como un simple acto de limpieza externa de las suciedades físicas, sino más bien apunta hacia una limpieza interna de conciencia y espiritual que sucede en el momento del bautismo en agua. La “buena conciencia” es producto entonces del trabajo del Espíritu Santo en el alma del creyente que está siendo bautizado. Algunas traducciones como la NBLH dicen, “sino como una petición a Dios de una buena conciencia” (1 P 3.21). Pedro estaba exponiendo al bautismo como un acto de apelación o de petición de los hombres hacia Dios y no de Dios hacia los hombres. Al bautizarse una persona, le está pidiendo a Dios que haga efectiva la promesa de perdón de pecados y salvación que hizo a través del evangelio. Ahora, también Pedro aclaró que no se trata de que el bautismo sea un acto mágico que tiene poder para salvar a alguien, sino más bien esa salvación se concreta y se lleva a cabo “por la resurrección de Jesucristo”, es decir, es el poder de Dios a través de Cristo que actúa en ese momento para perdonar y para salvar.
  3. Romper con el pecado (1 P 4.1-6). Pedro llamó a los creyentes a asumir la misma actitud de Cristo para sufrir en el cuerpo, rompiendo con todo rastro de prácticas y hábitos pecaminosos en sus vidas: no satisfacer los malos deseos, viviendo en desenfreno, en borracheras y pasiones, en orgías (práctica común entre los romanos), en parrandas y en idolatrías. Todo eso, dijo Pedro, era vivir desperdiciando el tiempo (1 P 4.3). El nuevo objetivo de un cristiano en su vida era agradar a Dios y no a él o a ella. Este cambio radical en el estilo de vida de un creyente necesariamente generaría una reacción hostil de algunos antiguos compañeros de pecado, quienes insultarían a los discípulos. Pero Pedro les recordó que todas esas personas que rechazan al evangelio de Jesús un día rendirían cuentas a Dios, por lo tanto, los cristianos deberían estar dispustos a sufrir esas agresiones confiando en Dios e imitando a su maestro Jesús quien sufrió mucho más por causa de ellos. En cuanto al v. 6 que dice, “Por esto también se les predicó el evangelio aun a los muertos, para que, a pesar de haber sido juzgados según criterios humanos en lo que atañe al cuerpo, vivan conforme a Dios en lo que atañe al espíritu.”, la interpretación ortodoxa cristiana apunta a que los “muertos” se refiere a las personas que viven en pecado y por lo tanto están muertas espiritualmente. Como ya mencionamos en el caso de 1 P 3.19, la posición de una “segunda oportunidad” para las almas que ya perecieron no está considerada.
  4. Disposición a sufrir por Cristo (1 P 4.12-19). En este pasaje Pedro exhortó a sus lectores a que no se sorprendieran cuando apareciera “el fuego de la prueba” en sus vidas cristianas, ya que está contemplado en su llamado a seguir a Cristo. Más bien su actitud debería ser de alegría por ser considerados dignos de participar en los sufrimientos de Cristo, incluso los llamó “Dichosos ustedes” (1 P 4.14) si les tocaba sufrir persecución y agresiones por causa de su fe en Jesús. Ahora, el apóstol también distinguió entre el sufrimiento bueno por causa de Cristo y el sufrimiento inútil por causa de hacer el mal, diciendo específicamente, “Que ninguno tenga que sufrir por asesino, ladrón o delincuente, ni siquiera por entrometido.” (1 P 4.15). Ese sufrimiento no sería agradable a Dios y de ninguna manera dejaría un buen testimonio para el mundo. Tomando esto como punto de partida, Pedro afirmó que “es tiempo de que el juicio comience por la familia de Dios” (1 P 4.17). Es decir, Dios primero nos juzgará a los que nos llamamos discípulos de Jesús precisamente por afirmar que somos eso, y por eso debemos tener cuidado con nuestra vida y estar dispuestos a sufrir por Cristo rompiendo con el pecado en nuestra vida. De lo contrario, pagaremos las consecuencias con seguridad por nuestras maldades. Para dar fuerza a su punto, Pedro citó Proverbios 11.31, “«Si el justo a duras penas se salva, ¿qué será del impío y del pecador?»” (1 P 4.18). Ese temor reverente a Dios, de acuerdo al apóstol, se manifiesta en forma práctica en la vida del creyente en varias formas (1 P 4.7-11): una vida de oración, no andar en borracheras, tener la “mente despejada”, practicar el amor fraternal, practicar la hospitalidad, servir en la iglesia de acuerdo a nuestros dones, hacer todo para que Dios sea alabado por medio de Jesús. Nuevamente podemos entender que la fe se demuestra con hechos, no solo con palabras o sentimientos.
Para terminar esta fascinante carta, el capítulo 5 de 1 Pedro contiene varias recomendaciones muy importantes tanto para figuras de liderazgo (los ancianos) como para todos los cristianos en general:
  1. El papel de los ancianos en la iglesia (1 P 5.1-4). Pedro comenzó esta exhortación a los ancianos considerándose a él mismo como uno de ellos pero también como un “testigo de los sufrimientos de Cristo” (1 P 5.1). De ahí partió para llamar a todos los ancianos de las iglesias donde se leería su carta a que cuidaran el rebaño de Dios (la iglesia) como auténticos y sinceros pastores que hacían las cosas “no por obligación ni por ambición de dinero, sino con afán de servir, como Dios quiere.” (1 P 5.2). Incluso los llamó a no ser tiranos con la iglesia, sino a dirigir con su ejemplo personal. ¿Por qué el énfasis en la figura de pastores de un rebaño? El Holman New Testament Commentary: I & II Peter, I, II & III John, Jude, de Broadman & Holman Publishers, nos dice que debido a la persecución intensa y al sufrimiento que estaban experimentando algunas de las iglesias a las que escribió, el trabajo pastoral del anciano era de suma importancia, para dar ánimo, consuelo y fortaleza a aquellos cristianos. Por eso se rechazaba completamente la figura de un anciano tirano, ya que en momentos de tanto sufrimiento en los cristianos era lo que menos necesitaban. Es interesante también notar que el apóstol Pedro para el año 63 d.C. (en que se cree fue escrita esta carta) se consideraba a sí mismo como un “anciano” en su función en la iglesia. Ya habían pasado 30 años desde que inició su trabajo como apóstol y cerca del final de sus días se veía a sí mismo como anciano para las iglesias también, ya no solo como apóstol.
  2. Un llamado a la humildad mutua (1 P 5.4-6). Pedro también aconsejó a los “jóvenes” para que se sometieran con humildad a los ancianos, pero también afirmó “Revístanse todos de humildad en su trato mutuo” (1 P 5.5), citando Proverbios 3.34 como apoyo a su punto. La humildad en las relaciones entre creyentes, sean líderes o no, es fundamental para la aprobación de Dios. Él siempre levantará y exaltará a los que deciden humillarse en lugar de llenarse de orgullo y arrogancia. Dios siempre está en contra del orgullo. Mientras exista humildad, las relaciones entre líderes y seguidores estarán sanas y serán funcionales, pero cuando el orgullo entra en un lado o en el otro, ¡todo se derrumba!
  3. Cuidarse del enemigo (1 P 5.7-11). Pedro también llamó a los cristianos a cuidarse del “león rugiente” (1 P 5.8), es decir, del diablo, quien está “buscando a quien devorar”. ¿Quiénes son los candidatos preferidos de Satanás de acuerdo al análisis de este pasaje? Los que no depositan en Dios sus ansiedades sino que deciden cargarlas (v. 7), los que no practican el dominio propio (v. 8), lo que no están alerta todo el tiempo en el sentido espiritual. Por eso el apóstol instruyó lo opuesto a los cristianos, pidiéndoles que practicaran fervientemente la oración para descargar todas las angustias y preocupaciones en Dios, que lucharaon por lograr el dominio propio y que estuvieran alerta. Si cuidamos esas áreas de forma seria, podremos vencer a Satanás, pero si andamos negligentes en alguna de ellas, seremos presa fácil para él en algún momento. Pedro también transmitió a los creyentes la confianza en Dios, ya que el tiempo de sufrimiento sería corto (v. 10) y Dios estaría trabajando en todo ello para hacerlos “fuertes, firmes y estables” (1 P 5.10).
  4. Despedida (1 P 5.12-14). Pedro nos dejó aquí dos pistas importantes sobre el origen de la carta: a) la escribió con ayuda de Silvano (a manera de su secretario personal), b) la escribió desde “Babilonia”, que como mencionamos en la introducción, bien se puede referir a la ciudad de Roma.

Conclusiones:

  1. La sumisión con buena actitud a cualquier figura de autoridad y el respeto al prójimo siempre serán una evidencia clara de cristianismo en una persona. Por el contrario, la rebeldía a las autoridades bajo cualquier pretexto y los tratos irrespetuosos siempre serán también evidencia de la falta de fe en un supuesto creyente. ¿Qué reflejas tú, fe o falta de ella en estas áreas en tu vida?
  2. Cristo siempre debe ser nuestro punto de partida para cualquier acción de fe en nuestras vidas, ya sea que se trate de romper con el pecado o de estar dispuestos a sufrir por su causa, o de valorar nuestra salvación. Jesús siempre debe ser el centro de nuestra vida y nuestro punto de referencia principal para todo. La vida cristiana entonces se trata de ser más como Jesús cada día.
  3. Si estamos en algún papel de liderazgo en la iglesia, meditemos en las recomendaciones que Pedro dio a los ancianos. Sirvamos a nuestros hermanos en la fe con un buen ejemplo personal, con humildad y con sensibilidad. No caigamos en conductas tiránicas, porque Dios pedirá cuentas a todos un día.
  4. Recordemos que la humildad en la vida cristiana es la llave del éxito. Si mantenemos una actitud humilde unos con otros en cada discusión, en cada controversia, en cada problema, ¡siempre encontraremos una solución exitosa y agradable a Dios! Pero si dejamos que el orgullo nos domine, también siempre encontraremos el fracaso y la humillación de parte de Dios.
  5. Tengamos cuidado con las áreas donde Satanás nos puede atacar: nuestra dependencia en Dios, nuestro carácter y nuestra urgencia espiritual (no ser negligentes). Recuerda que él siempre nos está acechando como un león rugiente, ¡no le demos la oportunidad de que nos devore!
Les dejo un video de ilustración sobre el cuidado que debemos tener hacia Satanás y sus ataques.


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