Día 294

JEREMÍAS 25.15 – 38, 36.1 – 32, 45.1 – 46.28.

Continuaremos hoy con los mensajes que Dios envió a Jeremías durante el cuarto año del reinado de Joacim, rey de Judá. Analizaremos a detalle varios de ellos y también las reacciones que tuvieron tanto el pueblo como el rey y sus funcionarios ante dichos mensajes:

  1. El mensaje de la “copa del enojo del Señor” (Jeremías 25.15-38). Dios le pidió a Jeremías que tomara una la llamada “copa de mi enojo que está llena hasta el borde” (Jer 25.15) y que hiciera que las naciones que Él designó bebieran de ella. ¿Exactamente qué significaba esta imagen? De acuerdo con The New American Commentary: Jeremiah, Lamentations, de Broadman & Holman Publishers, la clave para interpretar este pasaje es la costumbre antigua de la hospitalidad. En este caso, Dios era el anfitrión y las naciones sus huéspedes. En lugar de ofrecerles el vino de su elección, les esta dando a probar la copa del juicio y sufrimiento por todas las maldades que habían cometido contra Judá, y esa bebida los haría tambalear y los volvería locos (Jer 25.16). La lista de naciones incluía obviamente a Judá pero también a todas aquellas que serían afectadas por la invasión babilónica, y al final la misma Babilonia sería también castigada. Además, esa copa no era opcional, como dice en Jer 25.28: “Ahora bien si se niegan a aceptar la copa, diles: “El SEÑOR de los Ejércitos Celestiales dice: ‘No les queda más que beberla.” El juicio estaba decretado y llegaría sin retraso a cada nación.
  2. El mensaje del rollo escrito (Jeremías 36.1-32). Dios le ordenó a Jeremías que escribiera en un rollo todas las palabras que le había dicho y que iniciara desde los tiempos en que comenzó su llamado profético, es decir, en tiempos todavía del rey Josías, y le pidió que escribiera “todos los mensajes, hasta llegar al tiempo presente” (Jer 36.2), es decir, en orden cronológico. ¿Qué le estaba pidiendo exactamente? Dios llamó a Jeremías a profetizar durante el treceavo año del reinado de Josías. De acuerdo con 2 Reyes 22.1, Josías reinó 31 años. Además ya había pasado otros 4 años y 3 meses más desde que había muerto Josías (el tiempo de reinado de Joacaz y de Joacim). ¡Esto quiere decir que Dios le pidió a Jeremías que se acordara de los mensajes que había recibido hacía por lo menos 31 años! ¿Te acuerdas tú de lo que alguien te comentó hace 31 años, palabra por palabra con exactitud? Sin embargo, la Biblia dice que Jeremías mandó llamar a un hombre llamado Baruc y le dictó “todas las profecías que el Señor le había dado” (Jer 36.4) para que las escribiera en un rollo. ¿Cómo fue posible esto? Humanamente hablando, tal vez sería muy difícil acordarse de tantas palabras con exactitud, pero es aquí donde entra la famosa inspiración divina de las Escrituras, es decir, Dios mismo ayudando a Jeremías a recordar cada mensaje, palabra por palabra, para que pudiera ser escrito. ¡Una pequeña muestra del proceso de Escritura de toda la Biblia! Incluso el mismo Baruc confirmó que se esforzó en escribir “palabra por palabra” dichos mensajes, sin alterar ni omitir nada (Jer 36.18). ¿Y para qué Dios quería que se hiciera ese trabajo literario? Para que Baruc lo leyera en el templo delante de todas las personas y así, “Quizá se aparten de sus malos caminos y antes de que sea demasiado tarde le pidan al Señor que los perdone. Pues el Señor los ha amenazado con su terrible enojo.” (Jer 36.7). La última esperanza de Dios era que teniendo el mensaje profético escrito, al leerlo, sus corazones fueran movidos a arrepentimiento y así se libraran de su enojo. Si pensamos en las Escrituras completas, ¿no será también cierto esto para nuestro tiempo? Ahora que tenemos toda la revelación divina escrita, ¿no será que también es nuestra última esperanza para librarnos de la ira futura de Dios en el juicio final? Meditemos en esto.
  3. El mensaje para Baruc (Jeremías 45.1-5). Este corto capítulo nos muestra una escena muy curiosa: Dios enviando un mensaje al secretario Baruc. ¿Por qué a Baruc? Recordemos que Dios lo había enviado a leer el rollo escrito ante el pueblo y los funcionarios reales en Jerusalén y después se le pidió que se escondiera para proteger su vida (Jer 36.19). Toda esta experiencia causó algún tipo de daño emocional a Baruc ya que Dios afirma lo siguiente: “”Tú has dicho: ‘¡Estoy repleto de dificultades! ¿No he sufrido ya lo suficiente? ¡Y ahora el Señor ha añadido más! Estoy agotado de tanto gemir y no encuentro descanso’ ”.” (Jer 45.3). Al parecer Baruc se sintió muy mal de la experiencia de leer el rollo, recibir rechazo y después tener que esconderse para salvar su vida. Su queja para con Dios fue que ya había sufrido suficiente, pero en realidad, comparado con Jeremías (quien estaba en la cárcel en ese momento) y otros profetas contemporáneos, ¡no había sufrido nada! Además el siguiente mensaje de Dios para él nos revela otro aspecto: “¿Buscas grandes cosas para ti mismo? ¡No lo hagas! Yo traeré un gran desastre sobre todo este pueblo; pero a ti te daré tu vida como recompensa dondequiera vayas.” (Jer 45.5), “¡Y tú andas buscándote grandezas!” (BJL). Al parecer encontramos aquí un problema de motivos en el corazón de Baruc, ya que mientras que Dios lo envió por medio de Jeremías a cumplir una misión espiritual, tal vez él estaba esperando fama o reconocimiento público o alguna otra cuestión similar a cambio y en lugar de eso terminó huyendo para salvar su vida. ¡Definitivamente eso de ayudar a un profeta de Dios no fue lo que él pensó! Una lección para cuidar nuestros motivos cuando se trata de servir a Dios, de lo contrario, terminaremos decepcionados por buscar gloria, grandeza o reconocimiento para nosotros, en lugar de estar dispuestos a pagar la dosis de sufrimiento implícita en el servicio al Señor Todopoderoso.
  4. El mensaje para Egipto (Jeremías 46.2-26). La Biblia aclara que este mensaje se dio “en ocasión de la batalla de Carquemis cuando Nabucodonosor de Babilonia venció al faraón Necao, rey de Egipto y a su ejército, junto al río Éufrates.” (Jer 46.2). La Biblia de Estudio Apologética nos confirma que esta batalla ocurrió entre los años 605 – 604 a.C. y que además el texto bíblico está apoyado por fuentes extrabíblicas al respecto, como el libro Las Crónicas de los Reyes Caldeos. El rey Nabucodonosor aprovecharía la victoria sobre los egipcios en esa batalla para avanzar contra Egipto y atacarlo. Esta profecía describe cómo sería dicha agresión. Y aunque la invasión de Egipto por parte de Babilonia se dio hasta el 568 – 567 a.C., si hay registros de que Nabucodonosor amenazó a Egipto y volvió a atacar al faraón Necao en el 601 a.C. Dios también dejó en claro contra quien iba dirigido su castigo: “El Señor de los Ejércitos Celestiales, Dios de Israel, dice: «Castigaré a Amón, el dios de Tebas y a todos los demás dioses de Egipto. Castigaré a sus gobernantes y al faraón también, y a todos los que confían en él.” (Jer 46.25). Era momento de que Egipto pagara también por su idolatría.

Ahora bien, hay otros elementos importantes en estos pasajes que necesitamos mencionar:

  1. La realidad de la ira de Dios. Varios pasajes nos transmiten esto: “El SEÑOR rugirá contra su propia tierra desde su santa morada en el cielo… Él juzgará a todos los habitantes de la tierra… ¡Nación tras nación sufrirá calamidades!… los que el Señor haya masacrado llenarán la tierra de un extremo a otro… los prados tranquilos se convertirán en tierra baldía…” (Jer 25.30-38). Debemos entender que es tan real y verdadero el amor de Dios como lo es su enojo. A la gente no le gusta pensar en el enojo de Dios, solo en su amor, pero la Biblia nos muestra que las dos cosas son igualmente reales. No tomemos a la ligera esto, la ira de Dios existe y todavía cae sobre algunas personas y un día caerá no sobre unas cuantas naciones, sino sobre el mundo entero, como dice Apocalipsis 11.18 (DHH-LA): “18 Las naciones se han enfurecido; pero ha llegado el día de tu ira, el momento en que has de juzgar a los muertos; y darás la recompensa a tus siervos los profetas, a tu pueblo santo y a los que honran tu nombre, sean grandes o pequeños; y destruirás a los que destruyen la tierra.”
  2. La dureza que había en el corazón del rey y de sus funcionarios (Jeremías 36.21-26). A pesar de que la lectura del rollo que traía Baruc conmovió a algunos de sus funcionarios (Jer 36.16), cuando se lo leyeron a él y a otros funcionarios, tristemente el rey iba cortando cada sección de 3 o 4 columnas que se leía y la lanzaba al fuego, hasta quemarlo todo. El versículo 24 es claro, “Ni el rey ni sus asistentes mostraron ninguna señal de temor o arrepentimiento ante lo que habían oído.” Al terminar la lectura y destrucción del rollo, dictó una orden para que arrestaran a Baruc y a Jeremías. Definitivamente el corazón del rey Joacim estaba muy endurecido, ni la Palabra de Dios fue suficiente para moverlo a recapacitar en sus acciones y buscar a Dios. Así de triste como es esta escena, así también viven muchas personas en el mundo, que aunque llegan a escuchar algo de las Escrituras, no se conmueven ante la Palabra ni recapacitan ni deciden componer sus caminos. ¿Qué tal nosotros como cristianos? ¿Reaccionamos igual ante la lectura de las Escrituras o diferente?
  3. La diferencia en el castigo con respecto a Judá (Jeremías 46.27-28). En esta sección, Dios le avisa a todo Israel que no deben sentir temor alguno ante todo este mensaje de destrucción y castigo. Les asegura también que aunque a otras naciones sí las destruiría por completo (Jer 46.28), no sería así con su pueblo, a quien solamente disciplinaría con justicia y no destruiría por completo, y añade, “no puedo dejarte sin castigo.” Para las naciones señaladas, el juicio consistía en destrucción completa (y así fue, después de esta invasión babilónica, varias de ellas dejaron de existir como nación y nunca más lo serían), pero para Israel, era una medida de disciplina severa, pero no final. Había una esperanza en el aire y un día regresarían a su tierra con un corazón transformado.

Conclusiones:

  1. Creamos en el amor de Dios pero también creamos en su ira. Aunque a nuestros oídos humanos no nos agrade escuchar eso, existe, y si nos llamamos creyentes, necesitamos aceptar ese concepto de la naturaleza de Dios también. Tengamos temor de Dios y andemos conforme a sus caminos en nuestra vida, porque un día su ira será desatada sobre este mundo perdido una vez más, pero a escala global.
  2. Pensemos en toda la Biblia con sus 66 libros como la última oportunidad que Dios le está dando a la humanidad de tomarlo en cuenta, reconocerlo como Dios y arrepentirse. Toda su revelación está escrita y disponible en muchos idiomas en todo el mundo, no hay excusa alguna para no darnos el tiempo para estudiarla y practicarla.
  3. Tengamos cuidado con los motivos personales cuando queremos servir a Dios. Entendamos que el sufrimiento siempre será parte implícita de un verdadero servicio a Jesucristo y a Dios. No podemos mezclar motivos humanos orientados a satisfacer necesidades de auto estima (como reconocimiento y fama) cuando se trata de servir a Dios, ¡es el camino a un fracaso seguro!
  4. Mantengamos nuestro corazón sensible a la Palabra de Dios todo el tiempo y tengamos temor de que la dureza a las Escrituras nos alcance. La realidad es que si no estamos diariamente sembrando estudio serio de la Biblia, tarde o temprano cosecharemos dureza e indiferencia a las mismas y no estaremos muy lejos del corazón que Joacim mostró ante las profecías de Jeremías. ¡Tomemos en serio esto para toda nuestra vida!

Los dejo con una ilustración de la batalla de Carquemis:

 

Batalla de Carquemis


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