Día 447

INTRODUCCIÓN A 2 PEDRO.

De acuerdo con el libro Chronological and Background Charts of the New Testament, de H. Wayne House,  Zondervan, la segunda carta de Pedro fue escrita en entre los años 63 a 64 d.C., desde Roma y nuevamente dirigida a cristianos en Asia Menor. De acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de Editorial CLIE, tenemos la siguiente información de contexto:
  1. En cuanto al género de la carta, la ausencia de detalles sobre los destinatarios convierten este documento en una carta muy impersonal. Algunos piensan que se trata de una homilía (una predicación o sermón) presentado a manera de carta, o bien, una especie de testamento final de Pedro para aquellos cristianos.
  2. De acuerdo con los estudiosos del griego antiguo, el vocabulario de la carta es bastante culto y muchas veces hasta rebuscado. Esta característica ha generado mucha controversia en cuanto a la paternidad de la carta, ya que algunos estudiosos afirman que como el estilo literario que presenta es bastante diferente al de 1 Pedro, entonces posiblemente el autor fue diferente. De hecho, se ha identificado el estilo literario de la carta como más propio del S. II d.C. Sin embargo, ese factor se puede explicar con el uso de un secretario diferente por parte de Pedro al de la primera carta, quien estuviera más inmerso en el mundo de la cultura local de Asia Menor y por lo tanto en una retórica y estilos literarios más avanzados.
  3. En el saludo inicial de la carta encontramos la mención de “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo” (2 P 1.1) como autor de la carta. Se sabe que el escritor cristiano Orígenes fue el primero en mencionar que el apóstol Pedro fue el autor de la primera carta pero afirmó que había disputa sobre el origen de la segunda. Otro factor que generó más duda fue que los escritos gnósticos de Nag Hammadi (s. II d.C.) mencionan a 2 Pedro como un texto normativo y parece que era bien conocida en ese medio.
  4. Otro aspecto interesante de la carta es la mención de elementos comunes con la carta de Judas, ya que ambas cartas dedican un buen espacio al mismo tema y con un lenguaje casi idéntico. Resulta complicado definir con claridad quién utilizó primero el trabajo del otro como fuente (Pedro y Judas), pero de que existe una relación cercana es un hecho.
  5. A pesar de la aparente confusión en algunos aspectos de la carta, fue aceptada como parte del canon bíblico del Nuevo Testamento, aunque estuvo a debate por un tiempo, y también se aceptó de forma tradicional que el autor es el apóstol Pedro, que estaba próximo a morir. Así, al igual que 2 Timoteo fue la carta de despedida de Pablo para las iglesias, parece que 2 Pedro también es la carta de despedida del apóstol para los cristianos a los que servía.

2 PEDRO 1.1-21.

En el saludo inicial de la carta (1 P 1.1-2), podemos apreciar tanto la autoría de la misma, como la única mención de los destinatarios de la siguiente forma: “a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han recibido una fe tan preciosa como la nuestra.” Posiblemente Pedro tenía en mente a los gentiles que se habían convertido al cristianismo y que seguramente componían la mayoría de los miembros de las iglesias de Asia Menor. Pedro reconocía que la fe que habían recibido esos gentiles era “tan preciosa” como la que recibieron también los judíos. También mencionó en el v. 2 que la gracia y la paz abundarían en ellos “por medio del conocimiento que tienen de Dios y de Jesús nuestro Señor.” Esto nos indica que mientras más conozcamos a Dios y a su Hijo Jesucristo, más gracia y paz podremos desarrollar en nuestros corazones. Así, poca gracia y poca paz en un creyente pueden ser también síntomas de una pobre relación con Dios y un pobre conocimiento de realmente quién es Él y quién es Jesús.
En los versículos 3 al 11 del capítulo 1 encontramos un llamado muy especial hacia la firmeza en la fe y el crecimiento espiritual. Veamos los detalles:
  1. Pedro afirmó en el v. 3 que a través de su poder, Dios ya había otorgado a los creyentes “todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda.” o “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” (RVR95) o “todo lo que necesitamos para la vida y la devoción” (DHH-LA). Es decir, Dios no solamente nos perdonó nuestros pecados y nos salvó en el momento de la conversión, sino que también nos equipó con todo lo necesario para mantenernos firmes en la fe. Él no dejó nada al azar, no consideró dejarnos solos a nuestra suerte en una nueva forma de vida, más bien todo lo planeó para que todos los creyentes tuviéramos la misma oportunidad de salir victoriosos en nuestro caminar cristiano.
  2. De acuerdo con el v. 4, son precisamente las “preciosas y magníficas promesas” de Dios las que nos dejó para ese fin, para que justamente luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.” Una vez que dimos el paso de hacernos cristianos, tenemos a nuestro alcance las promesas de Dios las cuales nos ayudan a alejarnos de la naturaleza pecadora y a tomar parte cada vez más en la naturaleza divina. Por eso necesitamos conocer las promesas de Dios y aferrarnos a ellas cuando más las necesitamos. Da click en la liga para revisar un sitio en Internet dedicado a presentar las promesas de Dios.
  3. Pedro dijo en el v. 5, “Precisamente por eso…” o “Por esta razón también” (NBLH), y después mencionó una lista muy importante de cualidades espirituales por las cuales todo cristiano debería hacer lo siguiente: “esfuércense” o “poned toda diligencia” (BTX) o “pongan el mayor empeño” (BJL). ¿Por qué deberían esforzarse por ellas? La traducción de la NTV nos dice, “En vista de todo esto, esfuércense al máximo por responder a las promesas de Dios…” Es decir, eran tan valiosas esas promesas que Dios deja a nuestro alcance que todo creyente necesita valorarlas y responder a ellas desarrollando una lista de cualidades espirituales. El autor las presenta en una forma progresiva, donde a medida que el creyente se esfuerza en desarrollar una, trabaja en agregar otra que va relacionada a la anterior, y así sucesivamente. Estas son (2 P 1.5-7): “fe”, “virtud” o “una abundante provisión de excelencia moral” (NTV) o “la buena conducta” (DHH-LA), “entendimiento” o “conocimiento” (BTX) o “procurar conocer mejor a Dios” (TLA), “dominio propio” o “control propio” (NTV) o “la templanza” (BJL), “constancia” o “perseverancia” (NBLH) o “paciencia” (BTX), “devoción a Dios” o “piedad” (NBLH) o “entregar su vida a Dios” (TLA) o “sumisión a Dios” (NTV), “afecto fraternal” o “amor fraterno” (BTX) o “estimar a sus hermanos en Cristo” (TLA), y “amor” o “caridad” (BJL) o “amar a todos por igual” (TLA). No se trata de trabajar mucho tiempo en una y hasta que la perfeccionemos, intentar la que sigue. Más bien se trata de tener todas por igual frente a nosotros y esforzarnos diligentemente en desarrollarlas, creciendo en todas y perfeccionándonos en ellas.
  4. Pedro también afirmó que dependiendo de cuánto esfuerzo pusiérmos en desarrollarlas, habría dos posibles resultados para nuestra vida cristiana: a) “si abundan en ustedes” (2 P 1.8) el resultado sería crecimiento en el conocimiento de Dios y una vida cristiana útil y productiva, b) si no las desarrollamos entonces seríamos “inútiles e improductivos” espiritualmente hablando además que “el que no las tiene es tan corto de vista que ya ni ve, y se olvida de que ha sido limpiado de sus antiguos pecados.” (2 P 1.9). Es decir, utilidad, productividad y conocimiento de Dios vs. una vida inútil e improductiva y además ingrata. ¡Así de trascendente es tomar estas palabras en serio! Pero además, Pedro aseguró que si sus lectores le hacían caso y se entregaban a esforzarse por desarrollar esas cualidades, “no caerán jamás, 11 y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.” (1 P 1.10-11).  La clave para mantenerse fiel para siempre se encontraba en comprender esta exhortación del apóstol Pedro y en llevarla a la práctica.
Ahora, en los versículos 12 al 21 del capítulo 1, Pedro se enfocó en 2 temas importantes: su convicción personal sobre las cosas que estaba intentando transmitir en su carta y el valor de las profecías contenidas en las Escrituras. Veamos los puntos relevantes:
  1. En los versículos 12 al 15 podemos captar el corazón de Pedro, quien sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida (“porque sé que dentro de poco tendré que abandonarlo, según me lo ha manifestado nuestro Señor Jesucristo.”, 2 P 1.14), estaba preocupado por los cristianos que recibirían su carta para que recordaran las cosas más importantes y básicas de la fe cristiana y no las olvidaran. El mismo sentía lo siguiente, “siempre les recordaré estas cosas, por más que las sepan y estén afianzados en la verdad que ahora tienen. 13 Además, considero que tengo la obligación de refrescarles la memoria mientras viva en esta habitación pasajera que es mi cuerpo” (1 P 1.12-13). Tanta era su preocupación por esto, que también afirmó que quería asegurarse que aún después de muerto, sus palabras inspiradas por el Espíritu Santo seguirían haciendo eco en los corazones de los discípulos (“También me esforzaré con empeño para que aun después de mi partida ustedes puedan recordar estas cosas en todo tiempo.”, v . 15). Aquí podemos comprender también que las verdades más importantes del evangelio necesitan ser recordadas una y otra vez a los creyentes, tanto desde el púlpito en una exposición pública de las Escrituras, como en privado en las sesiones de consejería personal. El cristianismo no se trata de inovar convicciones sino de recordar y recordar las mismas convicciones que Jesús enseñó y mantenerse fieles a ellas.
  2. En los versículos 16 al 21 el apóstol Pedro mencionó varias cosas muy importantes como defensa de su apostolado personal y de la integridad del evangelio que predicaban: A) Los apóstoles “no estábamos siguiendo sutiles cuentos supersticiosos sino dando testimonio de su grandeza, que vimos con nuestros propios ojos.” (2 P 1.16), es decir, no inventaron cuentos y supersticiones para engañar a las personas, su testimonio era verdadero porque fueron testigos presenciales. B) Pedro reafirmó su calidad de testigo presencial de la vida de Jesús y de sus hechos milagrosos, como cuando la voz de Dios le habló desde el cielo diciéndole “«Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.»” (registrado en Lucas 9.35). C) Las profecías del AT que apuntaban hacia Jesús eran verdaderas y además fueron inspiradas por el Espíritu Santo, no fueron creación humana. Precisamente el hecho de que se cumplieron en la persona de Jesús confirman su inspiración divina. Fueron profecías que surgieron directamente de Dios y que su Espíritu Santo impulsó a los hombres a registrarlas.

Conclusiones:

  1. Después de nuestra conversión, Dios ha dejado a nuestro alcance todo lo que necesitamos para una vida cristiana exitosa, sólida y fructífera. De nosotros, no de Él, depende que nos esforzemos para conocer sus promesas y aferrarnos a ellas, y para desarrollar las cualidades espirituales en nuestra vida. Por eso aceptemos esta verdad: cada creyente se encuentra espiritualmente en el lugar donde desea estar, ya sea bueno o malo, porque Dios nos ha provisto de todo lo que necesitamos. No hay excusa para la mediocridad espiritual.
  2. Conozcamos más las promesas de Dios y las grandes cosas que tiene reservadas para nosotros. Si las conocemos y nos aferramos a ellas, en momentos difíciles de nuestro cristianismo saldremos adelante.
  3. No aceptemos tener vidas cristianas inútiles e improductivas espiritualmente hablando, mejor hagamos a un lado la apatía y la mediocridad para entregarnos de corazón a crecer en la fe y conocer mejor a nuestro Dios y a nuestro Salvador Jesucristo.
  4. Nunca nos aburramos de las verdades poderosas del evangelio de Jesús. Muchas veces en nuestra vida cristiana necesitaremos que alguien nos recuerde varias de ellas, una y otra vez. No nos cansemos de escucharlas pero tampoco de enseñarlas a otros. No aceptemos tampoco una mentalidad inovadora que busca “modernizar” el evangelio de Jesús, ni siquiera los apóstoles se atrevieron a hacer eso.

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