Día 295

JEREMÍAS 19.1 – 20.18.

Los verdaderos profetas de Dios sufrieron mucho en este mundo, y Jeremías no sería la excepción. Eso es precisamente lo que estudiaremos en este día. En nuestro siguiente estudio iniciaremos el famoso libro de Daniel, que en la cronología del Antiguo Testamento justo está por comenzar.

Los capítulos 19 y 20 de Jeremías contienen 2 temas principales: el mensaje simbolizado por la vasija hecha pedazos, y la queja de Jeremías por los sufrimientos que le tocó experimentar por causa de su llamado profético. Iniciemos con el mensaje de la vasija rota, contenido en el capítulo 19. Como fue común para varios profetas, Dios le pidió a Jeremías ilustrar con una acción específica su mensaje para el pueblo, la cual contiene varios elementos con un fuerte simbolismo para respaldar la naturaleza del mensaje:

  1. La “Puerta de las Ollas Rotas” (Jeremías 19.2). De acuerdo con el Nuevo Comentario Biblico: Siglo Veintiuno, de Sociedades Bíblicas Unidas, parece ser que ésta puerta se abría hacia el valle de Ben-hinom, en el lado suroeste de la ciudad. Se cree que recibía ese nombre porque los alfareros sacaban allí sus mercancías dañadas e invendibles, y se amontonaban como pila de escombros de barro, piezas que no podían ser reconstruídas, tal como sucedería con la ciudad de Jerusalén.
  2. El valle de Ben-hinom (Jeremías 19.2). De acuerdo con 2 Reyes 23.10, en este valle había un quemadero donde la gente acostumbraba ofrecer a sus hijos en sacrificio al dios Moloc. El rey Ahaz de Judá (2 Cr 28.1-4) fue uno de los que quemaron a sus hijos en sacrificio en dicho lugar, también lo hizo así el famoso rey Manasés (2 Cr 33.6). Dios mismo denunció esta práctica detestable a través de Jeremías en el 19.4-5, diciendo incluso: “Han construido altares paganos a Baal y allí queman a sus hijos en sacrificio a Baal. Jamás ordené un acto tan horrendo; ¡ni siquiera me pasó por la mente ordenar semejante cosa!” Dios nunca contempló el sacrificio de seres humanos para rendirle culto a Él. Dios determinó que ese mismo valle sería utilizado como cementerio de tantos muertos que habría con la invasión babilónica (Jer 19.11)
  3. El rompimiento de la olla (Jeremías 19.10-13). Había mucho simbolismo en este acto, como dice en el v. 11, “‘Así como esta vasija está hecha pedazos, así haré pedazos a la gente de Judá y de Jerusalén, de tal manera que no habrá esperanza de reparación.” Hay una imagen muy fuerte aquí, que junto con el mensaje que contiene frases como “Dejaré que los ejércitos invasores masacren a la gente… Reduciré a ruinas a Jerusalén… se comerán a sus hijos, hijas y a sus amigos… Caerán en una profunda desesperación”, pues el panorama próximo era simplemente desolador. La realidad de que algo se rompería y no se podría reparar era inminente.

Ahora bien, el capítulo 20 nos presenta una queja profunda del profeta por los sufrimientos que estaba experimentando por causa del mensaje. Fue encarcelado por un día por un sacerdote llamado Pasur, y además lo azotaron y lo pusieron en el cepo. ¿Qué era exactamente esto? De acuerdo con el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, de Sociedades Bíblicas Unidas, era un instrumento de castigo formado por dos pedazos grandes de madera donde se insertaban los pies, manos y cuello del prisionero. Es decir, Jeremías fue torturado con los azotes y después sujeto al fuerte castigo físico del cepo. ¡Con razón el dolor en su queja! Hay varios elementos importantes en la misma que podemos resaltar:

  1. Las emociones fuera de control en Jeremías por causa de su sufrimiento. Pensemos en las siguientes frases: “Oh SEÑOR, me engañaste, y yo me dejé engañar. Eres más fuerte que yo, y me dominaste…. 14 ¡Sin embargo maldigo el día en que nací! Que nadie celebre el día de mi nacimiento… Oh, si tan sólo hubiera muerto en el vientre de mi madre… 18 ¿Por qué habré nacido? Mi vida entera se ha llenado de dificultades, de dolor y de vergüenza.” (Jer 20.7-18). Este pasaje nos transmite bastante claro el estado emocional en que se encontraba Jeremías debido a su experiencia de sufrimiento, y posiblemente se le juntó todo el rechazo que había estado recibiendo de la gente por causa de su mensaje. Es un hecho que Dios no lo había engañado, aunque tal vez sí se quería morir. Este suceso nos muestra que cuando estamos atravesando momentos difíciles en la vida, nuestras emociones pueden tomar el control temporalmente y hacernos decir cosas que realmente no son ciertas. Pero lo importante es recuperarse rápido y seguir adelante, no quedándonos ahí hundidos en dichas emociones.
  2. La batalla entre las convicciones y las emociones. Los versículos 8 al 9 del capítulo 20 dicen, “Cuando hablo, me brotan las palabras. Grito: «¡Violencia y destrucción!». Así que estos mensajes del Señor me han convertido en objeto de burla. Sin embargo, si digo que nunca mencionaré al Señor o que nunca más hablaré en su nombre, su palabra arde en mi corazón como fuego. ¡Es como fuego en mis huesos! ¡Estoy agotado tratando de contenerla! ¡No puedo hacerlo!” A pesar de las fuertes emociones de tristeza, decepción, frustración, rechazo y más; el profeta Jeremías nos muestra con estas palabras que había algo más que lo movía a continuar a adelante con su misión: ¡la fuerza de la Palabra de Dios! Él reconoce que llegó a pensar en nunca más hablar de ella al pueblo, pero reconoció también que cuando cerraba su boca, la palabra ardía en su corazón como un fuego y lo presionaba a hablar, al grado que tuvo que admitir, “¡No puedo hacerlo!” Las convicciones que Dios le puso en su corazón ganaron la batalla eventualmente contra las emociones humanas que intentaban dominarlo y distraerlo así de su misión. ¿Cómo es en nuestro caso? ¿Permitimos que nuestras emociones humanas nos distraigan de nuestra misión o permitimos que el fuego de la Palabra de Dios arda en nuestros corazones y nos impulse a predicar, aconsejar, ayudar, instruír, y más?
  3. La confianza en Dios con la que termina el profeta. Los versículos 11 al 13 nos muestran que a después de la batalla de las emociones, al final el profeta seguía confiando en Dios, que estaba a su lado “como un guerrero” (v. 11). En el pasaje Jeremías muestra seguridad de que Dios humillaría a sus enemigos eventualmente y lo haría salir triunfador de la batalla. Incluso anima a todos a cantar y a alabar a Dios, “Pues al pobre y necesitado los ha rescatado de sus opresores” (v. 13). No importa la magnitud de las batallas que enfrentemos, al final necesitamos terminar fortaleciendo nuestra confianza en Dios una y otra vez, ¡no permitamos que nada ni nadie nos la robe!

Conclusiones:

  1. En la mente de Dios nunca ha estado alguno de los conceptos paganos de adoración a las deidades, como los sacrificios de seres humanos y especialmente de niños. Dios siempre ha estado a favor de la vida, sus leyes en los 10 mandamientos reflejan eso, y el segundo mandamiento más importante de toda la Biblia (amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos) refleja eso también. Ha sido el hombre en su corazón torcido quien ha desarrollado todas esas ideas que atentan contra la vida humana.
  2. Los problemas cotidianos de la vida diaria e incluso el mismo servicio a Dios nos pueden llevar de repente a estados emocionales de tipo depresivo, a sentirnos muy tristes, solitarios y desanimados. Diferentes profetas experimentaron esto y el mismo Jesús pasó por un momento difícil también en Mateo 26, en el huerto de Getsemaní. Es ahí donde más necesitamos acudir a Dios y dejar todas nuestras cargas en Él, para que nos de la paz interior que sólo Él nos puede dar y nos renueve para seguir adelante.
  3. ¿Qué tan fuertes están nuestras convicciones? ¿Ganan la batalla a nuestras emociones? ¿O es al revés? Seamos sinceros con nosotros mismos para saber qué nos controla en el momento de la prueba: o las emociones humanas fuera de control o el fuego de la Palabra que arde en nuestros corazones. Si vamos a seguir a Jesús de forma sincera, es un hecho que necesitamos aprender más de lo segundo y no de lo primero. ¡Hagamos la diferencia en este mundo dirigido por sentimientos, emociones e impulsos carnales!
  4. Es importante que después de cualquier batalla espiritual que pasemos, nos aseguremos que terminamos con una fuerte confianza en Dios y no con dudas o inseguridades en nuestra fe. No es fácil, pero si Jeremías pudo sobreponerse a todo lo que estaba sintiendo, ¡cuánto más nosotros podemos con nuestras batallas diarias! Dios será un guerrero que estará a nuestro lado respaldándonos.

Aquí tenemos una imagen actual del valle de Ben-Hinom, tal como aparece en el Nelsons’s New Illustrated Bible Dictionary, de Thomas Nelson Inc.

Valle de Hinom


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