Día 309

EZEQUIEL 14.1 – 16.63.

En estos capítulos encontraremos una visión impactante acerca de cómo Dios sintió el pecado de Jerusalén y de sus líderes. Aunque contiene detalles gráficos que hasta pueden resultar desagradables, las Escrituras nos transmiten claramente el enorme dolor que sentía el Dios de Israel al compararlo con la máxima de las traiciones en el matrimonio: ¡el adulterio!

Podemos dividir los temas principales de estos capítulos de la siguiente manera:

  1. Cuando los hombres “levantan ídolos en su corazón”. Ezequiel 14.3 dice, “«Hijo de hombre, estos líderes han levantado ídolos en su corazón. Se han entregado a cosas que los harán caer en pecado.”, “han hecho de su corazón un altar de ídolos malolientes” (NVI). Dios estaba denunciando a los líderes de Israel que habían decidido por su propia voluntad levantar ídolos en su corazón y reemplazar la adoración al Dios verdadero por esos ídolos inútiles. Nadie los obligó a hacerlo, ellos decidieron erigir esos nuevos “dioses” en su corazón para darles culto y darle la espalda a su Dios. Por eso, Dios dijo: “les daré la clase de respuesta que merece su gran idolatría 5 a fin de conquistar la mente y el corazón de mi pueblo” (Ez 14.4-5). ¿Y qué fue esa respuesta que conquistaría la mente y el corazón de su pueblo? Dice en Ezequiel 14.8, “Me pondré en contra de esas personas y haré de ellas un ejemplo espantoso cuando las elimine de mi pueblo.” Sería precisamente la disciplina tan fuerte que recibirían la que llevaría a la reflexión y a la reconversión a los corazones del resto de los israelitas. De esa forma, Dios conquistaría las mentes y los corazones de su pueblo, a través del ejemplo de castigo que impondría a los idólatras. Cuando vemos a nuestro alrededor cómo Dios disciplina el pecado en la vida de otros creyentes, debemos recordar este pasaje. Es tiempo de meditar en nuestras vidas, reconocer cómo andamos y volvernos a Dios.
  2. El castigo de Dios es justo. Los versículos 12 al 23 de Ezequiel 14 nos muestran la convicción de Dios con respecto al castigo que llegaría a Jerusalén: “Aunque Noé, Daniel y Job estuvieran allí, su justicia los salvaría sólo a ellos y no a ningún otro, dice el SEÑOR Soberano.” (Ez 14.14). Esto quiere decir que ya no estaba abierta aquella famosa negociación que hizo Abraham con Dios con respecto a Sodoma y Gomorra cuando le dijo, “23 Abraham se le acercó y dijo: —¿Destruirás tanto al justo como al malvado? 24 Supongamos que encuentras cincuenta personas justas en la ciudad, ¿aun así la destruirás y no la perdonarás por causa de los justos? 25 Seguro que tú no harías semejante cosa: destruir al justo junto con el malvado…. 26 Y el SEÑOR contestó: —Si encuentro cincuenta personas justas en Sodoma, perdonaré a toda la ciudad por causa de ellos.” (Gn 18.23-26). En esta ocasión, la posición de Dios era que salvaría a los justos que hubiera en la ciudad, pero a nadie más, todos los demás pagarían por sus pecados sin excepción, aunque fueran los mismos hijos de personajes tan simbólicos como Noé, Daniel y Job. Por cierto, de acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, aunque algunos estudiosos opinan que el Daniel al que se refiere Ezequiel 14.14 no era el profeta Daniel sino posiblemente un héroe famoso de la antiguedad registrado en las tablillas ugaríticas, contemporáneo de Noé y Job posiblemente. Sin embargo, no hay razón alguna para no creer que Dios se estaba refiriendo al profeta Daniel, el profeta que estuvo en cautiverio desde el 605 a.C. y que tuvo tiempo suficiente para establecer su reputación como un hombre recto y justo y que también, al igual que Ezequiel, fue un firme oponente contra la idolatría. Así que esta mención de Daniel es muy significativa, ya que estaba aún vivo cuando Ezequiel recibió este mensaje y Dios mismo estaba respaldando su rectitud, la cual ya era famosa hasta el cielo mismo.
  3. Cuando el pueblo de Dios es considerado “inútil”. Todo el capítulo 15, que es muy breve, compara a Jerusalén con una vid inútil de la cual no se puede sacar nada provechoso comparada con el amplio uso que se le da a la madera de un árbol. La conclusión de Dios fue: “»Esto dice el SEÑOR Soberano: los habitantes de Jerusalén son como vides que crecen entre los árboles del bosque. Dado que son inútiles, los arrojé al fuego para que se quemen.” (Ez 15.6). Aunque suene algo fuerte esta frase, no será la primera vez que en las Escrituras tanto Dios como Jesús tratan el tema de cuando su pueblo se convierte en “inútil” en el sentido espiritual. De la misma forma Jesús habló lo siguiente en Lucas 14.34 (NVI), “»La sal es buena, pero si se vuelve insípida, ¿cómo recuperará el sabor? 35 No sirve ni para la tierra ni para el abono; hay que tirarla fuera.”  Es un hecho que Dios siempre esperará algo de su pueblo. El peligro que hay es cuando su pueblo se descuida espiritualmente tanto al grado que es considerado “inútil” para Dios, reservado sólo para el fuego. ¡Que nunca lleguemos a ese punto en nuestra fe!
  4. La analogía del matrimonio entre Dios y su pueblo y el dolor de la traición. En Ezequiel 16.1-34 encontramos un mensaje bastante fuerte, donde Dios compara a lo largo del pasaje toda su relación con Israel como alguien que conoció a una niña desde recién nacida que estaba abandonada, la cuidó, la crió, la alimentó, y un día ya que era mayor, se casó con ella, dándole lo mejor que pudo en todos los sentidos. Pero un día esa mujer se volvió ingrata, olvidó de dónde su esposo la había sacado, y se convirtió en una “prostituta desvergonzada” (Ez 16.30). La descripción de la analogía es muy gráfica y nos ayuda a entender más el gran dolor que había en el corazón de Dios ante la idolatría de Jerusalén. Era como el dolor que un esposo fiel y que amó siempre a su esposa enfrentaría al enterarse de que ella ha sido adúltera no con un hombre, sino con muchos, a sus espaldas. Es el dolor de la traición en el matrimonio, ese es justo el dolor que tenía Dios con Jerusalén. Y su dolor era aún más grande ya que afirmaba que esta esposa adúltera había entregado incluso a sus hijos para sacrificarlos a los dioses (Ez 16.20), como la siguiente expresión de Dios lo afirma: “¿También tenías que masacrar a mis hijos ofreciéndolos en sacrificio a ídolos?” (Ez 16.31). De nueva cuenta, no es única esta analogía que la Biblia contiene con respecto a Dios y a su pueblo. También el Nuevo Testamento habla de la iglesia como dice Efesios 5.25-27 (NVI): “25 Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella 26 para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, 27 para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.” La iglesia es vista también como la esposa de Cristo. Si la iglesia es infiel a Cristo, ¿acaso no sentirá también el mismo dolor que sintió Dios con Jerusalén en aquel tiempo? Seguramente sí.
  5. La promesa del perdón futuro. A pesar de la descripción tan fuerte y la analogía tan cruda que la Biblia deswcribe sobre el pecado de Jerusalén y cómo se sentía Dios, también encontramos al final del capítulo 14 una promesa sorprendente: “Recordarás tus pecados y te cubrirás la boca enmudecida de vergüenza, cuando te perdone por todo lo que hiciste. ¡Yo, el SEÑOR Soberano, he hablado!”».” (Ez 16.63). No solo se promete perdón y restauración a Jerusalén, sino también a Samaria y a Sodoma. La estrategia de Dios para humillar a su pueblo era nade menos y nada más que, ¡perdonándolo! De esa manera Dios esperaba que su pueblo se avergonzara de sus pecados y fuera agradecido con Dios. Podemos entender que el propósito de Dios con el castigo que se acercaba a Jerusalén no era de ninguna manera vengarse de una forma despiadada, sino llevarlos a un cambio de corazón, lo suficiente para que en el futuro se arrepintieran sinceramente y buscaran a su Dios nuevamente. Él se dejaría encontrar sin duda cuando eso sucediera. Muchas veces también en nuestra vida como creyentes la disciplina de Dios a nuestras maldades se muestra a través de su perdón y su gracia. ¡Nada más poderoso para humillarnos ante Él y llevarnos a nuestras rodillas para reconocer que Él es Dios y nosotros no merecemos nada!
  6. Cuando Dios descarga su furia. Ezequiel 16.42 dice, “»”Finalmente desahogaré mi furia contra ti, y se calmará el enojo de mis celos. Quedaré tranquilo y ya no estaré enojado contigo.” Al parecer, Dios había llegado a un punto donde estaba realmente enojado contra su pueblo y no había manera de parar su furia sino a través del castigo, hasta que desahogara todo su enojo y pudiera entonces estar tranquilo. Esto nos da una pequeña imagen del tema de la ira de Dios, que no es nada fácil y que necesitamos comprender así como nos gusta profundizar en el tema del amor de Dios. Pablo dijo en Romanos 1.18, “Ciertamente, la ira de Dios viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad.” Es un hecho que Dios se enoja y también es un hecho que una vez que se desata su furia, ¡nada ni nadie la puede controlar! Eso sucederá de acuerdo con el Nuevo Testamento en el juicio final y el regreso de Cristo, cuando toda la humanidad será juzgada por sus maldades y la ira de Dios que se ha ido acumulando a través de los siglos será desatada sobre este mundo. Es un tema muy interesante para profundizar, más adelante lo podremos tocar con detalle.

Conclusiones:

  1. ¿Te estás permitiendo levantar “ídolos” en tu corazón? ¿Has tolerado que personas, actividades o placeres estén tomando el lugar que Dios merece en tu vida? Tengamos cuidado porque es muy fácil que levantemos también ídolos en nuestro corazón, así como los líderes de Jerusalén lo hicieron, y cayeron en pecado por eso.
  2. Luchemos diariamente por mantenernos cerca de Dios, alimentándonos de su Palabra, conectados a él en oración y fortalecidos en la confraternidad con la iglesia, ya que si nos descuidamos, podemos terminar con una vida “inútil” a los ojos de Dios. No perdamos la sal en nuestra vida de fe sino más bien fortalezcámosla más día a día.
  3. Si somos creyentes no olvidemos que somos parte de la “esposa” de Cristo y que debemos serle fieles sólo a Él, a nadie más. Un día él regresará por su esposa, la iglesia, y debemos estar listos para recibirlo con un buen ejemplo y con obediencia sincera. No seamos parte de los que causan a Dios un gran dolor por su infidelidad y su traición al compromiso que un día hicieron con Él.
  4. El perdón y la gracia siempre serán, como decimos en México, “la cachetada con guante blanco” por excelencia de Dios. Cuando recibimos perdón y gracia y reconocemos que no lo merecemos deberíamos llenarnos de tanta gratitud y deberíamos sentirnos tan humillados por el amor de Dios. ¿Reaccionas así tú cuando recibes gracia y perdón sin merecerlo? ¿O reaccionas como si merecieras todo lo que Dios te da incluso su perdón?
  5. No olvidemos que la ira de Dios existe y que debemos tener respeto por esta característica de Dios. No lo hagamos enojar con nuestros pecados y nuestras desviaciones, mejor busquemos agradarlo cada día y generar sonrisas y alegrías en su corazón con nuestra conducta y nuestros pensamientos.

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