Día 382

JUAN 12.37-50, MARCOS 11.12-14, MATEO 21.18-22, MARCOS 11.15-19, MATEO 21.12-17, LUCAS 19.45-48, MARCOS 11.20-22, MATEO 21.23-27, LUCAS 20.1-8.

Continuando con la visita de Jesús a Jerusalén y su previa entrada triunfal, hoy estudiaremos varios eventos y enseñanzas que sucedieron precisamente durante ese episodio: la incredulidad de los judíos hacia Jesús, cuando Jesús secó de forma milagrosa la higuera y dio una lección poderosa sobre la fe, cuando Jesús se indignó en el templo y volcó las mesas de dinero, y la enseñanza sobre la autoridad de Jesús.
Justo después de la visita de unos griegos a Jesús mientras una vez que ya había entrado en Jerusalén, Juan 12.37-50 nos relata lo que sucedió inmediatamente después. Irónicamente, mientras que unos extranjeros lo buscaban, su propio pueblo insistía en no creer en él (Jn 12.37). De acuerdo con el evangelista, esto fue para que se cumplieran 2 profecías mesiánicas del Antiguo Testamento: Isaías 53.1 e Isaías 6.10, ambas haciendo referencia a la dureza de corazón del pueblo de Israel que se negó a creer en Jesús. Hay algunos otros puntos relevantes en este pasaje:
  1. La sorprendente declaración de Juan sobre el conocimiento previo de Jesús por parte de Isaías: “Esto lo dijo Isaías porque vio la gloria de Jesús y habló de él.” (Jn 12.41) o “Isaías se refería a Jesús cuando dijo esas palabras, porque vio el futuro y habló de la gloria del Mesías.” (NTV). Juan afirma que el profeta Isaías mientras estaba en este mundo tuvo una revelación en la cual vio al futuro y vio la gloria de Jesús. De acuerdo con el comentario bíblico Word Pictures in the New Testament, de Broadman Press, esto realmente sucedió y además Isaías no fue el único, ya que Jesús mismo dijo en Juan 8.56, “Abraham, el padre de ustedes, se regocijó al pensar que vería mi día; y lo vio y se alegró. ” Así que tanto Isaías como Abraham mismo tuvieron revelaciones de parte de Dios sobre el futuro y sobre la llegada de Cristo a la tierra, ¡y se alegraron mucho! Recordemos que Juan escribió esto por inspiración del Espíritu Santo. Dios le reveló a sus profetas en el Antiguo Testamento escenas del futuro y especialmente del tiempo en que el Mesías llegaría a este mundo. ¡Qué alegría debió representar para ellos comprender que Dios hecho hombre bajaría a este mundo para salvarlo!
  2. De acuerdo con Juan 12.42, había varios jefes religiosos que creían en Jesús pero no lo reconocían públicamente por temor a la expulsión de la sinagoga por parte de los fariseos. Literalmente Juan explica la razón para esto: “Preferían recibir honores de los hombres más que de parte de Dios.” (Jn 12.43). Estos hombres perdieron una oportunidad única de haber declarado su fe en Jesús como el Mesías prometido en las Escrituras porque les importó más la opinión de los hombres. Entonces, ¿en dónde había estado su fe todos esos años? ¿Al final, después de toda una vida de estudio de las Escrituras y devoción a Dios, terminaron negando las mismas, rechazando al Mesías prometido y prefiriendo la gloria de los hombres? Una terrible decisión y muy triste sin duda.
  3. Es entonces cuando Jesús pronunció palabras fuertes y determinantes con respecto a la reacción que muchos judíos estaban teniendo hacia él (Juan 12.44-50). En ellas afirmó que: a) al creer en Jesús las personas estaban decidiendo creer verdaderamente en Dios, b) las personas que decidieran escuchar las palabras de Cristo pero no obedecerlas estarían sujetas al juicio de Dios, c) las palabras de Cristo eran las palabras de Dios mismo, d) toda la esencia de las palabras de Cristo eran vida eterna porque ese era el propósito mismo de Dios. Escuchar las palabras de Jesús no es cualquier cosa, involucra una responsabilidad para quienes las escuchan, ya que Dios en el último día les pedirá cuenta a cada ser humano sobre qué hizo con las palabras de Cristo, si las obedeció o no, si las llevó a la práctica o no. La DHH-LA lo expresa como “El que me desprecia y no hace caso de mis palabras” (Jn 12.48). Tristemente, muchas personas escuchan las palabras de Cristo pero no las obedecen, despreciando así a su autor: el Hijo de Dios. ¡Tengamos cuidado!
Veamos lo que sucedió ahora con el evento de la higuera que no tenía fruto (Marcos 11.12-14, 11.20-25 y Mateo 21.18-22):
  1. Si analizamos cuidadosamente los contextos de ambos pasajes, nos daremos cuenta que al parecer hay una discrepancia de cronología sobre este evento. La Biblia de Estudio Apologética lo menciona afirmando que al parecer Marcos registró la cronología correcta mientras que Mateo se enfocó en un arreglo temático de los eventos dentro de una cronología más general. La diferencia es esta: Marcos menciona que después de la entrada triunfal en Jerusalén, Jesús dio un vistazo a la ciudad y salió de ella (Mr 11.11), ubicando la limpieza del templo al siguiente día (Mr 11.15). Mateo por el contrario se salta la visita inicial y se va directo a la limpieza del templo. En cuanto a la higuera, Marcos parte la historia en 2 mientras que Mateo combina las 2 partes y las reporta inmediatamente después de la limpieza del templo.
  2. Si pensamos en el carácter de Jesús, la decisión de secar una higuera que se encontró en el camino simplemente porque no tenía fruto para que comiera él parece algo arbitrario e impulsivo. Sin embargo, más bien es posible que Jesús estaba llevando a cabo estas acciones con sus discípulos en mente (quienes lo estaban observando), a manera de ilustración en primer plano sobre dos cosas a:) cómo Dios estaba esperando que Israel diera frutos y no los dio y por lo tanto los secaría, b) el poder de la fe para lograr cosas asombrosas. Ni aún en este episodio Jesús perdió la integridad de su carácter, aunque a primera vista eso pareciera.
  3. La enseñanza sobre el poder de la fe en la vida de oración de un discípulo. Jesús dijo, “Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán.” (Mt 11.23-24). Esto no representa una fórmula mágica para obtener TODO lo que pidamos en oración simplemente creyendo que abriendo los ojos ya estará ahí. Más bien Jesús nos apunta hacia la importancia de orar con fe y no orar sin creer que Dios tiene poder para hacer cosas imposibles. Es un asunto espiritual más bien. Jesús incluso utilizó la figura literaria de la hipérbole (exageración intencional) para ilustrar su enseñanza (el asunto del monte que se tira al mar).
  4. También en el relato de Marcos, Jesús llama a asegurarnos que no solamente pedimos con fe algo que necesitamos o queremos, sino que hemos perdonado a quienes nos han ofendido también. Jesús espera que seamos íntegros al orar, sí pidendo con fe por nuestras necesidades o nuestros anhelos, pero también haciendo lo que le agrada a Dios que es perdonar las ofensas para poder ser perdonados. Confesión de pecados, arrepentimiento y perdón para terceros son parte fundamental de la oración con fe, no solamente pedir y creer que ya recibimos lo que pedimos. La enseñanza neopentecostal moderna del famoso “Evangelio de la Prosperidad” sobre este punto es incompleta y sólo se enfoca en recibir lo que queremos de Dios, como si Él fuera una especie de genio de la lámpara maravillosa que tiene a nuestra disposición cualquier deseo material que tengamos en nuestro corazón.
A continuación estudiemos el famoso pasaje de los evangelios que registra un episodio controversial: cuando Jesús volcó las mesas de dinero en el templo (Marcos 11.15-19, Mateo 21.12-17 y Lucas 19.45-48):
  1. Primero necesitamos recordar que Juan 2.13-22 registra un evento muy similar, pero al inicio del ministerio de Jesús, no ya cerca del final. En aquella ocasión, Jesús armó un látigo de cuerdas y echó a mucha gente del templo, derribando las mesas del dinero. ¿Se refiere al mismo evento que estamos analizando en los evangelios sinópticos? El escritor F. F. Bruce en su libro The Gospel of John, de Wm B. Eerdmans Publishing Company, menciona que el evangelio de Juan menciona 3 fiestas de la Pascua en diferentes momentos (Jn 2.13, 6.4 y 11.55) y solamente la última es mencionada en los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). Esto quiere decir entonces que el evento que estamos analizando en los 3 evangelios no corresponde al reportado en Juan 2.13. Entonces podemos decir que en los evangelios existen al menos dos desalojos del templo por parte de Jesús.
  2. Al entrar en el templo, Jesús echó a personas que estaban comerciando con el cambio de moneda y volcó las mesas de los que se dedicaban a eso (Mr 11.15), repitiendo la misma enseñanza que está registrada en Juan 2 con respecto a Isaías 56.7 y el deseo de Dios de que su templo fuera considerado una casa de oración para todas las naciones. De acuerdo al mismo autor (F. F. Bruce), la única área del templo que era abierta para todas las personas (judíos y no judíos por igual) era el patio exterior llamado también “Patio de los Gentiles”, que se supone estaba dedicado para que personas de todas las nacionalidades fueran a orar a Dios. Si los cambistas habían ocupado esa área para sus negocios eso quería decir que habían dejado sin lugar de adoración a las personas no-judías y por lo tanto estaban impidiendo lo que Dios quería. Posiblemente de ahí vino el celo de Jesús para reaccionar como reaccionó y tratar de poner las cosas en orden.
  3. También Mateo 21.4 registra que hubo sanidades milagrosas en esa visita al templo por parte de Jesús, no fue solamente el desalojo a la fuerza que llevó a cabo. Tanto fue el poder que desplegó que sucedieron dos cosas: a) los mismos jefes religiosos vieron que “cosas maravillosas” (Mt 21.15) estaban sucediendo, b) los niños estaban alabando a Jesús como resultado de los milagros que estaban presenciando.
Para terminar, analizemos las enseñanzas de Jesús sobre el origen de su autoridad (Marcos 11.27-33, Mateo 21.23-27 y Lucas 20.1-8):
  1. A pesar de que Mateo 21.17 menciona que una vez que Jesús limpió el templo salió de Jerusalén y se fue a Betania, Lucas 19.47 nos dice que “Todos los días enseñaba en el templo…”. Esto quiere decir que la controversia sobre la autoridad de Jesús no se dio en el mismo día en que desalojó el templo, sino días después, mientras iba y venía a Jerusalén procedente de Betania y en una de las tantas ocasiones que estuvo enseñando en el templo diariamente.
  2. Lucas 20.1 nos dice, “Un día, mientras Jesús enseñaba al pueblo en el templo y les predicaba el evangelio…”. Vemos a Jesús aquí enseñando y predicando. ¿Qué no es lo mismo? La palabra griega para “enseñar” es, de acuerdo con el Diccionario Strong de Palabras Originales del Antiguo y Nuevo Testamento, de Editorial Caribe, διδάσκω (didásko) que significa enseñar, instruír o aprender. Se refiere más a la instrucción de las verdades divinas a las personas comunes, como un maestro en un ambiente de escuela. Es ahí precisamente donde Jesús utilizaba las parábolas como un instrumento didáctico para tal fin. Por otro lado, la palabra “predicar” (de acuerdo con el A Concise Greek-English Dictionary of the New Testament, de United Bible Societies), es εὐαγγελίζω (evangelizó) y significa proclamar o llevar las buenas nuevas. Los mensajes que se daban en ese tiempo utilizando la palabra “predicar” se referían más anuncios públicos con voz fuerte de noticias que tenían que llevarse a diferentes lugares. Jesús entonces se dedicaba a la predicación y a la enseñanza, dos ministerios que ya en tiempos de la iglesia primitiva en Hechos serían representados a su vez por los apóstoles y evangelistas por un lado, y por los maestros por el otro.
  3. Ante el cuestionamiento directo de las autoridades religiosas sobre el origen de su autoridad para hacer milagros y señales, Jesús respondió de manera muy astuta e inteligente, con una pregunta difícil de responder para ellos debido a las implicaciones públicas que tendrían con cualquier respuesta que dieran: “El bautismo de Juan, ¿procedía del cielo o de la tierra?Respóndanme.” (Mr 11.30). Jesús conocia la inseguridad y la hipocresía que había en los corazones de sus enemigos y utilizó eso en su contra, con mucho éxito.
  4. Así, Jesús nos dejó otro ejemlo de cómo enfrentar los ataques a nuestra fe. Cuando se trata de defender la fe en Cristo, siempre es necesario contar con sabiduría, tacto e inteligencia para responder de la mejor manera y darle gloria a Dios con nuestros debates. Es donde la disciplina de la apologética cristiana nos puede ayudar mucho.

Conclusiones:

    1. Apreciemos más la fe de los profetas del Antiguo Testamento, ya que varios de ellos pudieron observar el futuro y ver la gloria de Jesús en la tierra y después escribir sus mensajes con toda la fe generada por tales eventos. Ellos no estaban “adivinando” cuando escribieron sus profecías mesiánicas, ¡realmente vieron muchos de esos momentos hacia el futuro!
    2. Tengamos cuidado con nuestro corazón para que nunca llegue a importarnos más el quedar bien con los hombres y no con Dios. No vayamos a negar a nuestro Señor Jesús solo porque nos preocupa mucho lo que nuestros amigos o familiares piensen o digan de nosotros.
    3. Recordemos que para Jesús es algo muy serio escuchar sus palabras y menospreciarlo no tomándolas en serio. Si no hay acción en nuestras vidas con respecto a lo que él ha enseñado, ¡podemos estar en serios problemas! Pensemos en esto.
    4. No olvidemos que cuando necesitemos orar con mucha fe por una necesidad que tenemos y donde necesitamos una respuestas de Dios, también incluyamos confesión de pecados, arrepentimiento y perdón para quienes nos han ofendido. ¡No caigamos solo en ver a Dios como una fuente de bendiciones materiales y sin tratar nuestro corazón como hacen tantas personas religiosas en este mundo!
    5. Aprendamos del celo de Jesús por las cosas de Dios. Cuando veamos algo que está obstaculizando que la voluntad de Dios se lleve a cabo en algún área, ¡sintamos indignación también y busquemos poner orden! Pero recordemos también los pasajes que nos llaman a corregir en amor y amabilidad (Gálatas 6.1-2).
    6. Comprendamos que la iglesia necesita desarrollar de forma completa y con la misma prioridad los ministerios de predicación y enseñanza por igual. Es importante que se predique la Palabra de Dios pero también es importante que haya enseñanza de la misma. Si solo hay una o la otra en una congregación, ¡algo va a crecer torcido! Recordemos que Jesús hacía ambas cosas: enseñar y predicar.
Veamos un video con escenas de la limpieza del templo llevada a cabo por Jesús.


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