Día 214

SALMOS 79 – 82.

La primera impresión que recibimos al estudiar este grupo de salmos es que todos están conectados por las mismas circunstancias históricas. Nuevamente Asaf se presenta en los títulos de los salmos como el autor de los mismos. Veamos algunos aspectos relevantes del grupo en su conjunto:

  1. La disciplina de parte de Dios que estaban experimentando. Varios versículos nos hablan de la terrible situación que estaban enfrentando los israelitas y especialmente la ciudad de Jerusalén: “naciones paganas conquistaron tu tierra, tu posesión más preciada. Profanaron tu santo templo y convirtieron a Jerusalén en un montón de ruinas.” (79.1), “La sangre fluyó como agua por toda Jerusalén; no queda nadie para enterrar a los muertos.” (79.3); “Escucha el lamento de los prisioneros.” (79.11), “??4 Oh SEÑOR, Dios de los Ejércitos Celestiales, ¿hasta cuándo seguirás enojado con nuestras oraciones?  ??5 Nos diste tristeza por comida, y nos hiciste beber lágrimas en abundancia.” (80.4-5), “Pero ahora, ¿por qué has derribado nuestras murallas de modo que todos los que pasan pueden robarse nuestros frutos?” (80.12)”. Éstos pasajes nos ilustran muy bien las dificultades que estaban experimentando los israelitas: su nación invadida por naciones paganas, su ciudad capital de Jerusalén destruída completamente, el Templo profanado, muertos por todas partes, mucha gente prisionera, muchas lágrimas derramadas y las murallas derribadas. Todo su orgullo como nación estaba pisoteado, todos sus símbolos patrios estaban destruídos, sus centros religiosos más importantes habían sido profanados por paganos. Nos ubica perfectamente en la época de la invasión babilónica. El dolor que estaban experimentando los israelitas era muy grande y reconocían perfectamente que se debía a la disciplina que Dios les había enviado por los pecados de la nación, “¡No nos hagas responsables por los pecados de nuestros antepasados!” (79.8), “perdona nuestros pecados por la honra de tu nombre” (79.9). Por algo está escrito en Hebreos 10.30–31 (DHH-LA), “30Sabemos que el Señor ha dicho: “A mí me corresponde hacer justicia; yo pagaré.” Y ha dicho también: “El Señor juzgará a su pueblo.” 31¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios viviente!” Tanto el AT como en NT nos enseñan caer en el juicio de Dios es algo terrible, los israelitas lo vivieron en carne propia muchas veces.
  2. El deseo de los israelitas de arrepentirse y volverse a Dios. Podemos encontrar una evidencia de ésto en: “Oh Dios, haznos volver a ti; haz que tu rostro brille sobre nosotros. Sólo entonces seremos salvos.” (80.3), “Te suplicamos que regreses, oh Dios de los Ejércitos Celestiales.” (80.14), “??17 Fortalece al hombre que amas, al hijo que elegiste. 18 Entonces jamás volveremos a abandonarte. Revívenos para que podamos invocar tu nombre una vez más.” (80.17-18). Ellos habían comprendido que Dios estaba esperando un cambio de corazón y de conducta y que no deberían tardarse más en hacerlo. Sinceramente querían arrepentirse y cambiar el rumbo de su vida y de su nación, la disciplina había hecho su trabajo de forma muy efectiva. Así, a pesar del dolor que habían experimentado, al final el resultado fue bueno: ¡querían arrepentirse, volverse a Dios y reestablecer su relación con Él! Como dice Hebreos 12.11 (DHH-LA), “Ciertamente, ningún castigo es agradable en el momento de recibirlo, sino que duele; pero si uno aprende la lección, el resultado es una vida de paz y rectitud.” Un punto importante a mencionar solamente para no confundirnos es la traducción de Salmos 80.3 cuando dice “Sólo entonces seremos salvos.” ¿Habla de la salvación eterna o de otro tipo de salvación? Comparando las demás traducciones podemos aclarar el asunto: “y sálvanos” (NVI), “¡Míranos con buenos ojos y estaremos a salvo!” (DHH-LA), “ilumina tu rostro y nos salvaremos” (BJL). Posiblemente el autor se estaba refiriendo más bien a la idea de ser salvados de tanto sufrimiento y dolor y reestablecer el bienestar que habían perdido.
  3. La justificación que Dios presenta por la disciplina enviada. “»Escúchame, pueblo mío, en tanto te doy severas advertencias. ¡Oh Israel, si tan sólo me escucharas!” (81.8), “¡Oh, si mi pueblo me escuchara! ¡Oh, si Israel me siguiera y caminara por mis senderos!” (80.13), “¿Hasta cuándo dictarán decisiones injustas que favorecen a los malvados?” (82.2), “Andan errantes en la oscuridad mientras el mundo entero se estremece hasta los cimientos.” (82.5). De hecho, en el Salmo 81, el salmista recibe una revelación divina en forma de “Oí una voz desconocida que decía:”, era Dios mismo explicando por qué estaba permitiendo tanto dolor en Israel. Como lo hemos mencionado antes, aunque a nuestros ojos los juicios que Dios emitió contra su pueblo y contra otras naciones nos pueden parecer exagerados o innecesarios, su manera de ver las cosas es completamente diferente a la nuestra. En el mismo Salmo 81 Dios les recuerda todo lo que había hecho por ellos y cómo los había escuchado y salvado en diferentes momentos, pero ellos le dieron la espalda y eso Dios no lo dejaría pasar de ninguna manera. Tal vez algún lector moderno podría preguntar al contemplar tanto dolor que pasó Israel, ¿por qué Dios les permitió llegar tan lejos si sabía que vendría un castigo tan fuerte? Incluso podríamos pensar en cómo los papás impiden que sus hijos pequeños metan las manos en un contacto eléctrico o se asomen por un balcón porque saben que pueden pagar consecuencias muy fuertes. Bajo esta manera de pensar podríamos incluso juzgar a Dios y acusarlo de ser un “mal padre” que permitió que su pueblo se desviara y no les puso un alto por su propio bien. Sin embargo, recordemos 2 cosas importantes aquí: a) Dios sí había enviado mensajeros una y otra vez para advertir a su pueblo sobre su conducta y sobre las consecuencias que pagarían (los profetas), como dice en Sal 81.8, “Escúchame, pueblo mío, en tanto te doy severas advertencias.” b) Después de dar diversas advertencias a su pueblo y seguir recibiendo rechazo tras rechazo, la actitud de Dios para con ellos fue la siguiente, “Pero no, mi pueblo no quiso escuchar; Israel no quiso que estuviera cerca. Así que dejé que siguiera sus tercos deseos, y que viviera según sus propias ideas.” (81.10-11). Cuando su pueblo o un individuo de su pueblo comienza a desviarse, Dios manda advertencias de diferentes maneras (usando personas y circunstancias) para prevenir que la persona o la congregación sufran, pero si éstos no quieren hacer caso y literalmente no quieren cerca a Dios de ellos, entonces a Él no le queda más opción que abandonarlos a sus “tercos deseos” y dejarlos que vivan según “sus propias ideas”. Es la misma idea que nos presenta Pablo con respecto al mundo pagano terco en Romanos 1.28 (DHH-LA), “Como no quisieron reconocer a Dios, él los ha abandonado a sus perversos pensamientos, para que hagan lo que no deben.” En otras palabras, Dios nos puede abandonar si nosotros decidimos abandonarlo a Él. Y sólo entonces, al experimentar el abandono completo de Dios en todos los ámbitos espirituales (protección, dirección, cuidado, etc.), es cuando el hombre valora lo que perdió realmente y si es sincero, se esfuerza en regresar a su Creador y a su Padre Celestial.
  4. El uso que Jesús le dio a Salmos 82.6. En Juan 10.34–36 (NVI) encontramos lo siguiente: “34 —¿Y acaso—respondió Jesús—no está escrito en su ley: “Yo he dicho que ustedes son dioses”? 35 Si Dios llamó “dioses” a aquellos para quienes vino la palabra (y la Escritura no puede ser quebrantada), 36 ¿por qué acusan de blasfemia a quien el Padre apartó para sí y envió al mundo? ¿Tan sólo porque dijo: “Yo soy el Hijo de Dios”?” Entendiendo el contexto del Salmo 82 que está aparentemente dirigido a los gobernantes de Israel que se encargaban de juzgar los diferentes casos que se presentaban, el Commentary on the Book of Psalms, de Logos Bible Software, menciona que a los jueces de Israel Dios les había dado autoridad sobre las personas para juzgar y de alguna manera representando al mismo Dios de alguna forma, por eso el término “Ustedes son dioses. Son todos hijos del Dios Altísimo” (Sal 82.6). Esta última expresión de “hijos del Dios Altísimo” se refería también para expresar la dignidad que ésa persona había recibido de parte de Dios. Pero si estos jueces privilegiados y autorizados por Dios para ejercer autoridad se corrompían, entonces morirán como simples mortales y caerán como cualquier otro gobernante” (v. 7). Los gobernantes y jueces de Israel eran personas privlilegiadas de alguna manera y contaban con la dirección especial de Dios, pero si se alejaban de los estándares de rectitud esperados, al final terminarían como cualquier otro gobernante corrupto pagano de las naciones que los rodeaban: ¡juzgados por Dios y muertos! Así que no es cualquier cosa asumir un cargo o una responsabilidad dada por Dios, necesitamos desempeñarla con temor y reverencia.

Conclusiones:

  1. Es un hecho que Dios disciplina a su pueblo, ya sea en forma congregacional o individual. No se trata de vivir tampoco nuestro caminar de fe con miedo todo el tiempo a que Dios nos castigue, más bien debemos mantenernos en una actitud de reverencia y respeto ante Dios y todas las cosas que están relacionadas con Él. Si dejamos que el cinismo, la indiferencia y el desprecio a lo sagrado nos controle, entonces pagaremos las consecuencias sin duda.
  2. La disciplina de Dios funciona, cumple su objetivo, que es llevar al pecador al arrepentimiento y la conversión, y no destruírlo como algunas personas que experimentan o ven la disciplina en otros llegan a pensar. Claro está que depende del corazón de quien recibe la disciplina el resultado final. Si la persona o la congregación en cuestión aman a Dios verdadaramente, el resultado final será increíble porque habrá transformación para bien. Pero si no hay un amor sincero a Dios, el resultado final será la ruina espiritual total. Al final, depende de nosotros cómo terminará la historia.
  3. Cuando un creyente o una parte del pueblo de Dios se desvían tercamente de su Palabra y a pesar de que reciben advertencias no quieren escuchar, llega un punto donde Dios abandona a esa o esas personas a su suerte, a que experimenten en forma completa lo que es vivir según sus tercos deseos y sus propias ideas. Tal vez tienen que vivir en carne propia los frutos de ese tipo de mentalidad para que valoren lo que perdieron y recuperen un día su relación con Dios. Si hoy te identificas con la historia en cuanto a que sientes que te estás desviando de los mandatos de Dios en tu vida, ¿qué haces con las advertencias que Dios te envía en forma de personas o circunstancias? ¿Estás escuchando o estás siendo indiferente? Tengamos cuidado con esto porque al final del camino de la necedad y la terquedad está la disciplina de Dios. ¡Mejor no llegemos a tales extremos!
  4. Si tenemos una responsabilidad dentro del pueblo de Dios en algún cargo de liderazgo o servicio específicos que implican autoridad sobre otros, ¡tengamos también cuidado! Juzgar parcialmente, manejar favoritismos, aceptar corrupción, y más tendencias mundanas nos llevarán sin duda al juicio de Dios sobre nosotros. Mantegamos mejor un espíritu de reverencia y de temor a Dios mientras llevamos a cabo el servicio que se nos ha encomendado.

12 Responses to “Día 214”

  1. norma de la cruz dice:

    Muchas Gracias!!! se me hace muy importante no perder mi corazón para Dios, porque ser abandonada o disciplinada por él para mi ya es un extremo al que no me gustaria llegar, ya lo experimente y es muy doloroso y pérdida de tiempo, gracias por la gran reflexión y enseñanza, saludos!!!

  2. norma de la cruz dice:

    Muchas Gracias!!!!

  3. Jorge R. Moreno Peñaloza dice:

    Gracias Arturo, por tu dedicación, empeño y el ejemplo que nos das que en cualquier situación tú continuas siempre en el trabajo que empezaste y Dios te ayudará a llevar a buen termino.

  4. Susana dice:

    Como dices, depende del corazón de la persona que recibe las advertencias o reprensiones, que se arrepienta o no, pero lo que no cambia es la naturaleza de Dios de querer salvarnos aún de nosotros mismos. Muchas gracias por la clase 🙂

  5. citlali gamboa dice:

    Mi caminar de fe c respeto, reverencia y me enseña a suplicar, pedir fortaleza y revivir para hacer justicia, dar libertad y defender en situaciones, a de ser una forma de reverencia, gracias totales y saludos.

  6. Claudia Quezada B dice:

    Muchas gracias !!!
    Este estudio me llego mucho.

  7. Adriana Casas dice:

    Gracias Arturo, veo la importancia de nutrir cada día nuestra relación con Dios, para así ganar la batalla contra nuestra propia naturaleza.
    Dios te Bendiga.

  8. blanca martinez dice:

    GRACIAS ARTURO POR TU AMOR Y POR DEDICACION Y TE QUEREMOS . DIOS TE BENDIGA.

  9. Maribel Gandarilla dice:

    Amen, muchas gracias!!

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