Día 358

JUAN 5.1-47, MARCOS 2.23-28, MATEO 12.1-8, LUCAS 6.1-5, MARCOS 3.1-6, MATEO 12.9-14, LUCAS 6.6-11, MATEO 12.15-21.

Jesús continuó su ministerio, dejando en cada encuentro y en cada evento lecciones muy poderosas y sanidades sorprendentes. Hoy estudiaremos la sanación de un hombre inválido, las críticas de los religiosos de la época hacia Jesús por el asunto del sábado, la sanación de un hombre con la mano paralizada, el inicio de los planes de los fariseos para matar a Jesús y la estrategia de Jesús para protegerse de las amenazas.

Iniciemos hablando de la sanidad del hombre inválido de Juan 5.1-15. Veamos los siguientes aspectos importantes sobre la historia:

  1. Información sobre el estanque de Betzatá. Algunos manuscristos lo llaman Betesda o Betsaida. De acuerdo con las notas de la DHH-LA, el estanque era doble, con pórticos en la división central del mismo, como afirma el v. 2.b (“Tiene cinco pórticos”). De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, hasta los 1890’s los críticos dudaban de la existencia de este estanque, pero después fue encontrado el mismo en excavaciones arqueológicas y se descubrió que tenía precisamente 5 pórticos, como dice el evangelio de Juan.
  2. El versículo perdido. La mayoría de las versiones en español que estudiamos se brincan del versículo 3 al versículo 5. Solamente la NBLH y la BJL lo incluyen. En la primera dice así: “porque un ángel del Señor descendía de vez en cuando al estanque y agitaba el agua; y el primero que descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba curado de cualquier enfermedad que tuviera.” (Jn 5.4, NBLH).  De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, es posible que este versículo no fue escrito por Juan sino añadido después por un escriba (copista) quien estaba familiarizado con la leyenda de sanidades que ocurrían en el estanque de Betzatá, con lo cual se lograba explicar mejor el v. 7 que dice, “7 —Señor—respondió—, no tengo a nadie que me meta en el estanque mientras se agita el agua, y cuando trato de hacerlo, otro se mete antes.” (Jn 5.7). La leyenda decía precisamente que de vez en cuando se agitaba el agua y eso era señal de que un ángel estaba produciendo el movimiento. Así el primero que se aventara al estanque quedaría completamente sano de sus enfermedades. Por eso el v. 3 dice “se hallaban tendidos muchos enfermos, ciegos, cojos y paralíticos.” Todos esperando una oportunidad para ser sanados.
  3. La necesidad del enfermo. La Biblia dice que el hombre tenía 38 años inválido. Llama la atención que aunque Jesús se enteró del tiempo que llevaba así, le hiciera la pregunta: “—¿Quieres quedar sano?” (Jn 5.6). ¿Qué no era obvio? El hombre estaba esperando una oportunidad para entrar en el agua para intentar ser curado, ¡era un hecho que quería estar sano! ¿Entonces por qué Jesús le preguntó eso? Sin embargo, el enfermo jamás contestó que sí, más bien explicó la razón por la cual no era sanado (porque nadie lo ayudaba a meterse). Recordemos que Cristo veía con claridad los corazones humanos y alguna necesidad específica en su carácter vio en este hombre que sus siguientes palabras fueron: “—Levántate, recoge tu camilla y anda—le contestó Jesús.” (Jn 5.8). No lo tocó, no lo ayudó, solamente le instruyó que se levantara por sí mismo. Además, cuando lo volvió a encontrar ya sano en el templo le dijo, “—Mira, ya has quedado sano. No vuelvas a pecar, no sea que te ocurra algo peor.” (Jn 5.14). Efectivamente el hombre tenía una necesidad física, pero podemos concluir por todo esto que tenía necesidades espirituales y de carácter muy fuertes: a) al parecer su estado de invalidez pudo haber sido resultado de la práctica de algún pecado, b) aparentemente no tomaba responsabilidad por su estado sino culpaba a los demás, c) Jesús lo impulsó a que tuviera iniciativa personal y tomara responsabilidad por sí mismo para hacer el esfuerzo de levantarse solo. Al final, Jesús proporcionó una sanidad integral: física (quedó completamente sano de su invalidez), de carácter (aprendió a tomar responsabilidad por sí mismo) y espiritual (tomó la decisión de cambiar su vida y no seguir pecando).

Ahora, fue justo después de esta sanidad que los religiosos judíos comenzaron a interesarse por las acciones de Jesús que aparentemente iban en contra de la ley con respecto al sábado. Juan 5.9-12 registra esta primera controversia sobre las acciones de Jesús en sábado. Estos señalamientos se vuelven más directos en el evento de las espigas arrancadas en sábado (Marcos 2.23-28, Mateo 12.1-8, Lucas 6.1-5) y en la sanidad de un hombre con la mano tullida en sábado (Marcos 3.1-6, Mateo 12.9-14 y Lucas 6.6-11). Veamos los aspectos relevantes de estos pasajes:

  1. Cuando los discípulos de Jesús arrancaron espigas en sábado. Mateo, Marcos y Lucas narran el mismo evento. De acuerdo con ellos, era sábado, sus discípulos sintieron hambre y así nada más decidieron arrancar espigas de trigo y desgranarlas para comérselas. Esto generó una reacción fuerte en los fariseos, a lo cual Jesús respondió citando lo que hizo David cuando tomó los panes consagrados a Dios para comer (1 Samuel 21.1-6) y también (menciona Lucas) cuando la misma ley pide a los sacerdotes trabajar en sábado sin que incurran en ningún tipo de desobediencia (Números 28.9-10). Con estos dos ejemplos Jesús terminó afirmando que él era más grande que el mismo templo de Jerusalén y todas sus reglamentaciones y que además Dios esperaba de ellos que cumplieran lo dicho en Oseas 6.6 (““Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios”). Por todo eso, Jesús era “Señor del sábado” (Mt 12.8). Jesús, siendo la Palabra de Dios hecha hombre, estaba enseñando a Israel cuál era el verdadero significado del sábado, tratando de corregir la visión torcida que los fariseos habían desarrollado del mismo y que involucraba muchas reglas humanas pero había perdido de vista la esencia del mandato.
  2. El hombre con la mano paralizada. Fue precisamente la sanidad de este hombre por parte de Jesús lo que demuestró con más fuerza la ceguera espirtual de los fariseos. El problema fue que esta sanación fue hecha en sábado y dentro de la sinagoga del pueblo (Marcos 3.1). El v. 2 nos dice que los religiosos ya tenían a Jesús vigilado esperando ver la forma de acusarlo con respecto al sábado. Y Jesús, en lugar de intimidarse, sanó al hombre delante de todos y les dijo: “—¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o matar?” (Mrc 3.4). Ante el silencio de los religiosos, “Jesús se les quedó mirando, enojado y entristecido por la dureza de su corazón” (Mrc 3.5), “Y mirándolos en derredor con enojo, profundamente entristecido por la dureza de sus corazones” (BTX). Jesús estaba molesto y entristecido al mismo tiempo al percatarse del corazón tan duro de los fariseos y cómo fueron incapaces de apreciar lo que Dios estaba haciendo ante sus ojos. ¡Ningún milagro podía suavizar sus corazones! Todo lo que hacían era criticar, juzgar y tener malas intenciones contra Cristo.
  3. El origen del complot para matar a Jesús. Marcos 3.6 afirma que inmediatamente después del milagro de la mano paralizada, los fariseos “comenzaron a tramar con los herodianos cómo matar a Jesús”. (Mrc 3.5). ¿Quiénes eran los “herodianos”? Marcos es el único evangelista que los menciona. De acuerdo con el A Commentary on the Holy Scriptures: Mark, de Logos Bible Software, en la ciudad de Tiberias, en Galilea, se encontraba el lugar de residencia de los herodianos, es decir, el partido político de Herodes. Aunque los fariseos los odiaban, se aliaron con ellos para destruir a quien odiaban aún más: Jesucristo. ¿Cuáles eran sus prinicipales razones para esto? De acuerdo a Juan 5.16-18 había 2 motivos principales: a) las señales milagrosas que Jesús hacía en sábado, b) que Jesús llamaba a Dios como su Padre, “con lo que él mismo se hacía igual a Dios” (Jn 5.18). Por todo esto, “los judíos redoblaban sus esfuerzos para matarlo” (Jn 5.18). Los fariseos no se fijaron en el bien que Jesús hacía a la gente, sino en las tradiciones religiosas que rompía con sus actos. Recordemos que sus corazones estaban endurecidos y no eran capaces de discernir correctamente lo que estaban presenciando.
  4. El discurso de defensa de Jesús. En Juan 5.19-47 la Biblia nos presenta a Jesús defendiéndose de las acusaciones que sus enemigos le hacían. Su discurso abarcó los siguientes temas: a) la cercanía entre Jesús y su Padre, b) la autoridad que el Padre le había dado al hijo (dar vida a quien él quisiera), c) los “muertos” que escuchen a Jesús “vivirán” (Jn 5.25), d) un anuncio sobre el juicio final (Jn 5.28-30), e) el testimonio de Juan el Bautista sobre Jesús, f) la ignorancia de los fariseos de quién era realmente Dios a pesar de que estudiaban las Escrituras (Jn 5.37-40), g) el conocimiento de Jesús de que los judíos no amaban a Dios en realidad (Jn 5.42), h) el anuncio de que Moisés juzgaría a los judios desobedientes del primer siglo (Jn 5.45-46). Jesús presentó argumentos poderosos a sus enemigos, pero fue en vano, no quisieron escuchar las grandes verdades que les decía y prefirieron el camino de la oposición hacia el trabajo de Jesús.

Para terminar, Mateo 12.15-21 nos dice que Jesús estaba consciente de los planes de sus enemigos para eliminarlo por lo cual decidió retirarse de aquel lugar. Fue un movimiento estratégico correcto, para evitar cualquier riesgo antes de tiempo y que su ministerio pudiera continuar. De hecho, continuó, con sanidad a muchos enfermos más. Mateo termina afirmando que en la persona de Jesús se cumplió a la perfección Isaías 42.1-4, otra profecía mesiánica. Una evidencia más presentada por Mateo para los judíos de que sus Escrituras hablaban de Jesús.

Conclusiones:

  1. Jesús nos ofrece sanidad integral a nuestras vidas. Cuando nos acercamos a él ciertamente trabajará para cubrir nuestras necesidades físicas, pero principalmente mirará nuestro corazón para detectar nuestra necesidad espiritual y de carácter, y es en esas áreas donde se llevará a cabo el trabajo más difícil. Seguir a Cristo entonces nos transforma en nuestro carácter y en nuestra espiritualidad.
  2. Jamás fue la idea de Dios el reducir la fe en Él a una serie de reglas religiosas frías, mecánicas y legalistas, como lo que hacían los fariseos. El señorío de Jesús sobre el sábado demuestra esto: de un día dedicado a obedecer múltiples reglas religiosas a un día dedicado a hacer el bien a otros.
  3. A Cristo le enoja y al mismo tiempo le entristece profundamente la dureza del corazón humano. Nuestra generación no tendrá el privilegio de ver los milagros que presenciaron los fariseos del primer siglo, solo tenemos a nuestro alcance la Biblia y lo que puede hacer en nuestras vidas. ¡Tengamos cuidado con mantener un corazón endurecido a las Escrituras! Cristo está pendiente de nosotros.
  4. Cuando dejamos endurecer nuestro corazón, ¡ningún milagro puede cambiarlo! Podemos además llegar hasta tomar decisiones crueles e injustas para hacer daño a otros. Endurecer el corazón es una decisión y suavizarlo para Dios también lo es. ¿Qué estás decidiendo tú con el tuyo?
  5. Si estudiamos mucho las Escrituras pero no tomamos en cuenta a Jesús, quedaríamos hundidos en la ignorancia y no lograríamos conocer a Dios. Solo con Jesús toma sentido la Biblia completa.

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