Día 296

INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE DANIEL.

El Holman Bible Handbook, de Holman Bible Publishers, nos ayuda con la siguiente información de contexto:

  1. Autoría del libro. Tradicionalmente es atribuído a Daniel en base a evidencias internas del mismo libro (Daniel 9.2, “Durante el primer año de su reinado, yo, Daniel, al estudiar la palabra del Señor, según fue revelada al profeta Jeremías, aprendí que Jerusalén debía quedar en desolación durante setenta años.”). También el mismo Jesús dio testimonio de la autoría del libro cuando dijo, “»Así que cuando vean en el lugar santo “el horrible sacrilegio”, de la que habló el profeta Daniel (el que lee, que lo entienda), 16 los que estén en Judea huyan a las montañas.” (Mt 24.15-16, NVI).
  2. Fecha del libro. De acuerdo con la cronología de Gleason Archer en su libro A Survey of Old Testament Introduction, se calcula que se escribió entre el 600 y el 501 a.C. Se sabe por ejemplo que Daniel y sus amigos fueron llevados al exilio en el 605 a.C. y que sirvieron tanto al rey babilonio en turno como al rey persa que invadió Babilonia (Ciro).
  3. Tema del libro. Daniel nos presenta la soberanía de Dios sobre todas las naciones del mundo, tanto paganas como su pueblo exiliado. A través de la revelación que hizo de su poder a los reyes de Babilonia y de Persia los obligó a reconocer su supremacía en este mundo. También le reveló a Daniel sus planes para restaurar a su pueblo de manos de los gentiles.
  4. Forma literaria. Contiene tanto literatura apocaliptica como relatos biográficos de Daniel y sus amigos. También se sabe que una porción fue escrita en hebreo (1.1-2.4a, 8 – 12), mientras que otra fue escrita en arameo (2.4b – 7.28). No se sabe con certeza la razón de esta naturaleza bilingue del libro, pero se cree que la parte de arameo está centrada en los pueblos paganos mientras que la parte hebrea se enfoca en el pueblo de Israel.
  5. Críticas hacia el libro. Algunos críticos han negado el valor histórico de Daniel ya que afirman que es una colección de leyendas y visiones apocalípticas propias de la época de la literatura intertestamentaria judía (en los “400 años de silencio” entre el AT y el NT). Pero un análisis a fondo de cada punto controversial no proporciona elementos suficientes para comprobar lo que ellos dicen.

DANIEL 1.1 – 2.49.

El libro de Daniel comienza narrando lo que ya habíamos estudiado en 2 Reyes 24.1, “Durante el reinado de Joacim, Nabucodonosor, rey de Babilonia, invadió la tierra de Judá. Joacim se rindió y le pagó tributo durante tres años, pero después se rebeló.” Aunque no fue el momento de la invasión y destrucción final, Nabucodonosor si atacó Jerusalén, sitiándola y llevándose algunos objetos sagrados del templo y a varios prisioneros. Fue precisamente durante ese ataque que dentro de los cautivos escogieran a un grupo selecto de jóvenes de las familias nobles de Judá para el servicio real, tal como lo describe Daniel 1.3-5. ¿Qué requisitos debían cumplir? a) “instruidos en todas las ramas del saber”, b) “dotados de conocimiento y de buen juicio”, c) “aptos para servir en el palacio real” (Dn 1.4). Esto sucedió en el año 605 a.C. Serían entrenados en el “idioma y la literatura de Babilonia”. Entre ellos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, a quienes les cambiaron el nombre por uno babilonio (Beltasar, Sadrac, Mesac y Abed-nego). Algunos aspectos importantes del inicio de la historia de Daniel y sus amigos son:

  1. El uso de la palabra “judío”. Las diferentes traducciones dicen en Daniel 1.6, “fueron cuatro de los jóvenes seleccionados, todos de la tribu de Judá.”, “Entre ellos había unos judíos: Daniel, Ananías, Misael y Azarías;” (BTX), “Entre ellos se encontraban los judíos…” (BJL). A partir de este momento histórico encontraremos en los libros de la Biblia contemporáneos el inicio del uso de la palabra “judío”, que antes de este punto no se había utilizado. De acuerdo con la International Standard Bible Encyclopedia, de Wm. B. Eerdmans, la palabra en hebreo utilizada es ???????? (yehû·??(h)), que literalmente significa Judá, también se usaría para referirse a aquellos habitantes del reino del sur de Judá, y posteriormente significaría uno de los israelitas post-exílicos en general (los miembros de cualquier tribu de Israel después del exilio babilónico). Bajo este análisis, sería un anacronismo (un término que no corresponde a la época que hace referencia) utilizar la palabra “judío” para los hebreos o israelitas de un período anterior al exilio babilónico. La palabra “judio” llegaría hasta nuestros días como resultado de las traducciones en francés y en latín de la transliteración griega del término arameo o hebreo original.
  2. La convicción de Daniel y sus amigos (Daniel 1.8). Este versículo dice claramente, “Daniel estaba decidido a no contaminarse con la comida y el vino dados por el rey.” Esto nos muestra que a pesar de estar en el exilio, completamente derrotados y lejos de sus familias y su tierra, estos judíos mostraron un deseo de ser fieles a Dios sin importar las circunstancias, y no quería contaminarse ritualmente comiendo alimentos impuros de acuerdo con la Ley. Así que se mantuvieron firmes en comer solo vegetales y agua y rechazaron la comida del rey, arriesgándose a generar que mataran al funcionario que los atendía.
  3. La ayuda de Dios que recibieron (Daniel 1.9). Dios no se quedó con los brazos cruzados y al ver que estos judíos querían agradarlo de corazón, les ayudó moviendo los corazones de los funcionarios paganos para favorecerlos en todo, como dice el versículo 9, “Dios había hecho que el jefe del Estado Mayor le tuviera respeto y afecto a Daniel.” Después de pasar exitosamente la prueba de los alimentos, el versículo 17 dice, “A estos cuatro jóvenes Dios les dio aptitud excepcional para comprender todos los aspectos de la literatura y la sabiduría; y a Daniel Dios le dio la capacidad especial de interpretar el significado de visiones y sueños.” Dios estaba con ellos equipándolos con dones especiales para lo que seguiría más adelante. Aún podemos ver cómo Dios influyó en el corazón del mismo rey Nabucodonosor en el v. 19, “El rey habló con ellos y ninguno le causó mejor impresión que Daniel, Ananías, Misael y Azarías.” Cuando Dios nos ayuda, no hay autoridad humana que no pueda mover en sus corazones para favorecernos.

En el capítulo 2 del libro de Daniel encontramos una escenario sorprendente, ya que el rey Nabudoconosor recibió de parte de Dios (como lo afirma el v. 29) que nadie de sus brujos y astrólogos pudieron explicarle ya que les pedía que ellos le dijeran tanto la visión como la explicación. Definitivamente esto era un reto muy difícil de lograr para charlatanes como ellos, al grado que dijeron, “Es imposible cumplir con lo que el rey exige.” (v. 11). Cuando el rey se enojó y mandó matar a todos los sabios de Babilonia, el daño colateral llegaría hasta los 4 amigos judíos, quien al enterarse del plan, pidieron tiempo al rey para descifrar el asunto y se los concedió. ¿Y qué hicieron entonces? Pues lo único que podían hacer, ¡orar a Dios! (v. 17-19), quien respondió es misma noche con solución al misterio y tanto fue el impacto y la gratitud que generó en ellos que los versículos 20 al 23 dejaron registrada una profunda oración de gratitud a Dios por la respuesta recibida, ya que literalmente, les salvó la vida. Por eso Daniel terminó su oración diciendo, “Te agradezco y te alabo…” (Dn 2.23).

Ahora, para la interpretación histórica de las profecías contenidas en Daniel, vamos a tomar como fuente al excelente libro del Dr. John Oakes llamado Daniel. Prophet to the Nations, de IPI, del cual pueden descargar una presentación PowerPoint basada en ese libro en el website Evidence for Christianity. La visión de la estatua (Dn 2.31-32) estaba compuesta de cabeza de oro fino, pecho y brazos de plata, vientre y muslos de bronce, piernas de hierro y pies de hierro y barro cocido. Daniel afirmó que “daba terror verla” (Dn 2.31). Dicha estatua sería golpeada por una roca de montaña cortada por manos no-humanas (es decir, divinas) que impactaría directo a los pies de la misma y después se derrumbaría toda, partiéndose en pedazos que se llevaría el viento, “sin dejar rastro alguno” (Dn 2.35). ¿Cómo interpretamos cada parte? El mismo Daniel nos revela varias pistas:

  1. La cabeza. Daniel le dijo a Nabucodonosor, “Usted es la cabeza de oro” (Dn 2.38). Así que la cabeza representaba al reino humano de Babilonia.
  2. El pecho y los brazos de plata. Según Daniel, representa a un segundo reino que vendría después de los babilonios, que ocuparía su lugar en el poderío mundial. ¿Quién sería históricamente hablando? El imperio medo/persa, que ocupó Babilonia en el 539 a.C.
  3. El vientre y los muslos de bronce. Daniel nos confirma también que sería un tercer reino que gobernaría al mundo y sería representado por el bronce. ¿Quiénes fueron ellos? El imperio griego, que sometió al imperio persa en el 331 a.C., fecha en que el ejército de Alejandro Magno venció a los persas de Darío III en la batalla de Gaugamela, en Mesopotamia.
  4. Piernas de hierro. Daniel afirmó que sería un reino muy fuerte, como el hierro, destrozando y aplastando todo lo que golpeara, y así haría con “todos los imperios anteriores” (Dn 2.40). ¿Quiénes substituyeron a los griegos en el poder mundial? El imperio romano claro está, que inició propiamente en el año 31 a.C. cuando Octavio derrota a Marco Antonio y Cleopatra en la Batalla de Actium y asume el gobierno total de Roma.
  5. Los pies de hierro y barro cocido. Nuevamente Daniel nos da más información diciendo que el reino anterior de hierro (Roma) se dividiría y perdería parte de su fuerza original, aunque trataría de recuperarla con “alianzas matrimoniales” (Dn 2.43), pero no funcionaría. ¿Quiénes fueron? Pues la división que se dió en el Imperio Romano, quedando el Imperio de Oriente (Bizancio, que duró hasta el 1453 d.C., sería la parte de hierro) y el Imperio de Occidente (saqueado y destruído en el 476 d.C., la parte de barro cocido).
  6. La roca cortada por Dios que se convertiría en una gran montaña que cubriría toda la tierra. Daniel dijo, “Durante el gobierno de esos reyes…”, es decir, por aquellos tiempos de los reinos finales de la estatua, Dios establecería “un reino que jamás será destruído o conquistado… permanecerá para siempre” (Dn 2.44). ¿Quién sería este reino eterno, establecido por Dios, que nunca podría ser derrotado ni conquistado y que se estableció durante los reinos de hierro y los que siguieron? ¿Qué otra imagen encontramos en las Escrituras de un reino como el que describe Daniel? Se refiere al reino de Dios en la tierra, anunciado por Juan el Bautista (Mateo 3.2) y por el mismo Jesús (Mateo 4.17, Marcos 9.1) y concretado en Hechos 2.14-42, cuando de acuerdo con el apóstol Pedro se cumplieron varias profecías del AT y donde también se bautizaron 3,0000 personas, iniciando así la iglesia cristiana, de la cual dijo Jesús, “y ni siquiera el poder de la muerte podrá vencerla.” (Mt 16.18). Todo esto sucedería en tiempos del imperio romano, el reino de “las piernas de hierro”. Sería más bien la iglesia de Cristo y el cristianismo quienes conquistaría a todos los reinos humanos del mundo conocido y del que faltaba por conocer.
  7. Algunas denominaciones cristianas han interpretado al reino de los pies de hierro y barro cocido como los gobiernos europeos modernos (como la Comunidad Económica Europea y las alianzas de la ONU y la OTAN), y a la roca que cae como la segunda venida de Jesucristo. No hay forma de demostrar esto desde el mismo texto de Daniel más que con especulaciones personales aplicadas a las Escrituras. La visión profética de la estatua tiene un rango muy bien delimitado: el establecimiento del Reino de Dios en la tierra, y nada más.

Al final, ante la revelación tan precisa que le hizo Daniel, el rey Nabucodonosor terminó adorando a Dios postrado y reconociendo que solo Dios “es el más grande de todos los dioses, es el Señor de los reyes” (Dn 2.47). Dios tiene poder para hacer que cualquier ser humano, sin importar qué tan poderoso sea, termine de rodillas reconociendo al Señor Todopoderoso y alabándolo.

Conclusiones:

  1. Dios no es indiferente a cada esfuerzo que los creyentes hacemos por mantenernos fieles a las convicciones que Él nos pide en su Palabra. Él nos ayuda con su poder para abrirnos camino y que podamos obedecerlo. Sin embargo, para quien no quiere sinceramente ser fiel a Dios, siempre habrá excusas sin límite de por qué no se puede ser íntegro en este mundo o por qué no se puede dejar la corrupción o lo que sea. Para quien quiere ser fiel, hay recursos sin límites a su alcance, sin importar las circunstancias que esté viviendo.
  2. Maravillémonos con las profecías de Daniel, muchas de las cuales ya se cumplieron a lo largo de la historai. Sorprendámonos con la soberanía y el control total que tiene Dios de las cosas, ya que siglos antes de que pasara, todo estaba ya escrito. Si Dios puede tiene esa soberanía y poder sobre los reinos del mundo, ¿acaso no debemos permitirle que lo tenga también sobre nuestra vida?
  3. Nunca nos intimidemos ante cualquier persona poderosa que nos represente un desafío para compartirle el evangelio, ya que Dios tiene sus formas para llevar a cada uno de ellos a sus rodillas para que reconozcan también que solo hay un Dios y que merece todo el honor y toda la gloria de parte de nosotros.

Los dejo con una ilustración de la visión de la estatua que Nabucodonosor tuvo en su sueño, así como una explicación gráfica de su significado histórico, como aparece en el sitio buenanueva.net.

Visión Estatua Nabucodonosor


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