Día 72

LEVITICO 20.

El capítulo 20 trata con el tema de los castigos por el pecado. Todo el capítulo es una tabla de castigos requeridos según el pecado cometido. Muchas personas al leer estos versículos y otros en la Biblia sienten una especie de rechazo a aceptar la idea de un Dios que castiga. Prefieren quedarse con la idea de que “Dios es amor” y no pensar en este otro rostro de Dios. Estudiemos el tema y comprendamos mejor el corazón y el carácter de Dios.

Dios requería castigos específicos para los israelitas que pecaran de ciertas formas de acuerdo a la siguiente clasificación:

  1. Castigo por sacrificio de hijos a dioses paganos (v. 2-5). El pecado era “si alguno de ellos ofrece a sus hijos en sacrificio a Moloc” o “Mólec” (BJL). ¿Quién era este “Moloc”? De acuerdo al Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, de Sociedades Bíblicas Unidas, al parecer se trata de una deidad cuyo culto involucraba la consagración de niños en el fuego y su sacrificio. Hay algunas controversias en cuanto al nombre y el significado, pero la Biblia es clara en referirse a él como algún tipo de deidad antigua cuyo culto se mantuvo durante todo el período del Antiguo Testamento e incluso se le comparaba con Baal, como en Jer 32.35 (NVI), “35 También construían altares a Baal en el valle de Ben Hinón, para pasar por el fuego a sus hijos e hijas en sacrificio a Moloc, cosa detestable que yo no les había ordenado, y que ni siquiera se me había ocurrido. De este modo hacían pecar a Judá.” No solo la idolatría estaba prohibida para Israel, pero especialmente el sacrificio de niños era algo detestable para Dios y Él afirma en el pasaje anterior que “ni siquiera se me había ocurrido”. Jamás ha estado ni estará en el corazón de Dios sacrificar niños como parte de una adoración. El castigo para quien cometiera este pecado era claro: “será ejecutado”. Pero no solamente esa persona merecía ese castigo, sino también Dios se fijaba si los miembros del pueblo “hacen la vista gorda” o “cierra sus ojos para no ver” (BTX) o “hacen caso omiso” (NVI) del hombre que cometiera tal acción, Dios se opondría contra esa o esas personas y serían eliminados de la comunidad. Tan grave era el pecado del hombre idólatra como de quienes se daban cuenta y no hacían nada al respecto.
  2. Consultar médiums y espíritus de los muertos (v. 6). Tanto a este pecado como al anterior la Biblia le llama “prostitución espiritual”. Para Dios, la idolatría y el ocultismo eran equivalentes a que la hija de un hombre se prostituyera y abandonara a su padre que la mantenía y la cuidaba. Cualquier forma de adoración o consulta de “dioses” o espíritus diferentes a Dios mismo es una desviación grave y debía ser castigada: “Lo eliminaré de su pueblo” (NVI).
  3. Deshonrar o maldecir a los padres (v. 9). Es un “delito de muerte” cometer tal acción y la pena tendría que ser aplicada a esa persona. Dios tiene en un concepto muy alto la honra que se le debe dar a los padres.
  4. Pecados sexuales (v. 10 – 21). Aquí encontramos los castigos correspondientes a los pecados sexuales mostrados anteriormente en el capítulo 18 y las penas varían desde la ejecución (adulterio, sexo con esposa de padre, sexo con nuera, homosexualismo, casarse con una mujer y con su madre, bestialismo) hasta la exclusión pública de la comunidad o quedarse sin poder procrear hijos (casarse con la hermana, tener relaciones con mujer en su período, tener relaciones con tío o tía, quitarle la esposa al hermano).
  5. Ser adivino(a) o médium (v. 27). La muerte a pedradas era reservada para quienes fomentaran el ocultismo y lo ofrecieran al resto del pueblo.

Los versículos 22 al 26 son relevantes para el entendimiento del por qué estos castigos para el pecado:

  1. Dios hace énfasis en el llamado a Israel a no vivir “conforme a las costumbres de los pueblos que voy expulsando delante de tí”, “ellos hicieron todas estas cosas y fueron para mí abominables” (RVR95). Dios estaba haciendo un recuento de todas las prácticas y costumbres malvadas y perversas en que vivían los pueblos de la tierra prometida, de Canáan. Él ya sabía las tentaciones que enfrentarían los israelitas y los estaba preparando para lo que vendría. Dios no los mandó a una aventura sin saber a lo que se enfrentarían, los preparó y les advirtió claramente cada cosa. El resto ya era decisión de ellos.
  2. El v. 26 termina de forma concluyente sobre el por qué Israel estaba llamado a hacer una diferencia, “Sé santo porque yo, el SEÑOR, soy santo. Te he separado de las demás naciones para que seas mío.” Israel había sido “separado” para Dios como su propiedad y por eso estaban llamados a vivir de una forma diferente a la que tenían los pueblos que los rodeaban.

Conclusiones:

  1. Dios tiene todo el derecho de castigar a los desobedientes y los pecadores y tiene la libertad de elegir la manera. Sí Dios es amor pero también es justo y aborrece la maldad. El no puede ser indiferente a la maldad de este mundo. No hay razón para tener un conflicto en nuestra mente por aceptar la figura de este Dios y conectarla con el Dios del Nuevo Testamento, que a pesar de mencionar que es amor, también contiene la figura del castigo eterno y del juicio final.
  2. Hay una fuerte carga en la lista de pecados y de castigos hacia aquellas maldades contra el prójimo. Una característica importante de la ley de Dios es su enfoque prominente en el valor de la vida humana y un alto estándar de valores. Comparada con la ley asiria, por ejemplo, no contiene las brutalidades degradantes de aquella contra seres humanos, no contempla tortura sádica ni ese tipo de cosas (De acuerdo con lo comentado en la Biblia de Estudio Apologética).
  3. ¿Qué meditamos con respecto a la disciplina que Dios impone a quienes ven pecado en otros miembros del pueblo de Dios y no hacen nada al respecto? No seamos pasivos ni mediocres en esto. Es muy fácil refugiarnos en excusas como “alguien más lo ayudará” o “no lo conozco bien”. Si vemos que alguien está pecando, ¡actuemos! ¡Ayudemos! ¡Reprendamos con amor si es necesario! Pero no nos quedemos callados.
  4. Los cristianos también somos un pueblo llamado a hacer una diferencia en este mundo. ¿Qué costumbres o prácticas pecaminosas de nuestra cultura local nos han estado influyendo? ¿Hay rastros en nosotros de la maldad de nuestra sociedad local? Pensemos en esto.

7 Responses to “Día 72”

  1. CINTHYA SOLANO dice:

    muchas gracias por tu trabajo DTB 🙂

  2. blanca dice:

    Gracias Arturo por tu tiempo que nos das para que aprendamos eso es un Amor verdaderamente que DIOS TE BENDIGA. GRACIAS.

  3. Bibiana Cisneros dice:

    Muchas gracias Arturo por todas las clases, sin duda no es fácil entender que servimos a Un dios Santo y que El requiere de nosotros que también seamos santos. Aunque no nos agrade, Dios nos dice que el pecado tiene un castigo y una consecuencia, Es bueno no olvidarlo y cuidar nuestra vida y corazón.

  4. BETTY dice:

    el asimilar que he sido separada por Dios para formar parte de su pueblo, debe reflejar una diferencia al mundo pero similitud con Dios. GRACIAS

  5. Martín Tomas Merediz-Funes dice:

    Arturo hermano, es tan importante dejar bien claro el costo del pecado, las consecuencia del pecado, no es tan simple decir “no me di cuenta ” o ” no quise hacerlo” es realmente necesario decir “lo hice y deseo arrepentirme”, el pecado es algo muy serio y es por eso que debe y merece un castigo, el pecado es un delito contra Dios y alguien del projimo por ende merece un castigo, demos gracias al Señor que Jesucristo vino a pagar el precio del castigo, recibió el castigo por nosotros, por ende aprovechemos y siempre que pequemos, confesemonos y arrepintámonos así podremos ser nuevamente perdonados, limpiados y restaurados en nuestra relación con Dios, y asi seguir adelante perseverando por llegar al cielo.
    Gracias Arturo

  6. Javier Tizcareño dice:

    Gracias, este devocional fue la respuesta que queria para tratar el pecado de un amigo . No escusa, actuemos y ayudemos, con amor.

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