Día 310

EZEQUIEL 17.1 – 19.14.

En estos capítulos, Dios continuó dándole mensajes a Ezequiel con respecto a lo que sucedería con Jerusalén. Solamente que a diferencia de los capítulos anteriores del mismo libro, aquí Dios utilizó otros recursos literarios para transmitir el mensaje: un “enigma” y un canto fúnebre.

En Ezequiel 17.1 Dios le dijo a Ezequiel, “«Hijo de hombre, propón este enigma y cuenta este relato a los israelitas.” ¿Exactamente qué era un “enigma”? De acuerdo con The Bible Knowledge Commentary, de Victor Books, la palabra hebrea utilizada aquí es ?î?âh y también significa “alegoría”. Se refiere a una adivinanza o un dicho enigmático que requiere una explicación. ¿Y qué significaba este acertijo que Dios estaba plantenado a los israelitas en el exilio? Dios no dejaría a su pueblo en la ignorancia sino que también les dejó el mensaje con la explicación, a cual quedaría de la siguiente manera:

  1. Ezequiel 17.3-4, 11-12. La primera de las dos águilas, “Un águila grande con alas anchas y plumas largas, cubierta de plumaje de varios colores” que llegó a Líbano simboliza al rey de Babilonia, o sea, Nabucodonosor (v. 12). “Libano” simboliza a Jerusalén, ya que ahí llegó el rey de Babilonia y “se llevó al rey y a los príncipes de Babilonia” (que equivale al versículo “Agarró la copa de un cedro y arrancó la rama más alta”, Ez 17.3-4). Se los llevó a todos a Babilonia, lo que equivale al versículo “Se la llevó a una ciudad llena de mercaderes. La plantó en una ciudad de comerciantes” (Ez 17.4).
  2. Ezequiel 17.5-6, 13-14. Nabocodonosor no destruyó por completo la ciudad, dejó un grupo grande de personas ahí, las cuales representan a la “planta de semillero” del versículo 5, que creció nuevamente una altura moderada (“una amplia vid de poca altura”). Los versículos 13 al 14 explican que Nabucodonosor dejó a un miembro de la familia real ahí a quien le obligó a jurarle lealtad y le prometió que solamente si ellos eran leales, Israel sobreviviría. Ese hombre era Sedequías.
  3. Ezequiel 17.7-8, 15. El relato dice que llegó “otra águila grande con alas anchas y cubierta de plumaje” (Ez 17.7), y la vid que había crecido se extendió hacia ella “para obtener agua” aunque ya tenía “agua en abundancia” (Ez 17.8). ¿Quién era esa águila?  El versículo 15 aclara que se trataba de Egipto, a quien Sedequías acudió “para solicitar un gran ejército con muchos caballos”, violando así el juramento de lealtad que había hecho anteriormente con Babilonia. Esta conducta de Sedequías molestó a Dios quien dijo, “¿Acaso podrá Israel dejar de cumplir los tratados que hizo bajo juramento sin que haya consecuencias?” El mismo comentario bíblico The Bible Knowledge Commentary nos dice que esta profecía fue hecha posiblemente entre el 592 y el 591 a.C., mientras que la revuelta final de Sedequías contra Nabucodonosor tuvo lugar en el 588 a.C. Es decir, Ezequiel estaba profetizando que esto sucedería al menos unos 3 años antes que tuviera lugar.
  4. Ezequiel 17.9-10, 16-21. Estos pasajes, tanto en modo de enigma como en narrativo, nos muestran cuál sería el resultado de tal acción de Sedequías, ¡un total desastre! Dios afirma que la ayuda de Egipto no le serviría de nada al rey porque Dios mismo estaría impidiendo que su plan tuviera éxito. Sedequías selló su destino al haberse rebelado al plan de Dios que era sometimiento a Babilonia. La sentencia de Dios era clara: “¡Yo la arrancaré de raíz!… No, se secará… Morirá en la misma tierra fértil donde había crecido tan bien… el rey de Israel morirá en Babilonia… Lo llevaré a Babilonia y lo juzgaré por haberme traicionado.”

Al final del mensaje, Dios añadió una nueva parte en los versículos 22 al 24, la cual varios estudiosos bíblicos la han interpretado como una referencia a la restauración futura de Israel, quien había buscado seguridad y prosperidad bajo el cobijo de Babilonia y de Egipto, pero había fracasado en su búsqueda. Dios afirma que será Él quien logre darle a su pueblo ese refugio que buscaban. Sería a través de esa restauración que las naciones del mundo (“Todos los árboles”) reconocerían el poder de Dios y lo adorarían. ¿Cuándo sucedió o sucederá esto? Las opiniones varían entre los estudiosos, algunos afirman que se refiere al reino milenario de Cristo en la tierra (los de tendencia milenarista), pero no hay una certeza al respecto.

Ahora bien, el capítulo 18 trata enteramente con la justicia de Dios. ¿Por qué hablar de ese tema enmedio de estas profecías? Al parecer había entre el pueblo una queja contra Dios, como dice el v. 25, “… ustedes dicen: “¡El Señor no hace lo correcto!”” (Ez 18.25). También en el v. 2 encontramos otra pista: “«¿Por qué citan ustedes ese proverbio acerca de la tierra de Israel, que dice: “Los padres comieron uvas agrias, pero la boca de sus hijos se frunce por el sabor”?” ¿Qué es lo que estaban argumentando los israelitas que a Dios no le pareció? Pues básicamente que ellos no eran responsables por sus pecados sino sus padres y que ahora ellos tendrían que pagar las consecuencias de los pecados de otros, por eso acusaban a Dios de ser injusto. Dios tomó entonces esa queja incorrecta como punto de partida para dar una tremenda lección sobre la naturaleza de su justicia:

  1. La “regla” de justicia de Dios es esta: “la persona que peque es la que morirá” (Ez 18.4). A través de varias ilustraciones de la vida diaria, comenzando con un hombre justo, luego pasando por su hijo injusto, y luego por su nieto justo, para cada caso Dios determina que sólo quien haya pecado morirá. Nadie pagaría por los pecados de los padres, todos rendirían cuentas de sus propios pecados solamente. Precisamente Dios había acusado anteriormente al pueblo de Judá y los habitantes de Jerusalén de cometer en ese tiempo los pecados que cometió la figura del hijo adulto que se negó a hacer lo correcto: idolatría, adulterio, explotación de los pobres, robo, usura y más. La gente no se identificaba con esas listas porque querían evadir su responsabilidad y culpar a otros, una actitud bastante común en el ser humano, pero que no es aceptada por Dios.
  2. La idea de que una vez que se establece una relación con Dios es imposible perderla es falsa. Los versículos 24 y 26 dicen lo siguiente, “Sin embargo, si los justos se apartan de su conducta recta y comienzan a pecar y a comportarse como los demás pecadores, ¿se les permitirá vivir? No, ¡claro que no! Todas las acciones justas que han hecho serán olvidadas y morirán por sus pecados.”, “Cuando los justos abandonen su conducta justa y comiencen a cometer pecados, morirán por eso. Sí, morirán por sus acciones pecaminosas.” La posición de Dios ante el justo que se pierde en el pecado es clara: ¡no se salvará! Su integridad y justicia anteriores no le servirán para evitar la sentencia de sus maldades posteriores.
  3. El poder del arrepentimiento. En las diferentes descripciones de los malvados que dejan de hacer lo malo y se vuelven a Dios encontramos varias evidencias de cuántas bendiciones tenemos al alcance cuando experimentamos un verdadero arrepentimiento: a) vida (v. 21), b) Dios olvidará todos los pecados (v. 22), c) el deseo del corazón de Dios no es eliminar al malvado sino que “se aparten de su conducta perversa y vivan” (v. 23), d) Dios aprecia cuando los malvados meditan bien en su vida y toman la decisión de apartarse de sus pecados (v. 28). Dios es feliz cuando un pecador abandona su vida de maldad y se vuelve a Él.
  4. El mensaje final (v. 30 – 32). Hasta el último momento podemos ver a Dios enviando invitaciones al arrepentimiento para su pueblo, ¡Él no quería destruírlo! Quería más bien que cambiara. Les pidió que se arrepintieran, que se apartaran de sus pecados, que no se permitieran ser destruídos por sus propias maldades, que abandonaran su rebelión, que buscaran “un corazón nuevo y un espíritu nuevo”. En pocas palabras, ¡que cambiara de rumbo para que viviera! O como dicen otras traducciones, que se “convirtiera” para que viviera. Este sigue siendo el mismo mensaje que Dios tiene para el mundo entero actual. Es el mensaje con el que comenzaron los evangelios y con el que termina el Nuevo Testamento también.

Para terminar, el capítulo 19 contiene un canto fúnebre dedicado a los reyes de Israel. Nuevamente cada sección está dirigida a un rey específico. De acuerdo con el The New American Commentary: Ezekiel, de Broadman & Holman Publishers, se divide en dos grandes partes. La primera dirigida a los reyes (v. 1 – 9) y la segunda al pueblo de Judá (v. 10 – 14). Este canto es básicamente un poema y como tal, contiene elementos alegóricos:

  1. El cachorro que se llevaron a Egipto (v. 2 – 4) representa a Joacaz, hijo del rey Josías, que sólo duró en el trono 3 meses y después fue llevado preso a Egipto (2 R 23.31-34).
  2. El siguiente cachorro que creció fuerte y llegó a ser poderoso pero terminó atacado por las naciones y llevado a la fuerza a Babilonia (v. 5 – 9), representa a Sedequías, quien se rebelaría contra Nabucodonosor y esto generaría que Jerusalén fuera invadida, el templo destruído y él deportado a Babilonia (2 Cr 36.11-21).
  3. La madre de ambos, que también fue comparada con una vid fuerte y frondosa, y que “fue arrancada de raíz con furia y arrojada al suelo” (Ez 19.12), representa al pueblo de Judá y a Jerusalén, que literalmente “fue consumida por el fuego” (Ez 19.12) cuando Nabucodonosor la capturó. Y tal como dice el poema (“Las ramas que le quedan no son tan fuertes para ser el cetro de un rey”, Ez 19.14), ya no se podría levantar por sí mismoa después de esa invasión próxima.

Conclusiones:

  1. A través del uso de diversas figuras literarias, como la narrativa, los acertijos y los poemas, Dios trató por todos los medios de lanzar advertencias a su pueblo acerca del destino que les esperaba. Sin embargo, Judá no quiso escuchar y terminaría pagando las consecuencias que Dios les avisó con anticipación. Apreciemos el corazón de Dios que hasta el último momento quiso evitar el sufrimiento que le esperaba a Judá y a su ciudad amada, Jerusalén.
  2. La idea evangélica común de que “una vez salvo, siempre salvo” no se puede respaldar con las Escrituras. Jamás Dios ha trabajado así con su pueblo. Desde el Antiguo Testamento dejó clara su posición con respecto a los justos que se entregan al pecado y terminan viviendo como enemigos de Él. Ojalá fuera todo tan cómodo y sencillo como esa creencia lo afirma, pero la realidad es otra. Mejor cuidemos nuestra salvación y no la dejemos escapar.
  3. Aprendamos de los errores de Judá. No quisieron aceptar su responsabilidad y prefirieron culpar a otros. Rechazemos esa tan común actitud humana de evadir responsabilidades y siempre estar buscando culpables de todo lo malo que nos pasa. Simplemente no le agrada a Dios que hagamos eso.
  4. Nunca menospreciemos el poder que hay en el arrepentimiento. Dios está dispuesto a perdonar cualquier pecado y cualquier cantidad de pecado siempre que una persona decida sinceramente arrepentirse y cambiar el rumbo de su vida. ¡Practiquemos el arrepentimiento! Es algo que nunca debemos dejar de hacer.
  5. El corazón de Dios siempre ha sido salvar a todos, que nadie se pierda, ni siquiera “el malvado”. Dios quiere que todos nos arrepintamos y nos convirtamos a sus mandatos. El anhela estar en la eternidad con todos los seres humanos que ha creado. ¡Ayudemos a Dios en su deseo! Como creyentes, hagámoslo nuestro primero y después vayamos a buscar a más que estén dispuestos a arrepentirse y volverse a su Creador.

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