Día 248

JONÁS 1.1 – 4.11.

El día de hoy vamos a detener por un momento la continuidad del estudio de 2 Reyes y 2 Crónicas para enfocarnos en el libro de Jonás. La razón principal es porque Jonás fue un profeta contemporáneo al rey Jeroboán II, rey de Israel, hijo de Joás. A partir de este punto en nuestro estudio incluiremos también algunos fragmentos de varios libros proféticos del AT, de acuerdo con la cronología correspondiente.

Contexto del libro de Jonás.

  1. ¿Quién era Jonás? En 2 Reyes 14.25 encontramos lo siguiente: “Jeroboam II recuperó los territorios de Israel que estaban entre Lebo-hamat y el mar Muerto, tal como había prometido el SEÑOR, Dios de Israel, por medio del profeta Jonás, hijo de Amitai, profeta de Gat-hefer.” La misma referencia bíblica nos dice que Jonás era profeta e hijo de otro profeta llamado Amitai, y su labor principal en Israel fue predecir la restauración de la nación a sus antiguas fronteras a través de Jeroboam II, entre los años 793 – 753 a. C. De acuerdo con la International Standard Bible Encyclopedia, de Wm. B. Eerdmans Publishing Co., la vida y el ministerio del profeta están ubicados a inicios del siglo VIII a. C.
  2. De acuerdo con el Nuevo Diccionario de la Biblia, de Editorial Unilit, el libro de Jonás es considerado como el quinto de los profetas menores del Antiguo Testamento. El libro solo incluye una profecía (Jon 3.4), pero al parecer por la figura de Jonás fue incluido en esta parte del canon del AT. La historia del libro se centra en los sentimientos encontrados en el profeta por las órdenes que recibió de Dios de ir a predicar a Nínive, la capital del imperio asirio, enemigos de Israel y quienes después se encargarían de invadir el territorio de Samaria y exiliar a sus habitantes.
  3. Se desconoce quién escribió el libro de Jonás, pero la tradición le atribuye a Jonás la autoría del mismo, aunque no es posible saberlo con certeza. De acuerdo con la cronología del canon del AT de Gleason Archer en su libro A Survey of Old Testament Introduction, la fecha de escritura del libro es aproximadamente el año 800 a.C. El libro tiene muchos elementos de influencia aramea y esto coincide con la fuerte presencia del reino de Aram en el territorio de Israel en los mismos años de vida del profeta.
  4. Jesús reconoció el llamado profético de Jonás cuando dijo en Mateo 12.39–41 (NVI), “3Jesús les contestó: —¡Esta generación malvada y adúltera pide una señal milagrosa! Pero no se le dará más señal que la del profeta Jonás.  40 Porque así como tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre de un gran pez, también tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en las entrañas de la tierra. 41 Los habitantes de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán; porque ellos se arrepintieron al escuchar la predicación de Jonás, y aquí tienen ustedes a uno más grande que Jonás.” Además afirmó que el evento sobrenatural experimentado por Jonás en el gran pez apuntaba en realidad a la muerte, sepultura y resurrección de Jesús en el mismo período de tiempo (3 días), y también apuntó hacia el juicio de Dios contra los religiosos que rechazaron a Jesús tomando como base que los paganos ninivitas escucharon a Jonás, mientras que los judíos no lo quisieron escuchar.

Veamos ahora algunos aspectos importantes sobre el análisis del libro de Jonás:

  1. La huída de Jonás de la misión que Dios le dio (Jonás 1). Ante la orden recibida de parte de Dios de ir a anunciar un mensaje de juicio a Nínive debido a sus maldades, Jonás sorprendentemente se fue en dirección contraria “para huir del Señor” (Jon 1.3). ¿Por qué hizo esto? El mismo Jonás lo explica en Jonás 4.2, “… ¡Por eso huí a Tarsis! Sabía que tú eres un Dios misericordioso y compasivo, lento para enojarte y lleno de amor inagotable. Estás dispuesto a perdonar y no destruir a la gente.” Recordemos un poco la breve mención que hace 2 Reyes 14 del ministerio de Jonás: anunciar la restauración de las fronteras de Israel a través de Jeroboam II, un rey que fue evaluado de la siguiente manera: “hizo lo malo a los ojos del SEÑOR. Se negó a apartarse de los pecados que Jeroboam, hijo de Nabat, hizo cometer a Israel.” (2 R 14.24). Sin embargo, Dios lo usó para salvar a Israel porque “… vio el amargo sufrimiento de todos en Israel, y no había ningún israelita, ni esclavo ni libre, que los ayudara.” (2 R 14.26). Jonás ya había presenciado la enorme compasión de Dios y cómo pasaba por alto momentáneamente el pecado de su pueblo y sus dirigentes para poderlos ayudar. Aparentemente Jonás presentía que Dios haría lo mismo en el caso de los asirios, un pueblo tradicionalmente enemigo de Israel y de Judá, y el texto nos revela el corazón de Jonás: ¡no quería que Dios les fuera a tener compasión y los salvara! Es como si Jonás tuviera un estándar de justicia mayor al de Dios y considerara que Dios estaba cometiendo un error, y él no quería participar en eso. Tal vez nos cueste trabajo asimilar esto, pero era lo que le estaba sucediendo a Jonás. Además, de acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, la huída de Jonás nos revela también la visión corta que tenía él de la misericordia y del alcance del poder de Dios, ya que posiblemente pensó que Dios no reinaba fuera de la tierra de Israel y su huía hacia otros lugares, Dios no lo alcanzaría. Sin embargo, la gran tormenta que se desató en el mar y que aterrorizó a los marineros paganos que viajaban en él le enseñó a Jonás que Dios sí gobernaba fuera de Israel, como él mismo reconoció cuando dijo, “—Échenme al mar —contestó Jonás— y volverá la calma. Yo sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta.” (Jon 1.12). Después los mismos marineros terminaron reconociendo al Dios de Israel, rindiéndole culto y prometiéndole servirle. ¡Se convirtieron en su corazón hacia Dios al ver lo que sucedió aquel día!
  2. El famoso “gran pez” que se tragó a Jonás (Jonás 1.17). Tradicionalmente se ha representado gráficamente este pasaje como una ballena tragándose a Jonás, gracias a la traducción en inglés de Mateo 12.40 de la King James Version (KJV) que literalmente dice “en la panza de la ballena” (aunque ni siquiera en el texto de Jonás 1.17 de la misma versión aparece esa palabra). Las palabras hebreas traducidas como “gran pez” en Jonás 1.17 son “???? ???????” (g?·?ôl dâg), que es traducida como “un mamífero acuático de gran tamaño”, según el estudio de palabras en hebro del sistema Logos. No hay suficiente evidencia en el texto bíblico para que podamos afirmar que era una ballena. Simplemente, de acuerdo con la taxonomía de la época el animal simplemente fue descrito como un gran pez.
  3. La oración de Jonás desde el interior del pez (Jonás 2). El texto contenido en el capítulo 2 ha sido llamado “el Salmo de Jonás” y presenta algunos elementos controversiales. De acuerdo con el The New American Commentary: Amos, Obadiah, Jonah; de Broadman & Holman Publishers, muchos eruditos bíblicos consideran que este pasaje fue insertado posteriormente por un editor del libro por varias razones, como el cambio de contexto en el relato (nunca menciona Jonás que estuviera dentro de un pez, sino habla más bien de una especie de tumba y de una oración en el templo), algunas diferencias en vocabulario que aparecen, y el enfoque del salmo que es de gratitud y no de salvación. Sin embargo, aunque efectivamente haya sido un texto insertado posteriormente por un tercero, no es inconsistente con el carácter de Jonás y debe ser considerado como parte vital de la composición original. Básicamente el salmo nos revela a un hombre arrepentido de haberle dado la espalda a Dios, humillado por la situación de muerte que vivió y dispuesto a cumplir sus promesas ante su Señor (Jon 2.9). Y fue hasta entonces que Dios ordenó al pez que escupiera a Jonás en la playa. Podemos observar también la supremacía de Dios sobre toda la creación, incluyendo a los animales más enormes y temidos de la tierra.
  4. La sorprendente respuesta de los ninivitas (Jonás 3). Una vez que Jonás obedeció, de forma impactante tanto la población como los líderes de Nínive respondieron positivamente ante el anuncio de la destrucción de la ciudad capital en 40 días. Las frases que nos confirman esto son: “… la gente de Nínive creyó el mensaje de Dios… declararon ayuno y se vistieron de tela áspera… toda persona debe orar intensamente a Dios, apartarse de sus malos caminos y abandonar su violencia.” Pero recordemos quiénes eran los asirios. De acuerdo con la Baker Encyclopedia of the Bible, de Baker Book House, el imperio asirio fue considerado como el símbolo de terror y tiranía en el Cercano Oriente por más de 3 siglos. Fueron famosos por sus técnicas crueles y despiadadas para tratar con sus enemigos derrotados y todos los pueblos de la región les tenían mucho temor. Sin embargo, sus corazones respondieron ante el mensaje profético de Dios por medio de Jonás. Y efectivamente como el mismo Jonás temía, “Cuando Dios vio lo que habían hecho y cómo habían abandonado sus malos caminos, cambió de parecer y no llevó a cabo la destrucción que les había amenazado.” (Jon 3.10):
  5. El enojo de Jonás por la misericordia de Dios (Jonás 4). Este capítulo nos presenta a un Jonás molesto, frustrado y básicamente haciendo lo que podríamos llamar “un berrinche” porque Dios no destruyó a los ninivitas como había anunciado originalmente. Curiosamente a pesar de aparentemente haber entendido desde el versículo 1 que Dios había cambiado de planes, Jonás se fue a sentar a las afueras de la ciudad bajo un árbol “mientras esperaba ver lo que le acontecería a la ciudad” (Jon 4.5). Tal vez pensó que con su reclamo amargo que le hizo a Dios, éste último cambiaría de opinión nuevamente, pero no fue así. Ahora bien, Dios mismo, de forma muy paciente, utilizó la ilustración de la planta y el gusano para mostrarle a Jonás la incongruencia de lo que estaba reclamando: si él mismo en calidad de hombre podía sentir compasión por una simple planta, cuánto más Dios, el Creador del Universo, no sentiría verdadera compasión por una ciudad con más de 120,000 habitantes que “viven en oscuridad espiritual” (Jon 4.11), ¡e incluso tomó en cuenta a los animales! Dios le enseñó una gran lección al nacionalista y justiciero Jonás: era completamente correcto tenerle compasión a los ninivitas, porque Dios mismo fue quien les dio vida y quien tenía el derecho de quitarla, no Jonás. La compasión de Dios siempre brilla a lo largo de todas las Escrituras, es el verdadero corazón de Dios, ¡aprendamos de él!

Conclusiones:

  1. No podemos escondernos de Dios en ningún lugar y tampoco podemos huir de su voluntad y de su juicio. Es ridículo que pensemos que podemos pasar “desapercibidos” a sus ojos en algún momento de nuestra vida o en algún lugar de este mundo o incluso fuera de la tierra. Dios es omnipotente y omnipresente, es decir, tiene todo el poder sin límites y está presente en todas partes. Para nuestra mente humana finita es muy difícil alcanzar a asimilar esto, pero recordemos que “- Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios” (Lc 18.27). Lo mejor que podemos hacer es tomarlo en cuenta en todos nuestros caminos y en todas nuestras decisiones.
  2. Cuando nuestro corazón es terco y rebelde, es posible que lleguemos a necesitar estar, de manera figurada, “en la panza de un gran pez” hasta que nos humillemos ante nuestro Señor y regresemos a una disposición completa de hacer su voluntad, no la nuestra. ¿Entiendes lo que esto significa? ¿Lo has llegado a experimentar en tu vida cristiana? La buena noticia es que con el enfoque correcto de nuestra parte, esos momentos de disciplina espiritual son increíblemente constructivos y de un gran valor para el resto de nuestro caminar de fe.
  3. Para Dios no hay imposibles tampoco cuando se trata de transformar el corazón de alguna persona o un grupo completo de personas. Si los ninivitas con toda su maldad y su crueldad pudieron arrepentirse y volverse a Dios, ¡cualquiera puede hacerlo! No perdamos la fe y sigamos luchando por llevar a Dios a las personas que nos rodean, y no nos dejemos intimidar por ninguno. Recordemos que Dios ya dijo en Isaías 45.23, NVI, “Ante mí se doblará toda rodilla y por mí jurará toda lengua”.
  4. Jamás pensemos que nosotros podemos ser más misericordiosos ni más justos que Dios mismo. Confiemos en sus mandatos que nos dejó en su Palabra. Ya sea que se trate de disciplina en la iglesia o de perdonar a un ofensor, confiemos en lo que la Biblia nos enseña y no vayamos más allá de ella, ni a aun extremo (dejar que el sentimentalismo guíe nuestros juicios) ni al otro (dejar que el legalismo nos domine). Siempre podremos encontrar el balance perfecto en la Palabra de Dios para juzgar cualquier situación dentro del pueblo de Dios, ¡estudémosla mejor!

Los dejo con un video de dibujos animados sobre la historia de Jonás y el gran pez. ¡Que lo disfruten!


6 Responses to “Día 248”

  1. Javier Flores dice:

    Gracias Arturo me ayuda a ver que tenemos un DIOS tan compasivo,y que no me debo de enojar x las desiciones que el tome.

  2. Elsa Pérez dice:

    Gracias por tu perseverancia y trabajo en todo este tiempo, ha sido de gran ayuda para muchos de nossotros

  3. norma de la cruz dice:

    Muchas gracias!! Es bastante confortante saber que cada dia Dios nos da la oportunidad de cambiar nuestro corazón con su ayuda y compasión, saludos!!!!

  4. Adriana Casas dice:

    Gracias Arturo, este devocional ha sido de gran ayuda a mi corazón y mi entendimiento, DIOS no se detiene, trabaja todo el tiempo en nuestro interior.

  5. Monica Loaeza dice:

    Gracias. De hecho por una reciente situación problemática con un hermano, recordaba hace unos días la Historia de Jonás. Y precisamente tuve que pensar “¿me voy a enojar si Dios lo perdona? No, no puedo, no debo ser como Jonás”, lo confieso con vergüenza pero también con gratitud a Dios por no dejarme seguir con mi actitud inmisericorde. Gracias a Dios por su Palabra, y por recordarme este pasaje cuando lo necesité.. Gracias por la reflexión, Arturo.

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