Día 416

ROMANOS 8.18 – 10.21.

Después de analizar el poder que tiene el pecado y la maravillosa obra de redención que Jesús llevó a cabo a través de su sacrificio, Pablo continuó analizando todas las bendiciones que esperan a los que viven por el Espíritu una vida de fe en Jesús. Hoy estudiaremos temas como la gloria futura que espera a los creyentes, el amor incondicional e inalterable de Dios mostrado a través de Cristo para nosotros, y el enorme privilegio de ser elegidos por Dios. Ante tantas maravillas destinadas para los creyentes, Pablo también expresó en estos capítulos el gran dolor que sentía por su pueblo Israel debido a la incredulidad que mantenían hacia Cristo.
Iniciemos hablando de la gloria futura que aguarda para los verdaderos hijos de Dios y del amor inalterable que Dios tiene por nosotros (Romanos 8.18-39):
  1. Tan grande es la gloria que espera a los creyentes que el apóstol se atrevió a afirmar que los “sufrimientos actuales” (Ro 8.18) son “nada” en comparación con dicha gloria. Pablo quería que los cristianos en Roma tuvieran la convicción para soportar los sufrimientos que les esperaban por causa de su fe con los ojos puestos en algo mejor que les estaba esperando en el futuro. Después de afirmar que toda la creación también está esperando “la revelación de los hijos de Dios” (Ro 8.19) y “ser liberada de la corrupción que la esclaviza” (Ro 8.21), Pablo también escribió acerca de una realidad muy importante para todo creyente: “también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo.” (Ro 8.23) o “nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando ansiosamente la adopción, la redención de nuestro cuerpo.” (BTX) o “Sufrimos profundamente, esperando el momento de ser adoptados como hijos de Dios, con lo cual serán liberados nuestros cuerpos.” (DHH-LA).  Es decir, el verdadero creyente no tiene su esperanza puesta en las cosas de este mundo ni en lo que este mundo ofrece, como un mejor nivel de vida, mejor salud, mejores ingresos, la mejor educación para nuestros hijos, las mejores oportunidades laborales, la mejor pareja, etc. No nos convertimos en discípulos de Jesús para aspirar solamente a cosas terrenales y pensar que en la satisfacción de las mismas está también la satisfacción de nuestra alma. Pablo afirmó que nuestro espíritu “gime interiormente” anhelando el momento de la liberación, cuando nuestra esperanza verdadera se vuelva realidad. Es decir, cuando lleguemos al final de la carrera, a la meta que es el cielo y la eternidad con Dios. ¡Sólo ahí nuestras almas estarán completamente satisfechas! Por eso sin importar los sufrimientos que atravesemos, mantengamos fija nuestra mirada en la esperanza futura. Posiblemente en esto estaba meditando el escritor patrístico Tertuliano, anciano en la iglesia de Cártago en el siglo II d.C., que escribió en su obra  los Mártires (capítulos 2 y 3) la siguiente exhortación a cristianos de su congregación presos en una cárcel romana: “Benditos estimen lo difícil en su vida como una disciplina de los poderes de la mente y del cuerpo. Pronto van a pasar por una lucha noble, en la cual el Dios viviente es su gerente y el Espíritu Santo su entrenador. El premio es la corona eterna de su esencia angélica – ciudadanía en el cielo, gloria sempiterna…. La pierna no siente la cadena cuando la mente está en el cielo.”
  2. A pesar de la dificultad de la vida cristiana, no estamos solos, ¡el Espíritu nos acompaña y nos ayuda! (Romanos 8.26-27). Pablo afirmó que “en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos” (Ro 8.26), intercediendo por nosotros ante Dios “con gemidos que no pueden expresarse con palabras”. Como podemos notar, el papel del Espíritu Santo es fundamental para alcanzar la meta de nuestra fe que es la salvación. Dios no nos dejó solos, limpios pero solos. Más bien nos equipó perfectamente con su Espíritu para ayudarnos en nuestras debilidades. La siguiente vez que estemos orando recordemos esto, que mientras nosotros clamamos a Dios, el Espíritu también está rogando por nosotros, intercediendo a nuestro favor ante el Padre. ¡Qué privilegio!
  3. Otra reflexión importante que hace Pablo es comprender que “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Ro 8.28) o ” Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas ayudan para bien” (BTX) o “Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman” (BJL). Hablando de sufrimientos, dificultades y debilidades propias de esta vida terrenal, el apóstol nos enseña con convicción que Dios permite todas las cosas que nos suceden, ya sean buenas o malas, ¡para nuestro bien! Es fácil decirlo pero cuando estamos atravesando una dificultad en la vida normalmente no pensamos así, que algo bueno saldrá de lo malo que nos está sucediendo. Por eso abrazemos esta enseñanza bíblica y recordémosla cuando atravesemos tanto bendiciones como dificultades, ¡todo es para nuestro bien! Algo bueno saldrá de todo lo malo que nos pasa.
  4. El asunto de la “predestinación” (Romanos 8.29-30). Estos versículos han causado controversia por los temas de la predestinación y el conocimiento previo. Veamos las diferentes traducciones: “Pues Dios conoció a los suyos de antemano y los eligió para que llegaran a ser como su Hijo” (NTV), “A los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo” (RVR95), “A los que de antemano Dios había conocido, los destinó desde un principio a ser como su Hijo” (DHH-LA). De acuerdo al Holman New Testament Commentary: Romans, de Broadman & Holman Publishers, una clave para tener un mejor entendimiento de estos versículos y no producir tanta confusión es no perder de vista de quién está hablando: ¡Dios! No de nosotros. Es decir, en todo el plan de salvación para la humanidad ha sido y siempre será Dios el que llamó, transformó, justifica, perdona, glorifica, y más. Él es quien nos adopta, nosotros somos los adoptados. La Biblia refleja la historia de Dios buscando al hombre. Él siempre tiene la iniciativa. Para aquellos que responden a su búsqueda, Dios les ha preparado todo un plan de vida con un nuevo propósito, una nueva meta, un nuevo destino y una nueva misión. Es decir, están predestinados a todo eso por haber respondido al llamado de Dios.
  5. La garantía del amor de Dios (Romanos 8.31-39). Pablo continuó su razonamiento afirmando que Dios estaba de nuestro lado y eso significa que nadie puede estar en nuestra contra y especialmente, nadie ni nada puede apartarnos del amor de Dios. La lista de conceptos y seres que menciona Pablo es extensa y poderosa: tribulación, angustia, persecución, hambre, peligro, violencia, los ángeles, los demonios, los poderes, ni ninguna cosa en la creación. El creyente necesita estar seguro del amor que Dios le tiene y cuya máxima evidencia ha sido la muerte de Cristo por nosotros. Un discípulo de Jesús no puede vivir con inseguridad acerca del amor de Dios. Creer esto y llevarlo a nuestro corazón nos da una fuerza extraordinaria en el corazón para enfrentar lo que venga, bueno o malo, sin dudar en ningún momento del amor de Dios por nosotros.
Ahora, ante tantas maravillas que Dios había predestinado para todos aquellos que respondieran al evangelio, Pablo expresó también su dolor profundo por su pueblo Israel, que hasta ese momento no había respondido satisfactoriamente al evangelio sino más bien lo rechazaba continuamente. Veamos los aspectos más importantes (Romanos 9 – 10):
  1. El corazón del apóstol (Ro 9.2-4, Ro 10.1). Pablo fue abierto con los sentimientos que tenía por su pueblo: “Me invade una gran tristeza y me embarga un continuo dolor. 3 Desearía yo mismo ser maldecido y separado de Cristo por el bien de mis hermanos, los de mi propia raza, 4 el pueblo de Israel.” Ante el avance poderoso del evangelio en los gentiles, Pablo no podía sentir más que tristeza de ver que en cada ciudad a donde llegaba los judíos terminaban siendo sus mayores perseguidores y que rechazaban el evangelio de Jesús, mientras que personas ajenas y extrañas a la fe en Dios terminaban siendo los más fieles seguidores de Cristo y los mejores amigos de Pablo. Él nunca olvidó sus raíces y siempre mantuvo la esperanza de que Israel cambiaría, al menos esa era su oración (“el deseo de mi corazón, y mi oración a Dios por los israelitas, es que lleguen a ser salvos”, Ro 10.1).
  2. El plan de Dios para el verdadero Israel (Ro 9.6-29). Reflexionando en el tema anterior, Pablo reveló por inspiración divina cuál era entonces el plan de Dios para su pueblo en la tierra: que el pueblo de Israel rechazara el evangelio no significaba que “la Palabra de Dios ha fracasado” (Ro 9.6), sino más bien exponía que no todos los que se llamaran israelitas lo eran en realidad, ya que el verdadero Israel son los hijos de la promesa y el fruto de la misericordia de Dios (Ro 9.8, 16). Es decir, los miembros del pueblo de Dios bajo el Nuevo Pacto serían todos los que respondieran al misericordioso llamado que Dios les hacía a través del evangelio de Cristo, ya sea que fueran de origen judío o gentil, eso ya no importaba. Todos se convertirían en “hijos de la promesa” (Ro 9.8). De hecho, Pablo afirmó que varios pasajes del Antiguo Testamento apuntaban hacia esta realidad: Oseas 2.23, 1.10; Isaías 10.22-23, 1.9. Por eso la Palabra de Dios no fracasó con el rechazo judío hacia Jesús, ya que estaba escrito que así sería y que el nuevo pueblo de Dios se compondría de personas que antes ni siquiera lo buscaban pero que terminaron buscándolo y que vendrían de todas las naciones, no solo de Israel.
  3. El problema principal de Israel (Ro 9.30-33). De acuerdo a Pablo, los gentiles alcanzaron la justicia aunque no la buscaban mientras que los judíos no lo lograron, “Porque no la buscaron mediante la fe sino mediante las obras, como si fuera posible alcanzarla así.” (Ro 9.32). El pueblo de Israel falló en comprender el papel de la fe y más bien redujeron toda la fe a una serie de reglas y obras humanas, pensando que así alcanzarían a Dios. ¡Grave error!
  4. El día que Israel alcanzaría la salvación (Ro 10.5-21). En el mismo contexto del problema espiritual de Israel, Pablo afirmó que si un judío desarrollaba la fe suficiente para confesar con su boca que Jesús era el Señor y creer en su corazón que fue resucitado, ¡sería salvo! (Ro 10.8-9). Por eso necesitaban escuchar la predicación del evangelio ya que “la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.” (Ro 10.17). Ellos tomarían su decisión después. Para que un judío reconociera con su boca que Jesús era el Mesías esperado, el Señor, Dios hecho hombre, ¡se requería mucha fe y un cambio radical! De otra manera, un judío del primer siglo de nuestra era jamás reconocería eso con su boca. Por eso cuando ellos ya podían hablar de esa forma, estaban listos para la salvación, porque la fe en Jesús había llegado a sus corazones y habían aceptado el plan de Dios. El problema, dice Pablo, es que ya habían escuchado el evangelio hasta los rincones del mundo conocido (Ro 10.18 citando Sal 19.4) y lo habían rechazado (Pablo usó Dt 32.21 e Is 65.1-2 para ilustrar eso). Al final, el apóstol terminó enfatizando la rebeldía de Israel ante la voluntad de Dios.
  5. Como nota apologética es importante mencionar que en los últimos 200 años de los tiempos modernos, algunas personas utilizaron Romanos 10.8-10 para desarrollar toda una doctrina inovadora de salvación que se resumen en la frase “aceptar a Jesús en el corazón”. Esta postura doctrinal rechaza el bautismo como medio dispuesto por Dios para el perdón de los pecados y termina reduciendo el momento de la salvación a una oración personal de unos cuantos minutos donde “por gracia” todo se resuelve. Descarga el artículo llamado “Oracion del Pecador” de Steve Staten, uno de los maestros de las Iglesias Internacionales de Cristo que se especializó en el tema del movimiento evangélico, para que tengas más información al respecto.

Conclusiones:

  1. En esta vida terrenal experimentaremos muchos sufrimientos, problemas, pruebas y circunstancias difíciles. Cuando estemos enmedio de una de esas circunstancias, recordemos que nuestra esperanza no es solamente para una mejor vida en esta tierra, sino que está en el cielo, en la eternidad que nos espera al lado de Dios. Pongamos nuestra mente en el cielo aunque sintamos cadenas en las piernas.
  2. No olvidemos que en las luchas de la vida cristiana no estamos solos, el Espíritu Santo nos ayuda todos los días. Por eso necesitamos orar y estudiar la Biblia diariamente, porque a través de esas disciplinas espirituales el Espíritu trabaja en nosotros e intercede a nuestro Padre por nosotros.
  3. Aprendamos a descubrir lo bueno que viene a través de lo malo. Es una de las cosas más difíciles de hacer en la vida cristiana, se requiere mucha fe para lograrlo, pero es la voluntad de Dios que desarrollemos esa mentalidad. ¡Eso es tener fe realmente!
  4. No perdamos nuestro corazón para nuestra familia, nuestras raíces, nuestros pueblos. Aunque sirvamos a Dios lejos de todos ellos, mantengamoslos en oración siempre y soñando por el día que todos ellos alcancen la salvación.
  5. Aunque a veces la magnitud de las dificultades que atravesamos posiblemente nos tienta a pensar que tal vez Dios ya no nos ama como antes, recordemos las convicciones que Pablo nos dejó en el libro de Romanos: nada ni nadie nos separará jamás del amor que Dios nos tiene y que nos ha mostrado en su Hijo Jesucristo. ¡No lo dudes! Dios te ama y ha dado todo por tí.
Terminamos con un video inspirante sobre el tema del amor de Dios como nuestro Padre, que a pesar de nuestras debilidades y limitantes propias de nuestra naturaleza humana, ¡nos ama profundamente!


One Response to “Día 416”

  1. Gildardo dice:

    ESPIRITU, COMPASIÓN Y PREDICACIÓN…Hoy medito en el poder del Espíritu en la vida, la compasión de Dios para elegirme y la necesidad de ir a predicar para que la gente escuche el mensaje y crea.
    Rom 8:27 Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.
    Rom 9:16 Por lo tanto, la elección no depende del deseo ni del esfuerzo humano sino de la misericordia de Dios.
    Rom 10:14 Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?

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