Día 297

DANIEL 3.1 – 30, JEREMÍAS 7.1 – 9.26.

Continuando con la historia de los amigos judíos sometidos al cautiverio en Babilonia, hoy estudiaremos el episodio de la famosa estatua de oro que Nabucodonosor creó para que la adorara todo su reino. Veamos algunos aspectos importantes de las convicciones, la fe y el coraje que mostraron estos jóvenes, así como las respuesta de Dios y del mismo rey:

  1. El tamaño de la estatua. La Biblia dice que tenía 27 metros de alto y 2 de ancho, de oro (Dn 3.1). ¿Nos podemos imaginar algo así? El rey Nabucodonosor la levantó en una llanura para que todas las autoridades de su reino fueran a ese lugar y le rindieran culto. Básicamente inventó un nuevo dios. En su mente pagana, eso no tenía ningún problema. Pero amenazó: “¡Cualquiera que se rehúse a obedecer, será arrojado inmediatamente a un horno ardiente!».” (Dn 3.6).
  2. La convicción de los amigos de Daniel. Un grupo de astrólogos denunciaron ante el rey que los judíos Sadrac, Mesac y Abed-nego no estaban obedeciendo al rey porque no le querían rendir culto a la estatua. Al ser llamados a comparecer ante el rey, ellos confirmaron lo mismo que los astrólogos denunciaron, diciendo lo siguiente, sabiendo la pena que se había decretado a quien no obedeciera. Recordemos que estaban en el exilio, lejos de su tierra, lejos del templo, y pues sería todo ello una buena excusa para no mostrar convicciones y dejar que la cultura local los absorbiera. ¡Pero no fue así! Los 3 se mantuvieron firmes en su convicción de no pecar contra Dios al adorar a una estatua hecha por los hombres como si fuera dios.
  3. La confianza de los amigos de Daniel. ¿Estarían completamente seguros que Dios los libraría de la muerte y por eso siguieron con su plan? No precisamente, como dice Daniel 3.17-18, “17 Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su Majestad; 18 pero aunque no lo hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado.” Su posición era clara: Dios podía salvarlos, pero si aún no lo hacía, ellos se mantendrían fieles. Es decir, fidelidad sin condiciones. ¿Podemos decir que nosotros tenemos ese tipo de convicción? ¿Nos mantenemos fieles a Dios nos ayude o no nos ayude en el momento y la forma como nosotros queremos? ¿O somos condicionales? Buen punto para meditar.
  4. La liberación divina. Sin embargo, Dios no se mostró indiferente ante tal muestra de valor, coraje y fidelidad, y respondió enviando a un ángel que los libró de las llamas y los salvó. De hecho, el versículo 27 reporta que no se les quemó “ni un cabello ni se les había estropeado la ropa. ¡Ni siquiera olían a humo!” Definitivamente fue una intervención sobrenatural de Dios.
  5. La respuesta del rey. Los versículos 28 al 30 registran que el rey terminó alabando a Dios, reconociendo la fidelidad de Él al enviar al ángel a proteger a sus siervos que mostraron convicción (incluso al punto de perder la vida), y decretando bajo pena de muerte que nadie hablara mal del Dios de Israel. Nunca olvidemos que las muestras de fidelidad de Dios hacia nosotros los creyentes son un testimonio poderoso que puede impactar los corazones de personas que nos rodean. ¡Vale la pena ser fieles! No solo nosotros recibimos las bondades de Dios, sino también otras personas que nos observan recibirán ayuda.

Ahora, retomemos los mensajes proféticos de Jeremías contra Judá. Recordemos que todavía quedaba mucha población en Judea ya que el ataque babilónico no fue una invasión total, sino solo una agresión donde hubo varios cautivos, entre ellos Daniel y sus amigos. Los 3 capítulos del libro que hoy analizaremos (7 al 9) tienen varios puntos importantes que debemos considerar:

  1. El engaño de confiar en las cosas y no en Dios (Jeremías 7.1-15). Dios mandó a Jeremías a predicar en la entrada del templo de Jerusalén directamente. ¿La razón? La gente había adquirido una mentalidad muy engañosa con respecto al templo. Básicamente ellos creían que el templo de Jerusalén serviría como una especie de amuleto gigantestco religioso que les serviría para protegerlos del peligro de Babilonia. Pero no solamente eso, también habían caído en una profunda hipocresía, ya que practicaban descaradamente el pecado (maltrato al prójimo, malos pensamientos, injusticia social, asesinato, idolatría) y al mismo tiempo pensaban que todo se arreglaba presentándose en el templo a decir, “¡Estamos a salvo!, sólo para irse a cometer nuevamente todas las mismas maldades? (Jer 7.10). Dios les aclara, “No se dejen engañar… ¡Es una mentira!” (Jer 7.8). Realmente el corazón de Judá estaba muy torcido para ese momento. Confiaban más en un edificio que en la Palabra de Dios y además habían caído en un estado de hipocresía extrema. Dios mismo estaba sorprendido de cómo ellos creían que no había problema alguno en cómo vivían. ¿Suena muy diferente este escenario de la forma como millones de personas viven hoy y la forma en como tratan las cosas de Dios? La tendencia humana a confiar en amuletos religiosos y a menospreciar el valor de la integridad personal es muy antigua, ¡no nos extrañemos que el mundo sigue igual!
  2. Dios llamándolos a aprender de la caída de Israel (Jeremías 7.12-15). Dios les dijo, “… vayan a Silo… Vean lo que hice allí… los enviaré al destierro… así como hice con sus parientes…” Dios quería que ellos voltearan a ver cómo había terminado el reino del norte (Israel o Samaria) para que meditaran en sus propias vidas y cambiaran, pero eso no sucedió. El corazón del pueblo de Judá simplemente no quería aprender de los errores de otros. ¿Qué tal nosotros? ¿Repetimos los mismos errores de otros a nuestro alrededor que han caído y no aprendemos de ello? ¿O al ver que otros caen, meditamos en nuestras vidas y hacemos los cambios necesarios para no caer también?
  3. Una orden muy difícil para Jeremías. La Biblia registra que Jeremías estaba sufriendo con todos estos mensajes de destrucción ya que Dios le dijo: “… no ores más por este pueblo. No llores ni ores por ellos y no me supliques que los ayude, porque no te escucharé.” (Jer 7.16). El mismo Jeremías dijo, “Mi dolor no tiene remedio, mi corazón está destrozado… Sufro con el dolor de mi pueblo, lloro y estoy abrumado de mucha pena.” (Jer 8.18-21). Incluso, de acuerdo con el Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia, de Editorial Caribe, Jeremías fue conocido como “el profeta llorón”. ¿Podemos ponernos en su lugar un momento? Imaginemos que alguien que amamos mucho está sufriendo y pasando por pruebas muy duras y Dios nos pide que no oremos ni lloremos ni roguemos por él o ella, porque no nos escuchará. ¡Suena muy fuerte! Dios estaba determinado a no detener el castigo sobre Judá y por eso no quería que Jeremías siguiera insistiendo. Ciertamente cada ruego de Jeremías por Judá llegaba a Dios, pero simplemente era en contra de su voluntad seguir orando por eso. Hay veces que Dios nos dice simplemente “¡No!”, y debemos aprender a aceptar también ese tipo de respuestas y seguir adelante.
  4. El camino de autodestrucción que ofrece el pecado. Dios dejó muy claro en este mensaje que todo el pecado que estaba practicando Judá no era otra cosa que un “camino de autodestrucción” (Jer 8.5) al que, extrañamente, el pueblo se aferraba mucho. Las frases que aparecen nos dan una idea de esto: “esta gente continúa… Se aferran… se niegan a volver… corren por el camino del pecado…” (Jer 8.4-6). Para Dios era una locura que su pueblo se comportara así ya que Él sabía: “Más que nada se perjudican a sí mismos, para su propia vergüenza».” (Jer 7.19). Dios sabe que el camino del pecado es el camino de la autodestrucción, de la vergüenza personal, de la miseria humana y del dolor. Ciertamente para Él es una locura que los seres humanos nos aferremos al pecado y le demos preferencia por encima de la obediencia a su Palabra. Sin embargo, millones viven así, en plena locura, dañándose y destruyéndose a sí mismos y a los que los rodean todos los días. ¡Ayudemos a más personas a salir de la locura más irracional de todas, la autodestrucción!
  5. El trabajo frustrante de un profeta. Dios le dijo a Jeremías, “»Diles todo esto, pero no esperes que te escuchen. Adviérteles a gritos, pero no esperes que te hagan caso.” (Jer 7.27). Es decir, le mandó que trabajara anunciando el mensaje que les dio pero que no esperara ningún cambio. ¡Esto es frustrante! A veces este sentimiento llega a aquellos que servimos a Dios de diferentes maneras en su pueblo, ¡nos podemos sentir frustrados! El mensaje es: sigue haciendo lo que debes hacer, enseña lo que es correcto, haz lo que Dios espera, y confía en Él. Como dice Gálatas 6.9 (DHH-LA), “Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos.”
  6. El peligro de seguir nuestros propios caminos. En Jeremías 9.14 dice, “En cambio, se pusieron tercos y siguieron sus propios deseos y rindieron culto a imágenes de Baal, como les enseñaron sus antepasados.”, “que han andado tras la dureza de su corazón” (BTX), “Siguieron la terquedad de su corazón” (NVI). Dios citó esto como la raíz de todos los problemas y todo el dolor que ahora tendrían que enfrentar. Una de las mayores tonterías que como seres humanos podemos cometer es aprender de la Palabra de Dios para terminar siguiendo nuestros propios caminos, nuestras propias ideas y nuestros propios pensamientos. ¿Entonces para qué aprendimos de Dios? Si nos llamamos creyentes debemos entender que el alcance de nuestra fe impacta también todas estas áreas (nuestras elecciones, nuestra forma de pensar, nuestros pensamientos). Si no estamos dispuestos a dejarnos moldear por Dios en esto, podemos terminar como Judá, siguiendo nuestros caminos y viviendo después las malas experiencias que eso nos traerá, ¡son inevitables! Es un hecho que si seguimos a Dios de corazón, pasará lo que dice Proverbios 1.23 (DHH-LA), “Presten atención a mis correcciones y yo los colmaré de mi espíritu; les daré a conocer mis pensamientos.” ¿Qué haremos con esos pensamientos una vez que los conozcamos? ¿Los seguiremos o preferiremos seguir nuestras ideas? Piensa en esto.
  7. En lo que Dios se deleita. Jeremías 9.24 nos muestra en qué Dios se “deleita” o se complace (NBLH): “- quien demuestre amor inagotable y trae justicia y rectitud a la tierra -“. De acuerdo al mismo Dios, eso significa conocerlo verdaderamente y entender quién es Él. Preguntémonos, ¿estamos contribuyendo a que en este mundo haya más amor, más justicia y más rectitud? ¿Demostramos con esas 3 acciones que conocemos verdaderamente a Dios y entendemos quién es Él? Si no es así, no podemos afirmar que lo conocemos ni que entendemos quién es.

Conclusiones:

  1. ¿Tenemos una fidelidad incondicional para con Dios? ¿Nos identificamos con los 3 amigos judíos en que seguimos fieles y adelante en nuestra fe en Dios sin importar si llegan o no las bendiciones cuando queremos? ¿O nos hemos encontrado dando pasos para atrás en nuestra fe porque una bendición que anhelábamos no llegó cuando queríamos? Dios valora mucho la fe incondicional, ¡aprendamos a tenerla!
  2. No vivamos en supersticiones baratas y sin fundamento. Tener una Biblia en la casa no nos garantiza seguridad, asistir a la iglesia cada semana no nos garantiza prosperidad económica, traer una cruz colgando en nuestro auto no nos garantiza protección. Dios no trabaja así, punto. Él más bien se fija en lo que hay dentro de nuestros corazones, y en base a eso, retribuye a las personas. Siempre rechazará la hipocresía religiosa, pero también siempre exaltará la integridad y la sinceridad para con Él.
  3. El pecado solo nos ofrece autodestrucción, ¡no hay nada más ahí! No nos aferremos a ningún pecado en nuestra vida, porque tarde o temprano cosecharemos lo que estamos sembrando, y la cosecha del pecado siempre será la muerte espiritual (Gálatas 6.8 (DHH-LA), “El que siembra en los malos deseos, de sus malos deseos recogerá una cosecha de muerte. El que siembra en el Espíritu, del Espíritu recogerá una cosecha de vida eterna.”)
  4. Aprendamos a aceptar cuando Dios nos dice NO. Tengamos la humildad con Él para aceptar su voluntad, ya sea que nos agrade o no nos agrade.
  5. Tengamos cuidado con seguir nuestros propios caminos a pesar de conocer lo que la mente de Dios piensa al respecto de un asunto específico. Aprendamos del mal ejemplo de Judá y de Israel.

Los dejo con una ilustración de la estatua de oro del sitio Bendiciones Cristianas.

Estatua oro Daniel


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