Día 311

EZEQUIEL 20.1 – 22.31.

En este pasaje encontramos una de las cuatro profecías fechadas dentro del libro de Ezequiel: “El 14 de agosto, durante el séptimo año de cautividad del rey Joaquín” (Ez 20.1). De acuerdo con el The New American Commentary: Ezekiel, de Broadman & Holman Publishers, esta fecha corresponde al año 591 a.C. Cronológicamente hablando, estas profecías fueron reveladas por Dios en el período en que Sedequías era rey de Judá y Joaquín había sido exiliado a Babilonia. Todavía no llegaba la invasión final de los babilonios, pero se acercaba.

En el pasaje correspondiente a este día estudiaremos 8 mensajes y un reporte especial que Dios le dio a Ezequiel:

  1. El mensaje contra los líderes de Israel (Ezequiel 20.1-44). De acuerdo con el v. 1, algunos líderes del pueblo fueron a visitar a Ezequiel para pedir “un mensaje del Señor” o “consultar a YHWY” (BTX). ¿Quiénes eran estos hombres? La NBLH dice que eran “algunos de los ancianos de Israel”. Recordemos que todos estaban en el exilio con Ezequiel. Esta no era la primera vez que buscaban al profeta para entrevistarse con él (ver Ezequiel 14.1). Estaban intentando consultar a Dios como lo hacían antes, cuando eran fieles a Él. Pero Dios se negó determinantemente a responder a su búsqueda diciendo, “‘¿Cómo se atreven a venir a pedirme un mensaje? ¡Tan cierto como que yo vivo, dice el SEÑOR Soberano, que no les diré nada!’” (Ez 20.2). Después de esto, Dios les recordó a través de Ezequiel todo lo que Él había tenido que soportar desde que Israel dejó Egipto y llegó a la tierra prometida: rebelión tras rebelión, idolatría, desobediencia, y desprecio por lo sagrado. Llegaron hasta el extremo de sacrificar a sus propios hijos en el fuego para adorar a sus nuevos dioses (Ez 20.31-34). Además Dios les recordó una de las razones principales por las que se desviaron de esa manera: “»”Tú dices: ‘Queremos ser como las naciones que nos rodean, que sirven a ídolos de madera y de piedra’; pero eso que piensas nunca sucederá.” (Ez 20.32). Es decir, la acusación de Dios contra Israel es que rechazó el privilegio de vivir en santidad para con Dios, es decir, consagrados a Dios, diferentes al mundo que los rodeaba, brillando entre el mundo pagano oscuro. Ellos prefirieron amoldarse a las costumbres paganas malvadas que los rodeaban para sentirse como ellos y rechazaron el llamado de Dios a ser diferentes al mundo de la época. Sin embargo, Dios también les recordó a estos líderes que durante todo ese tiempo Él siempre los trató con mucha compasión y nunca de acuerdo a todas las maldades que habían cometido, por eso todavía estaban vivos.
  2. El mensaje de juicio contra el Neguev (Ezequiel 20.45-49). En esta sección Dios mandó un mensaje contra “los matorrales del Neguev” o “el desierto del sur”. Anuncia destrucción completa por fuego de “todo árbol, esté verde o seco.” (Ez 20.47). Sin embargo, de acuerdo con el Harper’s Bible Commentary, de Harper & Row, es difícil comprender con exactitud lo que esta alegoría significaba, ya que la zona del Neguev era desértica, sin árboles verdes. Posiblemente sea una referencia general al reino del sur, es decir, Judá, a quien en esta ocasión le tocaba ser juzgada, como lo fue en su tiempo el reino del norte (Samaria o Israel).
  3. El mensaje contra Jerusalén (Ezequiel 21.1-17). Dentro de este mensaje, Dios le pidió a Ezequiel que volviera a recurrir al simbolismo entre acciones y eventos futuros: A) Le pidió que gimiera “con amarga angustia y con el corazón destrozado” (Ez 21.6) y le preparó la respuesta que tenía que dar cuando le preguntaran por qué gemía. Todo iba relacionado con el juicio de Jerusalén y su destrucción final a manos de los babilonios. B) También le pidió que no solamente gimiera, sino que gritara, se lamentara y se golpeara los muslos “con angustia” (Ez 21.12) por la terrible masacre que se acercaba. C) Le instruyó además que profetizara batiendo las palmas y esgrimiendo una espada 3 veces en el aire. De acuerdo con el libro The New Manners and Customs of the Bible, de Bridge-Logos Publishers, una de las emociones que se expresaba en la antiguedad al batir las palmas era el enojo o el juicio. Todas estas representaciones o actuaciones que tenía que hacer Ezequiel simbolizaban alguno de los aspectos terribles que los habitantes de la ciudad enfrentarían. No cabe duda que el profeta Ezequiel también sufrió mucho durante todo el tiempo que Dios le encargaba dar mensajes. No solo se trataba de comunicarlos fríamente, ¡tenía que sentirlos y vivirlos también! Su dolor y su sufrimiento eran en sí mismos un mensaje profético.
  4. El mensaje sobre la intervención de Babilonia (Ezequiel 21.18-27). En esta sección Dios reveló que Él estaba atrás de las decisiones que el rey de Babiolonia estaba tomando sobre qué ciudad atacar primero, Jerusalén o Rabá (capital de Amón). De hecho, el texto revela que el rey de Babilonia estaba justo en ese momento utilizando sus recursos mágicos que tenía a su alcance de acuerdo a su entendimiento (presagios a través del movimiento aleatorio de las flechas en la ajaba o del análisis de hígados de animales sacrificados, Ez 21.21). En todo intento el resultado sería el mismo: “¡Jerusalén!” (Ez 21.22). ¿Significa esto que es válido a los ojos de Dios consultar adivinos o hechiceros para predecir el futuro próximo? De ninguna manera, todo el contexto bíblico lo reprueba. Más bien, el punto en este pasaje es demostrarle a Israel que Dios es quien está en control de la historia, no los elementos de la naturaleza o los dioses paganos que los demás pueblos pensaban que controlaban el futuro. También el pasaje nos revela el origen de la falsa confianza que los habitantes de Jerusalén tenían con respecto a una posible invasión babilónica: el tratado que habían hecho con ellos anteriormente (Ez 21.23). Pero ya se les había olvidado que ellos rompieron el tratado y que el rey de Babilonia les pediría cuentas de ello.
  5. El mensaje contra Amón (Ezequiel 21.28-32). No solamente Judá y la ciudad capital Jerusalén serían arrasadas por los babilonios, también le tocaría su turno a Amón. La diferencia con respecto a lo que sucedería con Judá está expresada en el v. 32, “¡Serás arrasado por completo, y no habrá más memoria de ti en la historia, porque yo, el SEÑOR, he hablado!” Históricamente hablando, de acuerdo con The Bible Knowledge Commentary, de Victor Books, Amón y Jerusalén aunque eran enemigos, se aliaron contra la invasión babilónica e incluso los amonitas organizaría un intento de golpe de estado para derrocar al futuro gobernante títere que dejarían los babilonios después de la caída de Jerusalén (Jer 40.13-41.10). Al decidir el rey de Babilonia atacar a Jerusalén, los amonitas pensaron que se habían librado de la destrucción, pero Dios les aseguró a través de esta profecía que también a ellos les tocaría su parte de juicio pero que los arrasaría por completo y serían borrados literalmente de la historia.
  6. El mensaje sobre los pecados de Jerusalén (Ezequiel 22.1-14). Este pasaje contiene una denuncia divina sobre los diferentes pecados que reinaban en la ciudad de Jerusalén: asesinato, idolatría, desprecio a los padres, falta de hospitalidad hacia los extranjeros, abuso y maltrato a los huérfanos y viudas, menosprecio de lo sagrado, difamaciones y falsas acusaciones unos contra otros, relaciones sexuales prohibidas (adulterio, violación, relaciones con familiares), usura y extorsión. Es decir, moralmente hablando Jerusalén estaba podrida. Dios mismo afirmó: “Ni siquiera piensan en mí ni en mis mandatos, dice el SEÑOR Soberano.” (Ez 22.12), “y a mí me tienes olvidado, dice Adonay YHVH.” (BTX). Precisamente una de las evidencias más claras de que una sociedad completa o un individuo tiene en el olvido a Dios y sus mandatos es su estilo de vida, ¡lleno de pecado! No importa lo que la gente o los países digan con las palabras sobre si tienen fe o no en Dios, lo que más evidencía si la tienen son sus actos.
  7. El mensaje sobre el “horno purificador” de Dios (Ezequiel 22.17-22). En esta sección Dios comparó a los israelitas con los desechos del metal que quedan durante un proceso de fundición (“son la escoria inservible de lo que queda después de fundir la plata. Son los desechos que sobran: una mezcla inútil…”, Ez 22.18). Siendo entonces desechos de una obra que no llegó a concretarse, entonces serían regresados al horno de fundición cuyo motor era el calor de la furia de Dios (Ez 22.20).
  8. El mensaje sobre los pecados de los líderes de Israel (Ez 22.23-31). En este último pasaje que analizaremos hoy Dios denunció los pecados de los diferentes dirigentes del pueblo: A) Los líderes políticos. Tramaban conspiraciones políticas, extorsionaban a personas inocentes abusando de su poder para quitarles sus riquezas, dejaron viudas a muchas mujeres (asesinatos políticos). B) Los líderes religiosos (sacerdotes). Desobediencia a la Palabra de Dios, profanación de objetos sagrados, menosprecio de la santidad, no enseñaban al pueblo discernimiento entre lo puro y lo impuro, amantes del dinero. C) Los profetas. Básicamente eran falsos profetas, anunciando “falsas visiones y predicciones mentirosas” (Ez 22.28). La situación moral en el liderazgo de Israel no era nada mejor que la que vivía el resto del pueblo.
  9. La búsqueda de alguien diferente que Dios emprendió (Ezequiel 22.30-31). A pesar de todo el desastre espiritual y moral en que vivía Jerusalén, Dios aseguró haber buscado a alguien “que pudiera reconstruir la muralla de justicia que resguarda al país” (Ez 22.30) para así no tener que destruir a Jerusalén. Pero fracasó en esa búsqueda: “no encontré a nadie.” Como último recurso para evitar la destrucción Dios buscó a alguien sincero y santo dentro del pueblo y dentro de los líderes, pero no encontró suficientes evidencias como para impedir el juicio. En toda sociedad, sin importar cuán corrupta y degenerada sea, Dios siempre está buscando corazones que anhelen justicia y rectitud. Por ellos es capaz de detener juicios enteros contra naciones, ciudades o familias. ¡No menospreciemos nunca el valor de la sinceridad, la integridad y la justicia!

Conclusiones:

  1. Como creyentes recordemos que Dios nos ordena no amoldarnos a este mundo (Romanos 12.2) sino más bien ser transformados “mendiante la renovación de su mente”. No rechazemos el llamado a hacer una diferencia y una luz que brilla en este mundo oscuro. Si preferimos seguir el camino del resto del mundo solo por sentirnos aceptados o por temor al rechazo, ¡pagaremos un precio muy alto! Aprendamos del error de Judá.
  2. Cuando predicamos el evangelio a otras personas es inevitable sufrir. Así como Ezequiel sufrió al anunciar sus mensajes proféticos, así un verdadero cristiano sufre al tratar de convertir a otros a Cristo, al aconsejar a otros más que se están desviando, al dirigir a otros para que sigan a Dios, al ayudar a otros a tener entendimiento espiritual. Simplemente no se puede evitar, ¡sufriremos! Hay que aceptar este hecho y seguir adelante.
  3. Recordemos que una de las evidencias más claras de que una persona se ha olvidado de Dios es su estilo de vida pecaminoso, sin importar lo que su lengua diga. Siempre va de la mano una vida llena de pecado con el olvido o el alejamiento o el rechazo a la Palabra de Dios.
  4. Entendamos también que el liderazgo en el pueblo de Dios es un trabajo de servicio, tanto para Dios como para su pueblo. A Él no le agrada que sus líderes estén hundidos en conspiraciones políticas, rencillas unos con otros, luchas de poder, rivalidades entre ministerios, etc. Así como rechazó a los líderes de Israel por haberse desviado a esas prácticas, así rechaza también a los líderes cristianos que no aprenden esta lección.
  5. Dios siempre está buscando en la tierra personas sinceras que lo quieran conocer realmente y que estén cansadas de tanta maldad que los rodea o que ellos mismos viven. Mientras siga encontrando esa gente detendrá muchos juicios por consideración a ellos.

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