Día 231

INTRODUCCIÓN A ECLESIASTÉS.

Cronológicamente hablando, le toca el turno en este estudio al libro de Eclesiastés. De acuerdo con el estudioso del Antiguo Testamento, Gleason Archer, se ha fechado al libro entre el 1000 y el 901 a. C. Según la Baker Encyclopedia of the Bible, de Baker Book House, la mayoría de los estudiosos se inclinan más por la fecha del 940 a. C., durante la era dorada de la sabiduría israelita. Aunque han existido algunas posturas muy liberales entre algunos estudiosos bíblicos con respecto a la fecha (proponiendo fechas tan tempranas como el 165 a. C. durante la época macabea, o incluso los siglos V y III a. C.). Sin embargo, los fragmentos del libro que fueron descubiertos entre los Rollos del Mar Muerto en Qumrán han demostrado que el libro es mucho más antiguo que una fecha asignada en el S. II a. C.

De acuerdo con la International Standard Bible Encyclopedia, de Wm. B. Eerdmans Publishing Co., el nombre en hebreo del libro es q?hele? y significa “el predicador” o “el líder de la asamblea”. La traducción preferida al griego antiguo de esta palabra en la Septuaginta (LXX) era ekkl?sía, y es probable que ésta fue la influencia más fuerte para el nombre final del libro en griego como ekkl?siast?s, del cual se derivó el nombre en latín y en los idiomas actuales.

Ahora bien, se ha calculado la muerte del rey Salomón entre los años 931 al 930 a. C. Esto quiere decir que posiblemente Salomón escribió este libro aproximadamente unos 10 años antes de morir, cuando ya era anciano. Y recordemos que fue justo durante esta etapa que se desvió de su devoción exclusiva a Dios por causa de sus mujeres. Se sabe que el tema del libro es una búsqueda del sentido de la vida, pero lo importante aquí es comprender la perspectiva de origen, es decir, desde qué punto de la vida se está planteando esta búsqueda. Se cree que Salomón escribe este libro después de experimentar con su desviación hacia la idolatría por causa de las mujeres. El libro nos muestra cómo no vivir, qué debemos evitar, desde la perspectiva de un hombre que ya había cometido errores fuertes en su vida. Es un tratado de apologética que defiende a Dios por encima de la otra opción (el mundo y lo que ofrece). Si pudiéramos resumir en una frase su mensaje central, éste sería, “no hagas lo que yo hice, no vivas como yo viví, mejor busca a Dios y se fiel, porque ése es el todo del hombre”.

ECLESIASTÉS 1.1 – 3.22.

El versículo 1 del capítulo 1 nos confirma la autoría del libro, “las palabras del Maestro, hijo del rey David y gobernante de Jerusalén.” El segundo versículo nos expone una realidad impactante que descubrió el autor, ” «Nada tiene sentido —dice el Maestro—, ¡ningún sentido en absoluto!»” Pareciera como si resumiera el contenido de lo que estamos a punto de estudiar. El v. 3 nos plantea otra pregunta inquietante pero cierta, “¿Qué obtiene la gente con trabajar tanto bajo el sol?” Salomón mismo nos ayuda a entender después por qué estaba planteando este tipo de preguntas y de afirmaciones, “Me dediqué a buscar el entendimiento y a investigar con sabiduría todo lo que se hacía debajo del cielo.” (Ecl 1.13), “entonces apliqué mi corazón a inquirir e investigar, con sabiduría, todo lo que se hace debajo de los cielos” (BTX), “Toda mi sabiduría la dediqué a tratar de entender lo que se hace en este mundo” (TLA). Su plan fue el siguiente, “Así que me dispuse a aprender de todo: desde la sabiduría hasta la locura y la insensatez” (Ecl 1.17). La Biblia nos muestra una intención personal de Salomón de entregarse a una cosa: tratar de averiguar cuál es el propósito del hombre en este mundo, y para ello aplicaría toda su sabiduría, la que Dios le había dado, aunque en momentos exploraría territorios que ni siquiera eran agradables a Dios. Tenía una mente abierta a todo: lo bueno y lo malo, lo sabio y lo estúpido, lo sensato y la locura. Y así lo hizo.

¿Qué fue lo que descubrió Salomón en esa búsqueda personal que llevó a cabo? El resto del libro trata con las lecciones que aprendió. Estudiemos las que corresponden a los capítulos asignados:

  1. Que la historia se repite. Ecl 1.9 dice, “La historia no hace más que repetirse; ya todo se hizo antes. No hay nada realmente nuevo bajo el sol.” Interesantes teorías actuales comparten ésta visión, que todo en la vida es un proceso cíclico, que las cosas se repiten, que podemos saber más o menos lo que pasará en el futuro analizando la historia y descubriendo qué seguía a las condiciones sociales actuales en épocas pasadas.
  2. Que mientras más se sabe, más se sufre, como dice Ecl 1.18, “En realidad, a mayor sabiduría, mayores molestias; cuanto más se sabe, más se sufre.” (DHH-LA). Podríamos pensar en este pasaje desde la siguiente perspectiva: siendo un hombre tan lleno de la sabiduría que venía de Dios (sus proverbios lo reflejan), seguramente fue un gran dolor experimentar todo el pecado, la depravación y la desviación a la que se entregó sabiendo al mismo tiempo que todo eso estaba mal. En buena conciencia, no podía disfrutar plenamente lo que hacía, porque tenía el conocimiento de la voluntad de Dios y él no la estaba haciendo. Una posibilidad de interpretación.
  3. Que entregarse a un estilo de vida de autocomplacencia ” también carecía de sentido” (Ecl 2.1), “también esto era vanidad” (BTX), “aun esto resultó un absurdo” (NVI). Salomón narra paso a paso los placeres que decidió experimentar en su búsqueda de sentido en esta vida: el uso y abuso del vino (2.3), acumulación de propiedades y esclavos (2.4-7), acumulación de grandes tesoros de oro y plata (2.8a), libertinaje total en cuanto a mujeres (8b).
  4. Se entregó también al trabajo duro, “descubrí que me daba gran satisfacción trabajar mucho, la recompensa de toda mi labor” (2.10b). De la misma forma, muchas personas hoy se entregan a la vida laboral, o académica, o deportiva, tratando de encontrar ahí un sentido a la vida y una felicidad plena.
  5. ¿Qué lo motivó a hacer todo esto? “… traté de encontrar sentido a la vida…” (2.4). Al igual que millones de seres humanos hoy, Salomón estaba en la búsqueda de sentido a esta existencia terrenal, verficando si en cada una de las experiencias que tuvo se encontraba la respuesta. Recordemos que Dios ya le había enseñado un sentido más trascendente a la vida, con toda la sabiduría que le dio. Sin embargo, al parecer Salomón decidió buscar por él mismo otras opciones para comprobar si era cierto lo que previamente sabía o no.
  6. Su estilo de vida se puede resumir en las siguientes frases: “¡Tuve todo lo que un hombre puede desear!” (2.8), “Todo lo que quise lo hice mío; no me negué ningún placer.” (2.10).
  7. ¿Qué encontró al final de toda su búsqueda? “al observar todo lo que había logrado con tanto esfuerzo, vi que nada tenía sentido, era como perseguir el viento. No había absolutamente nada que valiera la pena en ninguna parte.” (2.11). Cuando terminó de experimentar con tantas cosas que posiblemente ninguno de nosotros alcanzemos a experimentar en nuestra vida (básicamente por no tener el poder, los recursos y las riquezas con las que él contaba), Salomón concluyó que nada de eso tenía sentido, que todo era “vanidad” (BTX),  que era “correr tras el viento” (NBLH). Recordemos que Salomón se había apartado de su relación con Dios mientras experimentaba con todo esto. Su conclusión refleja la enseñanza básica de todas las Escrituras al respecto: solo Dios puede llenar el alma humana. Ningún pecado, ningún placer, ninguna cantidad de dinero jamás se puede comparar a la satisfacción plena que Dios otorga al alma de aquellos quienes lo buscan sinceramente.
  8. Salomón se encontró en un punto peligroso de repente, ya que dijo, “Por lo tanto, llegué a odiar la vida, porque todo lo que se hace aquí, bajo el sol, es tan complicado.” (2.17). Y llegó a odiar además todo el trabajo que había hecho (2.18) porque comprendió que no se podía llevar ninguno de sus logros a la tumba y que otros tomarían posesión de todo lo que él con tanto esfuerzo trabajó para tener. Literalmente se sintió “desilusionado, me di por vencido y cuestioné el valor de todo mi duro trabajo en este mundo.” (2.20). Así terminan muchas personas hoy que después de entregar sus vidas a una causa como la que experimentó Salomón, terminan vacíos y decepcionados de todo y de todos, sintiendo que sacrificaron sus vidas en vano. ¡Falta Dios en la ecuación de sus vidas!
  9. Existen temporadas en la vida. Todo el capítulo 3 trata con este tema. Los versículos 2 al 8 del mismo capítulo nos enseñan que hay un tiempo para nacer y para morir, para plantar y arrancar, para llorar y reír, para estar de luto y estar de fiesta, para esparcir y recoger, para intentar y para desistir, y más. No tiene sentido decepcionarnos o desanimarnos en la vida porque después de haber experimentado un tiempo de bienestar y felicidad, pasamos por una época difícil y triste. ¡Así funciona la vida! Salomón comprendió que no es posible mantenerse en un solo estado anímico todo el tiempo: ni siempre felices y todo marchando bien, ni siempre tristes y todo saliendo mal. Hay un tiempo para todo y Dios es quien controla las cosas. Además, justo a la mitad del capítulo 3, Salomón hace una afirmación sorprendente, “Él sembró la eternidad en el corazón humano, pero aun así el ser humano no puede comprender todo el alcance de lo que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin.” (3.11). ¿Por qué el hombre no puede sentirse pleno y satisfecho con logros materiales, familiares, o con el goce de placeres humanos sin fin? Pues porque Dios le puso en su espíritu la necesidad de lo eterno, y nada terrenal cubrirá esa necesidad mas que una relación con Dios. Salomón confirma esta conclusión en el 3.14, “El propósito de Dios es que el ser humano le tema.” Solo en una relación de reverencia y temor a Dios encontraremos satisfacción plena en esta vida. Por eso, recomienda disfrutar lo que tenemos al alcance en la vida en el tiempo presente y no vivir angustiados y ansiosos por todo lo que aún no tenemos (3.12).

Conclusiones:

  1. ¿Estabas consciente de que Eclesiastés era un libro de sabiduría pero en retrospectiva? Si somos creyentes y nos hacemos de vez en cuando la pregunta, “-¿cómo será vivir mi vida lejos de mi fe?”, es un buen momento de estudiar Eclesiastés. Todos hemos sido tentados con ese pensamiento, no hay que espantarnos, pero necesitamos escuchar la voz del anciano Salomón que nos quiere enseñar por dónde no caminar.
  2. Que nos quede bien claro: la única fuente de satisfacción espiritual para nosotros es Dios, nada ni nadie más. Intentar substituír a Dios por algo o por alguien es una verdadera tontería, ya lo vivió Salomón. Si ya tenemos a Dios, ¡no lo cambiemos por nada ni por nadie! Y ayudemos a quienes aún no lo conocen de forma personal.
  3. Tengamos compasión de tantas personas a nuestro alrededor que siguen esforzándose y sacrificándose tanto por encontrar un sentido a la vida pero no quieren darle una oportunidad a Dios de mostrárselos. Hay mucho trabajo que hacer, sigamos ayudando a otros a conocer a Dios.
  4. La falta de Dios en la vida del ser humano lo lleva a una existencia vacía, hueca y sin un propósito trascendente.
  5. Entendamos que la vida tiene temporadas. Hoy estamos bien, pero mañana no lo sabemos. Hoy todo está mal, pero mañana puede estar mejor. Oremos por discernimiento para comprender nuestro momento actual y busquemos dirección de Dios para saber cómo enfrentarlo. ¡No huyamos de nuestras realidades, más bien enfrentémoslas!

4 Responses to “Día 231”

  1. citlali gamboa dice:

    Que valioso el enfoque de la compasión para retomarlo pues si tiendo a reflexionar x cada cosa, el temor a Dios y su propósito es lo q llena al ser humano. Gracias totales y saludos.

  2. Lulu tovar dice:

    Gracias mil Maestro saludos

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