Día 342

NEHEMÍAS 8.13 – 10.39.

Hoy continuamos con el estudio del libro de Nehemías y la serie de eventos que se dieron en el mes de octubre del año 445 a.C., justo después de haber terminado de reconstruir la muralla de Jerusalén. Un verdadero avivamiento espiritual estaba ocurriendo en el pueblo de Dios en esa ciudad, entre todos los judíos que regresaron del destierro.

Nehemías 8.13-18 nos dice que al siguiente día de aquella asamblea solemne importante que hubo el 8 de octubre, sucedió otra reunión importante pero ahora compuesta del liderazgo espiritual del pueblo: jefes de familia, sacerdotes, levitas y el maestro Esdras. ¿Qué hicieron? De acuerdo al v. 13, repasaron la ley “más detalladamente”. Recordemos que un día antes se leyó públicamente la ley de Moisés por varias horas y todo el pueblo junto con sus líderes escucharon. Sin embargo, algo sucedió en el corazón del liderazgo que tuvieron la necesidad de juntarse de nuevo para repasar con más detenimiento todo lo leído el día anterior. Justo durante esa revisión dice el v. 14 que “descubrieron” o “se dieron cuenta entonces” (DHH-LA) de algo importante: Dios había ordenado que la fiesta de las enramadas se celebrara durante esos días. Ese mandato se encuentra en Levítico 23.33–36 (NVI): “33 El Señor le ordenó a Moisés 34 que les dijera a los israelitas: «El día quince del mes séptimo comienza la fiesta de las Enramadas en honor al Señor, la cual durará siete días. 35 El primer día se celebrará una fiesta solemne en honor al Señor. Ese día no harán ningún trabajo. 36 Durante siete días le presentarán al Señor ofrendas por fuego. Al octavo día celebrarán una fiesta solemne en honor al Señor y volverán a presentarle ofrendas por fuego. Es una fiesta solemne; ese día no harán ningún trabajo.” Esta fiesta evocaba la liberación de Israel de las tierras de Egipto y su marcha por el desierto. También se encuentra con más detalle en Números 29.12-40.

El resultado de ese análisis detallado de la Escritura es que redescubrieron una celebración importante que Dios esperaba de su pueblo, la retomaron y la llevaron a la práctica, celebrando los 7 días tal y como la ley lo exigía. Todo el pueblo llevó a cabo la fiesta de las enramadas, que no se celebraba en forma completa “desde los días de Josué, hijo de Nun” (Neh 8.17). Además diariamente Esdras les leía diariamente pasajes de la ley. El resultado en el ánimo del pueblo de obedecer este mandato olvidado fue, “¡y todos ellos se llenaron de alegría!” (Neh 8.17). Hay 2 cosas muy básicas que resultan de esta lectura:

  1. Cuando estudiamos la Biblia detenidamente podemos “descubrir” maravillas y verdades que no habíamos visto antes, o bien, que incluso habíamos olvidado. La Biblia siempre tiene grandes tesoros reservados para nosotros, ¡sólo necesitamos darnos el tiempo para estudiarla detenidamente!
  2. Cuando restauramos un mandato o una práctica o un principio bíblico ya sea en nuestras vidas o en una congregación entera, el resultado siempre será alegría profunda en los corazones de los creyentes. Nunca pensemos que ya restauramos todo lo que teníamos que restaurar, siempre podemos descubrir más cosas por hacer, por establecer o por enseñar, que pueden traer alegría a toda la congregación.

Ahora, 22 días después de esta reunión de líderes judíos para estudiar más detenidamente la Escritura, sucedió otra asamblea de todo el pueblo, pero el motivo fue diferente: confesar pecados públicamente y arrepentirse. Los capítulos 9 y 10 del libro de Nehemías narran este suceso, donde podemos encontrar los siguientes puntos importantes:

  1. El sacrificio físico se hizo presente (Nehemías 9.2-3). En esa reunión los israelitas se vistieron de tela áspera y echaron polvo en sus cabezas, confesaron sus pecados, estuvieron de pie durante 3 horas escuchando la lectura del libro de la ley, confesaron otra vez y terminaron adorando a Dios otras 3 horas. Es decir, ¡más de 6 horas de reunión intensa! Realmente estaban determinados a reestablecer su relación con Dios. Cuando tomamos en serio regresar a Dios, no hay tiempo límite ni sacrificio que no hagamos con tal de estar de nuevo en comunión con Él.
  2. Se hizo una oración congregacional de confesión y reconocimiento de pecados (Nehemías 9.5-36). De acuerdo con este pasaje, los jefes de los levitas, a nombre de todo el pueblo, hicieron una profunda oración pública donde después de reconocer quién había sido Dios históricamente para el pueblo de Israel y todas las bondades y bendiciones que les había dado a su pueblo (desde los días de Abraham hasta la conquista de la tierra prometida), hicieron también un repaso de todas las rebeliones de Israel contra Dios a pesar de la bondad y la misericordia que recibían continuamente de Él (desde la rebeldía mostrada en el desierto hasta las infidelidades de Israel en tiempos de los últimos reyes). Los judíos reconocieron claramente que Dios había sido fiel, que ellos habían sido infieles y que Dios los había rescatado muchas veces de sus pecados (v. 28). Al final terminaron reconociendo abiertamente, “»Por eso, ¡hoy somos esclavos en esta tierra de abundancia que diste a nuestros antepasados para que la disfrutaran!” (Neh 9.36). Definitivamente se requirió mucha humildad para reconocer esto de forma pública delante de todo el pueblo y de todos los líderes de Israel. Parecía que el pueblo de Dios había reconocido finalmente quién era Dios y habían aprendido la lección. Cuando nos desviamos de nuestra fe, siempre se requiere mucha humildad para regresar al camino correcto, reconocer cómo nos desviamos, reconocer que Dios siempre fue fiel y también reconocer que estamos donde estamos como consecuencia de nuestras propias malas decisiones. ¡No es fácil! Pero es necesario para una restauración completa delante de Dios.
  3. La “promesa solemne” que hizo al pueblo ante Dios (Nehemías 9.38 – 10.39). La Biblia registra que cuando el  pueblo escuchó esa conmovedora y humilde oración de parte de sus líderes religiosos, ellos reaccionaron ofreciendo un compromiso serio ante Dios en el cual incluso pidieron que se pusiera por escrito en forma de documento que incluso estaría sellado con los nombres de todos los líderes, levitas y sacerdotes que participaron en la asamblea. La lista la encabezaba Nehemías que aparecía como “gobernador” (Neh 10.1). ¿En qué consistió esa “promesa solemne”? En varios puntos: a) no mezclarse en matrimonio con individuos de los pueblos paganos que los rodeaban, b) no profanar el día de reposo comprando mercadería ni granos en ese día, c) pagar el impuesto anual del templo, d) restaurar el diezmo como la ley lo pedía, e) no descuidar para nada el templo de Dios. El nivel de compromiso era tan fuerte que juraron que caería un maldición sobre ellos si dejaban de obedecer la ley de Dios (Nehemías 10.29).

Los judíos habían tomado muy en serio la decisión de reestablecer su comunión con Dios y la obediencia a su Palabra. Como pudimos observar, el primer paso fue estudiar detenidamente las Escrituras. La convicción inmediata que siguió fue la confesión de pecados y el arrepentimiento. Y la tercera reacción que encontramos fue hacer compromisos de cambio. Todo esto es justo lo que puede suceder en nuestras vidas cuando nos damos cuenta que estamos desviándonos de lo que Dios quiere y cuando tomamos la decisión profunda de regresar a sus caminos. ¡Grandes cosas pasan!

Conclusiones:

  1. El estudiar detenidamente las Escrituras siempre tiene grandes recompensas aguardando para nosotros. En cualquier problema o necesidad espiritual que tengamos, un estudio serio de las Escrituras es el mejor primer paso que podemos dar. De ahí, grandes cosas se derivarán. Solo oremos por un corazón receptivo a lo que Dios nos quiera decir.
  2. Una de las evidencias de la inspiración divina de las Escrituras es que cada vez que estudiamos la Biblia ésta siempre tiene algo nuevo para nosotros, ¡nunca se termina su impacto! No es como leer una novela que hemos leído 20 veces y que ya conocemos. La Biblia tiene un efecto poderoso en el alma humana y que se hace más fuerte cuanto más se lee y se estudia a detalle.
  3. Hay mucha alegría en el corazón de un creyente o de una iglesia cuando se restauran principios bíblicos o incluso mandatos directos que habían sido olvidados, menospreciados o simplemente ignorados. ¿Cuánta alegría falta por generar en tu iglesia local si estudiaran más a fondo las Escrituras para restaurar más cosas?
  4. La confesión de pecados y el arrepentimiento siempre serán consecuencia natural de una decisión seria de volver a Dios. Nunca podremos evitar este paso si somos realmente sinceros en nuestro deseo de estar bien con Dios. Además, aquellas personas que están siendo realmente honestas en su deseo, no solamente no lo evitarán, sino además lo buscarán, porque es una necesidad para ellos limpiar sus corazones del pecado y arrepentirse.
  5. Los compromisos con Dios son algo bueno para nuestro corazón. Es cierto que no debemos hacer promesas que no vamos a cumplir, pero también es cierto que necesitamos comprometernos con Dios a dejar la maldad que nos rodea y llevar a la práctica sus mandatos. Una fe sin compromiso con Dios no es una fe verdadera.

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