Día 432

INTRODUCCIÓN A FILIPENSES.

Continuando con las llamadas cartas de la prisión, ahora estudiaremos la carta a los Filipenses, que de acuerdo con el libro Chronological and Background Charts of the New Testament, de H. Wayne House, Zondervan, fue escrita en el año 61 d.C. desde Roma también. Algo interesante es que, de acuerdo a la misma fuente, el evangelio de Lucas y el libro de Hechos de los Apóstoles fueron escritos también en esta fecha, igualmente desde Roma. Si recordamos Filemón 23, Lucas aparece entre la lista de “compañeros de trabajo” que acompañaban al apóstol en el momento que escribió esa carta. Así, es posible que mientras Lucas acompañaba y atendía a Pablo en sus necesidades mientras estaba en prisión, también se dio el tiempo para escribir sus memorias y la investigación que estaba haciendo sobre Jesús y su iglesia.
De acuerdo con The Bible Knowledge Commentary, de Victor Books, tenemos la siguiente información de contexto sobre Filipenses:
  1. Se cree que la carta fue escrita por Pablo para agradecerle a los cristianos de Filipos toda la ayuda que había recibido de ellos durante el resto de su segundo viaje misionero y en el tercero también, así como para ayudarlos en varias necesidades.
  2. Uno de los temas principales de la carta es la necesidad de los creyentes de alegrarse en Cristo, sin importar las circunstancias adversas que estuvieran enfrentando. De hecho las diferentes palabras griegas para referirse a la alegría fueron utilizadas varias veces en la carta.
  3. La referencia que Pablo hace sobre la guardia del palacio (Fil 1.13) así como su preocupación de enfrentar la muerte (Fil 1.23) confirma que estaba escribiendo desde Roma.
  4. Cuando los filipenses se enteraron de que Pablo estaba encarcelado, enviaron a Epafrodito para confortar a Pablo y llevarle una contribución financiera para hacer más confortable su estancia en Roma (Fil 4.18). De hecho, el NT registra que al menos 3 veces los discípulos de Filipos mandaron dinero a Pablo para ayudarlo en sus necesidades (Fil 4.15-16, 2 Co 11.9). Así que la carta tenía como propósito agradecerles toda la ayuda recibida.
  5. Pablo aprovechó la carta también para ayudar a los filipenses en algunos problemas con cristianos con malos motivos para servir a Cristo (Fil 2.3-4, 4.2), la influencia de los judaizantes sobre la iglesia (Fil 3.1-3) y ciertos problemas morales que había en la iglesia (Fil 3.18-19).

FILIPENSES 1.1-2.11.

El apóstol inició su carta escribiendo “Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, junto con los obispos y diáconos:” (Fil 1.1). Podemos notar que Timoteo aparece como coautor de la carta, posiblemente debido a que Timoteo estaba con Pablo cuando éste fundó la iglesia en Filipos (Hechos 16) y podía ser un gran ánimo para la iglesia recibir una carta de sus fundadores. También notamos la mención de “obispos y diáconos”. Esta es la segunda vez que el NT menciona la palabra “obispos” y la primera que menciona la palabra “diáconos”. Algunos comentarios al respecto son:
  1. Para este momento histórico (año 60 d.C.), podemos notar que las iglesias de Cristo primitivas ya contaban con varios roles de servicio activos: ancianos, maestros, evangelistas, pastores, obispos y ahora diáconos. Es decir, la estructura del liderazgo en la iglesia fue desarrollándose gradualmente conforme la iglesia crecía y más necesidades aparecían. Al inicio solo estaban los apóstoles y casi inmediatamente los ancianos, pero más roles fueron creándose. Recordemos que la idea de la aparición de estos cargos de liderazgo no fue humana, sino divina (Efesios 4.11-12, “11 Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, 12 a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo”). La aparición del nuevo rol de diácono sería parte también del plan de Dios para ofrecer un liderazgo completo a su pueblo.
  2. La palabra griega para “diácono” es  διάκονος (diakonos), que de acuerdo con el Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento, de Editorial Mundo Hispano, significa servidor, ministro, ayudante. De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVaristy Press, el uso del Nuevo Testamento de la palabra “diácono” se clasifica en dos formas: a) para referirse a un ministro siervo en general, como un ministro de la Palabra, como Pablo; b) para referirse a un cargo de liderazgo diferente al de obispo y que probablemente tuvo su origen en el cargo del chazán en la sinagoga judía, quien era responsable por el edificio de la sinagoga y que normalmente era el dueño de la casa donde se alojaba la sinagoga. En la estructura de liderazgo de la iglesia, a diferencia de los ancianos, estos diáconos probablemente se orientaban más a tareas administrativas que a funciones de enseñanza para la iglesia.
  3. Más adelante en las cartas a Timoteo estudiaremos más a fondo el rol del diácono.
En Filipenses 1.3-11 encontramos una acción de gracias de Pablo por los filipenses, así como la oración de intercesión por ellos:
  1. De acuerdo a este pasaje, Pablo agradecía a Dios por los filipenses con alegría “porque han participado en el evangelio desde el primer día hasta ahora.” o “porque han colaborado conmigo en dar a conocer la Buena Noticia acerca de Cristo desde el momento que la escucharon por primera vez hasta ahora.” (NTV) o “pues ustedes se han hecho solidarios con la causa del evangelio, desde el primer día hasta hoy.” (DHH-LA). Aunque los filipenses no habían estado físicamente junto a Pablo en el resto de su segundo y el tercer viajes misioneros predicando el evangelio, sí colaboraron con él y lo apoyaron a esa misión ya que le enviaron ayuda financiera. Al hacer eso, se convirtieron automáticamente en colaboradores de la misión apostólica de Pablo, y por ello el apóstol estaba muy agradecido.
  2. Pablo estaba convencido de que Dios mismo ayudaría al crecimiento espiritual de los filipenses: “el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.” Pablo estaba seguro y “convencido” de que Dios ayudaría a su pueblo a alcanzar la madurez cristiana, aunque el apóstol ya no estuviera físicamente con ellos. Pablo confiaba en Dios en cuanto al futuro de las iglesias.
  3. Hay evidencias claras en la carta del amor de Pablo para los filipenses (“Dios es testigo de cuánto los quiero a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús.”, Fil 1.8). Pablo los amó inicialmente, pero después los filipenses correspondieron a ese amor con ayuda financiera y Pablo los amó aún más después.
  4. La intercesión de Pablo por los filipenses (Fil 1.9-11) se resumen en los siguientes puntos: a) pidió para que el amor de los filipenses se incrementara, b) que ese amor se manifestara en “conocimiento y buen juicio”, c) que desarrollaran un buen discernimiento espiritual y así cuidaran su integridad, d) que estuvieran listos y bien presentables para el día del juicio final y el regreso de Cristo. Otra muestra más de cómo necesitamos orar por las iglesias, comenzando por nuestra iglesia local y continuando por las demás congregaciones que conocemos.
En Filipenses 1.12-30 encontramos una exhortación muy profunda a vivir como Cristo vivió, hasta el extremo de estar dispuestos a perder la vida por él, y también una reflexión sobre la esperanza futura para quienes mueran fieles en Cristo. Veamos algunos detalles de esto:
  1. Nuevamente Pablo aplicó lo que él mismo enseñó en Romanos 8.28 (“Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.”), ya que en Fil 1.12-14 afirmó que su prisión había contribuído a avanzar el evangelio en Roma, por dos razones: a) toda la “guardia del palacio” o “mis prisiones por Cristo son ya bien conocidas en todo el pretorio y a todos los demás.” (BTX), b) los demás cristianos habían tomado valor para continuar anunciando la Palabra de Dios sin temor. Algo malo para Pablo finalmente resultó en algo bueno por el poder de Dios. Recordemos que Dios siempre tiene un plan y a pesar que experimentemos cosas desagradables y tristes en nuestra vida, Él ha planeado que todo eso nos lleve a la perfección y a un mejor resultado. Ahora, de acuerdo con The Pulpit Commentary: Philipians, de Funk & Wagnalls Company, el término “pretorio” se refería seguramente a la Guardia Pretoriana (click para ver más detalles), un regimiento de élite romano encargado de la protección personal a los emperadores y que tenía sus cuarteles en el Palatino, la residencia del emperador. Al parecer, el soldado que cuidaba a Pablo mencionado en Hechos 28.16 pertenecía a este cuerpo especial. En otras palabras, Pablo estaba bajo el resguardo de lo mejor de las tropas imperiales. Retomando entonces la expresión de Pablo, todas las tropas de la Guardia Pretoriana estaban enteradas de que Pablo estaba preso por causa de Cristo.
  2. De acuerdo a los versículos 15 al 17, al parecer había en Filipos algunos cristianos que predicaban a Cristo pero por motivos no correctos: a) “por envidia y rivalidad” (seguramente contra Pablo), b) “por ambición personal y no por motivos puros” (al parecer les gustaba el poder, la autoridad y ser el centro de la atención), c) “creyendo que así van a aumentar las angustias que sufro en mi prisión” (irónicamente creían que al predicar a Cristo hundirían más a Pablo en la cárcel). ¿Es posible predicar a Cristo por otro motivo que no sea tratar de salvar a los más posibles para gloria de Dios? De acuerdo a Pablo, ¡sí! La naturaleza corrupta del ser humano también puede infiltrarse en la fe y tratar de torcer algo tan noble y puro como es la predicación del evangelio. Sin embargo, a Pablo no le afectaba, al contrario, lo que le alegraba es que se predicara a Cristo fuera por motivos puros o impuros, porque Dios estaba en control de todo y Él saldría ganando siempre, a pesar de las malas intenciones de cristianos muy torcidos en su corazón.
  3. De acuerdo con los versículos 18-20, Pablo sí contemplaba la posiblidad de que perdiera la vida en ese encarcelamiento en Roma, pero algo le hacía sentir la esperanza de que sería liberado y continuaría su misión sin problemas. Como sabemos, efectivamente así sucedió y Pablo fue liberado de su prisión en Roma y continuó con sus viajes, pero hubo una segunda captura de la cual ya no se libraría de morir.
  4. En los versículos 21 al 26 Pablo nos revela un dilema personal que tenía: morir y estar con Cristo o vivir y seguir ayudando a las iglesias a avanzar en su fe. Personalmente, Pablo reveló que para él era mejor morir y estar con Cristo, pero por causa de los hermanos prefería quedarse en esta vida a continuar su labor apostólica. Podemos notar que Pablo era un hombre con una convicción firme de a dónde estaría después de la muerte, de hecho, no le tenía miedo sino que anhelaba ese momento, porque sabía que la recompensa que recibiría sería muy grande. Su filosofía personal de vida se podía resumir en lo que dice el v. 21, “Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.” Si vivía, era completamente para servir a Cristo y agradarle; si moría, era ganancia ya que estaría en un lugar muchísimo mejor que este mundo miserable y caído. ¿No debería ser esta nuestra filosofía de vida como cristianos? Si vivimos, que sea para Cristo, y si nos toca morir, ¡será mejor para nosotros! Un discípulo de Jesús convencido de su fe no le tiene miedo a la muerte, al contrario, el día que llegue la recibe con esperanza de que se acerca una transición a un estado mucho mejor que este mundo.
  5. En los versículos 27 al 30 el apóstol llamó a los discípulos de Éfeso a comportarse “de una manera digna del evangelio” (Fil 1.27), independientemente si el era liberado o moría. Podemos notar como en cada carta a las iglesias Pablo insistía en lo mismo, que los creyentes vivieran una vida digna del evangelio, que ya estudiamos lo que significaba. Pero también los llamó a desarrollar una fe incondicional y no dependiente de hombres, para que ya sea que su héroe espiritual favorito siguiera con vida o no, ellos continuaran avanzando en su crecimiento en Cristo, aunque tuvieran que sufrir en el proceso (Fil 1.29), lo cual era un privilegio. Pablo esperaba que ellos siguieran “firmes en un mismo propósito, luchando unánimes por la fe del evangelio 28 y sin temor alguno a sus adversarios” (Fil 1.27-.28).
Para terminar, en Filipenses 2.1-11, Pablo les explicó claramente a los filipenses cómo ellos podían hacerlo sentir muy feliz, si es que de verdad lo amaban, y les dijo lo siguiente:
  1. Que se esforzaran en tener “un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento” o “siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito.” (BTX) o “sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.” (RVR95). Es decir, una perfecta unidad entre ellos, tanto en amor, como en corazón como en pensamientos. No los llamaba a ser idénticos, sino más bien a tener una plataforma básica de convicciones, de mentalidad y de actitud de corazón de la cual partir. Esto nos recuerda la oración de Jesús en Juan 17 por la unidad de sus discípulos. Ciertamente Pablo buscaba lo mismo en las iglesias que plantaba.
  2. ¿Cómo lograr esto? Pablo les aclaró que los enemigos de la unidad eran (v. 3-4): a) hacer las cosas por egoísmo o vanidad, b) cuidar solamente los interes propios y no los de la iglesia. Obviamente estas cosas reflejan una forma muy mundana de vivir la fe y por eso hacía falta una buena dosis de humildad que los llevara a ver a los demás “como superiores a ustedes mismos” y a interesarse en cubrir los intereses de terceros.
  3. En los versículos 5 al 11, Pablo los llamó a imitar la actitud de Cristo de forma completa, la cual desarrolló de manera impresionante en estos versículos que han sido considerados como un himno a Cristo: a) Cristo aunque era Dios no se aferró a su posición, b) Cristo se “rebajó voluntariamente” y se hizo hombre (que para un ser divino como Jesús, ya es muchísima humillación), c) obedeció de una forma humilde y se sometió a la muerte en la cruz, d) como recompensa Dios le dio “el nombre que está sobre todo nombre” y además dispuso que toda rodilla se doblará ante Jesús un día. En otras palabras, para lograr la perfecta unidad en la iglesia la fórmula es adoptar la actitud de Jesús y vivirla en nuestra realidad. Nunca podremos lograr la unidad en la iglesia si estamos buscando derechos o posición o cuidar nuestros intereses. Más bien, dejemos a un lado nuestros orgullos, rebajémonos voluntariamente como Jesús para estar dispuestos a lo que sea por Cristo, obedezcamos a Dios con humildad; y entonces Dios nos recompensará.

Conclusiones:

  1. La estructura de liderazgo en la iglesia cristiana fue desarrollándose con el tiempo y conforme las necesidades iban creciendo. En realidad fue un modelo flexible que se adaptaba al momento y que buscaba cubrir de la mejor forma las áreas de necesidad en la iglesia. Lo ideal es que cada iglesia desarrolle igualmente sus roles de servicio paso a paso hasta llegar a tener un liderazgo completo.
  2. Dios es suficientemente poderoso para ayudar a su igleisa a madurar y crecer espiritualmente, cada vez más a la imagen de Cristo. Aunque a veces parezca que el asunto está en manos de los hombres, no es así, Dios está siempre detrás de todo y él sabe tiempos y momentos para lograr cada cosa.
  3. Lamentablemente si llegamos a encontrar cristianos mal motivados para predicar a Cristo, llenos de ambiciones personales, de un espíritu de competencia por demostra que son mejores que otros, de hambre de poder y de autoridad, posiblemente todo fruto de una baja autoestima y de malos ejemplos alrededor. Cuando veamos estos casos, pensemos en nuestro único modelo a seguir: Cristo, ya que de él procede nuestra fe. No nos dejemos desanimar por los malos ejemplos que veamos a nuestro alrededor.
  4. Si nos consideramos creyentes en Cristo, no tengamos miedo a la muerte, sino aprendamos a verla con ojos espirituales, manteniendo la esperanza de un futuro mejor en la eternidad con él. Si vivimos cada día, entregemos ese día a Cristo y hagamos su voluntad. No desperdiciemos el poco tiempo que tenemos en este mundo viviendo como el diablo quiere, es decir, solo enfocados en hacer lo que nos agrada y en satisfacer nuestros deseos, dejando a Dios y a su Palabra a un lado.
  5. Desarrollemos una fe que no depende de hombres sino que mira todo el tiempo a Cristo. Si a nuestra derecha o izquierda caen los grandes héroes espirituales del pasado, ¡no dejemos que nos afecte! Sigamos adelante con nuestra mirada puesta en la recompensa eterna y en estar con Cristo para siempre.
  6. Luchemos por lograr una unidad perfecta en la iglesia. Eso se logra cambiando nuestro carácter y purificando nuestros motivos. Finalmente todo se reduce a tener un corazón puro y bien motivado, y a rechazar toda actitud egoísta, ambiciosa y orgulloosa.

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