Día 129

JOB 22.

En el capítulo 21 estudiamos la respuesta de Job hacia su amigo Zofar y ahora en este capítulo 22 analizaremos la tercera intervención de Elifaz “el temanita”. Lamentablemente los amigos de Job, mientras más hablaban, más se hundían en sus argumentos equivocados y en el uso de principios verdaderos pero de una forma incorrecta, como los siguientes:

  1. La idea de que el sufrimiento solo es para los malvados. Los versículos 2 al 4 muestran cómo Elifaz le quería demostrar a Job que a Dios le es indiferente de alguna manera si somos sabios o no, si somos justos o no, si nuestros caminos son rectos o no. El punto de Elifaz es que Dios no saca ningún “provecho” o “beneficio” (NBLH) de una persona recta y que por lo tanto Dios castigaba a Job por sus maldades, porque no tenía ninguna lógica que Dios castigara a un justo o un recto ya que Dios no sacaría ningún “beneficio” de tal acción. ¿Qué tan cierta es esta afirmación? Dicha de otra manera, la pregunta que hace Zofar sería, “-¿qué saca Dios de permitirle sufrir a un justo?” En Santiago 1.2–4 (DHH-LA) dice, “2Hermanos míos, ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase. 3Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento. 4Pero procuren que esa fortaleza los lleve a la perfección, a la madurez plena, sin que les falte nada.” Con esta Escritura y otras más sobre el tema podemos entender que Dios sí tiene un propósito cuando nos permite pasar por sufrimientos: MADURAR Y PERFECCIONARNOS. Es decir, si pasamos la prueba del sufrimiento de forma correcta, el resultado será una mejor versión de nosotros mismos como creyentes, más maduros, más parecidos a Cristo, más perfectos. Entonces podemos decir que el juicio de Elifaz al respecto está equivocado.
  2. El peligroso juego de las suposiciones (v. 5 – 20). La estrategia que siguió Elifaz para acusar a Job fue entregar su mente a suposiciones como “debes haber prestado dinero a tu amigo y le exigiste alguna prenda como garantía… debes haber negado agua a quien tenía sed… debes haber despedido a las viudas con las manos vacías…”, y más “debes… debes… debes”. Y son estas ideas las que llevan a Elifaz a afirmar con convicción “¡Se debe a tu maldad! ¡Tus pecados no tienen límite!” Elifaz estaba cometiendo un error muy común en los seres humanos cuando intentamos juzgar una situación: EL PREJUICIO, que está definido como “el proceso de formación de un concepto o juicio sobre alguna cosa de forma anticipada, es decir, antes de tiempo”. ¿Es correcto juzgar al prójimo utilizando prejuicios? ¡De ninguna manera! Jesús trató con el mismo problema que tenían los fariseos cuando lo juzgaban a él afirmando que estaba endemoniado y por lo tanto les respondió así en Juan 7.24 (DHH-LA), “24No juzguen ustedes por las apariencias. Cuando juzguen, háganlo con rectitud.” De acuerdo a Cristo, hay formas rectas de juzgar al prójimo y formas injustas y corruptas. Utilizar prejuicios para establecer juicios y conclusiones hacia un tercero SIN HABERSE CONFIRMADO PRIMERO LAS SUPOSICIONES es una conducta pecaminosa y causa mucho daño en las relaciones humanas, especialmente entre los creyentes. El mismo daño que le estaba causando Elifaz a Job.
  3. La equivocada “Teología de la Prosperidad” (v. 21 – 30). Aunque el término es bastante moderno como para ponerlo en boca de Elifaz, sin embargo el desarrollo teológico que él está haciendo es muy parecido. Elifaz le decía a Job que si se sometía a Dios y se ponía en paz con él realmente, entonces “te irá bien… serás restaurado… te escuchará… prosperarás en todo lo que decidas hacer…”, “Cuando decidas una cosa, te saldrá bien” (BTX), “Tendrás éxito en todo lo que emprendas” (NVI), “te irá bien en todo lo que hagas” (TLA). ¿Es cierto esto? En parte sí y en parte no. Por un lado, es cierto que cuando una persona se vuelve a Dios verdaderamente y abandona su vida de pecado para convertirse a Él, sucede una “restauración” de la relación con Dios de la persona y entra en comunión con Él, con la consecuente paz y felicidad internas que por muchos años no tuvo. Pero por otro lado, afirmar que una evidencia inequívoca de estar en paz con Dios es que todos nuestros caminos, planes y proyectos personales prosperen (obviamente en el sentido material), ¡eso es mentira! Es parte de la famosa Teología de la Prosperidad (click en la liga para más información). Sabemos que Dios afirmó estas promesas después a su pueblo durante y después del Éxodo, pero el concepto que maneja Elifaz aquí es que a las personas que están en paz con Dios les va bien materialmente hablando a las que no, les va mal. Elifaz sería un gran promotor de la Teología de la Prosperidad moderna sin duda. El contexto bíblico completo nos demuestra que relacionar éxito en el dinero y en las posesiones materiales con la fe en Dios no es sano, no es correcto y tiene tintes más bien de ambición personal y avaricia. ¡Tengamos cuidado con estos conceptos equivocados!

Conclusiones:

  1. Todo lo que Dios hace o permite tiene un propósito, no lo olvidemos. Si nos toca sufrir, algún propósito tendrá; si nos toca estar enfermos, algo bueno habrá también; si nos toca vivir algo inesperado, podemos encontrar la perspectiva de fe en alguna forma. Dios no hace ni permite que pasen cosas sin un propósito. ¿Estás encontrando el propósito de Dios para tu vida en las diferentes situaciones que vives? ¿O te frustras al sufrir y llegas a pensar que tal vez Dios se olvidó de tí y no está pendiente de tu vida?
  2. Tengamos mucho cuidado con utilizar prejuicios y suposiciones para armar juicios contra terceras personas, especialmente si estamos hablando de hermanos en Cristo. Que nos quede claro que juzgar de esta manera es caer en una conducta pecaminosa, injusta y corrupta a los ojos de Dios. Aún para juzgar debemos mostrar rectitud. Si no estás seguro o segura de algún hecho que supones, no te adelantes a juzgar, mejor ve y pregunta directamente a la persona en cuestión si es cierto lo que estás pensando y a partir de ahí ya podrás dar el siguiente paso. ¡Seamos rectos e íntegros también en esto!
  3. No confundamos nunca estar en armonía con Dios con el éxito y la prosperidad material. A veces sí sucede, pero a veces no. Mejor aprendamos el principio bíblico del CONTENTAMIENTO, tal como el apóstol Pablo lo describió en Filipenses 4.11–13 (DHH-LA), “11No lo digo porque yo esté necesitado, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. 12Sé lo que es vivir en la pobreza, y también lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a hacer frente a cualquier situación, lo mismo a estar satisfecho que a tener hambre, a tener de sobra que a no tener nada. 13A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece.”

 

Les dejo como ilustración un video del famoso predicador cristiano John Piper acerca del tema de la Teología de la Prosperidad.


10 Responses to “Día 129”

  1. Juan dice:

    Disculpen a que se debe el adelanto de los estudios me quede en el 14 porque ayer tuve problemas con el internet y ahora veo hasta el dia 17 los estudios.

  2. Lulu tovar dice:

    Wuuuuuaau!que profundo estuvo este devociónal mil Arturo que Dios te bendiga!!!

  3. Pedro Soto dice:

    Impresionante el video versus la Teología de la Prosperidad, Jesús es nuestro tesoro cuando nos convertimos y Dios nuestro tesoro en la eternidad, wow. Gracias.

  4. Mirna Barrera de Hdz dice:

    Si me gustaba mucho este libro, ahora me gusta más. Muchas gracias.

  5. De la P. Ez. dice:

    Gracias y deseando mejoría en Arturo. Saludos Fer.

  6. Myriam Tijerina de Vargas dice:

    Muchísima enseñanza, para profundizar y reflexionar en mi vida, tan sólo en este capítulo ¡increíble! MUCHAS GRACIAS ARTURO!

  7. Beatriz Sandoval dice:

    Muchas gracias, Arturo. Gracias a Dios que estás de regreso.
    Excelente video: me hace pensar en lo que significa tener celo por la Iglesia.

  8. Adriana Casas dice:

    Debemos permitir que Dios se glorifique en nuestras vidas, estemos pasando por lo que estemos pasando, tanto en lo bueno como en las pruebas, pase lo que pase, nuestra mirada debe estar en Cristo, porque cuando estamos en medio de una prueba nos cuesta trabajo confiar en Dios, pero si lo logramos, Dios nos provee de su paz, a pesar de lo que vivamos:
    “Señor, tu conservas en paz a los de carácter firme,
    porque confían en ti.” Is. 26.3
    Muchas gracias Arturo y que te sigas recuperando.

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