Día 250

AMOS 7.1 – 9.15, 2 REYES 15.16 – 29, 2 CRÓNICAS 26.22-23.

Continuemos el estudio del libro de Amós y también el relato de los reyes de Israel y Judá. Recordemos que Amós fue enviado por Dios desde Judea para predicar a Israel y darle la última oportunidad para que se arrepintieran y se volvieran a Él, pero el pueblo no quiso escuchar.

Los tres últimos capítulos del libro de Amós consisten en diferentes visiones proféticas sobre los planes de destrucción y castigo que tenía Dios para con el pueblo de Israel. Revisemos algunos aspectos importantes:

  1. La sorprendente historia de cómo Dios se retractó de su plan 2 veces por la intercesión de Amós por Israel (Amós 7.1 – 6). En este pasaje Dios muestra a Amós 2 visiones de castigo para Israel (la plaga de langostas y un gran fuego), y debido a la capacidad destructiva de ambas Amós intercede por Israel diciendo: “—Oh Soberano SEÑOR, por favor perdónanos o no sobreviviremos, porque Israel es tan pequeño.” (Am 7.2). Y en ambas ocasiones la Biblia registra lo siguiente: “el Señor se retractó de ese plan”, “El SEÑOR se apiadó de esto:” (NBLH), “Entonces el SEÑOR se compadeció y dijo:” (NVI), “Se arrepintió Yahvé de ello:” (BJL). Las diferentes traducciones nos transmiten la verdadera razón por la que Dios se detuvo de sus planes: ¡por compasión! Es impresionante pensar en esto, que mientras que Dios estaba diseñando su plan de disciplina para Israel, al escuchar la opinión de Amós sentía dolor por su pueblo y se detenía. El corazón de un padre amoroso completamente, que sabe que debe disciplinar a su hijo porque es para su bien, pero a la vez le duele porque sabe que llevará sufrimiento a su pequeño.
  2. Entonces, si le dolía causar dolor a su pueblo, ¿por qué no simplemente pasaba por alto los pecados de Israel y los dejaba tranquilos? Amós 7.8 nos da una solución a esta pregunta: “Entonces el SEÑOR me dijo: —Amós, ¿qué ves? —Una plomada —contesté. Y el Señor respondió: —Probaré a mi pueblo con esta plomada. Ya no pasaré por alto sus pecados.” De acuerdo con el Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia, de Editorial Caribe, la plomada era una cuerda con una pesa atada en un extremo que se usaba para establecer una línea vertical de modo que se pudiera construir una pared recta. El versículo 7 afirma que Dios estaba parado junto a una pared construida usando una plomada y que Dios había vuelto a tomar la plomada para ver si estaba recta todavía la pared. Con estas ilustraciones Dios le enseña a Amós que la pared original (el pueblo de Israel) fue construida por Dios usando una plomada (su Palabra) y la construcción salio recta, pero ya se había torcido, y la tuvo que volver a medir para saber si estaba recta aún o no. Aunque Dios amara mucho a Israel también debemos entender que Él es completamente justo y no soporta el pecado. Y su mismo carácter justo lo llevó a tomar la decisión final sobre Israel.
  3. La visión de la fruta madura (Amós 8) confirma la decisión final de Dios: ¡castigar a Israel! En dicha visión Dios le dijo a Amós: “No volveré a demorar su castigo.” (Amós 8.2). Dios no le dio a Amós oportunidad de interceder por Israel ni en esta ni en la anterior visión. Simplemente le avisa que ya se había terminado el tiempo para el pueblo y que ahora tendría que enfrentar las consecuencias de sus pecados.
  4. La importancia de las relaciones fraternales para Dios. En el mismo capítulo 8, Dios hizo énfasis en un pecado específico que Israel estaba cometiendo y por el cual Él estaba indignado y listo para castigarlos: “¡Escuchen esto, ustedes que roban al pobre y pisotean al necesitado!… para volver a estafar al desamparado… Por una moneda de plata o un par de sandalias, convierten en esclavos a los pobres.” (Am 8.4-6). Además de la idolatría un pecado muy grave que Israel estaba cometiendo era la falta de amor fraternal y el abuso unos a otros, especialmente de los más necesitados. Esto nos reafirma la importancia del segundo mandamiento más grande de acuerdo a Jesús y con el cual se resumen todas las Escrituras, en Mateo 22.37–40 (DHH-LA), “37Jesús le dijo: —‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.’ 38Este es el más importante y el primero de los mandamientos. 39Pero hay un segundo, parecido a este; dice: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ 40En estos dos mandamientos se basan toda la ley y los profetas.” Para Dios que su pueblo lo ame a Él es lo más importante, pero que los miembros de su pueblo se amen unos a otros es también muy importante. Dejar de hacer una cosa o la otra es algo grave a los ojos de Dios. Una fuerte lección para aquellos que piensan equivocadamente en sus mentes que pueden separar las relaciones unos a otros de la fe en Dios. ¡No se puede!
  5. La intensidad del castigo enviado por Dios. Una vez que el destino de Israel estaba decidido, ya no habría religiosidad alguna que los salvaría (“Convertiré sus celebraciones en lamentos y su cantar en llanto.”, Am 8.10), el dolor que tendrían sería comparable a la pérdida de un hijo único, habría mucha amargura e incluso fenómenos naturales como un eclipse (“haré que el sol se ponga al mediodía y que en pleno día se oscurezca la tierra”, Am 8.9) y un terremoto (“La tierra temblará a causa de sus acciones”, Am 8.8). De acuerdo con el The New Bible Commentary, de Inter-Varsity Press, se sabe que hubo un eclipse de sol y un terremoto en el año 763 a.C. y posiblemente correspondan al anuncio profético que mencionamos.
  6. El hambre espiritual que llegaría (Amós 8.11-14). Como parte de la disciplina de Dios contra su pueblo su estrategia para ayudarles a valorar lo que perdieron era la siguiente: una vez que fueran removidas todas las cosas de este mundo en las que su pueblo había depositado su confianza en lugar de confiar en Él (posesiones, tesoros, salud, gobierno, ídolos paganos, etc.), entonces ocurriría un fenómeno interesante: ¡Israel sentiría hambre de nuevo de la Palabra de Dios! Al perder todo lo que les daba seguridad y estabilidad y quedarse con las manos vacías entenderían el estado vacío de su alma y anhelarían lo único que les podría llenar internamente: ¡la Palabra de Dios! El problema ahora sería que Dios no permitiría que esa Palabra llegara a ellos y los dejaría hambrientos espiritualmente, como dice en el versículo 12, “La gente deambulará de mar a mar y vagará de frontera a frontera en busca de la palabra del Señor, pero no la encontrarán.” Ya que serían alejados de la tierra de Israel y llevados a una tierra extranjera donde no se conocía al Dios verdadero, ¡no habría manera de que alguien les predicara de nuevo la Palabra de Dios!
  7. Una visión de esperanza futura (Amós 9). A pesar de la dura prueba que pasaría el pueblo de Israel donde sufrirían mucho, Dios les asegura a lo largo de este capítulo 9 que habrá un futuro mejor: “… nunca destruiré por completo a la familia de Israel… restauraré la casa caída de David… Traeré a mi pueblo Israel de su cautiverio… Nunca más serán desarraigados…” Dios disciplinaba a su pueblo pero aún antes de aplicar dicha disciplina, Él ya tenía hecho el plan de su futura restauración y prosperidad. Así es en nuestro caso cuando Dios nos disciplina: junto con el plan para corregirnos viene de la mano el plan para levantarnos y restaurarnos.

Una vez terminado el libro profético de Amós, continuemos con el relato cronológico de los reyes de Israel y Judá:

  1. Los reyes Manahem, Pekaía, y Peka (2 Reyes 15.16-29). Todos ellos reinaron en Israel. Pekaía sucedió a Manahem como su hijo y Peka asesinó a Pekaía después. Nuevamente, al igual que sus antecesores, la descripción bíblica para los tres se resume como “hizo lo malo a los ojos del Señor” (2 R 15.18). Durante este período 2 veces el rey de Asiria (Tiglat-pileser) invadió Samaria, y aunque la primera vez fue detenido por el pago de una fuerte cantidad por parte del rey de Israel, la segunda vez no fue posible detenerlo y tomó varias ciudades de Israel, llevando cautivos a la población que ahí encontró. Esto sería un anticipo de lo que el resto de Israel estaba por sufrir.
  2. El estudio de hoy termina con el fin del reinado de Uzías en Judá (2 Crónicas 26.22-23). Recordemos que Uzías fue castigado con lepra por Dios y así murió, leproso, por haberse portado orgulloso contra Dios y contra sus sacerdotes. Para estos momentos ni en Judá ni en Israel se encontraba un líder espiritual que realmente ayudara al pueblo a volverse a Dios de corazón.

Conclusiones:

  1. Las acusaciones de diversas personas contra el carácter de Dios en el sentido de que la Biblia lo pinta como un Dios sádico y cruel por los castigos que envió a su pueblo son completamente equivocadas. Un estudio profundo de pasajes como los contenidos en Amós nos revelan a un Dios amoroso que aún al momento de disciplinar a su pueblo, Él mismo está sufriendo, pero sabe que es necesario hacerlo, porque también es justo. Tengamos cuidado con levantar juicios rápidos contra Dios, estudiemos mejor las Escrituras para poder ver la “foto” completa del corazón de Dios.
  2. Dios nos medirá a todos un día con su Palabra, como aseguró Jesús en Juan 12.48 (NVI), “El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue. La palabra que yo he proclamado lo condenará en el día final.” Las Escrituras son finalmente esa plomada con la que Dios nos mide para ver si hemos crecido de forma recta o si nos hemos desviado en el camino. ¿Qué resultado arrojaría una medición a tu vida con la plomada de Dios en este momento?
  3. Cuando Dios disciplina debemos esperar intensidad, no unas cuantas “palmaditas” en la espalda. Si Dios determina que habrá disciplina es un hecho que involucrará sufrimiento, dolor, pérdida; pero también incluye esperanza, arrepentimiento y un futuro mejor. No hay mejor corrección que la que Dios mismo nos pueda dar, sin embargo, antes de que Él la aplique siempre enviará mensajes con personas o con circunstancias para que nos volvamos a Él por nuestra propia voluntad. ¿Estamos escuchando las señales que nos envía?
  4. Toda la gente que abandona y desprecia la Palabra de Dios después de haber conocido de sus caminos tendrá que enfrentar el día en que se de cuenta que todas las cosas en las que decidió poner su seguridad al final los han dejado vacíos por dentro, y seguramente anhelarán una vez más sentir la llenura espirtual que solo la Palabra de Dios nos puede dar. ¡Ojalá la tengan a su alcance en ese momento!

4 Responses to “Día 250”

  1. Adriana Casas dice:

    Muchas gracias Arturo, este devocional me ayudó a ver completa la hermosa fotografía del Corazón de Dios.

  2. norma de la cruz dice:

    Muchas Gracias!!! es muy increible mirar como Dios trabaja en nuestra vida y nuestro corazón para que siempre estemos plenas y seguras a su lado, saludos!!!

  3. Carmen Mercado dice:

    Definitivamente, Dios es el único que llena nuestro corazón y da sentido a todo lo que hacemos en la vida. Gracias!

  4. Fabiola Cruz dice:

    Gracias… Que profundo… Me pegó bien duro!! Te amo mucho maestro!!

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