Día 403

GÁLATAS 3.24-6.18.

 Hoy continuremos con nuestro estudio de la carta a los Gálatas, y de hecho lo terminaremos. Pablo tomó como punto de partida el problema de la influencia judaizante en las igiesias de la provincia de Galacia para desarrollar uno de los mejores tratados bíblicos sobre la gracia de Dios. Todas las cartas del Nuevo Testamento fueron escritas para responder a una necesidad específica en alguna o en varias de las congregaciones de la iglesia primitiva y Dios trabajó en los autores para revelarnos grandes verdades teológicas.
Veamos algunos conceptos importantes que encontramos entre los capítulos 3 al 6 de Gálatas:
  1. El papel de la ley mosáica en la fe cristiana. Gálatas 3.24 dice, “la ley vino a ser nuestro guía encargado de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe.” Pablo nos revela aquí que la visión cristiana del Antiguo Testamento con todas sus regulaciones siempre nos debe apuntar hacia Cristo. De hecho también afirmó que como la fe ya había llegado, “ya no estamos sujetos al guía” (Gal 3.25). Toda la ley y todos los profetas apuntan hacia Cristo. Bien podemos decir, de acuerdo al Dr. John Oakes en su libro De la Sombra a la Realidad (click para descargar notas correspondientes), que todo el AT es en realidad una sombra de una realidad que se concretó en el NT y específicamente a partir de la figura de Cristo.
  2. Los “hijos de Dios”. En Gálatas 3.26 al 4.7, el apóstol Pablo nos revela varias verdades muy importantes de lo que significa ser un “hijo de Dios” verdadero: a) la fe en Cristo es lo que nos abre el acceso para poder ser hijos de Dios (Gal 3.26): b) el bautismo es el medio determinado por Dios para darnos acceso a esa relación de Padre-hijo con el Creador, sin importar nuestro contexto religioso o social; d) al convertirnos en hijos de Dios por la fe y a través del bautismo, automáticamente nos hacemos partícipes de la herencia destinada a la descendencia de Abraham (Gal 3.29); e) los discípulos de Jesús nos hacemos hijos de Dios no porque lo merezcamos o porque seamos parte del pueblo original de Dios (Israel), sino porque a través del sacrificio de Jesús fuimos rescatados del estado de esclavitud en el mundo y “adoptados como hijos” (Gal 4.5); f) el Espíritu Santo en nuestros corazones es la evidencia más fuerte de que Dios nos ha aceptado como sus hijos (Gal 4.6). Dentro de todo este análisis podemos resaltar nuevamente la trascendencia del bautismo cristiano, ya que Pablo acepta que es el medio determinado por Dios para que nuestra fe se haga efectiva y se nos abran las puertas a la familia de Dios. El concepto completo es fe + bautismo, no solamente fe aislada como una noción intelectual exclusivamente.
  3. La relación entre Pablo y los gálatas (Gálatas 4.8-20). Los discípulos de Galacia habían dado pasos para atrás en la fe original que recibieron de parte de Pablo y estaban terminando confiando en la celebración de días especiales en lugar de en la gracia de Dios y también habían cambiado su actitud original hacia Pablo, cambiando de aprecio y agradecimiento a llegar a considerarlo su enemigo (Gal 4.16). ¿Por qué lo veían así? Pablo mismo dijo, “¡Y ahora resulta que por decirles la verdad me he vuelto su enemigo!” (Gal 4.16). Pablo no permitió que estos hermanos se desviaran de sus convicciones originales y los confrontó, con lo que se ganó su enemistad. Además, los judaizantes estaban haciendo su labor tratando de ganarse a los cristianos de galacia a través de mostrar mucho interés en ellos (Gal 4.17) e intencionalmente querían alejar a los cristianos de galacia de la influencia de Pablo. Esto causó un gran dolor en Pablo quien expresó, “Queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes” (Gal 4.19). Esto quiere decir que Pablo realmente se involucraba en el crecimiento espiritual de las iglesias que sembraba y anhelaba que Cristo se formara en ellos. El paso inicial ya lo habían dado al convertirse, pero el proceso de madurez sería largo y difícil.
  4. La incongruencia de regresar a someterse a la ley (Gálatas 4.21-5.12). El apóstol Pablo planteó varios problemas teológicos que los judaizantes tendrían que enfrentar al decidir abandonar la gracia de Dios revelada en Cristo para basar su fe de nuevo en las reglamentaciones judías: A) Espiritualmente hablando, los discípulos de Cristo pertenecen al pacto de la promesa que Dios hizo a Abraham en la figura de Isaac (el hijo nacido de la promesa) y no a la descendencia de la esclava Agar (cuyo hijo nació por decisión humana y no por intervención divina). Asi que decidir integrarse a la descendencia de la esclavitud cuando ya eran parte de la descendencia de la promesa divina era una locura. B) Al decidir circuncidarse para confiar su salvación en ese acto, automáticamente se obligaban a “practicar toda la ley” (Gal 5.3) y por lo tanto “han roto con Cristo; han caído de la gracia” (Gal 5.4). Cuando un discípulo de Jesús que no era judío decidía de repente depositar su confianza en su salvación en las obras de la ley (como la circuncisión), automáticamente rompía su relación con Cristo y se sometía al juicio por la ley, el cual es absoluto y total si la persona no cumple toda la ley. D) Ese tipo de corrientes doctrinales que desviaban a los cristianos de confiar en la gracia de Dios para confiar en las obras de la ley no podían provenir de Dios (Gal 5.8). Dios no es un ser incongruente consigo mismo que después de haber enviado a su Hijo único con un mensaje de gracia al mundo, cambiara de opinión en el camino para regresar a exigir a todos el cumplimiento de las obras de la ley mosáica.
  5. Cuidado con abusar de la gracia (Gálatas 5.13-26). Si bien la carta a los Gálatas ha sido considerada como el máximo tratado de la gracia de Dios, Pablo también se aseguró de fijar los límites para aquellos que bajo el pretexto de “yo confío en la gracia de Dios”, abusaran de la misma y se comportaran de formas pecaminosas. Básicamente encontramos las siguientes lecciones: A) Dios sí nos llamó a la libertad pero no como una excusa para “dar rienda suelta a … pasiones” (Gal 5.13). Es decir, la gracia cristiana no es libertinaje. B) Vivir la gracia de Dios es vivir por el Espíritu de Dios, y esto significa que nos dejamos guiar por los buenos deseos que Dios quiere y no por los malos deseos de nuestra naturaleza humana. C) Es muy obvio darnos cuenta si el Espíritu o los malos deseos nos guían, tan solo tenemos que analizar nuestra conducta. Por un lado, toda acción pecaminosa es fruto de los malos deseos humanos (Gal 5.19-21) y quien se entrega a eso no tiene esperanza de salvación. Por otro lado, los frutos del Espíritu en la vida de una persona también son evidentes (“amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, 23 humildad y dominio propio.”, Gal 5.22), y revelan que esa persona vive bajo la gracia de Dios. D) Por lo tanto, una de las áreas más prácticas donde se pone en evidencia qué nos controla (si el Espíritu o los malos deseos humanos) es en las relaciones humanas, ya que Pablo pidió que nos sirviéramos unos a otros con amor, que no nos mordiéramos mutuamente, y que no nos irritemos por vanidad unos hacia otros. Es en el trato con las personas a donde demostramos si realmente hemos comprendido y si vivimos la gracia de Dios o si seguimos controlados por nuestras tendencias pecaminosas humanas.
  6. La ayuda unos a otros (Gálatas 6.1-10). Resulta muy interesante que en la carta máxima sobre la gracia, Pablo termine aterrizando toda esa enseñanza teológica aparentemente tan elevada en cosas muy prácticas y que se resumen en lo siguiente: ¡ama a tu hermano y ayúdalo! Pablo nos hace los siguientes llamados: a) ayudar con humildad a aquellos que sorprendemos pecando, b) no compararnos con otros para no sentirnos mejores o peores, c) ser compartidos y agradecidos con quienes nos ayudan espiritualmente, d) no cansarnos de hacer el bien especialmente a nuestros hermanos en la fe. Es decir, una de las mayores aplicaciones de la enseñanza bíblica de la gracia es en la forma en cómo construimos las relaciones humanas con otros creyentes.
  7. Los motivos son todo en la vida cristiana (Gálatas 6.11-18). Pablo denuncia aquí los verdaderos motivos de los judaizantes para acercarse a los discípulos de Galacia y confundirlos, “lo hacen únicamente para dar una buena impresión y evitar ser perseguidos por causa de la cruz de Cristo.” (Gal 6.12). Es decir, aquellas personas no eran movidas por convicciones profundas acerca de la ley mosáica o por un celo por Dios sincero, sino simplemente lo hacían por cobardía, ya que al ser defensores de la circuncisión pensaban que evitarían la persecución judía que expulsaba de las sinagogas a los discípulos de Jesús y como en el caso de Pablo, llegaban hasta la cárcel y el asesinato. En cambio, Pablo era movido por lo siguiente: “En cuanto a mí, jamás se me ocurra jactarme de otra cosa sino de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo.” (Gal 6.14). Sus motivos para hacer lo que hacía y enseñar lo que enseñaba estaban completamente relacionados a la cruz de Cristo, no hacía nada por sentimientos o pasiones humanas. Había pureza en sus motivos. Los gálatas necesitaban discernir bien los motivos de aquellos que deseaban influenciarlos y no solamente aceptar cualquier corriente nueva sin importar quién la enseñara.

Conclusiones:

  1. La forma cristiana de estudiar el Antiguo Testamento es apuntarlo siempre hacia Cristo. Cuando estudiemos los 39 libros del AT no perdamos de vista que la revelación completa incluye en NT y todo debe tener sentido si miramos hacia Cristo y el evangelio. Aún podemos también predicar el AT desde una perspectiva completamente cristiana.
  2. Apreciemos nuevamente la importancia del bautismo cristiano. Es esa combinación de fe personal mas la práctica del bautismo lo que nos permite tener acceso a la familia de Dios.
  3. Aprendamos a amar a la iglesia como Pablo lo hacía, quien metafóricamente exclamó que sufría dolores de parto (aunque no era mujer) hasta que Cristo se formara en esos cristianos. Lograr ver una iglesia ideal requiere muchos años de perseverancia, esfuerzo, constancia y espiritualidad de todos los que la conformamos.
  4. Tengamos cuidado con algunas denominaciones cristianas afiliadas a los Judíos Mesiánicos, quienes llegan a afirmar que es necesario regresar a la práctica de la circuncisión, la observancia del sábado, nombrar a Dios por su nombre oficial y otras cosas relacionadas con la ley mosáica para garantizar nuestra salvación. Muchos de ellos terminan llevando a cabo la misma labor que los judaizantes del primer siglo. Recordemos que regresar a practicar una de esas reglamentaciones es romper con Cristo y alejarnos del evangelio, ¡no es cosa ligera aceptar estas enseñanzas si somos creyentes! Sin mencionar que nos deja en el riesgo de que Dios nos exija el cumplimiento total de la ley (que al día de hoy es imposible) para determinar si seremos salvos o no.
  5. Tampoco compremos el argumento religioso de la “gracia barata” que muchas denominaciones cristianas predican y que incluye la famosa doctrina de “una vez salvo, siempre salvo”. Para ellos, si ya Dios nos salvó una vez, no importa cómo vivamos, tenemos la salvación asegurada. La carta a los Gálatas afirma lo contrario.
  6. La mejor forma de practicar la gracia de Dios y la vida por el Espíritu es construyendo y manteniendo relaciones humanas sanas y espirituales, dentro y fuera de la iglesia. Una persona conflictiva, dominada por resentimientos y amarguras, grosera y demás; aunque con la boca afirme que es guiada por el Espíritu y que vive la gracia de Dios, teológicamente hablando se está engañando a sí misma.
  7. Aprendamos a identificar los motivos en las personas que quieren tener influencia sobre nosotros especialmente en el área de nuestra fe. Aunque lleguen con los argumentos más revolucionarios y nobles, oremos y asegurémenos que su interés es sincero y que no son movidos por rivalidades, envidias, amarguras, ambiciones de poder y demás. Aprendamos la lección de los gálatas.

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