Día 450

1 JUAN 3.1-5.21.

En este día concluiremos nuestro estudio de la primera carta de Juan. Después de haber expuesto a los falsos maestros y cómo trabajan, el apóstol Juan (quien se cree tradicionalmente es el autor de la carta) desarrolló de manera profunda el tema del amor de Dios y del amor a los hermanos como punto de partida central de la fe cristiana. Esos mismos temas son los que encontramos como dominantes en el evangelio de Juan también. Suponiendo que el autor de ambos documentos fuera el mismo (el apóstol Juan), podemos notar entonces una transformación notable en su carácter después de varias décadas de seguir a Jesús fielmente.
Podemos entonces dividir nuestro análisis del discurso sobre el amor que Juan elaboró en el resto de esta carta en tres grandes temas:
  1. El amor de Dios (1 Jn 3.1-3, 3.16, 4.9-10, 16-19). Juan mencionó varios aspectos muy importantes acerca de cómo es que Dios nos ha demostrado su amor a los seres humanos de todas las generaciones: a) nos dio el privilegio enorme de ser llamados sus hijos aún cuando no lo merecemos y no nos lo hemos ganado de ninguna manera (1 Jn 3.1), b) el amor verdadero se dio a conocer en la cruz con la muerte de Jesús por nuestros pecados (1 Jn 3.16), c) los discípulos de Jesús hemos aprendido a amar no porque amamos primero a Dios sino porque Él nos amó primero (1 Jn 4.9.-10, 19), d) a través del sacrificio de Jesús podemos tener la certeza y creer que Dios nos ama (1 Jn 4.16), e) cuando comprendemos el amor de Dios y respondemos a él podemos tener entonces confianza en el día del juicio final ya que “el amor perfecto echa fuera el temor” (1 Jn 4.18), f) si un cristiano vives su fe por temor y no por respuesta al amor de Dios significa que “no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Jn 4.18). Juan nos dejó una lista de pruebas y evidencias poderosas del amor de Dios para la humanidad y especialmente para quienes decidieron hacer de Jesús el Señor de sus vidas. No permitamos que las pruebas o las circunstancias adversas que de repente atravesamos nos hagan dudar del amor de Dios. ¡Son más las evidencias a favor de su amor que los momentos difíciles que nos tientan a dudar!
  2. El amor fraternal (1 Jn 3.11-24; 4.7-8, 11-12, 20-21). Con respecto al amor entre hermanos, el apóstol Juan le dio mucho énfasis en esta carta, exhortando a los creyentes a amarse unos a otros de forma sincera y verdadera por las siguientes razones: a) ese fue el mensaje que se predicó desde el inicio (1 Jn 3.11), b) amar a los hermanos era precisamente una evidencia de la verdadera conversión al cristianismo (pasar de la muerte a la vida, 1 Jn 3.14), c) odiar a algún hermano es un pecado equiparable a asesinato a los ojos de Dios (1 Jn 3.15), d) ya que Jesús dio su vida por nosotros así también estamos llamados a dar nuestra vida por los hermanos en la fe (1 Jn 3.16), e) amar a los hermanos es conocer a Dios (1 Jn 4.7), f) a través de la práctica del amor fraternal es la forma en que podemos decir que Dios permanece en nosotros (1 Jn 4.12), g) es imposible afirmar con verdad que amamos a Dios si en nuestras relaciones fraternales existe el odio (1 Jn 4.20). ¿Queremos más razones para invertirnos más en amar a nuestros hermanos en la fe? Como podemos notar, para Dios el amor fraternal entre los creyentes no es cosa ligera, al contrario, es una de las evidencias más importantes para Él de que hemos aceptado su Palabra en nuestro corazón. Es muy fácil decir con la boca que amamos a Dios, pero se tiene que demostrar con el amor fraternal sin condiciones ni reservas. Hablando precisamente de demostrar ese amor, Juan también nos dejó algunas ideas de cómo hacerlo: a) no permitir maldad en nuestras relaciones fraternales para no ser como Caín que terminó asesinando a su hermano (1 Jn 3.11), b) mostrando compasión con nuestros hermanos más necesitados y compartir lo que tenemos con ellos (1 Jn 3.17), c) demostrar con hechos y no con palabras que amamos a Dios (especialmente en nuestras relaciones fraternales), d) ayudar espiritualmente y orar por los hermanos débiles en su fe que están pecando (1 Jn 5.16). Hay más formas obviamente, pero Juan ejemplificó muy bien algunas de ellas para dejar el mensaje claro: ¡no podemos amar a Dios y no practicar el amor a los hermanos!
  3. El amor a Dios (1 Jn 3.4-10, 1 Jn 5.1-5). Juan también nos dejó en esta carta varias formas en que los creyentes podemos demostrar que amamos a Dios (además de amar a los hermanos): A) No practicar pecado de nuevo (1 Jn 3.4-6). El v. 6 dice, “Todo el que permanece en él, no practica el pecado.Todo el que practica el pecado, no lo ha visto ni lo ha conocido.” o “Así pues, todo el que permanece unido a él, no sigue pecando” (DHH-LA) o “pero todo el que sigue pecando no lo conoce ni entiende quién es él.” (NTV). Las traducciones más literales dicen, “Todo el que permanece en Él, no peca” (BTX).  El v. 9 nos aclara mejor el concepto: “Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios.” La palabra griega para “practica” es ποιέω (poiéo), que  de acuerdo con el Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento, de Editorial Mundo Hispano, significa “Hacer, efectuar… ser activo, trabajar, vivir, practicar.” Así, Juan no está diciendo que un verdadero hijo de Dios jamás peca de nuevo después de bautizado (en ese caso incluso los mismos apóstoles estarían descalificados), sino que la diferencia entre un verdadero cristiano y un hereje (que es la comparación dominante en toda la carta) es que el primero ya no es caracterizado por una práctica constante de diferentes pecados sin arrepentimiento, mientras que para el segundo es eso precisamente lo que lo define (¡vivir en el pecado!). Incluso Juan agregó que la diferencia entre los hijos de Dios y los hijos del diablo es precisamente este aspecto: cómo viven. De acuerdo a Juan, solamente una vida de arrepentimiento sincero y de lucha continua por cambiar es lo que mantiene a un creyente unido a Dios. Si se rompe eso, se rompe también su relación con Dios. B) El amor a Dios también se demuestra obedeciendo sus mandamientos (1 Jn 5.3), entre los cuales está de manera muy importante el amar a los hermanos en la fe. Aunque para algunos sonaría muy difícil lograr esto, Juan afirmó, “Y éstos no son difíciles de cumplir, 4 porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe.” (1 Jn 5.3-5). Si realmente queremos agradar a Dios descubriremos que obedecer sus mandatos no es tan difícil como a veces pensamos, ya que Él nos ayuda a lograrlo. ¡No estamos solos en nuestra lucha por aprender a amar a Dios!
A lo largo de los capítulos que estamos estudiando hoy, Juan también nos dejó una serie de instrucciones sobre cómo manejar en forma agradable a Dios el asunto de las falsas doctrinas y los falsos maestros:
  1. No dejarse engañar (1 Jn 3.7-8). Claramente el apóstol Juan dijo, “7 Queridos hijos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como él es justo. 8 El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha estado pecando desde el principio.” Era responsabilidad de cada cristiano el discernir bien qué clase de persona es la que tenían enfrente que quería influenciarlos y además el no permitir que los engañaran con falsas enseñanzas. En el cristianismo bíblico no hay lugar para la negligencia en cuanto a las falsas doctrinas, todos tenemos la obligación delante de Dios de profundizar en lo que creemos y el por qué creemos, pero también de identificar enseñanzas torcidas y alejarnos de ellas.
  2. No creer a cualquiera que afirme estar inspirado por Dios (1 Jn 4.1-6). En ese mismo tono, Juan llamó a los cristianos de Éfeso a no creer a “cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu” (1 Jn 4.1) o “Queridos, no se fien de cualquier espíritu” (BJL), sino más bien ponerlos a prueba para dicernir bien, aceptando la realidad de que hay muchos falsos profetas allá afuera, incluso que saldrán dentro de la misma iglesia de Cristo. Podemos notar también en el v. 2 la referencia específica a maestros gnósticos cuando dijo, “todo profeta que reconoce que Jesucristo ha venido en cuerpo humano, es de Dios; 3 todo profeta que no reconoce a Jesús, no es de Dios sino del anticristo.” (1 Jn 4.2-3). De acuerdo a este versículo es un hecho que en la iglesia de Éfeso circulaba la versión de que Jesús no había venido en cuerpo humano sino como en forma de un espíritu que parecía humano (justo lo que afirmaban los seguidores del docetismo). Y aunque pareciera un ataque durísimo contra las verdades del evangelio, los cristianos no tenían nada que temer, ya que de acuerdo a Juan, “queridos hijos, son de Dios y han vencido a esos falsos profetas, porque el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo.” (1 Jn 4.4). Si se mantenían fieles en sus convicciones originales sin dejarse engañar, el poder de Dios que trabajaba en ellos terminaría con aquellas falsedades y saldrían victoriosos. Es decir, aún cuando estemos siendo atacados por falsas doctrinas, ¡no debemos temer! Mejor profundizemos en nuestra fe y tengamos valor para defender lo que creemos, Dios estará de nuestro lado y nos ayudará a no dejarnos engañar.
  3. Recordar la veracidad del mensaje del evangelio (1 Jn 5.6-12). De acuerdo a estos versículos, hubo tres factores muy importantes que dieron testimonio sobre la llegada de Jesús al mundo como el Hijo de Dios y el Mesías esperado: el agua, la sangre y el Espíritu (1 Jn 5.6). ¿A qué se refiere esto? La sangre a su sacrificio en la cruz, el Espíritu al Espíritu de Dios que bajó a Cristo en forma de paloma visible a todos (Mt 3.16), y el agua pues precisamente a su bautismo en agua en la misma referencia del evangelio de Mateo. Juan afirmó que tanto el bautismo de Jesús con el descenso visible del Espíritu y como su muerte en la cruz constituyen tres testigos muy importantes para certificar la veracidad del evangelio de Cristo. De acuerdo al v. 10, los falsos maestros no creían esto y hablaban en contra de esos hechos, por eso Juan dijo de ellos, “El que no cree a Dios lo hace pasar por mentiroso, por no haber creído el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.” (1 Jn 5.10). Este pasaje entonces nos ayuda a comprender que el asunto del bautismo en agua no es un asunto trivial en el Nuevo Testamento ni debemos tomarlo como algo insignificante u opcional, como muchas denominaciones afirman. Así como el bautismo en agua de Jesús fue trascendente para confirmar quién era, así también el bautismo en agua para un creyente constituye un testigo trascendente para certificar quién es en realidad.
  4. No perder la confianza en Dios (1 Jn 5.13-15). Juan escribió lo siguiente: “Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna. 14 Ésta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye.” ¿Por qué dijo esto? Uno de los resultados de estar expuesto a las falsas enseñanzas para un creyente es que puede comenzar a dudar de su propia salvación ya que los falsos maestros plantean otras rutas para alcanzarla. Precisamente en el caso de los gnósticos, su enseñanza de conocimiento secreto accesible solo a ciertos iniciados era muy excluyente y cuando un discípulo se dejaban influenciar por esas ideas, pues fácilmente podía dudar de su relación con Dios ya que él no era todavía parte de esa “élite espiritual” que planteaban los maestros gnósticos. Por eso, en los versículos analizados notamos cómo Juan transmitió confianza a los cristianos, para que no dudaran de su salvación y tampoco dudaran de su relación con Dios (que Él los escuchaba diariamente). Más bien deberían fortalecerse en su seguridad espiritual (su salvación) y en la oración (porque Dios estaba pendiente de ellos todos los días). ¿Dudar de la salvación y dudar de la oración? Así es, tan fuerte es el impacto que las falsas doctrinas pueden tener en la conciencia de un cristiano. Por eso tantas advertencias en el Nuevo Testamento a estar alertas, identificarlas y rechazarlas radicalmente.
Para terminar, dos puntos teológicos y doctrinales importantes que necesitamos revisar:
  1. El pecado que no lleva a la muerte y el que sí lleva a la muerte (1 Jn 5.16-17). Juan pidió a los cristianos que si veían a un creyente cometer pecado “que no lleva a la muerte”, que oraran por él y lo ayudaran, pero si alguien cometía “pecado que sí lleva a la muerte”, ya ni caso tenía orar por él.  También dijo, “Toda maldad es pecado, pero hay pecado que no lleva a la muerte.” ¿A qué se refería exactamente? ¿Qué no Romanos 6.23 dice “Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.”? ¿Será esto una inovación del apóstol Juan a la definición de pecado en las Escrituras? Sin duda, este es uno de los pasajes controversiales del Nuevo Testamento y donde diferentes estudiosos han planteado varias interpretaciones, ninguna libre de complicaciones. De acuerdo con el Holman New Testament Commentary: I & II Peter, I, II & III John, Jude, de Broadman & Holman Publishers, existen al menos tres posiblidades de interpretación: A) Un pecado en particular que no tiene perdón de Dios, aunque nada en el Nuevo Testamento sugiere que exista un pecado tan grave y malo que no tenga perdón (excepto claro la ofensa contra el Espíritu Santo mencionada por Jesús en Lucas 12.10 y que no aplica en el caso del contexto de esta carta). B) Se refiere a quienes cayeron en la apostasía, es decir, repudiar deliberadamente la fe en Cristo después de haberla abrazado. Aquí entrarían los falsos maestros a los que todo el contexto de la carta se refiere. C) Un pecado que lleva a la muerte física, como el caso de Ananías y Safira en Hechos 5.1-11 o el hombre que vivía con su madrastra en 1 Corintios 5, o incluso los cristianos que tomaban de manera indigna la cena del Señor en 1 Corintios 11. Personalmente me inclino más por la opción “B)”, ya que si ubicamos este pasaje dentro del contexto de la carta pues seguimos hablando de aquellos cristianos que se entregaron a las falsas doctrinas y abandonaron la confraternidad para dedicarse a tratar de engañar con sus herejías a otros creyentes (es decir, aquellos “anticristos” que Juan mencionó en la carta). Como ellos estuvieron antes en la confraternidad y después ya no, tal vez Juan pedía a los cristianos que no tenía caso orar por ellos para que cambiaran, porque ya se habían extraviado por completo. No es una prohibición sobre orar por ellos, sino más bien una sugerencia, como si fuera algo inútil y un desperdicio de tiempo y de recursos.
  2. El que está en control del mundo entero (1 Jn 5.18-21). Juan expresó en este pasaje: “Sabemos que somos hijos de Dios, y que el mundo entero está bajo el control del maligno.” Aunque esta afirmación suena desesperanzadora y triste, es la verdad. Toda la Biblia nos enseña que Satanás gobierna en este mundo (incluso en varios pasajes del NT es llamado “el príncipe de este mundo”). Para los cristianos esto podría sonar muy desanimante, ya que estamos tratando de llevar una vida distinta al mundo y parece que tenemos todo en contra. Sin embargo, Juan también dijo, “También sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para que conozcamos al Dios verdadero. Y estamos con el Verdadero, con su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna.” (1 Jn 5.20). La buena noticia es que Jesús ya vino y no solo nos dio salvación a través de su sacrificio, sino que además nos ha dado entendimiento para conocer a Dios y encontrar en Él toda nuestra fuerza para salir adelante. Jesús mismo es el “Dios verdadero y la vida eterna.”, y es nuestro Señor y Salvador. Es decir, si somos discípulos verdaderos de Jesús, ¡estamos del lado de los ganadores y no hay nada que temer! Además, no seguimos mentiras que un día se derrumbarán, sino seguimos al “Verdadero” (1 Jn 5.20).

Conclusiones:

  1. No hay razón para dudar del amor de Dios, ya que existen muchas evidencias de que nos ama, que le importamos y que está pendiente de nosotros.
  2. Recordemos que para Dios el amor que tengamos a nuestros hermanos en la fe, tanto en palabras como en hechos, es una prueba fundamental de nuestra fe. Él no acepta que de boca digamos que lo amamos mientras que en nuestros hechos vivimos en egoísmo con respecto a las necesidades de nuestros hermanos, en malas relaciones humanas con ellos e incluso hasta guardando resentimientos y odios en el corazón. En tu caso personal, ¿cómo está el amor fraternal en tu vida? ¿Qué tanta congruencia tiene tu boca con tus hechos con respecto a la iglesia?
  3. Mientras tengamos la capacidad de corazón para reconocer nuestros pecados con sinceridad y humildad y arrepentirnos, tenemos el perdón de Dios a nuestro alcance. Pero si dejamos que nuestro corazón se endurezca al punto que ya no reconocemos nuestros pecados o pensamos que “no tienen nada de malo”, ¡ya no hay perdón de Dios a nuestro alcance! Porque Dios no puede perdonar a quien no reconoce que ha pecado y lo ha ofendido.
  4. Escuchemos las instrucciones que Juan nos dejó en esta carta sobre cómo enfrentar las falsas doctrinas. La ingenuidad y la ignorancia doctrinal son debilidades muy peligrosas para el corazón de un creyente. ¡Tengamos cuidado! No dejemos que el humanismo y la negligencia entren en nuestra mente al grado que le damos puerta abierta a cualquier idea, enseñanza y doctrina equivocadas pensando que “no tienen nada de malo” o “no debemos exagerar”. Muchos cristianos que asumieron esa posición han terminado muy lejos de la sana doctrina.
  5. Aunque día a día somos testigos de la maldad que domina este mundo, no nos desanimemos. A veces puede parecer abrumadora al grado de pensar que tal vez no tiene caso ni continuar predicando y aconsejando porque la gente no cambia o los problemas sociales no tienen solución, pero recordemos que quien está atrás de nuestro mensaje es Dios mismo, no los hombres, y su poder nos acompaña. ¡Sigamos predicando el evangelio de Jesús a este mundo perdido! Alguien escuchará tarde o temprano.
Los dejo con un video de una conferencia del Dr. John MacArthur que denuncia públicamente a uno de los considerados falsos maestros de nuestra época: Joel Osteen.


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