Día 298

JEREMÍAS 10.1 – 12.17.

El profeta Jeremías continuó recibiendo mensajes proféticos y respuestas de Dios a sus propias oraciones. En dichos mensajes vemos continuamente cómo Dios necesita recordarle a su pueblo la enorme diferencia que había entre Él y los “ídolos inútiles” a quienes ellos adoraban. Qué triste que Dios tuviera que hacer eso varias veces, nos refleja el endurecimiento del corazón de Judá ante su Dios. Veamos varios aspectos importantes de estos capítulos:

  1. Dios vs. los ídolos (Jeremías 10.1-16). En este pasaje Dios le da un mensaje directo a su pueblo con respecto a la idolatría con los siguientes puntos importantes: A) Dios no quería que su pueblo se comportara “como las otras naciones que tratan de leer el futuro en las estrellas.” (v. 1). Judá e Israel no necesitaban hacer eso ya, además de que era un acto inútil, ellos ya tenían al Creador del universo entero a su disposición, ¿por qué entonces consultar a las estrellas? B) El juicio contra los idólatras: “Los que rinden culto a ídolos son estúpidos y necios.” (v. 8). Para Dios, la idolatría era una verdadera estupidez, así también lo eran quienes la seguían. ¿Por qué una estupidez? Porque no hay forma de comparar la grandeza de Dios con un pedazo de madera o de metal tallado por un artesano y luego vestido con ropita de colores (v. 9), para darle después culto y ofrecerle ruegos y ofrendas. Dios sabía que esos “dioses”, “no pueden hacerles ningún daño, tampoco ningún bien” (v. 5). Por eso la idolatría es un pecado muy grave, ya que es una forma de menospreciar al verdadero y único Dios que existe y cambiarlo por unos pedazos de madera, de metal o de algún otro material. ¡Es una verdadera ofensa a Dios! C) La grandeza de Dios es abrumadora, nadie puede competir contra Él (v. 12-15). La Biblia describe que con su poder, su sabiduría y su inteligencia creó y mantiene al universo entero. Así, comparados con Él, “¡Toda la raza humana es necia y le falta conocimiento!” (Jer 10.14).
  2. El llamado a prepararse para el exilio (Jeremías 10.17-22). El pasaje dice, “Haz las maletas y prepárate para salir; el sitio está por comenzar… De forma repentina echaré a todos los que viven en esta tierra…” (Jer 10.17-18). De acuerdo con el The New American Commentary: Jeremiah, Lamentations, de Broadman & Holman Publishers, es muy posible que el profeta haya escrito esto mientras ya que había iniciado el sitio de Jerusalén, entre el 598 – 597 o entre el 588 – 587 a.C. Mientras los falsos profetas anunciaban que todo estaría bien, Jeremías anunciaba a la gente que mejor se preparara para el largo viaje a Babilonia.
  3. La evidente falta de liderazgo espiritual entre el pueblo (Jeremías 10.21). El versículo dice, “Los pastores de mi pueblo han perdido la razón. Ya no buscan la sabiduría del SEÑOR. Por lo tanto, fracasan completamente y sus rebaños andan dispersos.”, “Ciertamente los pastores han sido necios, No han buscado a YHVH, Por eso no prosperaron” (BTX). Ciertamente el liderazgo de Judá, tanto político como religioso era muy responsable de lo que estaba sucediendo. Su principal pecado: no buscaron a Dios sino más bien siguieron sus propios pensamientos. ¿El resultado? “han perdido la razón”, “se han entorpecido” (NBLH), “no obraron cuerdamente” (BJL). Es decir, tomaron muy malas decisiones, sin sabiduría. Y por eso el pueblo que los seguía se dispersó. Cuando los pastores del pueblo de Dios no andan cerca de Él, no se pueden esperar buenas decisiones de parte de ellos, y lamentablemente el pueblo que los sigue sufrirá las consecuencias de esas malas decisiones.
  4. El cambio de actitud en Jeremías. Al inicio, Jeremías lloraba mucho por el daño que Dios causaría a Judá. De hecho, trató de interceder por ellos pero Dios no se lo permitió, y aún le repite: “»Jeremías, no ores más por este pueblo. No llores ni pidas por ellos porque yo no los escucharé cuando clamen a mí en su angustia.” (Jer 11.14).  Pero después, tal vez al ver más de cerca la condición moral y espiritual del pueblo, su oración comenzó a cambiar, primero contra las naciones que afectarían a Judá: “Derrama tu ira sobre las naciones que se niegan a reconocerte, sobre los pueblos que no invocan tu nombre. Pues han devorado a tu pueblo Israel” (Jer 10.25). Después, contra los miembros del pueblo de Dios que tramaban hacerle daño y contra los infieles: “Déjame ver tu venganza contra ellos, porque te he entregado mi causa.” (Jer 11.20), “¡Arrastra a esta gente como se lleva a las ovejas al matadero! ¡Apártalos para la masacre!” (Jer 12.3). Y además su oración fue en tono de queja (Jer 12.1). Al inicio, posiblemente el sentimentalismo invadió a Jeremías al pensar en todo el dolor que pasaría Judá, pero después de tener diferentes encuentros difíciles con ellos, ahora pedía a Dios que hiciera justicia y los castigara, pero incluso quejándose (“¿Por qué los malvados son tan prósperos? ¿Por qué son tan felices los malignos?”, Jer 12.1). Podemos ver un cambio de emociones en Jeremías.
  5. La respuesta de Dios (Jeremías 12.5-13). Ante la queja de Jeremías, Dios le contesta algo impresionante: “«Si te cansa competir contra simples hombres, ¿cómo podrás correr contra caballos? Si tropiezas y caes en campo abierto, ¿qué harás en los matorrales cerca del Jordán?” (Jer 12.5), “«Si los que corren a pie han hecho que te canses, ¿cómo competirás con los caballos?” (NVI).  Dios le estaba dando una lección a Jeremías ya que de esta manera le estaba anunciando que necesitaba tomar más fuerzas y coraje para enfrentar lo que venía (la invasión y el exilio babilónico), que era más fuerte que lo que ya había enfrentado (el rechazo del pueblo de Judá). Jeremías ya se había cansado y lo más fuerte de toda la historia todavía no sucedía. Dios le estaba pidiendo que renovara sus fuerzas, mantuviera su fe y siguiera adelante.
  6. La esperanza futura para todas las naciones (Jeremías 12.14-17). Dios anuncia sorprendentemente en este pasaje algo sobre las “naciones malvadas” que estaban destruyendo la tierra prometida: “Y si en verdad estas naciones aprenden los caminos de mi pueblo y si aprenden a jurar por mi nombre… entonces se les dará un lugar entre mi pueblo” (Jer 12.16). El plan de Dios nuevamente revelado aquí nos muestra que en su corazón siempre estuvo el dar un día esperanza a todas las naciones, no solamente a su pueblo elegido. De alguna forma Él contemplaba que un día gente de esas naciones malvadas y paganas lo conocerían y terminarían dándole gloria y honra. Nosotros somos parte de esas naciones no – judías que fueron bendecidas por el plan original de Dios. ¡Agradezcamos eso!

Por último, quiero hacer énfasis en el juicio que hizo Jeremías sobre el estado del pueblo de Judá para esos tiempos: “Tú los has plantado, y ellos echaron raíces y han prosperado. Tu nombre está en sus labios,       aunque estás lejos de su corazón.” (Jer 12.2). Era muy cierto, la prosperidad que en ese tiempo tenía Judá y Jerusalén específicamente no era gracias a ellos, sino a Dios. Tal parece que ya habían olvidado que años atrás eran un pueblo esclavo en Egipto al cual Dios sacó con un gran despliegue de poder y los llevó a una tierra fértil y próspera, que se las dio a través de victorias militares. Ahora eran un pueblo, una nación, con un territorio, con una capital, con riquezas. Pero ya habían olvidado todo eso. Dios solo estaba en sus labios, pero no en sus corazones, mientras disfrutaban todas las bendiciones que Él les había otorgado. ¿En qué nos hace pensar esto? Nosotros como creyentes, ¿qué no estamos en la misma situación que ellos? ¿Qué no disfrutamos también de múltiples bendiciones que a lo largo de nuestro caminar de fe Dios nos ha dado? Siendo así, ¿Dios está solo en nuestros labios o también en la parte central de nuestro corazón? Nunca olvidemos lo que Él ha hecho por nosotros y que todo lo que somos y tenemos es gracias a su gran amor y misericordia, comenzando con lo más importante: ¡nuestra salvación!

Conclusiones:

  1. Jamás pensemos en substituír a Dios y nuestra fe por “algo más” en nuestra vida: una persona, alguna religión alternativa oriental, otras doctrinas diferentes a las que la Biblia enseña, o cualquier otra cosa. Si ya tenemos una relación con el Creador de todo el universo, ¡aprovechémosla!
  2. Cuando el liderazgo del pueblo de Dios no busca al Señor sinceramente, tanto en oración como en estudio de las Escrituras, es un hecho que se tomarán malas decisiones que afectarán a todo el pueblo. Si tenemos alguna función de liderazgo en la iglesia, ¿qué aprendemos para nuestra vida de esto?
  3. Nunca es sano confiar en nuestras emociones para tomar decisiones basadas en ellas. Siempre estarán cambiando, de un extremo a otro, según las circunstancias que estemos enfrentando. Lo mejor es orar, estudiar las Escrituras para buscar dirección, hablar con otros creyentes maduros, y entonces tomar una buena decisión. Si no cuidamos esto podemos terminar como Jeremías, quejándose con Dios primero por una cosa y luego por la cosa contraria.
  4. A través de las pruebas y dificultades que enfrentamos en nuestro caminar de fe, Dios quiere pulirnos y ayudarnos a crecer para aprender a adquirir fortaleza y madurez, y de esa forma, seguir adelante en la batalla espiritual. Como dice Hebreos 12.1 (DHH-LA), “Por eso, nosotros, teniendo a nuestro alrededor tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante.”
  5. Nunca olvidemos que Dios nos plantó, nos ayudó a echar raíces y nos prosperó. Al ver el progreso en todas las áreas en nuestra vida como creyentes, no nos llenemos de orgullo pensando que nosotros lo logramos por nuestros talentos, capacidades, habilidades o carisma. ¡De ninguna manera! Mantengamos un corazón humilde siempre, dándole el crédito a Él todo el tiempo. No permitamos que llegue el día en que Dios solo esté en nuestros labios, pero lejos de nuestro corazón.

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