Día 343

NEHEMÍAS 11.1 – 12.26, 1 CRÓNICAS 9.1 – 34.

Después de las asambleas solemnes que hubo según los capítulos anteriores de Nehemías y donde experimentaron un gran reavivamiento espiritual, la misión de reconstrucción continuó y ahora tocó el turno a la reubicación de judíos para vivir dentro de la ciudad de Jerusalén, la cual como habíamos estudiado anteriormente, estaba en ruinas.

Nehemías 11.1 – 12.26 contiene el relato acerca de la forma en que se decidió que se repoblara la ciudad de Jerusalén. Veamos algunos aspectos importantes:

  1. Una actitud diferente de los líderes políticos y religiosos del pueblo. A lo largo del pasaje encontramos algunas referencias con respecto a cómo la gente veía a sus líderes en ese momento: a) los jefes del pueblo se fueron a vivir a Jerusalén y eran elogiados por el pueblo por tomar esa decisión (Nehemías 11.1-2), b) todos los levitas, cantores y sacerdotes regresaron a cumplir sus responsabilidades diarias como estaba establecido desde tiempos del rey David (Nehemías 11.23, 12.24), c) se tomaron en cuenta los registros que se habían hecho anteriormente de las familias de los levitas y sacerdotes (Nehemías 12.22-23) para asegurarse de que aquellos que fueron designados para el servicio del templo realmente debieran estar ahí. En esta época de restauración espiritual de Israel resalta fácilmente la conducta y la actitud de los dirigentes, quienes se esforzaron sinceramente por obedecer los mandatos de Dios y restaurar cada aspecto de la devoción al Señor de forma precisa. Ellos mismos eran los primeros en sacrificar y en esforzarse. Quedaron atrás los días en que Israel tuvo un mal liderazgo que los hundió en una época de oscuridad de la cual apenas se estaban recuperando.
  2. La rivalidad entre las tribus de Benjamín y Judá había sido superada. Nehemías 11.36 dice, “Algunos de los levitas que residían en Judá fueron enviados a vivir con la tribu de Benjamín.”  La Biblia nos muestra que se había terminado todo ese conflicto que se venía arrastrando desde los días de Saúl y David y que ahora los sobrevivientes de las tribus de Judá y Benjamín convivían en armonía, unidos por un fin común: la restauración de Israel. Pasaron muchos años para que el pueblo de Dios pudiera ver este día.

Ahora, en cuanto al pasaje de 1 Crónicas 9.1-34, encontramos en breves palabras un relato acerca del destierro a Babilonia por un lado y del regreso de Babilonia por otro. Podemos notar nuevamente el énfasis en el tipo de liderazgo religioso que tenía el pueblo de Israel en ese momento:

  1. El v. 2 registra que los primeros en regresar del destierro fueron “los sacerdotes, los levitas, los sirvientes del templo y otros israelitas”. Nuevamente vemos al liderazgo del pueblo al frente del proceso de reconstrucción.
  2. El v. 13 describe a los sacerdotes que regresaron como “Eran jefes de clanes y hombres muy capaces. Eran los sacerdotes responsables de oficiar en la casa de Dios.”
  3. Los versículos 22 al 32 hablan de la gran confianza y responsabilidad que tenían los porteros del templo, describiendo sus funciones y hablando incluso de los tiempos del rey David y el profeta Samuel y de la confianza que tenían en ellos. Todos regresaron a hacer su trabajo con excelencia.
  4. El trabajo de los músicos (v. 33 – 34). La Biblia registra que estos hombres, que eran “levitas prominentes”, se encontraban “de servicio a todas horas” y vivían en Jerusalén. Todos regresaron a hacer también su trabajo con excelencia.

Estos pasajes de las Escrituras nos muestran un tipo de liderazgo completamente diferente al que todavía vimos en los días previos al exilio y aún durante el exilio, cuando los dirigentes judíos rechazaron a los profetas que Dios enviaba. Durante la época de la restauración, era el liderazgo del pueblo el primero en sacrificarse, en cambiar, en retomar sus responsabilidades y en servir.

Conclusiones:

  1. En todo proceso de restauración espiritual en el pueblo de Dios se requiere un liderazgo diferente: con buena disposición, con iniciativa, con sacrificio, con ejemplo personal, con un corazón sensible a Dios y a su Palabra. Cuando Dios ve un grupo de líderes en su pueblo con estas características, ¡grandes cosas pueden suceder! Comenzando por una auténtica restauración espiritual.
  2. Las rivalidades entre grupos de creyentes deben terminar definitivamente para que una restauración completa se pueda dar. No se puede restaurar la relación con Dios de una iglesia entera si dentro de la misma hay facciones contrarias en pugna. Simplemente hay que terminar con eso.
  3. El día en que todos los dirigentes y todos los miembros del pueblo de Dios en una comunidad local hagan cada uno su parte con responsabilidad, con corazón y con respeto es definitivamente un día para celebrar. Nada es más motivante en una congregación que presenciar eso.

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