Día 384

MARCOS 12.28-34, MATEO 22.34-40, MARCOS 12.35-37, MATEO 22.41-46, LUCAS 20.41-44, MARCOS 12.38-40, MATEO 23.1-12, LUCAS 20.45-47, MATEO 23.13-39, MARCOS 12.41-44, LUCAS 21.1-4.

Jesús continuó su discurso contra sus enemigos, quienes pareciera que fueron pasando por turno, grupo por grupo, para ponerle trampas y tratar de desprestigiarlo públicamente. En este día analizaremos varios encuentros que tuvo con los maestros de la ley de donde se desprendió la enseñanza sobre el mandamiento más importante, la discusión sobre de la relación entre el rey David y el Mesías, y la denuncia pública contra los pecados de los maestros de la ley. Además incluímos el relato de lo que Jesús dijo al estar observando cómo la gente echaba dinero en el cofre del templo.
Después de que Jesús hizo callar a los saduceos en la discusión sobre la resurrección de los muertos (Mateo 22.23-33), los fariseos entraron en escena y se reunieron alrededor de Cristo. Marcos 12.28-34 y Mateo 22.34-40 registran que uno de los fariseos que también era “experto en la ley” (Mt 22.35) o “Uno de los maestros de la ley” (Mr 12.28), le hizo una pregunta muy interesante: “—Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?” (Mt 22.36). Veamos algunas consideraciones importantes sobre lo que sucedio en ese momento:
  1. Pensemos un momento en la pregunta, desde la perspectiva de un fariseo y un maestro de la ley además, ¿había algún mandamiento más importante que todos los demás? Recordemos que los fariseos le daban mucha importancia no solo a la ley, sino a las interpretaciones de la ley que ellos mismos habían diseñado, al punto de considerar pecado no obedecerlas. Sin embargo, la pregunta del maestro de la ley nos revela que aquellos que realmente estudiaban las Escrituras (como ellos), sabían que había algunas cosas que eran más importantes que las otras.
  2. Para responder Jesús citó Deuteronomio 6.4-5, que representa la profesión de fe tradicional de Israel y que es llamada “Semá” (“Oye”). Esta Escritura llama a la gente a amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y fuerzas. De acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de Editorial CLIE, el judío piadoso recitaba 2 veces al día esta profesión, así que era bastante conocida entre los judíos. Pero Jesús agregó al mismo nivel de importancia Levítico 19.18 que dice, “Ama a tu prójimo como  ti mismo.” Y después de decir esto, Jesús pronunció una frase revolucionaria que sigue haciendo eco en nuestros días: “De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.” (Mt 22.40).  La Torá (la ley mosáica contenida en los primeros 5 libros de la Biblia) contempla 613 mandatos (click para ver cuáles son). Jesús estaba afirmando que todos esos 613 mandamientos se podían resumir en 2 que eran los más importantes: amar a Dios y amar al prójimo. Si meditamos en cada uno de esos 613, podremos darnos cuenta que todos se relacionan con el amor a Dios o con el amor y el respeto a los otros seres humanos que nos rodean.
  3. De acuerdo con los versículos 32 al 34, el maestro de la ley que hizo la pregunta apoyó la respuesta de Jesús y literalmente dijo que amar a Dios y amar al prójimo “es más importante que todos los holocaustos y sacrificios.” (Mr 12.33). Al escuchar esta respuesta del religioso, Jesús le dijo, “—No estás lejos del reino de Dios.” (Mr 12.34). Aquel hombre que había llegado para poner una trampa a Jesús, tal vez pensando que lo haría caer por tratarse de un charlatán, terminó afirmando la enseñanza de Jesús y revelando que él mismo no estaba lejos de comprender los secretos del reino de Dios, es decir, el camino a la vida eterna. Jesús aplaudió el hecho de que el religioso judío había terminado por aceptar que el amor a Dios y al prójimo era lo más importante a los ojos de Dios, incluso más que la fiel observancia de todos los holocaustos y sacrificios que los judíos llevaban a cabo. Con esta respuesta, aquel hombre confirmaba que si una persona era muy disciplinada en el cumplimiento de todos los requerimientos de la ley, pero no tenía amor en su corazón hacia Dios y hacia las personas, ¡no podía agradar a Dios! Eso era precisamente lo que le sucedía a la mayoría de los religiosos judíos.
Ahora, en Marcos 12.35-37, Mateo 22.41-46 y Lucas 20.41-44, los evangelios nos dicen que Jesús continuó con sus enfrentamientos con sus enemigos. Ahora el turno regresó a los fariseos, que se encontraban reunidos alrededor de Jesús. Él aprovechó para hacerles una pregunta de estudio bíblico profundo: “—¿Qué piensan ustedes acerca del Cristo? ¿De quién es hijo?” (Mt 22.42).  ¿Por qué Jesús les preguntó esto? De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarisity Press, los maestros judíos sabían que el Mesías sería descendiente del rey David (Salmo 89), pero ellos no interpretaban Salmos 110.1 (el pasaje que mencionó Jesús) como un texto referido al Mesías. Sin embargo, para Jesús ese salmo sí hablaba del Mesías. Lo que Cristo le planteó a los fariseos es cómo ellos armonizaban textos como Salmos 89 con Salmos 110.1, pero ellos no pudieron contestar. La realidad es que ambos pasajes eran verdaderos: por un lado el Mesías sería descendiente del rey David, pero por otro lado el Mesías era más grande que el rey David (quien lo llamaba “Señor”). Sin embargo, esta verdad estaba oculta a las mentes de los religiosos judíos. Obviamente Jesús cumplía a la perfección ambas descripciones.
Justo enmedio de este contexto de discusiones de Jesús con los fariseos y con los maestros de la ley, el Hijo de Dios aprovechó para lanzar un mensaje directo contra la conducta pecaminosa de los maestros de la ley específicamente (Marcos 12.38-40, Mateo 23.1-12 y Lucas 20.45-47), del cual podemos decir lo siguiente:
  1. Jesús afirmó la función de los maestros de la ley en la sociedad judía del primer siglo: “interpretar a Moisés” (Mt 23.2). Por lo tanto, llamó a la gente a escucharlos y obedecerlos, pero a no seguir su ejemplo en sus hechos. ¿La razón? “no practican lo que predican” (Mt 23.3). Posiblemente enseñaban lo correcto a las personas, pero ellos mismos no estaban dispuestos a vivirlo. Jesús llama entonces a la gente para que identifique la enseñanza correcta pero deseche los malos ejemplos que esos religiosos les daban. Con esta afirmación, Jesús afirma que es responsabilidad personal de cada individuo hacer lo correcto (lo que la Palabra de Dios dice), y no poner como pretexto para la desobediencia el mal ejemplo de aquellos que tenían el trabajo de darla a conocer. Si eso le dijo Jesús a ellos, ¡con más razón lo afirmaría para nosotros, los creyentes modernos!
  2. Jesús proporcionó una descripción detallada de las acciones de los maestros de la ley, mencionando que les gustaba pasearse y llamar la atención con sus ropas ostentosas, ser saludados por la gente, ser reconocidos con lugares de honor en los banquetes, y ser llamados “Rabí”. De hecho, Mateo 23.6 dice, “se mueren por…” Es decir, estaban obsesionados con el reconocimiento público y las alabanzas de los hombres. Jesús describe el verdadero problema de estas personas cuando dijo, “Todo lo hacen para que la gente los vea.” (Mt 23.5). Tristemente, los fariseos y los maestros de la ley habían reducido la valiosa fe en el Dios de Israel a una vida dirigida por una motivación tan corrupta como el buscar la alabanza y el reconocimiento de los hombres. Podemos decir entonces que los fariseos y los maestros de la ley tenían graves problemas con sus motivaciones, y si recordamos las lecciones que aprendimos en nuestro estudio del Antiguo Testamento, ¡para Dios la motivación lo es todo! Realmente esas personas estaban en muy mala posición delante de Dios.
  3. Jesús también enseñó que el servir a Dios no es cuestión de lograr títulos y posiciones (“Rabí”, “padre”, “maestro”). Todos estos nombres eran muy valorados por los fariseos y los maestros de la ley y como Jesús dijo, se morían por ser llamados de esa forma por las personas. Cuando Jesús dijo, “El más importante entre ustedes será siervo de los demás.” (Mt 23.11), estaba impartiendo una poderosa lección de lo que el liderazgo espiritual significa: ¡no es cuestión de títulos y nombres, sino de servir desinteresadamente a Dios y al prójimo!
  4. En Mateo 23.13-36 encontramos una lista de “ayes” dirigida contra los maestros de la ley y los fariseos, muy directa y fuerte por cierto, que incluye los siguientes juicios contra ellos: “hipócritas”, “ciegos insensatos”, “serpientes”, “camada de víboras”. Jesús denunció la hipocresía generalizada que gobernaba sus vidas, la guía errónea que resultaban para sus aprendices, el legalismo extremo que los dominaba y que los había desviado de “los asuntos más importantes de la ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad” (Mt 23.23), el culto a la apariencia externa al precio del descuido de sus corazones, y la tradición asesina de sus antepasados a quienes ellos imitarían perfectamente  en el caso de Cristo. Por todo esto, Jesús afirmó: “¿Cómo escaparán ustedes de la condenación del infierno?” (Mt 23.33) o “¿Cómo van a escapar de la condenación del fuego?” (BJL). De acuerdo con el A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, Third Edition, de University of Chicago Press, la palabra “infierno” viene del griego γέεννα (Gehenna), que era la expresión utilizada para referirse al lugar de castigo eterno que esperaba a los enemigos de Dios. En otras palabras, los fariseos y los maestros de la ley estaban condenados al castigo eterno por todas estas denuncias que Jesús estaba haciendo. Pero no solamente sería su destino el castigo, sino como Jesús dijo, “Éstos recibirán peor castigo” (Lc 20.47).
  5. También Jesús aprovechó para dirigir unas palabras hacia la ciudad de Jerusalén que nos revelan 2 cosas: a) el corazón de Jesús que se comparó a sí mismo con una gallina tratando una y otra vez de reunir a sus pollitos pero éstos no se dejaban; b) una profecía sobre la futura destrucción de Jerusalén (“la casa de ustedes va a quedar abandonada”, Mt 23.38); c) una profecía sobre el regreso de Cristo al mundo, que de acuerdo con el Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 14: Mateo, de Editorial Mundo Hispano, sucedería hasta que los habitantes de Jerusalén reconocieran con su boca lo mismo que los seguidores de Cristo gritaron cuando entró de manera triunfal en Jerusalén: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” Cuando Jesús regrese, todos los seres humanos, sin importar si creyeron en él o no, lo reconocerían como el enviado de Dios, pero desafortunadamente para muchos esa frase será para su propia condenación.
Por último, Marcos 12.41-44 y Lucas 21.1-4 contienen un relato muy interesante. Dice el texto que Jesús fue a sentarse “al lugar donde se depositaban las ofrendas” (Mr 12.41) para observar “cómo la gente echaba sus monedas en las alcancías del templo”. De acuerdo con la Biblia de Estudio Arqueológica, el tesoro del templo se ubicaba en el atrio de las mujeres, al este del templo. Era el lugar hasta donde se permitía el acceso a mujeres, más allá de ese punto ya no podían pasar, solo los hombres. Además ahí había 13 receptáculos con forma de trompeta que servían para colectar las ofrendas que los adoradores quisieran aportar. Justo ahí estaba Jesús, mirando a las personas, lo que quiere decir que estaba mirando también sus corazones. Y aunque muchos ricos aportaron grandes cantidades, lo que más llamó la atención de Jesús fue el corazón de una viuda pobre, que llena de fe, “echó todo lo que tenía, todo su sustento” (Mr 12.44). Este episodio nos enseña que Dios mismo está atento a los corazones de los creyentes modernos cuando ofrendamos y que no se deja impresionar por cantidades, sino precisamente por lo que está adentro de los corazones al ofrendar.

Conclusiones:

  1. El estudio bíblico sincero y profundo nos puede acercar al reino de Dios. Si estudiamos la Biblia con un corazón deseoso de conocer a Dios y aprender su voluntad, Él nos ayudará para comprender sus verdades.
  2. No nos dejemos impresionar como creyentes por los movimientos modernos de judíos mesiánicos y demás grupos religiosos que intentan regresar la mirada del cristiano hacia algunos elementos del Antiguo Testamento. Recordemos que Jesús ya lo dijo: amar a Dios y amar al prójimo es la esencia del Antiguo Pacto. En el día del juicio de nada servirá argumentar que pronunciamos el nombre “correcto” de Dios o que respetamos el sábado o que no nos contaminamos con carne de cerdo. Dios se fijará más bien si fuimos personas que aprendimos a amarlo a Él y amar a nuestros semejantes.
  3. Tengamos cuidado en practicar lo que predicamos y no caer en el mismo pecado de los fariseos y los maestros de la ley: hipocresía. Mientras más conocemos de la Palabra de Dios, más Él esperará de nosotros en los hechos, no solo en las palabras.
  4. Comprendamos que una de las peores motivaciones que podemos tener para hacer las cosas de Dios es buscar que la gente nos vea y nos alabe. Toda una vida de servicio y conocimiento bíblico se puede echar a perder si se permite en el corazón que esta motivación se establezca.
  5. El servicio a Dios no es cuestión de títulos o posiciones jerárquicas. Siempre debemos desconfiar de personas que buscan desesperadamente conseguir un titulo eclesiástico y escuchar que antes de decir sus nombres primero dicen, “evangelista” o “maestro” o “anciano” o “líder”. Tales creyentes tendrán que aprender de una u otra manera la lección de los maestros de la ley y los fariseos.
  6. Cuando estudiamos la Biblia, recordemos que sí hay cosas más importantes que otras. No debemos dar el mismo peso a todas las cosas por igual. Jamás tendrá la misma relevancia el asunto de adorar a Dios con instrumentos o sin ellos que el asunto de ayudar a nuestros hermanos en necesidad, o nunca tendrá el mismo peso discutir cuál es el orden del servicio dominical que la actitud de llevar el evangelio a los que no lo conocen.
  7. Cuando ofrendemos en la iglesia, recordemos que Dios nos está observando, y en lo que más se fijará no es tanto en la cantidad sino en el corazón con el que damos. ¡Preparémonos espiritualmente cuando ofrendemos para agradar a Dios en ese momento!

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.