Día 433

FILIPENSES 2.12-4.23.

Después de haber estudiado el famoso himno a Cristo de Filipenses 1.5-11 que Pablo usó como modelo para la actitud ideal de un cristiano, en nuestro estudio de este día terminaremos el análisis del libro de Filipenses, revisando los temas que Pablo propone en los capítulos restantes: el ejemplo que los cristianos necesitaban dar al mundo, el ejemplo a seguir de varios discípulos colaboradores de Pablo, el valor más grande para un discípulo de Jesús, la ciudadanía del cielo, la paz interna que Dios da y más.
En Filipenses 2.12-18, Pablo continuó con su discurso sobre el tema que ya venía tratando en Filipenses 1.27 (” Pase lo que pase, compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo.”), sobre la fidelidad que se esperaba de los discípulos de Filipos independientemente lo que le sucediera al apóstol. Es decir, era un llamado a la fe personal que no dependiera de lo que los hombres hicieran o dejaran de hacer. Veamos algunos detalles:
  1. En el v. 12 Pablo les dijo, “lleven a cabo su salvación con temor y temblor” o “Hagan efectiva su propia salvación con profunda reverencia” (DHH-LA) o “trabajen con sumo cuidado por su salvación” (BJL). Y además les dijo, “como han obedecido siempre—no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia”. El apóstol estaba llamando a los filipenses a hacerse responsables por mantener su propia salvación sin importar si él estaba cerca o lejos, si los visitaba o si no regresaba. Los cristianos en Filipos necesitaban desarrollar convicciones personales y fortalecerse en ellas, sin poner su confianza en hombres. Era su responsabilidad al 100% crecer en la fe y mantenerse fieles a Dios. Por eso Pablo los animó a trabajar por su salvación con reverencia, es decir, estar alerta de sus vidas y esforzándose por agradar a Dios todos los días.
  2. En el v. 13 el apóstol les reveló algo sorprendente: “Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.” o “Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena intención.” (NBLH) o “Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo.” (DHH-LA). Por un lado, los cristianos en Filipos necesitaban poner de su parte para mantenerse firmes en la fe, pero por otro lado, Dios mismo los ayudaría a convertir sus buenas intenciones en acciones concretas. Así que encontramos una muy buena noticia para los creyentes aquí: si nosotros queremos y nos esforzamos en nuestras posiblidades, Dios hace el resto y nos da el empujón que necesitamos con su poder para lograr llevar a la práctica su Palabra. Es decir, si realmente deseamos ser verdaderos discípulos de Jesús, ¡no estamos solos! Dios nos ayuda con su poder. Por eso es importante continuamente llenarnos de sueños y buenos propósitos para nuestra fe, porque Dios nos ayudará a convertirlos en realidad.
  3. En los versículos 14 al 28, Pablo concientizó a los filipenses sobre la enorme responsabilidad que cargaban en el mundo: “ustedes brillan como estrellas en el firmamento, 16 manteniendo en alto la palabra de vida” (Fil 2.15-16). Los cristianos eran luz para el mundo, por eso era muy importante que no vivieran como el mundo acostumbraba, sino que hicieran una diferencia, como por ejemplo no andar quejosos y armando conflictos con otros, porque eso es lo que hace la gente del mundo. Más bien necesitaban dar un ejemplo para todos. Curiosamente Pablo comentó que si ellos hacían eso, en el “día de Cristo” (el juicio final seguramente), él se sentiría satisfecho del trabajo que hizo entre ellos, que no fue en vano. Esto quiere decir que de alguna manera, aquellos que ayudamos a construir a la iglesia presenciaremos qué clase de frutos se presentan a Jesús de nuestro trabajo.
Ahora, en Filipenses 2.19-29, Pablo levantó el ejemplo de dos discípulos que colaboraban con él en la misión apostólica: Timoteo y Epafrodito. En el caso de Timoteo, Pablo afirmó que no tenía a nadie más que sinceramente se preocupara por los filipenses tanto como él (Fil 2.20), es decir, que Timoteo había replicado el corazón de Pablo a la perfección. Además, la iglesia misma conocía “la entereza de carácter” (Ef 2.22) o “los probados méritos” (NBLH) de Timoteo. Esto quiere decir que Pablo no estaba enviando solamente a su representante, sino a un hermano al que los mismos filipenses ya lo habían conocido y habían comprobado la integridad de su carácter. También podemos notar la relación cercana de Pablo con Timoteo cuando dijo, “ha servido conmigo en la obra del evangelio, como un hijo junto a su padre.” (Fil 2.22). En cuanto a Epafrodito, Pablo se refirió a él como “mi hermano, colaborador y compañero de lucha, a quien ustedes han enviado para atenderme en mis necesidades.” (Fil 2.25), e incluso mencionó que se enfermó y que estuvo a punto de morir, pero que por la compasión de Dios ya estaba recuperado. El v. 28 confirma que fue Epafrodito con quien Pablo envió precisamente la carta a los Filipenses. ¿Qué debe hacer la iglesia con respecto a los creyentes que son como Timoteo o Epafrodito en su actitud, su sincero amor por la iglesia y su trabajo por Dios? Dice el v. 29, “honren a los que son como él” o “denle el honor que una persona como él merece.” (NTV) o “Muestren aprecio por quienes son como él” (TLA). La iglesia de Cristo no debe ser indiferente ni malagradecida con sus miembros que sobresalen del creyente promedio en sinceridad, servicio ejemplar y trabajo para Dios. Hay una responsabilidad hacia ellos, y es honrarlos, apreciarlos y reconocerlos, porque son un buen ejemplo para todos y un modelo a seguir. Pablo confirmó esto en Fil 3.17, “Hermanos, sigan todos mi ejemplo, y fíjense en los que se comportan conforme al modelo que les hemos dado.”
En Filipenses 3.1-11, encontramos una excelente discusión teológica sobre la escala de valores para un creyente. Partiendo de la advertencia que Pablo dio a los filipenses con respecto a los judaizantes que estaban tratando de influenciarlos (“Cuídense de esos perros, cuídense de esos que hacen el mal, cuídense de esos que mutilan el cuerpo.”), Pablo expuso su propio caso donde él era primero entre los que defendían la circuncisión y todos los demás esfuerzos humanos de la ley (Fil 3.4-6), llegando al extremo de perseguir a la iglesia. Pero una vez que se convirtió en discípulo de Jesús, Pablo comprendió que todo eso que antes era “ganancia” o que “antes valía mucho para mí” (DHH-LA), después de conocer a Jesús pasaron a ser “pérdida” e incluso “estiércol” (Fil 3.8) o “basura” (RVR95) comparado con “el incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor.” (Fil 3.8). Hasta que se hizo un creyente Pablo comprendió que todo lo que el mundo plantea como lo más digno o lo más valioso por lo que podemos luchar, no se compara en nada con el enorme privilegio de conocer a Jesús y luchar por ser como él día a día. En los versículos 10 al 11 nos dejó el resumen de su vida en ese momento: perdió todo por Cristo para poder conocerlo mejor y experimentar su poder en su vida e incluso en su muerte, alcanzando la resurrección de los muertos un día. ¡Eso era todo para Pablo! Lo más valioso, lo más digno, lo más importante, por lo que valía la pena morir. ¡Gran lección para nosotros!
En Filipenses 3.12-21, encontramos una poderosa lección sobre la madurez cristiana. Veamos los detalles:
  1. Ser maduro en la fe no significa creer o sentir que ya “llegamos” y que no necesitamos cambiar ni aprender nada más, ¡al contrario! Implica la siguiente actitud: “No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto… sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. 13 Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya.” (Fil 3.12-13). Madurez implica la humildad para reconocer que nos falta mucho por alcanzar comparados siempre con Cristo, no con nuestro prójimo. Por eso un discípulo maduro en la fe es aún más discípulo, es decir, tiene una actitud más intensa de aprender y de cambiar que antes.
  2. Ser maduro en la fe significa que nuestra mirada está puesta hacia adelante, no hacia atrás, como dicen los v. 13 al 14, “olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, 14 sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.” Madurez espiritual significa no aceptar el estancamiento en la fe, sino seguir avanzando siempre, adelante todo el tiempo, aprendiendo de los errores, levantándose y continuando en el camino. Un discípulo realmente maduro no vive de las victorias del pasado, sino de las lecciones del presente.
  3. Ser maduro en la fe implica aceptar la responsabilidad que conlleva el tener años o incluso décadas de caminar en la fe cristiana. Pablo dijo en el v. 16, “vivamos de acuerdo con lo que ya hemos alcanzado.” Esto quiere decir que nuestra vida cristiana necesita reflejar el tiempo que llevamos de conocer a Cristo y las lecciones que hemos aprendido en el camino. A nadie anima conocer a un cristiano de varias décadas en la fe que refleja una mentalidad o una conducta como de un recién llegado al cristianismo. Por otro lado, si pensamos de forma diferente en cuanto a algún aspecto y no reflejamos madurez, ¡Dios es quien nos ayudará a ver nuestra necesidad! (“Y si en algo piensan de forma diferente, Dios les hará ver esto también.”, v. 15). A Dios no lo podemos engañar, si nos decimos maduros pero no lo somos, Él se encarga de evidenciarnos para que cambiemos y realmente aprendamos a ser maduros en la fe.
  4. Ser maduro en la fe también es dar un paso decisivo en cuanto al pecado en nuestra vida. En los versículos 18-19, Pablo denunció que dentro de la iglesia de Filipos había algunos que “se comportan como enemigos de la cruz de Cristo”. ¿Y cómo puede un cristiano convertirse en un enemigo de la cruz de Cristo? Pablo explicó que esos cristianos estaban preocupados solo de satisfacer sus propios malos deseos, se enorgullecían de cosas vergonzosas y su mente estaba atrapada solo “en lo terrenal”. Un cristiano maduro por el contrario entendía que su ciudadanía estaba en el cielo, no en este mundo. Debido especialmente a la situación social que se vivía en la ciudad de Filipos (que se había ganado el derecho a la tan apreciada ciudadanía romana), este concepto era especialmente relevante, ya que mientras los no creyentes estaban orgullosos de pertenecer al imperio romano como ciudadanos, los discípulos de Filipos deberían estar más bien felices de tener su ciudadanía en el cielo. Entender la diferencia en este punto es muy importante para alcanzar a vivir una vida digna del evangelio. Cuando en nuestro corazón es más importante pertenecer a este mundo es cuando terminamos siendo malos ejemplos para otros.
Finalmente, el capítulo 4 cierra este fascinante carta con algunas exhortaciones, un agradecimiento y algunos saludos:
  1. Tomando como punto de partida un conflicto que había entre dos hermanas que eran reconocidas como colaboradoras de Pablo en la obra del evangelio (Fil 4.2-3), Pablo pidió que se les ofreciera ayuda espiritual a ellas para que se pusieran en paz. Esto nos llama a cuidar y ayudar a nuestros hermanos en la fe que están en conflicto y especialmente si son personas que llevan años en la batalla por la fe y han colaborado a avanzar el evangelio.
  2. Pablo llamó a la iglesia a alegrarse y mantenerse alegres en Cristo (Fil 4.4), demostrándola con amabilidad para con todos y con paz interna adquirida en la oración enmedio de angustias y preocupaciones. La forma de evitar una vida de amargura y de conflictos era precisamente, de acuerdo con Pablo, manteniendo la alegría que Cristo nos da, orando por todas nuestras preocupaciones y en respuesta recibiríamos de Dios su paz, “que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil 4.7). Dios tiene poder para proporcionarnos su paz para que cuide nuestros pensamientos y nuestro corazón y no nos entreguemos al enojo, a la amargura, o a las excesivas preocupaciones por las cosas de esta vida.
  3. Otras recomendaciones para mantenernos en paz con Dios y con otros era cuidar nuestros pensamientos (Fil 4.8), buscando tener en la mente “todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.”, y no cosas perversas o vergonzosas. Una más era esforzarse en llevar a la práctica todo lo que Pablo les dijo y les modeló con su propia vida (Fil 4.9).
  4. Pablo también agradeció a los filipenses por la ofrenda que recibió de ellos que resultó ser “una ofrenda fragante, un sacrificio que Dios acepta con agrado.” (Fil 4.18) y les prometió que Dios los recompensaría dándoles todo lo que necesitaran (Fil 4.19). Pero antes de esto, Pablo les compartió a los filipensese que había aprendido una gran lección en esta cuestión del dinero y de las necesidades materiales: “he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. 12 Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Fil 4.11-13). En otra traducción dice, “he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación.” y “En todo y por todo he aprendido el secreto…” (NBLH). Mientras que autores New Age como Rhonda Byrne aseguran haber descubierto El Secreto (o la ley de la atracción, click para ver más detalles) para hacerse ricos rápido y ser felices, Pablo hace casi 2,000 años afirmó haber descubierto “el secreto” para aprender a vivir en contentamiento cuando hay y cuando no hay, y no mezclar la alegría y la paz interna con las posesiones materiales o las riquezas. Ese contentamiento que Pablo descubrió se resumen en el v. 13, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Si te interesa profundizar en este tema, da click en El Secreto – AER, para descargar una clase. Y tú, ¿cuál es “el secreto” que has descubierto o que estás buscando?
  5. La mención en el v.22 sobre los saludos que enviaban “los de la casa del emperador” nos hace pensar que había ya discípulos en el palacio del emperador, seguramente por la influencia del apóstol Pablo en Roma. El evangelio estaba penetrando hasta los rincones más profundos del imperio romano, demostrando que para Dios no hay fronteras imposibles.

Conclusiones:

  1. La salvación es personal y no es responsabilidad de nadie más sino de cada uno de los creyentes. El llamado que Dios nos hace es a crecer en nuestra fe y a cuidar nuestra salvación con reverencia. No dejemos esta responsabilidad en los hombros de nadie más, porque delante de Dios no podemos excusarnos en terceros para explicar por qué perdimos nuestra fe o por qué no crecemos en ella.
  2. Dios trabaja en nosotros para llevar a buen término los buenos deseos y las buenas intenciones que tenemos en nuestro corazón. Él tiene poder para lograr esto, por eso necesitamos mantenernos cerca de Él todo el tiempo para lograrlo.
  3. Apreciemos y reconozcamos a los cristianos que brillan en nuestras congregaciones locales, no como para exaltar hombres, sino para obedecer fielmente la Palabra de Dios siendo justos y agradecidos con ellos, y levantándolos como ejemplos a seguir por el resto de la iglesia.
  4. Evauluemos qué es más importante para nosotros, si los valores que el mundo nos ofrece o el valor supremo de conocer a Cristo Jesús, vivir como él y morir como él. ¿Hay algo más importante para tí que Jesús? ¿Tienes un valor mayor en tu vida que conocer al Hijo de Dios?
  5. Madurez espiritual no es lo mismo que tiempo en la fe, más bien se tiene que demostrar en nuestra mentalidad, nuestra escala de valores, nuestra conducta y en la actitud que asumimos frente a las dificultades en la vida cristiana. ¡Es ahí donde se ve si somos maduros! Si te comparas con la definición que Pablo nos da de madurez, ¿eres maduro (a) en la fe?
  6. Una forma de evitar vivir en conflictos con otros creyentes y terminar amargados es mantener la alegría que nos da Dios en nuestro corazón, con la amabilidad que va de la mano y con una vida intensa de oración donde descargamos todas nuestras angustias en manos de Dios en vez de desquitarnos de todos nuestros problemas con otros creyentes.
  7. Aprendamos a descubir el secreto del contentamiento bíblico y no vivamos conforme a los estándares de materialismo, consumismo y amor al dinero que este mundo perdido nos ofrece. No compremos filosofías pecaminosas como las corrientes New Age o la Teología de la Prosperidad, más bien desarrollemos contentamiento en nuestra vida.

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