Día 89

NÚMEROS 18 – 19.

Una vez terminado el episodio de la trágica rebelión de Coré y los eventos que sucedieron, Dios regresa el enfoque de Israel hacia más instrucciones importantes ahora con respecto a la vida de servicio de los levitas y los sacerdotes, incluyendo sus propios diezmos y ofrendas.

En los versículos 1 al 7 encontramos un énfasis en las diferencias entre sacerdotes y levitas pero a la vez también en el enorme privilegio que gozaban como tribu de Israel:

  1. Los levitas habían sido designados por Dios para ayudar a Aarón y sus hijos en los deberes de mantenimiento del tabernáculo (v. 2), pero tenían ciertas limitantes: a) no se podían involucrar en actividades propias del sacerdocio, b) no podrían acercarse a los objetos sagrados ni al altar. La pena para quienes no obedecieran esto y fueran más allá de su deber asignado sería la muerte, ¡incluyendo al mismo Aarón y a sus hijos! (v. 3).
  2. El trabajo de servicio de los sacerdotes estaba enfocado principalmente a lo que se tenía que hacer en el área del santuario y en el altar (v. 5). Fue un encargo que Dios encargó a Aarón y sus hijos para que lo desempeñaran personalmente, no podrían delegarle ni encargarle a nadie más (aunque fuera un levita) que efectuaran sus funciones sacerdotales en su nombre.
  3. Dios le dijo a Aarón, “Yo te doy el sacerdocio como un privilegio de servicio” (v. 7). Tal como Dios se lo dijo, era un verdadero privilegio servir en la función sacerdotal y tanto Aarón como sus hijos deberían ver su llamado de la misma manera. Servir a Dios en algún rol bíblico de liderazgo o simplemente poniendo nuestros dones a su servicio en algún ministerio siempre será un privilegio y así necesitamos verlo también nosotros.

Ahora bien, en los versículos 8 al 32 de capítulo 18, Dios establece la forma en que serían manejados los diezmos por los sacerdotes y los levitas:

  1. Dios le aclaró a Aarón que Él había decidido que todas las ofrendas consagradas que el pueblo de Israel le ofreciera serían para los sacerdotes. Serían las ofrendas santas que no se quemaran en el fuego (de grano, por el pecado y por la culpa), todas las ofrendas sagradas y las ofrendas especiales que los israelitas presentaran ante el altar, las ofrendas de la cosecha, y también todo primogénito humano y animal que se ofrezca al Señor aunque estos últimos se podían redimir por un precio.
  2. Lo que Dios le pedía a Aarón y a sus hijos es que vieran estas ofrendas de la misma forma como Él las veía: como sacrificios santos que el pueblo hacia, como algo “sumamente santo”, y de ninguna manera deberían considerarlas “como si fueran algo ordinario. Si lo hacen, morirán”. Dios quería que los sacerdotes fueran santos en la manera de recibir y administrar las ofrendas que el pueblo hacía y que finalmente les pertenecía a ellos para su subsistencia por decreto de Dios, pero eso no les daba derecho a menospreciarlas y verlas como algo insignificante.
  3. A los levitas Dios les asignó para su sustento todos los diezmos del pueblo de Israel (v. 24), esa sería su asignación, su porción, por eso no recibieron territorios para conquistar como las demás tribus.
  4. También los levitas estaban obligados a dar su diezmo personal sobre todos los diezmos que recibían (el “diezmo de los diezmos”). Era una ofrenda sagrada para Dios y además Él les hace énfasis en que “De todas las ofrendas recibidas, asegúrense de dar lo mejor al Señor” (v. 29). No solo debían diezmar también, sino que además necesitaban esmerarse en dar lo mejor de lo mejor para Dios.

En el capítulo 19 encontramos instrucciones con respecto a la llamada “agua para la purificación”. Se trataba de ofrecer en holocausto una novilla de color rojizo, junto con un palo de cedro, una rama de hisopo y un poco de hilado de color escarlata. Después deberían recoger las cenizas de todo lo quemado y usarlas en el agua para la ceremonia de la purificación. Durante todo este proceso se le ordena a las personas que participaran en ofrecer el sacrificio como en recoger las cenizas que se lavaran con agua, tanto ellos como sus ropas (v. 1 – 10). Esa ceremonia de purificación se realizaba “para quitar los pecados”, “es ofrenda por el pecado” (BTX), “es un sacrificio por el pecado” (DHH-LA).

En los versículos 11 al 22 encontramos algo muy interesante, son las instrucciones para qué hacer si algún israelita llegara a tener contacto con algún cadáver de un ser humano. Las instrucciones son:

  1. Quedaría ceremonialmente impuro por 7 días (v. 11).
  2. Debería purificarse con el agua para la purificación descrita anteriormente el tercero y el séptimo día, de lo contrario seguiría quedando impura (v. 12).
  3. Si no se lavaba con el agua para la purificación sería excluído de la comunidad de Israel por haber “contaminado” el tabernáculo del Señor (v. 13).
  4. Si alguien moría en el interior de una carpa, todos los presentes en dicha carpa o los que entraran a ella después de la muerte quedarían ceremonialmente impuros por 7 días (v. 14). También se consideraba contaminado a todo recipiente que no estuviera bien cerrado con tapa y que se encontrara dentro de la tienda.
  5. Si alguien en el campo tocaba algún cadáver de un ser humano o al menos sus huesos o incluso su tumba, quedaría contaminada 7 días (v. 16).

Para quitar la contaminación ritual, deberían hacer lo siguiente:

  1. En un frasco se debería poner cenizas de la ofrenda quemada de purificación y agregarle agua fresca (v. 17).
  2. Tomar una rama de “hisopo”, mojarla en el agua y después rociar el agua con la rama en todas las cosas y personas que hayan estado en contacto o en presencia del cadáver. Esto debería hacerse el tercer y el séptimo día (v. 18).
  3. Todas esas personas involucradas deberían bañarse y bañar sus ropas al séptimo día. (v. 19).
  4. Si alguien se contaminaba y no seguía estas instrucciones de purificación, sería excluído de la comunidad, porque el agua de la purificación no fue rociada sobre ellos (v. 20).

¿Por qué hacemos tanto énfasis en este punto? En su conferencia “Dios y la Ciencia“, el Dr. John Oakes, presidente de la Apologetics Research Society, menciona la historia del Dr. Ignaz Semmelweis, un médico húgaro que 1860 decidió investigar la razón por la cual una de cada seis mujeres que daba a luz moría de lo que llamaban la “fiebre de las parturientas”. Y lo que descubrió es que los médicos que atendían a las mujeres no se lavaban las manos o los instrumentos quirúrgicos entre pacientes y además iban directo de una autopsia a un parto, esparciendo así gérmenes de los cadáveres a los pacientes o entre paciente y paciente. Lo que hizo este doctor fue instituir una política que requería manos e instrumentos limpios para cada paciente y de esta manera consiguió reducir en un 70% la tasa de mortandad automáticamente. Si tan solo hubieran escuchado un poco a la Biblia, se hubieran evitado tantas muertes. Dios ya había dicho miles de años antes qué hacer cuando se tenía contacto con un cadáver humano.

Otro detalle importante el el papel que jugaba el hisopo. Hoy se sabe que esta planta tiene un poderoso agente antibacterial y antifungal. Así que la instrucción de usar una rama de hisopo para rociar el agua de la purificación entre cosas y personas afectados por un cadáver tenía mucho sentido. ¿Y cómo es que Dios sabía todo esto? Pues porque es Dios, el Creador del Universo entero y diseñador de todas las formas de vida que existen y existieron. Aquí les dejo una ilustración de la planta del hisopo gracias a la base de datos de BiblePlaces.com Image Library.

Hisopo

Conclusiones:

  1. Cada trabajo de servicio que hacemos para Dios y su iglesia necesitamos verlo como un verdadero privilegio, al igual que Él esperaba que tanto los levitas como los sacerdotes consideraran su propio servicio. Servir a Dios no tiene comparación con ningún otro trabajo secular que podamos llevar a cabo, aunque también la realidad es que todo trabajo honorable es una bendición que Dios nos da y que Él espera que lo hagamos bien, como si fuera para Él.
  2. Las ofrendas que la iglesia da son “sumamente santas” también. Toda contribución o sacrificio que hacemos en el contexto del cristianismo moderno debe ser contemplada y manejada con absoluta santidad, ya que Dios sigue considerando estos sacrificios hechos por su pueblo como “ofrenda de olor agradable”.
  3. Seguimos confirmando la inspiración divina de la Biblia cuando encontramos instrucciones como la de la purificación con respecto a tocar cadáveres. Por siglos la humanidad olvidó por completo que la Biblia ya había contemplado estas situaciones y no tomó importancia a las instrucciones que Dios le dio a Israel en el desierto. Hoy la ciencia moderna ha ido “redescubriendo” lo que Dios hace miles de años ya había enseñado. Realmente llevar nuestras vidas de acuerdo a la Palabra de Dios nos puede traer grandes beneficios a la salud nuestra y de la familia. ¡Apreciemos más y más cada día que la tenemos al alcance!

6 Responses to “Día 89”

  1. marco a. Hdez dice:

    muchas gracias arturo por tu trabajo!!!

  2. Alejandra García dice:

    Me encanta constatar que DIOS es DIOS ayer hoy y mañana 🙂 y cuanto se puede perder si no lo escuchamos. Me encanta!!!

  3. Jorge R. Moreno Peñaloza dice:

    Gracias, que aprendizaje tan profundo día a día, semana a semana y nos ha permitido completar cuatro meses de profunda enseñanza, ayudándonos así a mejorar muchas situaciones dentro de nuestro cristianismo.

  4. Lulu tovar dice:

    Arturo. Gracias y que Dios te bendiga

  5. Vicky dice:

    Wow muy interesante Gracias Arturo DTB

  6. Martín Tomas Merediz-Funes dice:

    Que animante reafirmar y aclarar para no caer en el error de no apreciar cualquier trabajo que el Señor nos encomiende, es un privilegio trabajar para el Señor, así como también es importantisimo recordar que debemos ofrendar con el corazon de quien esta agradecido por lo recibido. Y por ultimo hoy recordar que el Señor Elohim es omnisciente, nadie hay más sabio que El.
    Gracias Arturo.

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