Día 365

MARCOS 4.35-41, MATEO 8.23-27, LUCAS 8.22-25, MARCOS 5.1-20, MATEO 8.28-34, LUCAS 8.26-39, MARCOS 5.21-43, MATEO 9.18-26, LUCAS 8.40-56.

Después de un bloque de enseñanza espiritual a través del uso de las parábolas, los evangelios continúan narrando el ministerio de Jesús en Palestina pero ahora aparece registrado otro bloque grande de milagros poderosos que sacudieron los corazones y las mentes de muchos. Recordemos la fórmula que utilizaba Jesús: enseñanza profunda + milagros poderosos. Para aquella generación de seres humanos que estuvieron caminando con Jesús, ¿cómo no creer en él después de escuchar y ver semejantes cosas?

Hoy estudiaremos los siguientes actos milagrosos: cuando Jesús calmó la tormenta, la liberación de uno o varios endemoniados, la resurrección de una niña muerta y la sanidad de una mujer enferma. Iniciemos con el evento de la tormenta registrado en Marcos 4.35-41, Mateo 8.23-27 y Lucas 8.22-25; veamos algunos aspectos importantes:

  1. Marcos 4.35 registra que fue al anochecer cuando Jesús y sus discípulos se fueron navegando en una barca por el mar de Galilea y entonces se desató una tormenta. La Biblia de Estudio Arqueológica nos dice que por la ubicación geográfica de ese cuerpo de agua, es susceptible a tormentas repentinas y violentas por el aire fresco del Mar Mediterráneo que baja y choca con el aire caliente y húmedo que está sobre el lago. Así que las tormentas en el mar de Galilea no eran una ocurrencia extraña.
  2. Los evangelios también registran la humanidad ordinaria de Jesús: ¡se quedó dormido en el viaje! (Marcos 4.38). ¿Cómo no estar cansado después de tanto desgaste físico, emocional y espiritual al tratar con miles de personas y cargar con sus necesidades? Jesús también era un hombre como nosotros. Esto es un aspecto impactante de la historia de Jesús: al mismo tiempo mostraba condiciones de un hombre ordinario (con emociones, hambre, sueño, sed, etc.), pero también al mismo tiempo mostraba características divinas sobrehumanas (poder para sanar enfermos y resucitar muertos, capacidad para leer las mentes, etc.).
  3. El reclamo de los discípulos al encontrar dormido a Jesús fue: “—¡Señor—gritaron—, sálvanos, que nos vamos a ahogar!” (Mt 8.25), “—¡Maestro, Maestro, nos vamos a ahogar!—gritaron.” (Lc 8.24), y sin duda la más dramática, “—¡Maestro!—gritaron—, ¿no te importa que nos ahoguemos?” (Mr 4.38) o “¿no tienes cuidado que perecemos?” (RVR95). La acusación de los discípulos contra Jesús era fuerte al sugerir que a él no le interesaban en lo más mínimo y que no tenía cuidado alguno de que se ahogaran. Obviamente ellos no creían esto en su corazón al 100%, pero el miedo los dominó a tal grado que eso fue lo único que pudo salir de sus bocas. Es interesante notar que en el momento en que la situación se salió de control y se vieron en peligro, olvidaron todos los milagros y todo el poder que Jesús había mostrado y se limitaron a acusarlo de que él no se interesaba por ellos porque estaba dormido. Así sucede con las personas hoy también, cuando el miedo las domina les resulta fácil olvidar su fe y comenzar a reclamarle a Dios por las tribulaciones que están atravesando.
  4. Los evangelios registran que Jesús se despertó, “reprendió al viento y ordenó al mar” (Mr 4.39) y de inmediato todo se calmó. Después se dirigió a sus discípulos y los confrontó con la siguiente pregunta: ” —¿Por qué tienen tanto miedo?—dijo a sus discípulos—. ¿Todavía no tienen fe?” (Mr 4.40) y “—¿Dónde está la fe de ustedes?” (Lc 8.25). Jesús les dejó claro que: a) el miedo fuera de control ahoga la fe, b) él esperaba que después de tantas maravillas que habían visto y escuchado al menos hubieran desarrollado la fe para no desperarse en tal situación, c) si el miedo los controlaba era un síntoma de que no habían desarrollado aún una fe madura. ¿Qué tal nosotros? ¿Ante las tormentas de la vida también nos dejamos controlar por el miedo, culpamos a Dios y perdemos nuestra fe por momentos? ¿O ya tenemos una fe madura de que Jesús está en control siempre, no a veces? De hecho, cuando los discípulos miraron que Jesús tomó el control de la tormenta y la calmó, ¡se llenaron de miedo! ¿Cómo no tener temor de un hombre que da órdenes al viento y al mar y le obedecen? Ellos entendieron que estaban frente a algo más que un hombre que tenía sueño.

Vayamos ahora con el milagro de la liberación del endemoniado registrada en Marcos 5.1-20, Mateo 8.28-34 y Lucas 8.26-39. Encontramos los siguientes aspectos importantes:

  1. La ubicación de Jesús y los apóstoles. Lucas 8.26 dice, “Navegaron hasta la región de los gerasenos, que está al otro lado del lago, frente a Galilea.” Nuevamente la Biblia de Estudio Arqueológica nos ayuda a ubicarnos mencionando que esta región se encontraba en el lado este del mar de Galilea y era una zona habitada mayormente por no-judíos (o también llamados “gentiles”), lo cual explica la enorme cantidad de cerdos en la zona (recordemos que para los judíos esos animales eran impuros). Ahora, en cuanto al nombre de la región, Lucas y Marcos le llaman “la región de los gerasenos” mientras que Mateo dice “la región de los gadarenos”. ¿Por qué nombres diferentes? De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, ambos nombres geográficos existieron y correspondían a ciudades o villas al este del mar de Galilea. Las variantes en los nombres se cree que se generaron por cuestiones de pronunciación o por la preferencia de Mateo de utilizar términos regionales.
  2. La cantidad de endemoniados. Los evangelios de Marcos y Lucas mencionan que era solamente un hombre endemoniado el que se presentó a Jesús, pero Mateo menciona que eran 2. ¿Es esto evidencia de una contradicción bíblica? ¿O es evidencia de que la historia fue inventada por los discípulos de Jesús? ¡Para nada! Nuevamente la Biblia de Estudio Apologética nos dice que es posible que Marcos y Lucas se enfocaron exclusivamente en el más prominente de los 2 hombres, mientras que Mateo incluyó el número completo de ellos.
  3. Las evidencias de la posesión demoníaca. Al analizar los relatos, encontramos algunas características de lo que es una verdadera posesión demoníaca: a) la persona pierde control de sí misma y el espíritu maligno toma control de todo lo que hace o dice, b) la persona poseída adquiere una fuerza sobrehumana que ni un grupo de hombres puede controlar, c) la persona poseída se lastima y se hiere a sí misma. De acuerdo con el evangelio de Lucas, este hombre llevaba mucho tiempo así. Pensemos en el largo sufrimiento que esta alma estaba pasando y cómo Jesús se compadeció de él y le ordenó a los espíritus que lo dejaran libre (Lucas 8.29). Es un hecho que a Jesús le mueve a compasión ver el sufrimiento que Satanás y sus demonios han causado a la humanidad. Nadie le pidió que lo liberara, ¡él lo quiso hacer! Jesús detuvo el sufrimiento que este hombre estaba pasando a manos de demonios.
  4. La sumisión de los espíritus malignos a Jesús. Los evangelios registran que los demonios, al verse frente a frente con Jesús, reaccionaron de la siguiente manera: a) le rogaron que no los atormentara (Marcos 5.7), b) le revelaron cuántos eran y su nombre grupal (Lc 8.30), c) le suplicaron que no los expulsara de aquella región (Mr 5.10), d) le suplicaron que no los mandara “al abismo” (Lc 8.31) y e) le rogaron a Jesús que les permitiera entrar en un grupo de cerdos que había por ahí (Lc 8.32). ¿Qué nos refleja esto? Que lo que dice Santiago 2.19 es verdadero con respecto a la reacción de los demonios ante Dios: “tiemblan de miedo” (DHH-LA). El hecho que los espíritus malignos le rogaran, le suplicaran y le temieran a Jesús era una evidencia poderosa de que Dios hecho hombre estaba en la tierra, ¡ante ningún ser humano ordinario ellos se doblegarían!
  5. El nombre del grupo de demonios. Marcos 5.9 dice, “—Me llamo Legión—respondió—, porque somos muchos.” De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, una legión romana incluía de 4,000 a 6,000 soldados. Esto quiere decir que el número de demonios era muy grande y todos habitaban en aquel hombre, aunque esto suene increíble. De hecho, el hecho que pidieron que no los sacara de aquella región coincide con la creencia popular de todos los tiempos que los espíritus malignos prefieren habitar en lugares desiertos y de muerte, como un cementerio.
  6. ¿Qué es “el abismo” de Lucas 8.31? De acuerdo con este versículo, una de las peticiones de los demonios a Jesús (hecha con ruegos) fue que él no los mandara “al abismo” o “al abismo sin fondo” (NTV) o “al abismo, donde se castiga a los demonios” (TLA). De acuerdo con el The New International Greek Testament Commentary: The Gospel of Luke, de Paternoster Press, la palabra griega original es ??????? y significa “abismo, profundidad, mundo de ultratumba”. En varios pasajes en el NT se menciona nuevamente este lugar como un sitio de prisión para los poderes malignos (Ro 10.7, Ap 9.1, 3, 11; 11.17; 17.8; 20.1, 3). Por la expresión que registra Mateo 8.29 que dijeron los demonios (“¿Has venido aquí a atormentarnos antes del tiempo señalado?”), se entiende que los espíritus malignos serán arrojados al abismo en el futuro. El apóstol Pedro comentó algo al respecto en 2 Pedro 2.4, “Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al abismo, metiéndolos en tenebrosas cavernas y reservándolos para el juicio.” Jesús tenía autoridad para enviar a cuanto demonio quisiera al abismo en cualquier momento. Sin embargo, no quiso hacerlo, sino que les permitió continuar en la tierra a pesar del daño terrible que habían hecho al hombre. Jesús sabía que hay un tiempo para todo y cuando llegue, Satanás y sus demonios tendrán que rendir cuentas ante Dios también y serán juzgados.
  7. La reacción del hombre liberado. Los evangelios registran que después de que fue liberado de los poderes demoníacos, el endemoniado quería seguir a Jesús, pero éste prefirió mejor que el hombre fuera a dar testimonio de la bendición que recibió a todas partes. Una persona agradecida con Jesús por el perdón recibido y por la liberación otorgada siempre reaccionará con un deseo fuerte de ser un discípulo de Jesús.

Por último, hablemos del milagro de la resurrección de la niña y de la sanidad de la mujer enferma (Marcos 5.21-43, Mateo 9.18-26 y Lucas 8.40-56):

  1. Los evangelios registran que al momento que Jesús recibió la petición de ayuda de parte del padre de la niña de 12 años que estaba muriendo, al momento se fue con él con rumbo a su casa. El hombre se llamaba Jairo y era jefe de la sinagoga local (Mr 5.22). La desesperación y el dolor del hombre era evidente: se arrojó a los pies de Jesús al verlo y le suplicó. Jesús no menospreció tal petición y respondió movido a compasión por el hombre y el sufrimiento de su familia. ¡Ese es el corazón de Jesús para con los que sufren!
  2. Por otro lado, encontramos de nuevo cómo la fe de una persona genera que poder se desprenda de Jesús, ¡aún de forma involuntaria de parte de él! La mujer enferma tenía 12 años así y en su mente pensó: “«Si al menos logro tocar su manto, quedaré sana.»” (Mt 9.21). No le comentó ni una palabra a Jesús, no le hizo ninguna petición, solamente lo tocó, y acto seguido poder salió de él y la sanó. Jesús mismo detectó que esto había sucedido pero no sabía hacia quién fue (Marcos 5.30). Hasta que la mujer se presentó ante él fue que supo quién había sido y le dijo: “—¡Hija, tu fe te ha sanado!—le dijo Jesús—. Vete en paz y queda sana de tu aflicción.” (Mr 5.34). Esto nos revela un aspecto fascinante del poder que Jesús tenía para sanar a las personas: ¡podía ser activado por la fe de la gente sin que Jesús mismo iniciara el asunto! Nuevamente, como en otros casos, la fe poderosa y determinada de la mujer en el poder de Cristo fue la que le permitió encontrar sanidad.
  3. El aparente fracaso de la misión. Mientras Jesús se entretenía salvando a la mujer, la hija de Jairo murió y así se lo comunicaron. ¡Imaginemos la profunda tristeza y decepción que el hombre debió haber sentido! Tal vez pensando: “-Si Jesús no se hubiera detenido… Si Jesús me hubiera hecho caso… Si Jesús esto o el otro…” Sin embargo, Jesús le dijo, “—No tengas miedo; cree nada más.” (Mr 5.36). Acto seguido, llegó a la casa del hombre y resucitó a la niña en presencia de los padres y algunos de los apóstoles (Juan, Pedro y Santiago). Jesús nunca llega tarde a ninguna persona, él sabe cómo y cuándo actuar con cada uno de nosotros, aunque a nuestros ojos nos parezca que no nos escucha o que todo saldrá mal porque se retrasó.

Conclusiones:

  1. No permitamos que el miedo nos domine ante las circunstancias difíciles que nos toca atravesar, porque corremos el riesgo de que pueda ahogar nuestra fe y terminemos incluso blasfemando contra Dios porque no nos atendió en el tiempo y forma en que nosotros queríamos. Aprendamos a no tener miedo y a desarrollar una confianza plena en Dios en toda circunstancia, ¡no olvidemos que Él está en control siempre!
  2. Busquemos imitar el corazón de Cristo para con aquellos que sufren por causa del trabajo del diablo en este mundo. Hay tantas familias hoy que están pagando consecuencias terribles de vivir en la oscuridad y los discípulos de Jesús estamos llamados a ser luces en este mundo perdido y a tener compasión de la gente que está en la oscuridad.
  3. No menospreciemos la importancia de la fe en nuestra vida. Jesús en cada circunstancia complicada que sus discípulos atravesaron los confrontó con la cuestión de su fe personal. De igual forma nosotros necesitamos mantener nuestra fe aún cuando las tormentas de la vida parece que nos van a hundir el barco. Jesús estará a tiempo para rescatarnos.

 

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