Día 181

1 SAMUEL 23 – 24, 1 CRÓNICAS 12.8-18, SALMO 57, SALMO 142, SALMO 54.

Continuamos con la huída de David ante la persecución de Saúl. Después de la triste historia de la masacre de sacerdotoes por Doeg el edomita, Saúl continuó la persecución de David por diferentes territorios y ciudades. Los capítulos 23 y 24 que analizaremos hoy son un reflejo de los detalles de ésta persecución, donde podremos apreciar también por un lado la dependencia de David en Dios y por el otro el constante cuidado de Dios hacia David. Antes de esto, es recomendable leer los Salmos 57 y 142 que amplían el sentimiento dje David al encontrarse refugiado en la cueva de Adulam, como registra 1 Samuel 22.1, y que nos continúan mostrando la fidelidad de David a pesar de los tiempos difíciles y sobre todo, la confianza tremenda que tenía en Dios.

Los versículos 1 al 14 del capítulo 23 nos muestran una aspecto muy interesante del corazón de David especialmente comparado con el corazón de Saúl. Al menos en 3 ocasiones David decidió consultar a Dios antes de tomar una decisión sobre el rumbo de acción que tomaría: a) antes de intentar liberar a la ciudad de Keila del poder de los filisteos, b) al darse cuenta del miedo de sus hombres para atacar a Keila, c) ante el inminente ataque de Saúl a Keila para atraparlo. En cada caso, David “le preguntó al Señor…” sobre cada asunto. Llama la atención cómo en el v. 2, después de haber recibido una respuesta positiva de Dios ante el ataque a Keila, al escuchar a sus hombres reconocer su miedo, David regresó a consultar a Dios. ¿Qué apreciamos aquí? Un corazón humilde que tenía la necesidad de buscar a Dios antes de tomar decisiones importantes. Y también podemos reconocer un líder que escuchaba a su gente y la tomaba en cuenta, pero ponía en primer lugar siempre la voluntad de Dios. David pudo haber hecho caso a todos sus hombres y no liberar a Keila pero decidió llevar más bien el asunto ante Dios, recibió la respuesta de Él y después el v. 5. dice “Entonces David y sus hombres fueron a Keila. Mataron a los filisteos, tomaron todos sus animales y rescataron a la gente de la ciudad.” Si David hubiera tenido una actitud más de agradar a su gente, no hubieran llevado a cabo la liberación de esa ciudad. David sí escuchaba a su gente pero también escuchaba la voz de Dios y le daba prioridad a ésta última, inspirando seguramente a sus hombres a obedecer a Dios antes que seguir sus emociones.

En los versículos 15 al 18 del capítulo 23 podemos ver a un David que no solamente necesitaba de Dios, sino también de amistades sinceras y sólidas que lo ayudaran espiritualmente. Es impresionante identificar el propósito de la visita que Jonatán le hizo a David en el v. 16, “Jonatán fue a buscar a David y lo animó a que permaneciera firme en su fe en Dios.”, “Jonatán, hijo de Saúl, se levantó y fue a donde estaba David en Hores, y lo fortaleció en Dios.” (NBLH), “Pero Jonatán fue a Hores para ver a David, y lo animó a tener confianza en Dios.” (TLA). Nosotros al igual que David también necesitamos este tipo de personas cerca de nosotros, quienes andan caminando cerca de Dios y que en momentos de debilidad nuestra, estarán ahí para animarnos y fortalecernos en Dios. ¡Éste es el tipo de amigos que necesitamos! No personas que van a decirnos lo que queremos escuchar todo el tiempo o que van a hacerse uno con nosotros en nuestra amargura. Necesitamos gente espiritual que ama a Dios y que nos ama también como para aconsejarnos y animarnos. ¿Tienes a tu lado personas como éstas?

Para terminar el capítulo 23, los versículos 19 al 29 narran cómo los pobladores de Zif, que era el lugar donde David se había ido a refugiar de Saúl, lo traicionaron y fueron a avisarle a Saúl dónde estaba. Al enterarse David que Saúl se movilizaba hacia su posición, emprendió la huída hacia el desierto de Maón (v. 24). Dentro de este contexto de refugios y huídas, 1 Crónicas 12.8-18 nos da más información acerca de los hombres de diferentes tribus que se pasaban al lado de David durante su persecución por parte de Saúl. La descripción es muy gráfica, 1º Crónicas 12.8 (DHH-LA), “También de la tribu de Gad se pasaron algunos al lado de David cuando estaba en la fortaleza del desierto. Eran guerreros valientes, entrenados en la guerra y armados con escudo y lanza. Tenían aspecto como de leones y corrían por los montes como venados.” Y por la expresión de 1º Crónicas 12.18 (DHH-LA), “Entonces Amasai, jefe de los treinta, poseído por el espíritu, exclamó: “¡Paz a ti, David, hijo de Jesé! ¡Que la paz esté contigo! ¡Paz a ti y a los que te ayuden, porque tu Dios te ha ayudado!” David los recibió y les dio puestos entre los jefes de la tropa.”, nos podemos dar cuenta de que Dios estaba atrás de esas constantes adiciones a lo que vendría siendo el ejército de David.

Ahora, ¿cómo se sentía David de las constantes traiciones de los pueblos a donde él se iba a refugiar, incluso después de haberlos ayudado a ser libres de la opresión de los filisteos (como en el caso de Keila)? El Salmo 54 trata precisamente con el episodio de la traición de los habitantes de Zif. El sentimiento de David y su confianza en Dios quedan en evidencia en este salmo en frases como: “… Escucha, Dios mío, mi oración… pues gente arrogante y violenta se ha puesto en mi contra y quiere matarme… ¡No tienen presente a Dios!… Sin embargo, Dios me ayuda… me mantiene con vida… alabaré tu nombre…” Para David era evidente que Dios lo estaba ayudando en todo su sufrimiento y aunque en el momento las cosas se pusieran complicadas, al final terminaría cada episodio difícil confiando en Dios y alabándole.

Para terminar este estudio, tenemos en el capítulo 24 la historia de la entrada de Saúl en la cueva donde se estaba escondiendo David y el respeto que éste último mostró por el rey elegido de Israel, a pesar de todos sus pecados. Veamos algunos aspectos interesantes:

  1. En los versículos 4 al 7, a pesar de estar aconsejado y presionado por sus hombres para que asesinara a Saúl, David solamente le cortó un pedazo del borde de su manto, mientras éste hacía sus necesidades en la cueva. Y a pesar de que fue un corte insignificante realmente y que no lastimó en ninguna forma a Saúl, podemos apreciar cómo se sintió su corazón al respecto en los v. 5 – 7, “??5 Pero comenzó a remorderle la conciencia por haber cortado el manto de Saúl. ??6 «El SEÑOR sabe que no debería haberle hecho esto a mi señor y rey —dijo a sus hombres—. Que el SEÑOR me libre de hacerle tal cosa a mi señor el rey y atacar al ungido del SEÑOR, porque el SEÑOR mismo lo ha elegido».”
  2. Acto seguido, impidió a sus hombres que atentaran contra Saúl y él mismo salió después a gritarle a lo lejos a Saúl lo que había pasado, aclarando que no quiso atacarlo a pesar de que estaba en sus manos. Y la forma como le hablaba, “Mire, padre mío, lo que tengo en mi mano. ¡Es un pedazo del borde de su manto! Yo lo corté, pero no lo maté. Esto prueba que no intento hacerle daño y que no he pecado contra usted, aun cuando usted me ha estado persiguiendo para matarme.” (v. 11), nos refleja el respeto que seguía teniendo a Saúl simplemente por haber sido el rey escogido por Dios, aunque humanamente hablando ya no se mereciera ese cargo.
  3. La confianza tremenda que David tenia en la justicia divina queda clara en el v. 12, “»Que el SEÑOR juzgue entre nosotros. Tal vez el SEÑOR lo castigue por lo que intenta hacer, pero yo nunca le haré daño.” David estaba entregando en las manos de Dios todo el mal que Saúl le había hecho y estaba comprometido a no hacer justicia por su propia mano, causándole daño a Saúl. Su convicción era, “yo nunca le haré daño”.
  4. La humildad de David en cuanto a sí mismo cuando se refiere a él como “¿Debería pasar tiempo persiguiendo a alguien que no vale más que un perro muerto o una sola pulga?” (v. 14). De ninguna manera podemos decir que David tenía aires de grandeza. Más bien tenía una visión pequeña de sí mismo.
  5. Lo que provocó esta confrontación con Saúl fueron lágrimas en éste último (v. 16) y un pleno reconocimiento del plan de Dios al decir, “Ahora me doy cuenta de que ciertamente tú serás el rey, y de que el reino de Israel prosperará bajo tu gobierno.” (v. 20). Saúl incluso le pidió a David que le jurara no lastimar a su familia a lo que David accedió.
  6. Podemos apreciar entonces la rectitud en el corazón de David en la forma como trató el acercamiento con Saúl y la convicción que tuvo de no dañar al rey escogido por Dios, aunque ya estuviera prácticamente “de salida”. Decidió esperar a que Dios mismo hiciera justicia, no él.

Conclusiones:

  1. La actitud de buscar a Dios constantemente y especialmente en tiempos difíciles o de decisiones importantes es una de las características de un hombre o una mujer “conforme al corazón de Dios”, como lo era el rey David. La oración intensa y poderosa es una gran necesidad en las personas que realmente quieren caminar cerca de Dios y depender de Él en todo momento. Aprendamos del corazón de David y sometamos a nuestros tiempos de oración todas nuestras necesidades y preocupaciones sin falta.
  2. Si tenemos alguna función de liderazgo en el pueblo de Dios, aprendamos también del liderazgo de David. Es un hecho que escuchaba a su gente pero nunca ponía la voluntad de ellos por encima de la voluntad de Dios. David sabía escuchar tanto a su gente como a Dios, y si las voluntades de ambos eran distintas, él siempre trataría de influenciar positivamente a sus hombres para que terminaran haciendo lo que Dios quería y no lo que ellos querían. ¿Así dirigimos nosotros? ¿O no escuchamos a nadie a nuestro alrededor?  ¿O tampoco escuchamos la voz de Dios? ¿O escuchamos mucho a la gente y poco a Dios?
  3. Todos necesitamos personas que nos fortalezcan en Dios en momentos de necesidad. La fe no fue diseñada para vivirse en aislamiento. Nos necesitamos unos a otros y especialmente necesitamos contar con amistades espirituales suficientemente fuertes en la fe para ayudarnos cuando estamos en la mayor necesidad. Si las tenemos ya, ¡qué privilegiados somos! Si no tenemos, ¡trabajamos en construirlas lo más pronto posible!
  4. La convicción de David de respetar a su dirigente que era Saúl a pesar de todas sus fallas es impresionante. Refleja rectitud e integridad en su corazón. ¡Qué tan fácil nosotros podemos perder el respeto por otros creyentes cuando nos fallan o nos tratan mal! Aprendamos de la integridad de David para que en momentos de injusticias pueda brillar como brilló la suya en aquella ocasión.
  5. Si nos comportamos de forma espiritual ante las agresiones e injusticias humanas en lugar de regresar mal por mal, tarde o temprano nuestros oponentes terminarán reconociendo la diferencia en nuestras vidas y alabarán a Dios también por habernos ayudado a controlarnos y mantenernos en una línea de rectitud.

6 Responses to “Día 181”

  1. Mirna Barrera de Hdz dice:

    Muchas gracias Arturo.

  2. eduwiges sandoval dice:

    David si que entendía la dependencia de dios.
    muchas gracias.

  3. Adriana Casas dice:

    Tengo mucho que aprender del corazón de David!!
    Gracias Arturo.

  4. Elsa Lopez Ortiz dice:

    ¡ Gracias hermano por cada devocional diario,que has hecho para nuestra edificacion,con amor en cristo !!

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