Día 385

MARCOS 13.1-23, MATEO 24.1-25, LUCAS 21.5-24, LUCAS 17.20-37, MARCOS 13.24-31, MATEO 24.26-35, LUCAS 21.25-33.

A medida que se acercaba el momento de su sacrificio, Jesús comenzó a añadir una fuerte carga escatológica a sus enseñanzas. ¿Qué es la escatología? Es una rama de la teología que se enfoca en el estudio de las verdades correspondientes a los últimos tiempos. Da click en “Escatología” para conocer más del término. El día de hoy estudiaremos uno de los capítulos en los evangelios con más contenido escatológico pero dividido en dos partes y que necesitamos estar muy atentos al texto para poder identificarlas.

La mayoría de los textos que corresponden al estudio de hoy (con excepción de Lucas 17.20-37, que habíamos dejado pendiente para este momento), narran un solo evento que ocurrió mientras Jesús salía del templo, después de estar predicando y enseñando muchas cosas, como hemos estado estudiando al respecto. En aquella ocasión, sus discípulos se le acercaron y le pidieron que se fijara en la impresionante estructura arquitectónica del templo de Jerusalén. El asombro de ellos quedó reflejado en las palabras, “—¡Mira, Maestro! ¡Qué piedras! ¡Qué edificios!” (Mr 13.1). ¿Qué fue exactamente lo que impresionó tanto a los discípulos de Jesús? ¿Qué estaban mirando? El autor Alfred Edersheim en su libro El Templo. Su ministerio y servicios en tiempos de Jesucristo, de Editorial Portavoz, menciona lo siguiente con respecto a la primera impresión que se llevaba cualquier judío al observar el monte del templo:

  • “Pendiente arriba de aquella grieta central, abajo en el valle, y por las laderas de los montes se extendía la activa ciudad, con sus calles, mercados y bazares. Pero solo y aislado en su grandeza se levantaba el monte del templo. Terraza tras terraza se levantaban sus atrios, hasta que, muy por encima de la ciudad, dentro del recinto de claustros de mármol, con techumbre de cedro y ricas ornamentaciones, se levantaba el templo mismo fuera de una masa de níveo mármol y oro, resplandenciendo en la luz del sol contra el trasfondo verde del monte de los Olivos. En todas sus peregrinaciones, el judío no había visto una ciudad como su propia Jerusalén. Ni Antioquía en Asia, y ni aún la misma Roma imperial, la superaban en esplendor arquitectónico. Ni ha habido jamás, ni en tiempos antiguos ni modernos, un edificio sagrado igual al templo, ni por su situación ni por su magnificencia” (páginas 27 a 28).
Veamos un video con un modelo del templo de Jerusalén en tercera dimensión para que tengamos una idea de lo que estaban mirando aquellos discípulos de Cristo ese día.

Fue entonces cuando Jesús aprovechó la ocasión (como normalmente lo hacía) para pronunciar una profecía muy fuerte que desató la curiosidad e inquietud de los discípulos: ” —¿Ves todos estos grandiosos edificios?—contestó Jesús—. No quedará piedra sobre piedra; todo será derribado.” (Mr 13.2). Esta respuesta seguramente dejó en silencio a los discípulos por un buen rato, ya que tanto Mateo 24.3 como Marcos 13.3 mencionan que fue hasta más tarde, ya que habían llegado al monte de los Olivos y que Jesús se había sentado, que los ellos se atrevieron a hacerle una pregunta que en realidad está compuesta de dos preguntas: “—Maestro—le preguntaron—, ¿cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de que está a punto de suceder?” (Lc 21.7), o como lo menciona Mateo 24.3, “—¿Cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?” Tomando entonces la perspectiva más completa que nos proporcionan los pasajes paralelos respectivos en los 3 evangelios sinópticos, podemos comprender que ese día los discípulos cuestionaron a Jesús sobre dos temas:
  1. ¿Cuándo y cómo sucedería la destrucción del templo de Jerusalén a la que Jesús hizo referencia al inicio de la conversación?
  2. ¿Cuál sería la señal de que el fin del mundo estaría cerca? (ellos ya tenían alguna noción de que esto sucedería, Jesús mismo lo había estado repitiendo en varias de sus enseñanzas anteriores).
Por esta razón Jesús respondió en dos partes también. Veamos entonces la respuesta a la primera pregunta (Marcos 13.5-23, Mateo 24.4-25, Lucas 21.8-24):
  1. Las primera señales de que el final de Jerusalén y su templo estaba próximo serían, de acuerdo a Jesús: a) la aparición de falsos Mesías que engañarían a muchos, b) “guerras y rumores de guerras” (Mt 24.6), c) “hambres y terremotos por todas partes” (Mt 24.7). Pero de acuerdo con Mt 24.8, eso apenas sería “el comienzo de los dolores”. Jesús hablaba del tiempo que vendría después de que él ya no estuviera en la tierra, es decir, después de su resurrección y ascención al cielo.
  2. Pero habría otra señal que cronológicamente hablando se presentaría antes de la anterior, ya que Lucas 21.6 dice, “Pero antes de todo esto, echarán mano de ustedes y los perseguirán.” Era precisamente la persecución contra la iglesia primitiva. Jesús les estaba advirtiendo que a sus discípulos les esperaban tiempos muy difíciles donde habría cárcel, discípulos traicionando a otros discípulos, familiares muy cercanos (padres, hijos, hermanos) entregando a discípulos a las autoridades, y se llegaría incluso a la muerte de algunos de ellos. Las cosas se pondrían tan duras que Jesús mismo anunció que “Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará” (Mt 24.12). Ciertamente la persecución sería una prueba muy fuerte para la iglesia primitiva y serviría como un proceso de refinación en el fuego para identificar quién realmente sería fiel hasta el final y quién se le daría la espalda a Jesús por miedo a los hombres. Si embargo, Jesús les prometió a sus discípulos que él estaría con ellos ayudándoles a dar testimonio de la verdad y a defenderse delante de las autoridades humanas, con mucha “elocuencia y sabiduría para responder” (Lc 21.15). Los testimonios escritos de los cristianos de los siglos I, II y III confirman que durante la persecución todo sucedió tal como Jesús lo advirtió, incluso la elocuencia con la que aquellos creyentes defendieron su fe ante gobernadores romanos y autoridades judías.
  3. Después, Mateo 24.15 y Marcos 13.14 afirman que Jesús mencionó al “horrible sacrilegio, de la que habló el profeta Daniel (el que lee, que entienda)” (Mt 14.15), como la siguiente señal. Jesús hacía referencia a varios pasajes del libro de Daniel: “Sus fuerzas armadas se dedicarán a profanar la fortaleza del templo, y suspenderán el sacrificio diario, estableciendo el horrible sacrilegio.” (11.31), “Durante una semana ese gobernante hará un pacto con muchos, pero a media semana pondrá fin a los sacrificios y ofrendas. Sobre una de las alas del templo cometerá horribles sacrilegios, hasta que le sobrevenga el desastroso fin que le ha sido decretado.” »” (9.27), “A partir del momento en que se suspenda el sacrificio diario y se imponga el horrible sacrilegio, transcurrirán mil doscientos noventa días.” (12.11). De acuerdo con el IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVarsity Press, la interpretación de esos pasajes de Daniel ha estado sujeta a varias controversias, donde algunos estudiosos creen que una parte se cumplió en el siglo II a.C. durante la revuelta de los macabeos (como ya lo habíamos mencionado al estudiar el libro de Daniel), mientras que otros creen que otra parte de la misma se cumplió en el siglo I d.C., tal como Jesús estaba afirmando que ocurriría. Pero, ¿exactamente qué es lo que pasaría? ¿Qué era ese “horrible sacrilegio”? El historiador judío Josefo, en sus escritos (Antigüedades de los Judíos y Las Guerras de los Judíos), mencionó que la profecía de Daniel se cumplió cuando los zelotes (el grupo armado judío revolucionario) asesinaron a los sacerdotes de Dios dentro del templo en el año 66 d.C., durante la revuelta contra los romanos, cometiendo así un terrible sacrilegio que profanó el templo sagrado de Jerusalén. Jesús afirmó que cuando los discípulos vieran que eso estaba sucediendo, ¡deberían huír de Jerusalén y no dar vuelta atrás!, porque vendría una “gran tribulación” (Mt 24.21).
  4. Otra señal a la que los discípulos deberían estar atentos fue, como dijo Jesús, “20 »Ahora bien, cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que su desolación ya está cerca. 21 Entonces los que estén en Judea huyan a las montañas, los que estén en la ciudad salgan de ella, y los que estén en el campo no entren en la ciudad. 22 Ése será el tiempo del juicio cuando se cumplirá todo lo que está escrito.” (Lc 21.20-22). Jesús estaba anunciando que llegaría el día en que Jerusalén estaría rodeada de ejércitos invasores y que ese sería el momento para que los discípulos huyeran de la ciudad y no regresaran. Todo esto sucedería en tiempos del sitio impuesto por los ejércitos del general romano Tito contra Jerusalén y que culminaría con la conquista y destrucción de Jerusalén y el templo en el año 70 d.C.
  5. Una señal más sería la aparición de “falsos Cristos y falsos profetas que harán grandes señales y milagros para engañar” (Mt 24.24). Nuevamente el escritor judío Josefo en el sexto libro de  Guerras de los Judíos relata lo siguiente: “Impostores y falsos profetas engañaban a esta gente digna de compasión, que, como lunáticos, ciegos e insensibles, no prestaban atención a los claros portentos y advertencias de parte de Dios acerca de la venidera desolación.” Todo esto sucedió, de acuerdo a Josefo, en el contexto previo a la destrucción de Jerusalén por parte de los romanos.
  6. Jesús también habló un poco de la tremenda tragedia que esperaba a Jerusalén: las mujeres embarazadas y mujeres amamantando a sus bebés sufriendo, muchos cayendo a filo de espada, otros siendo llevados al cautiverio al extranjero, y finalmente, los gentiles pisoteando Jerusalén por completo (Lucas 21.23-24). De acuerdo nuevamente con el historiador judío Josefo, todo esto sucedió: a) era tanta el hambre en la ciudad sitiada por los romanos que los rebeldes asesinaban cruelmente a cualquier persona por quitarles un pedazo de alimento, incluso azotaban en el suelo a los bebés para quitarles las migajas de pan que tenían; b) hubo madres que mataron a sus bebés y los cocieron para alimentarse de ellos; c) embarazadas fueron abiertas por la mitad; d) miles fueron vendidos como esclavos. Según Josefo, los romanos tomaron 97,000 prisioneros durante la guerra contra los judíos y tan solo durante el sitio a Jerusalén y su conquista posterior murieron 1,100,000 personas. También, de acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de Editorial CLIE, durante la invasión romana en el año 70 d.C., casi toda la ciudad y el templo su totalidad fueron destruidos o incendiados, y también las murallas de Jerusalén fueron demolidas por completo, con excepción de una parte de la línea occidental y 3 torres. Después, bajo el emperador Adriano, los romanos reconstruyeron Jerusalén pero ahora como una ciudad pagana a la que llamaron Colonia Aelia Capitolina (colonia romana dedicada a Júpiter Capitolino). De hecho, se erigió un templo a esta divinidad romana en el terreno donde se encontraba el templo de Jerusalén y se prohibió que los judíos entraran a la ciudad bajo pena de muerte. Es decir, todo lo que Jesús predijo con respecto a la destrucción de Jerusalén y su templo, se cumplió a la perfección.
  7. Jesús también les dijo a sus discípulos, “Fíjense que se lo he dicho a ustedes de antemano.” (Mt 24.25), o “Así que tengan cuidado; los he prevenido de todo.” (Mr 13.23). Es decir, Jesús les había advertido a sus discípulos y a los futuros discípulos sobre el tiempo en que necesitaban huír de Jerusalén para no sufrir todas estas cosas. El líder e historiador cristiano Eusebio en su libro Historia de la Iglesia, menciona lo siguiente: “Enter tanto, antes del comienzo de la guerra, los miembros de la iglesia de Jerusalén recibieron orden por un oráculo dado por revelación a los dignos de ello para que saliesen de la ciudad y se establecieran en una ciudad de Perea llamada Pella. Allá emigraron desde Jerusalén, como si en cuanto los santos hubieran abandonado la capital real de los judíos y toda la tierra de Judea, podía entonces caer el juicio de Dios sobre ellos por sus crímenes contra Cristo y sus apóstoles” (página 95, Eusebio. Historia de la Iglesia, Editorial Portavoz). Jesús no dejó a su iglesia sin información para su protección de estos terribles eventos. Él deseaba que sus discípulos evitaran esas tragedias que estaban por venir. Ahora comprendemos mejor por qué Jesús lloró por Jerusalén cuando la vio de frente después de su entrada triunfal, ¡él ya sabía todo lo que iba a suceder!, y le dolía mucho sin duda.
Es importante mencionar también que Jesús afirmó que el evangelio sería predicado en todo el mundo y después vendría el fin (el primer fin, es decir, el fin de templo y de Jerusalén, Mateo 24.14). Ya en la época en que se escribió Colosenses, Pablo dijo, “Este mensaje está creciendo y dando fruto en todas partes del mundo” (Col 1.6). Es decir, el evangelio ya había llegado a todo el mundo conocido gracias al trabajo de los apóstoles y de muchos otros discípulos que fueron misioneros a lugares donde jamás habían escuchado hablar de Jesús. Veamos ahora un documental de History Channel sobre la destrucción de Jerusalén y su templo de acuerdo con la información proporcionada por Josefo.

Ahora estudiemos la segunda parte de la respuesta de Jesús, que hace referencia a un futuro más distante: su regreso y el jucio final (Lucas 17.20-37, Marcos 13.24-31, Mateo 24.26-35 y Lucas 21.25-33):
  1. Cronológicamente hablando, Lucas 17.20-37 sucedió antes del evento de la conversación a las afueras del templo con los discípulos. En aquella ocasión, fueron los fariseos quienes les preguntaron a Jesús cuándo llegaría el reino de Dios. Jesús aprovechó la oportunidad para enseñarles varias características de los tiempos en que el Hijo de Dios regresaría a este mundo: a) sería repentino, “como el relámpago que fulgura e ilumina el cielo de uno a otro extremo” (Lc 17.24); b) la sociedad de la época viviría muy tranquila, ocupada en casarse, comerciar, comer, beber, sembrar y edificar; c) la sorpresa del evento se compara con el diluvio en tiempos de Noé y la destrucción por fuego y azufre de Sodoma, ¡todo pasó de repente!; d) hace un llamado a la gente para que en aquel día no miraran hacia atrás ni trataran de conservar su vida, además de hablar del proceso de selección de los que eran salvos y los que no “una será llevada y la otra dejada” (Lc 17.34).
  2. Regresando a la conversación con los discípulos fuera del templo, Jesús dijo, “Pero en aquellos días, después de esa tribulación…” (Mr 13.24). Es decir, después de la caída de Jerusalén y la destrucción del templo. Al decir, “en aquellos días”, no tenemos que pensar forzosamente en que se refería a los tiempos inmediatos a la caída de Jerusalén, ya que, como dijo el apóstol Pedro inspirado por el Espíritu en 2 Pedro 3.8–9 (DHH-LA), “8Además, queridos hermanos, no olviden que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9No es que el Señor se tarde en cumplir su promesa, como algunos suponen, sino que tiene paciencia con ustedes, pues no quiere que nadie muera, sino que todos se vuelvan a Dios.” Actualmente seguimos viviendo en “aquellos días”, esperando todavía que el final de esta profecía se cumpla.
  3. Jesús, citando dos profecías contenidas en Isaías 13.10 y 34.4, mencionó que la primera señal del regreso del Hijo de Dios sería una especie de cataclismo cósmico que contemplaría: a) “señales en el sol, la luna y las estrellas” (Lc 21.25), b) la población mundial desmayándose de miedo y llena de angustia por lo que estaba sucediendole al mundo, c) el mar estaría muy agitado. Todo esto coincide nuevamente con lo que el apóstol Pedro mencionó en 2 Pedro 3.10 (DHH-LA), “Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. Entonces los cielos se desharán con un ruido espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, quedará sometida al juicio de Dios.” De acuerdo con Jesús, algo terrible le sucedería al mundo, algo que vendría del espacio exterior y que afectaría todos los ecosistemas de la tierra, impidiendo incluso la entrada de la luz solar o lunar al planeta. Suena sin duda como la descripción del impacto de un cometa, ¿verdad? No podemos asegurar con exactitud qué ocurrirá porque nuestro conocimiento del futuro es nulo, pero recordemos que cuando Jesús advirtió sobre la destrucción de Jerusalén, igualmente sus contemporáneos no comprendieron sino hasta que estaban viviendo la invasión romana y la terrible destrucción que vendría con ella. Asi también sucederá cuando él regrese.
  4. Es entonces, enmedio de todo ese caos y temor causado por estos fenómenos naturales fuera de nuestro control, que Jesús afirmó que sucederían 2 cosas muy importantes: a) todos los seres humanos verían a Jesús viniendo “sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria” (Mt 24.30), b) Jesús enviaría a sus ángeles para reunir a sus “elegidos, de un extremo a otro del cielo” (Mt 24.31). Es decir, Jesús se manifestaría en una forma visible y completa a la vista de toda la humanidad, pero además llegaría con todos sus ángeles para recoger a sus fieles seguidores que quedaran vivos en la tierra y llevarlos con él. ¿Podemos imaginar tan solo un poco de este momento? Inténtalo y estremécete hasta el alma con estas imágenes en tu mente.
  5. Cuando Jesús habló sobre la próxima destrucción del templo y de Jerusalén, advirtió a sus discípulos que huyeran en cuanto vieran las señales que él estaba describiendo. Pero en esta ocasión, hablando de su regreso, le aconseja a sus discípulos: “Cuando comiencen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza, porque se acerca su redención.” (Lc 21.28), “anímense y levanten la cabeza, porque muy pronto serán libertados.” (DHH-LA). Ya no nos pide huír, porque además no hay a dónde huír, más bien nos pide animarnos y levantar firmes la mirada, porque el glorioso momento de nuestra liberación estaría cerca. ¡Qué ironía! Mientras todo el mundo estará muriéndose de miedo y de angustia, los discípulos de Jesús estarán animados y gozosos porque lo mejor que les pudiera pasar en sus vidas estaba por suceder.
  6. Finalmente, Jesús llamó a sus discípulos a aprender a discernir los tiempos, tal como sabían discernir en las ramas de una higuera si pronto daría fruto. El advirtió claramente, “Igualmente, cuando vean todas estas cosas, sepan que el tiempo está cerca, a las puertas.” (Mt 24.33). Además afirmó que sus palabras se cumplirían (Mt 24.35), no deberían tener duda alguna de ello.
Un versículo que crea un poco de confusión es Mateo 24.34, “Les aseguro que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sucedan.”  Recordemos el enfoque de Jesús en la primera pregunta que se le hizo sobre cuándo sería destruído el templo. Es en ese contexto en que Jesús estaba hablando principalmente, afirmando que a esa generación de judíos que vivieron en sus tiempos le tocaría experimentar toda esa destrucción. El templo fue destruido apenas 40 años después de estas palabras de Jesús. Ahora, en sentido secundario, todas las emociones que se experimentarían cuando los romanos invadieran Jerusalén de alguna manera simbolizaban también todo el temor y la angustia que el mundo entero experimentaría justo antes de que Jesús regresara a la tierra.

Conclusiones:

    1. Jesús, como profeta que era también, habló de eventos futuros que se cumplieron y otros que aún no se cumplen. La primera parte de Mateo 24 ya se cumplió, pero falta la segunda. Así como todo lo que predijo sobre la caídad de Jerusalén sucedió, así también cada palabra sobre el fin del mundo y su regreso se cumplirá también, ¡no lo dudemos! Si no ha sucedido, es porque Dios es paciente con este mundo perdido y está esperando que más se salven.
    2. Apreciemos la fe de la iglesia primitiva del siglo I d.C. Pasaron por pruebas muy fuertes como la persecución tan cruel de los judíos y de los romanos, pero también guerras e invasiones a su alrededor. Se mantuvieron fieles enmedio de tanta tragedia. ¿Qué tal nosotros? ¿Estamos pasando de forma fiel las pruebas que tenemos enfrente?
    3. Comprendamos la realidad de que Jesús puede regresar en cualquier momento. Hoy las personas hacen sus vidas cada día también: se casan, hacen negocios, comen, beben, se divierten, y son indiferentes a la Palabra de Dios normalmente como lo era la generación de tiempos de Noé o la población de Sodoma y Gomorra. La situación social está lista para el regreso de Cristo.
    4. Si nos toca vivir el regreso de Jesús, recordemos sus palabras así como los discípulos de Jerusalén tuvieron que recordar sus palabras con respecto a la destrucción de Jerusalén. Ya nos lo advirtió Jesús, todo, no nos sorprendamos de que sucedan las cosas.
    5. Resulta impresionante pensar que hasta en el fin del mundo, los discípulos estamos llamados a comportarnos diferente que el mundo. Mientras la mayor parte de la gente se hundirá en la desesperanza, el temor y la angustia; los discípulos estamos llamados por Jesús a alegrarnos y animarnos cuando ese momento llegue. ¡Recordemos esto!
Veamos un video compuesto de fragmentos de diferentes producciones cinematográficas donde el autor intentó ilustrar de alguna manera gráfica las profecías de la Biblia sobre el fin del mundo y el regreso de Cristo.


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