Día 434

INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE SANTIAGO.

De acuerdo con el libro Chronological and Background Charts of the New Testament, de H. Wayne House, Zondervan, el libro de Santiago está fechado en fechas tan tempranas como la década de los 40’s o 50’s d.C., escrito por Santiago, el hermano de Jesús y probablemente desde Jerusalén, dirigida hacia los cristianos judíos de la dispersión. De acuerdo también con la International Standard Bible Encyclopedia, de Wm. B. Eerdmans, contamos con la siguiente información de contexto de este libro:
  1. En cuanto a quién era el autor, se cree tradicionalmente que era Santiago, el hermano de Jesús, quien se menciona 2 veces en los evangelios por nombre (Mt 13.55 y Mrc 6.3). Aunque existe una controversia en este punto entre el catolicismo y el protestantismo, ya que la primera tendencia afirma que Santiago en realidad era un primo de Jesús y no su hermano carnal (porque esto iría en contra de la doctrina de la virginidad perpetua de María), porque supuestamente la palabra “hermano” en el idioma semítico original tendría ese posible significado. Sin embargo, las evidencias bíblicas (como Jn 7.3-5, 1 Co 9.5, Gal 1.19) confirman que Jesús tuvo otros hermanos y que además Santiago sí era uno de ellos. Al principio no creían en Jesús, pero después de la resurrección, creyeron.
  2. En cuanto al contenido, la epístola de Santiago es una de las menos dogmáticas del Nuevo Testamento, es más bien práctica. Por ejemplo, no hay mención de ninguno de los grandes temas teológicos que Pablo trató en sus cartas, el nombre de Jesús solo aparece 2 veces, no hay mención de la muerte ni la resurrección de Cristo, etc. Todo el enfoque de la misma se centra en los aspectos prácticos de la vida cristiana en diferentes áreas.
  3. El énfasis en la relación de la fe y las obras es importante también. Santiago planteó una fe no solamente intelectual, sino que era demostrada con los hechos.
  4. Debido a que el griego que se utilizó en la carta parece ser uno de los mejores del NT, y pensando también en el autor (Santiago, un judío de Palestina) se cree que hubo una carta previa original en arameo, aunque no es posible comprobar esto.

SANTIAGO 1.1-3.18.

En Santiago 1.1, el autor se presenta a sí mismo como “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo”. Suponiendo que fuera el hermano de Jesús, nunca se presentó a sí mismo como tal, más bien afirmó ser un siervo de Jesús. Posiblemente Santiago no se consideraba digno de presentarse a sí mismo como el hermano carnal de Jesús, sino como un siervo suyo. Esto nos hablaría del enorme cambio de actitud y de corazón de Santiago con respecto a Jesús, siendo que al principio no creía en él y después terminaría reconociéndose a sí mismo como su siervo.
En Santiago 1.2-18, el autor llevó a cabo un desarrollo teológico sobre el problema de la tentación, el pecado y las pruebas. Veamos los siguientes puntos relevantes:
  1. El asunto de las “pruebas” que pasamos los creyentes. En Santiago 1.2 dice, “considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas” o “Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas (tentaciones)” (BTX) o “deben sentirse muy felices cuando pasen por toda clase de dificultades” (TLA). ¿Se refiere a pruebas o a tentaciones? La palabra puede ser traducida como pruebas o como tentaciones, pero parece que en el contexto del pasaje se refiere más bien a las pruebas a nuestra fe que experimentamos en la vida cristiana. Santiago afirmó que deberíamos sentirnos “muy dichosos” cuando se presentaran las pruebas, ¿por qué? Pues porque esos tiempos difíciles, llevados de una forma espiritual, nos llevan a desarrollar constancia y perfección o “madurez plena” (DHH-LA) o “perfectos e íntegros” (BJL). Es decir, las pruebas bien manejadas nos pueden llevar a la madurez cristiana, ya que siempre tienen algo que enseñarnos.
  2. El peligro de atravesar pruebas en la fe es cuando espiritualmente somos inconstantes e indecisos (Stg 1.7-8), ya que si de por sí atravesar pruebas es algo difícil, si lo hacemos neciamente (sin sabiduría) y sin la fe para pedirle a Dios que nos llene de ella, ¡fracasaremos! Por eso necesitamos desarrollar firmeza de carácter y perseverancia en la fe, para que cuando lleguen las pruebas podamos salir exitosos de ellas.
  3. La gran victoria de resistir la tentación (Stg 1.12). La Biblia dice aquí literalmente “Dichoso el que resiste la tentación”. Siempre habrá tentaciones y pruebas, pero es algo muy grande lograr resistir a la tentación, ya que hay una promesa divina para quienes lo logren.
  4. La forma de operar del pecado (Stg 1.13-15). De acuerdo a esta Escritura, nunca será Dios quien nos ponga tentaciones, porque Él no es malo (Él solamente da cosas buenas, Stg 1.16), más bien “cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y lo seducen” (Stg 1.14). Es decir, cada persona necesita tomar responsabilidad personal de sus malas decisiones pecaminosas y reconocer que si cayeron, fue porque se entregaron a sus propios malos deseos y no porque alguien más (incluyendo a Dios) tuvo la culpa. El pecado genera la muerte una vez que se consuma (Stg 1.15).
Ahora, en Santiago 1.19-27, el autor llama a los creyentes a practicar algunos principios importantes que tienen que ver con el sentido del oír y con la lengua:
  1. Es muy importante aprender a escuchar y no solo a hablar (Stg 1.19). Normalmente quien no sabe escuchar también es muy enojón y explosivo(a) y se refleja eso en las discusiones. Santiago afirmó que entregarse a la “ira humana” (Stg 1.20) es producir frutos que no le agradan a Dios y además se considera “inmundicia y… maldad” (Stg 1.20).
  2. También es muy importante no solo escuchar la Palabra, sino llevarla a la práctica (Stg 1.22-25). Escuchar sin practicar es engañarse a uno mismo (Stg 1.22), pero quien escucha y la lleva a la práctica, “recibirá bendición al practicarla.”
  3. En cuanto a la boca, especialmente la lengua, de acuerdo a los versículos 26 al 27, lo que sale de ella es una evidencia de que nuestra religión es “pura y sin mancha” o “no sirve para nada”. Una persona religiosa que no controla su lengua es una contradicción ambulante, de acuerdo a esta Escritura. Santiago nos da entonces tres características de lo que es vivir la verdadera religión: a) ayudar a los necesitados, b) conservarse limpio de la maldad del mundo. La lengua no demuestra nada, más bien son los hechos los que demuestran que una persona realmente conoce a Dios o no lo conoce.
En Santiago 2.1-13, el autor plantea el problema del favoritismo que al parecer se estaba presentando en las congregaciones a las cuales mandó la carta:
  1. En el v. 1, Santiago aclaró que en la fe cristiana simplemente no hay lugar para favoritismos, no deben existir. ¿Por qué? Porque la injusticia no tiene nada en común con la justicia ni el egoísmo con el amor. Si damos preferencia a personas por cuestiones sociales o elitistas, ¡estamos pecando ante Dios!
  2. Al parecer, según los versículos 2 al 7, en esas congregaciones estaban discriminando a los pobres, dándole preferencia incluso de lugares a los ricos. De acuerdo a Santiago, esos cristianos estaban menospreciando al pobre, lo cual era algo gravísimo, incluso rompían la ley de Moisés al hacer eso (Stg 2.9).
  3. Al mencionar la ley en este tema, Santiago aclaró algo muy importante: “Porque el que cumple con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda.” (Stg 2.10). Aquí podemos notar el toque judío a la carta, ya que Santiago se estaba dirigiendo a personas que conocían la ley de Moisés y que posiblemente seguían manteniendo la tendencia de basarse en la ley. De acuerdo a Santiago, para quienes querían basarse en la ley deberían entender que al violar un mandamiento de la ley, se hacían culpables de transgresión a toda la ley. Por otro lado, Santiago reconoció que “la ley suprema de la Escritura” (Stg 2.8) era el famoso mandato “«Ama a tu prójimo como a ti mismo»” (Stg 2.9). El amor está por encima del cumplimiento externo de otras cuestiones. Además les recordó que serían juzgados por “la ley que nos da libertad” (Stg 2.12) y por lo tanto necesitaban demostrar compasión a otros creyentes, porque si no lo hacían, serían juzgados sin compasión también.
Pasando a Santiago 2.14-26, encontramos una discusión sobre un tema trascendente y que causó mucha controversia en la época de la Reforma Protestante:
  1. El punto central de la discusión de Santiago era demostrar que “la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.” (Stg 2.17). El autor usó una ilustración de lo ridículo que suena vivir solo con una fe de palabras cuando en realidad se tiene que demostrar con acciones (decirle a un hermano necesitado que se tape bien y coma bien pero no ayudarlo con recursos).
  2. En los versículos 18 al 19, Santiago demostró que hasta los demonios creen y tiemblan de miedo ante Dios, pero obviamente no demuestran su fe con obras buenas. Así que nuevamente es ridícula la posición de quien se aferra a la fe intelectual sin necesidad de obras.
  3. En los versículos 20-25, Santiago utilizó varios personajes famosos del Antiguo Testamento (incluyendo al padre de la fe, Abraham), para demostrar que todos ellos (Abraham y Rajab) tuvieron que demostrar con hechos su fe y por eso fueron aceptados por Dios. Ninguno de ellos se aferró solo a una fe intelectual que no demandaba hechos.
  4. Por eso concluyó, “Pues como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.” (Stg 2.26). Es importante señalar que de acuerdo con el Dr. Douglas Jacoby en su libro Life to the Full, de Editorial DPI, varios exegetas incluyendo a Martín Lutero, el líder del movimiento de la Reforma Protestante, menospreciaron a la carta de Santiago por las conclusiones a las que llegaba con respecto a las obras y la fe. De hecho, Lutero llegó a mencionar que Santiago era una “epístola de paja” y que no era digna de ocupar un lugar en el NT (también rechazó inicialmente Judas, Hebreos y Apocalipsis). ¿Por qué esta reacción? Porque en su entendimiento, Santiago contradecía las enseñanzas de Pablo sobre la gracia de Dios y las obras, como dice Romanos 3.28, “Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley exige.” Sin embargo, de acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, aunque varios críticos mantienen esa contradicción, en realidad ambas posturas se complementan una a la otra. Para empezar, el punto de partida de ambos autores es diferente (Pablo partió del rechazo al legalismo judaizante que quería obligar a los creyentes de origen gentil a volverse judíos para realment eser salvos, mientras que Santiago se estaba oponiendo a la influencia del antinomianismo (click para ver más detalles) que estaba torciendo la fe en Cristo y que consideraba que no era necesario demostrar con obras la fe. Después, Pablo sí se refería al concepto de la salvación por obras (lo que los judaizantes proclamaban), mientras que Santiago se refería más bien al concepto de la autenticación de la fe a través de las obras (no para ser salvos, sino para demostrar que la persona tiene fe).
Para terminar nuestro estudio de este día, Santiago 3.1-18 trata a más profundidad con el problema de la lengua de la siguiente manera:
  1. De acuerdo al v. 1, al parecer había mucho interés en ocupar el rol de maestro de la Biblia o algún cargo de influencia en esas iglesias, pero Santiago advierte contra esto, ya que los que enseñamos “seremos juzgados con más severidad” (Stg 3.1). Al parecer, el deseo de protagonismo estaba fuerte en varios miembros de estas iglesias, y el rol de maestro sería más bien un peligro para las mismas en lugar de una bendición si esas motivaciones estaban presentes.
  2. En los versículos 3 al 12, Santiago expuso la realidad de la lengua humana con las siguientes palabras: “es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas.” (Stg 3.5), “es un fuego, un mundo de maldad…. contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida.” (Stg 3.6), “Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal.” (Stg 3.8). Palabras fuertes para juzgar a la lengua, ya que era algo muy grave que de la misma boca salieran bendición maldición, especialmente hacia el prójimo (Stg 3.9). Posiblemente Santiago estaba tratando algún problema que había en las iglesias destinatarias de la carta con respecto al chisme o la calumnia o las malas palabras a los creyentes o cualquier otro asunto pecaminoso relacionado con la lengua.
  3. Pensando posiblemente en aquellos que querían ser maestros pero que tal vez sus lenguas los traicionaban, Santiago afirmó en los versículos 13-18 que la verdadera sabiduría y entendimiento se demostraban con “obras hechas con humildad”, con “buena conducta”, con una actitud “pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera.” (Stg 3.17). Esto era contrario a lo que algunos de ellos seguramente estaban haciendo: viviendo en “envidias amargas y rivalidades en el corazón” (Stg 3.14) o “envidias amargas y ambiciones egoístas” (NTV), lo cual llevaba a “confusión y toda clase de acciones malvadas” (Stg 3.16), y finalmente se consideraba sabiduría “terrenal, puramente humana y diabólica” (Stg 3.15). Como parte del problema de lengua que había entre los cristianos destinatarios de la carta, podemos observar que había personas con deseos de protagonismos pero además por sus mismos malos motivos, estaban llenos de rivalidades y envidias, lo cual generaba toda clase de acciones malvadas contra otros creyentes, incluyendo por supuesto el uso malévolo de la boca. La iglesia necesitaba aprender a tener discernimiento espiritual para identificar rápido a aquellos creyentes que estuvieran batallando con estas debilidades para ponerles un alto y no permitirles posiciones de autoridad, como el rol del maestro.

Conclusiones:

    1. En los tiempos de pruebas a nuestra fe, aprendamos a ver esos momentos de forma espiritual y no humana, orando y tratando de identificar de qué manera Dios quiere que crezcamos en nuestra fe a través de ellas.
    2. Cuando seamos tentados, evitemos culpar a Dios de la tentación sino más bien identificar qué malos deseos personales nos están llevando a esa situación, y resistamos para no caer. Podemos darle mucha gloria a Dios al resistir a las tentaciones y salir victoriosos.
    3. Necesitamos cuidar mucho los sentidos del oír y del hablar, ya que de la forma como los utilizemos es como se define si le damos gloria a Dios o si lo ofendemos gravemente. Aprendamos a escuchar antes de hablar, aprendamos a no enojarnos rápido y aprendamos a escuchar y practicar lo que escuchamos.
    4. Mostrar favoritismos y ser parcial no tienen lugar en la fe cristiana, porque son un acto de injusticia. Recordemos que la ley suprema de la Escritura es el amor a Dios y el amor al prójimo y todo lo que atente contra esto, lo debemos evitar radicalmente.
    5. La Biblia no tiene contradicciones y en el caso de la relación entre fe y obras, necesitamos estar convencidos de que la fe verdadera se demuestra con obras, no solo con palabras. No compremos los argumentos doctrinales baratos que afirman lo contrario y que dan licencia a personas que viven como quieren bajo la bandera del cristianismo. Fe y obras son necesarias para una verdadera religión cristiana.
    6. Aprendamos a discernir de forma espiritual el uso de la lengua que nosotros mismos y otros creyentes le dan. Aprendamos a identificar rápido a cristianos mal motivados y ambiciosos de poder que con su lengua intentan descalificar a otros para alcanzar sus fines egoístas. No aceptemos las rivalidades ni las envidias ni en la membresía de la iglesia y mucho menos en el liderazgo cristiano.
Los dejo con un video de ilustración sobre el poder de las palabras y el cuidado que necesitamos tener sobre nuestra lengua, especialmente si somos creyentes.


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