Día 453

INTRODUCCIÓN A APOCALIPSIS.

Nos encontramos ya en la fase final de todo este proyecto de estudio bíblico. Hoy comenzaremos nuestro análisis del último libro de la Biblia: Apocalipsis. De acuerdo con el libro Chronological and Background Charts of the New Testament, de H. Wayne House, Zondervan, este libro se escribió a finales de los 80’s o inicios de los 90’s d.C., desde la isla de Patmos (Asia Menor), por el apóstol Juan (la visión tradicional de autoría), y fue dirigido para 7 iglesias de la provincia romana de Asia Menor. De acuerdo con el libro A Handbook on the Revelation to John, de United Bible Societies, contamos con la siguiente información de contexto:
  1. En cuanto al autor, la posición tradicional es que el Juan del v. 4 es precisamente el apóstol Juan, quien se encontraba preso en la isla de Patmos por causa de su fe. Existen algunas otras opiniones entre los académicos bíblicos, afirmando un autor diferente que utilizó el nombre de Juan, o bien, otro Juan que desconocemos su identidad. Sin embargo, hay evidencias en el texto que pueden apuntar sin problema al apóstol Juan.
  2. En cuanto al lugar donde se escribió el libro, el v. 9 menciona que el autor se encontraba en la isla de Patmos cuando recibió esta revelación. Esta isla se encuentra en el Mar Egeo (en el lado este del Mar Mediterráneo), a unos 100 km. al sureste de Éfeso. Se sabe que la isla era utilizada como una prisión por las autoridades romanas.
  3. En cuanto a la fecha de escritura, existen diferentes posturas entre los estudiosos bíblicos. La mayoría de ellos sin embargo creen que el libro fue escrito durante el reinado del emperador Domiciano (81-96 d.C.), debido a la intensa persecución sistemática que llevó a cabo no solamente en Roma (como en el caso de Nerón), sino también en la provincia de Asia.
  4. En cuanto a la naturaleza del libro, es de carácter escatológico, es decir, con referencia a eventos que ocurrirán al final de la historia humana. Sin embargo, se puede decir que los apítulos 1 al 3 trataron temas del presente en el momento que la carta fue escrita, y los capítulos 4 al 22 ytratan temas del futuro próximo y lejano.
  5. En cuanto al aspecto gramatical y de estilo del libro, el autor utilizó una esctructura del griego muy inusual, ya que incluso dentro de los libros de estilo literario apocalíptico de la época, este libro sobresale entre ellos por no seguir las reglas gramaticales estándares del griego común.

APOCALIPSIS 1.1-20.

El v. 1 nos indica el por qué del nombre del libro: “Ésta es la revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos lo que sin demora tiene que suceder. Jesucristo envió a su ángel para dar a conocer la revelación a su siervo Juan”, o “La Revelación (El Apocalipsis) de Jesucristo” (NBLH). El griego para “revelación” es  ἀποκάλυψις (apokálupsis), que de acuerdo con el Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento, de Editorial Mundo Hispano, significa “Revelación, manfiestación, apocalipsis.” Es decir, se trata de una revelación directa de Jesucristo a Juan, su siervo, pero no con el fin de beneficiarlo solamente a él, sino que se le encargó que la entregara a las “siete iglesias que están en la provincia de Asia” (Ap 1.4). Jesús quería que las iglesias se beneficiaran de esa revelación, que fuera una bendición para ellas. Para que no hubiera duda sobre el valor de esta revelación, Juan confirmó su testimonio diciendo “quien por su parte da fe de la verdad, escribiendo todo lo que vio, a saber, la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.” (Ap 1.2). El apóstol afirmó que no estaba mintiendo, que era verdad lo que estaba compartiendo en el libro. Además, el v. 3 revela una promesa de bendición para quienes lean y escuchen “Las palabras de este mensaje profético”: “Dichoso”. Apocalipsis no es cualquier libro, tiene una relevancia especial, tanto que Jesús prometó que el simple hecho de llerlo y poner atención a sus mensajes representa toda una bendición. Cuando muchos cristianos tratan de evadir el libro de Apocalipsis debido a su complejidad literaria, es tiempo de que lo estudiemos profundamente y lo tomemos en serio.
En el versículo 4 al 7, Juan continuó con su introducción al mensaje profético de todo el libro, y es aquí donde encontramos a los destinatarios del mismo: “escribo a las siete iglesias que están en la provincia de Asia” (Ap 1.4). Estas 7 iglesias fueron mencionadas directamente por Jesús en el v. 11 (“«Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete iglesias: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea.» “). De acuerdo con el libro What Christ Thinks of the Church, An Exposition of Revelation 1 – 3, de John Stott, Baker Books; dicha lista de ciudades fueron mencionadas en el orden en que se haría un viaje partiendo de la isla de Patmos hacia ellas, ya que primero habría que navager hasta Éfeso, después viajar al norte hacia Esmirna y Pérgamo, luego al sureste hacia Tiatira, Sardis y Filadelfia, y terminar su ruta en Laodicea. Además, si tomamos en cuenta que todo el libro de Apocalipsis es altamente simbólico, no podemos pasar por alto el número 7 en cuanto a las iglesias destinatarias del mensaje. Así se puede decir entonces que las 7 iglesias de Asia representan a las iglesias locales de todas las áreas geográficas en todas las generaciones posteriores a Cristo. Es decir, el mensaje de Apocalipsis es completamente para todos nosotros como creyentes modernos. También en cuanto a los versículos 5 al 7, encontramos la mención de 3 títulos que se le atribuyen a Cristo (“el testigo fiel, el primogénito de la resurrección, el soberano de los reyes de la tierr1”) y un pequeño himno dedicado a Jesús donde se mencionan 3 cosas muy importantes: a) la forma como consiguió que el perdón de pecados estuviera al alcance de todos (a través de su sangre), b) que también nos permitió ser “un reino, sacerdotes al servidio de Dios su Padre” (su iglesia es entonces muy importante), c) una profecía sobre la forma física en que regresará a la tierra un día (“¡Miren que viene en las nubes! Y todos lo verán con sus propios ojos… y por él harán lamentación todos los pueblos de la tierra”. Si recordamos Mateo 24.30 (“»La señal del Hijo del hombre aparecerá en el cielo, y se angustiarán todas las razas de la tierra. Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria”), encontramos una descripción similar de cómo será el regreso de Cristo a este mundo. Ese día será de gran júbilo para algunos, pero de mucha angustia y lamento para todos aquellos que no quisieron creer en las palabras de Jesús ni lo siguieron.
Después de la introducción, en los versículos 8 al 20 encontramos la presentación de Jesús ante Juan y sus primeras palabras con respecto al mensaje que le revelaría a su siervo:
  1. El v. 8 dice lo siguiente, “«Yo soy el Alfa y la Omega—dice el Señor Dios—, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.»” Juan está hablando en contexto de Jesús, así que esto quiere decir que Jesús es “el Señor Dios” y “el Todopoderoso”, o sea, ¡Dios mismo hecho hombre! Cuando Jesús habla, Dios habla. Además, Jesús es el inicio de todo (Alfa) y el fin de todo (Omega), que son las primera y última letra del alfabeto griego, simbolizando con esto su existencia eterna.
  2. En el v. 9 el autor se describe a sí mismo como “Juan, hermano de ustedes y compañero en el sufrimiento”, además de especificar el lugar donde recibió la revelación (“la isla de Patmos”). De acuerdo con el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, de Editorial CLIE, la tradición más antigua (como Ireneo), afirma que Juan fue deportado a la isla de Patmos hacia el final del reinado del emperador Domiciano (81 – 96 d.C.). Después saldría libre para el 96 d.C., después de la muerte de Domiciano. Si bien Nerón había perseguido duramente a los cristianos en Roma (donde se cree que ordenó la muerte de Pedro y de Pablo), Domiciano fue más allá y llevó la persecución hacia otras provincias como Asia, y en todos lados demandaba adoración a él como un dios. Así, los cristianos de Asia de finales del s. I d.C. se encontraban bajo una intensa hostilidad tanto de la sociedad como de las autoridades romanas: los corazones de los cristianos se alarmaron, se les pedía que adoraran al César como Señor, eran insultados públicamente, otros perdieron negocios, algunos ya habían perdido incluso sus vidas. ¡Eran tiempos muy difíciles! Juan, conciente de todo ello, se presentó entonces como “compañero en el sufrimiento”. Él sabía lo que estaban pasando y lo estaba experimentando en carne propia también.
  3. La descripción física de Jesús en los versículos 12 al 16 es impresionante y difícilmente alguna película de Hollywood podría captar la grandeza y lo poderoso de aquella aparición: a) Juan utilizó un lenguaje parecido al del libro de Daniel (“alguien semejante al Hijo de hombre”, Dn 7.13), b) túnica con banda de oro en el pecho (como el de un sacerdote o rey o juez), c) cabellera blanca (aspecto venerable y santo, y de sabiduría también), d) ojos resplandecientes como llama de fuego (una mirada de escrutinio y de juicio intensa), e) pies como de bronce al rojo vivo (símbolo de fuerza y poder), f) la espada de doble filo que salía de su boca (tal como Hebreos 4.12 describe a la Palabra de Dios), g) su rostro brillaba como el sol y su voz era “tan fuerte como el estruendo de una catarata” (v. 15). Como podenos notar, cada aspecto de la apariencia física de Jesús simbolizaba algo. Esto nos muestra que la imagen del Jesús que estuvo en la tierra al Jesús resucitado y ascendido es completamente diferente.
  4. La reacción de Juan y la cercanía de Jesús (v. 17-18). Ante la visión, la Biblia dice que Juan cayó como muerto a los pies de Jesús (v. 17), posiblemente de la impresión que recibió. Sin embargo, las palabras de Jesús fueron “No tengas miedo.” (v. 17). ¡Ese era el Jesús a quien Juan conocía cuando estuvo en la tierra! El Jesús que inspiraba confianza, que pedía a sus discípulos que no tuvieran miedo sino que tuvieran fe. Juan estaba frente a frente con su Maestro, y estaba recibiendo ánimo y fuerza de él, como siempre lo recibió. También Jesús se presentó como “Yo soy el Primero y el Último, 18 y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno.” (v. 18). Aunque Jesús murió, resucitó, pero no para morir de nuevo (como le pasó a Lázaro y a todas las personas a quienes Jesús o los apóstoles resucitaron), sino esta vez para vivir para siempre. Por eso es llamado “el primogénito de la resurrección”, no porque resucitó solamente, sino porque resucitó para vivir para siempre. Esa es la esperanza que todos los creyentes tenemos, de un día resucitar para vivir para siempre, no para morir de nuevo. Jesús dominó a la muerte y al lugar donde van los muertos (el Hades, que es otra traducción de “infierno” en el v. 18).
  5. La misión que Jesús le dio (v. 19-20). La orden fue clara, “Escribe, pues, lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá después.” (v. 19). Jesús no quería que Juan perdiera detalle alguno de todo lo que fuera a presenciar, comenzando con la presentación que hizo Jesús de sí mismo. Él se quería asegurar que todos los creyentes posteriores tendríamos acceso a esta revelación. También Jesús reveló algunos tips de interpretación de esta revelación: las siete estrellas representan a “los ángeles de las siete iglesias”, mientras que los siete candelabros “son las siete iglesias”. ¿A qué se refirió con “ángeles”? De acuerdo a los estudiosos bíblicos, hay dos posiblidades: a) que esté dirigida a los dirigentes que estaban a cargo de pastorera y supervisar esas iglesias, b) que estuviera dirigida a ángeles guardianes de esas iglesias. Sea como sea, el contenido del mensaje es completamente aplicable para las iglesias modernas.

Conclusiones:

  1. No seamos negligentes con el estudio de Apocalipsis, ya que de acuerdo al mismo texto del libro, hay grandes bendiciones para quienes lo lean, lo estudien y lo tomen en serio. No nos dejemos intimidar por el lenguaje simbólico extraño que utiliza.
  2. Recordmos cómo regresará Jesús: a la vista de todo el mundo y de forma poderosa, no como cuando vino la primera vez. Será un día glorioso pero también un día muy triste para muchas personas. Hagamos pues lo posible para que muchos más puedan estar felices ese día, llevándolos a Jesús mientras están vivos.
  3. Aceptemos el sufrimiento por causa de Cristo como parte del llamado a ser discípulos de Jesús. Experimentemos también empatía por aquellos que sufren por Jesús, ya que seguramente nosotros también hemos sufrido por Jesús como ellos.
  4. Estemos pendientes de los símbolos que se presentan en Apocalipsis. Todos tienen un propósito para estar ahí, todos tuvieron un significado para Jesús, pero que en muchos casos sigue oculto para nosotros. Estudiemos e interpretemos el libro hasta donde los recursos que tenemos disponibles nos lo permitan.
  5. A pesar de lo imponente de su presencia, el Jesús resucitado y ascendido era el mismo que el Jesús que anduvo caminando en las polvorientas calles de Palestina. La evidencia de esto fue la confianza que le quiso transmitir a Juan para que no se asustara. De la misma forma, apreciemos toda la confianza que podemos tener en Jesús y toda la paz que solo él nos puede brindar.
  6. Aprendamos del mensaje para las iglesias, porque nos representan también como parte de la iglesia de Cristo en todo el mundo.
Los dejo con un video que contiene una animación de cómo pudo haber sido esa aparición de Jesús al apóstol Juan.


Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.