Día 301

JEREMÍAS 18.1 – 23, 35.1 – 19, 49.1 – 33.

Continuaremos con los mensajes proféticos que Dios daba al profeta Jeremías. En este caso, estudiaremos mensajes con respecto a Judá y lo que Dios estaba planeando hacer con ellos, así como mensajes para otras naciones que serían afectadas por la invasión de Nabucodonosor.

En Jeremías 18 encontramos el famoso pasaje del alfarero y del barro. Varias lecciones importantes surgen del mismo:

  1. Dios podía utilizar imágenes de la vida cotidiana para dar enseñanzas espirituales profundas. En este caso, Dios le dijo a Jeremías “«Baja al taller del alfarero y allí te hablaré».” (Jer 18.2). Dios pensaba utilizar una imagen común de esos tiempos, como ver un alfarero trabajando en su torno, para darle una lección poderosa tanto a Jeremías como a su pueblo. En este caso, la imagen completa era a un alfarero que intentaba hacer una vasija del barro y como no resultó como quería, la aplastó y comenzó de nuevo (Jer 18.4).
  2. El Maestro Alfarero puede hacer y deshacer sus creaciones. También encontramos varias expresiones que nos muestran el derecho que Dios tiene de hacer lo que Él considere con su creación: “«¡Oh, Israel! ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el alfarero con el barro? De la misma manera que el barro está en manos del alfarero, así estás en mis manos.” (Jer 18.6). Israel y Judá, su pueblo, eran el barro, y Dios había intentado hacer una vasija valiosa con ellos, pero como no se dejaron moldear por Él, estaba literalmente “aplastándolos” y comenzando de nuevo. El propósito final del alfarero al hacer esto no es trabajar en vano jugar con el material destruyéndolo sin sentido, más bien es buscar la perfección. Así mismo, Dios al enviar la disciplina tan fuerte como la que envió a Israel y la que estaba por enviar a Judá, no tenía como propósito principal destruirlos, sino perfeccionarlos, para que surgiera una mejor nación con un mejor corazón para con Él.
  3. La soberanía de Dios sobre todas las naciones. Los versículos 7 al 10 nos muestran que lo mismo que estaba por hacer con Judá, Dios lo podía hacer con todas las naciones del mundo. ¿En qué se fijaría para decidir si construía o destruía? “… pero luego esa nación renuncia a sus malos caminos, no la destruiré como lo había planeado… pero después esa nación hace lo malo y se niega a obedecerme, no la bendeciré como dije que lo haría.” (Jer 18.7-10). Básicamente cada nación estaba construyendo su futuro con las decisiones diarias que tomaba. Si Dios tenía planeadas bendiciones pero ellos decidían mejor hacer lo malo, Dios cambiaba el futuro. Si Dios tenía planeada destrucción pero ellos se arrepentían, Dios también cambiaba el futuro. ¿No será lo mismo con nuestras vidas?
  4. Dios continúa insistiendo en el arrepentimiento. El versículo 11 dice, “‘En vez de algo bueno, les tengo preparado un desastre. Así que cada uno de ustedes abandone sus malos caminos y haga lo correcto’” Dios no se cansó de estarles advirtiendo de una y otra manera que cambiaran sus caminos y se arrepintieran. Mantuvo la esperanza hasta el final de que su pueblo pudiera recapacitar y tomar otro rumbo, para evitar tanto dolor que les esperaba a la vuelta de la esquina.
  5. El cambio de postura del profeta Jeremías. Como ya lo habíamos notado anteriormente, Jeremías pasó de una posición de defensa sentimental de su pueblo ante Dios a un clamor de juicio y castigo contra ellos. Los versículos 18 al 23 del mismo Jeremías 18 nos muestran esto, ya que ante las malas intenciones del pueblo contra él por las palabras que andaba diciendo, el profeta le pidió a Dios lo siguiente: “¡Así que deja que sus hijos se mueran de hambre! ¡Deja que mueran a espada! … Que se escuchen gritos de dolor desde sus casas cuando los guerreros caigan súbitamente sobre ellos… No perdones sus crímenes ni borres sus pecados; que caigan muertos ante de ti.” Al parecer Jeremías ya había entendido el grave estado espiritual de Judá y su corazón rebelde y estaba de acuerdo con Dios que no había otra solución mas que el castigo.

Continuando con la estrategia didáctica de Dios al utilizar imágenes de la vida diaria para dar grandes lecciones a su pueblo, ahora el capítulo 35 nos muestra a Dios pidiéndole a Jeremías que llamara a los “recabitas” al templo para invitarles vino. Veamos algo de información de contexto para comprender mejor el pasaje:

  1. De acuerdo con las notas de la DHH-LA, los recabitas eran los desdencientes de Recab, quien apoyó a Jehú en su rebelión contra el malvado rey Acab de Israel (2 Reyes 10.15-17). Con el tiempo, ellos habían adoptado una forma de vida nómada ya que consideraban que volverse sedentarios y establecerse en algún lugar era imitar las costumbres de los paganos cananeos que habitaban la tierra prometida, y por lo tanto no querían hacer eso. Su decisión fue personal y la hicieron por convicción propia, pensando que así agradaban a Dios.
  2. De acuerdo con La Biblia de Estudio Apologética, Dios no estaba tentando a los recabitas con esta acción. Más bien quería usar la convicción que estaba seguro que mostrarían para darle una lección a Judá. Ellos rechazaron el vino argumentando lo siguiente: “«No —dijeron—, no bebemos vino porque nuestro antepasado Jonadab, hijo de Recab, nos ordenó: “Nunca beban vino ni ustedes ni sus descendientes… 8 Así que le hemos obedecido en todas estas cosas. Nunca hemos bebido vino hasta el día de hoy, ni tampoco nuestras esposas, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas.” (Jer 35.6.8). Dios quería resaltar la obediencia de los recabitas a su antepasado y contrastarla con la desobediencia que Judá le mostraba a Él. Y literalmente le dice a Judá: ““Vengan y aprendan una lección de cómo obedecerme.” (Jer 35.13).
  3. El punto principal no era que los israelitas deberían hacer todo exactamente como lo hacían los recabitas (porque Dios fue quien les ordenó ocupar la tierra y establecerse, aunque los recabitas consideraban que eso no era correcto). Más bien, la lección era aprender del corazón obediente que por generaciones, ellos habían mantenido. Tristemente, el pueblo de Israel no fue capaz de mantener ese corazón por generaciones. Dios quería que aprendieran ese aspecto bueno de los recabitas y que meditaran en cómo si ellos pudieron ser fieles a los mandatos de un hombre, ¿por qué razón Judá no pudo ser fiel a los mandatos del Dios Todopoderoso?

Por último, Dios dejó en el capítulo 49 varios mensajes también para los pueblos de Amón, Edom, Damasco, Cedar, Hazor y Elam. Veamos algunos aspectos relevantes:

  1. Razones para destruir a los amonitas (Jeremías 35.1-6). La adoración al detestable dios Moloc, su enorme orgullo, su confianza en las riquezas y el robo que le hizo a Israel de sus tierras; figuran entre las principales razones para su destrucción. Sin embargo, también Dios prometió que les reestablecería su bienestar “en los días venideros” (Jer 49.6). El rey Nabucodonosor destruiría Amón en el 582 a.C.
  2. Razones para destruir a Edom (Jeremias 35.7-22). Un pueblo engañado por su orgullo y por el temor que inspiraba a otros pueblos y confiado en las fortalezas de piedra en la altura de las montañas (v. 16). Dios le dijo, “Pero aun si haces tu nido con las águilas en las cumbres, te haré caer estrepitosamente”. La imagen del águila nos ayuda a entender cómo se sentían los pobladores de Edom (antiguos descendientes de Esaú): ¡poderosos por dominar las alturas! Pero Dios les promete que caerían desde lo alto.
  3. Razones para destruir a Cedar y Hazor (Jeremías 35.28-33). Una nación confiada en ellos mismos, al grado que vivían sin protecciones, aislados en el desierto, en ciudades sin murallas. De acuerdo con La Biblia de Estudio Arqueológica, probablemente Nabudoconosor atacó a dichos grupos en el 599 a.C.
  4. Como podemos observar, hay cosas comunes entre estas naciones: mucho orgullo, amor por las riquezas, demasiada confianza en ellos mismos, y abusos contra Israel. Dios utilizaría a Nabudonosor y su ejército babilonio para hacer juicio sobre estos pueblos de una vez. Algunos se recuperarían con el tiempo, otros nunca más florecerían.

Conclusiones:

  1. Dios quiere hacer de nosotros como creyentes piezas únicas y muy valiosas, y para lograrlo tenemos que entrar a su taller, el taller del Maestro Alfarero, donde dependiendo de lo que generemos, seremos hechos y deshechos una y otra vez, hasta lograr la pieza que Él quiere. Lo importante entonces es perseverar enmedio de toda situación para que juntos podamos averiguar qué es lo que Dios quería de nosotros.
  2. Hay mucho que podemos aprender de nuestros semejantes que nos rodean y usarlo para nuestra vida devocional a Dios: disciplina, obediencia, orden, limpieza, constancia, trabajo duro, compromiso, fidelidad, lealtad y más. Prácticamente podemos decir que de toda persona a nuestro alrededor hay algo bueno que aprender, sean o no creyentes. ¡Abramos bien los ojos para recibir esas enseñanzas!
  3. El orgullo, el amor por las riquezas y la confianza falsa en uno mismo siempre serán factores que nos lleven a malas decisiones en nuestra vida de las cuales pagaremos consecuencias seguras. Aprendamos también de las malas decisiones de los pueblos que rodeaban a Judá para tener cuidado con nuestra vida.

Los dejo con una canción cristiana llamada “Al Taller del Maestro”, de Alex Campos, que nos ayuda a reflexionar sobre la enseñanza del alfarero y del barro.


Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.