Día 107

DEUTERONOMIO 19 – 20.

Como en todo el libro de Deuteronomio, continuamos con recordatorios sobre aspectos de la ley previamente entregada a los israelitas a través de Moisés. En esta ocasión continuaremos hablando del tema de la justicia verdadera y también de instrucciones para la guerra santa de conquista. Es justo en este último tema que haremos una reflexión profunda sobre el aspecto ético de Dios en el AT.

En el capítulo 19, en los versículos 1 al 13, tenemos el recordatorio de la instrucción acerca de las ciudades de refugio, que previamente se había instruído en Números 35.9-28 (puedes dar click en la liga para revisar el analisis del pasaje original). Algunos detalles importantes aquí:

  1. En el relato en Números Dios le pide a Israel lo siguiente, Num 35.13–14 (NVI), “13 »Seis serán las ciudades que ustedes reservarán como ciudades de refugio. 14 Tres de ellas estarán en el lado este del Jordán, y las otras tres en Canaán.” Ahora en el relato de Deuteronomio Dios le pide a Israel, “Estudia el territorio y divide en tres regiones esa tierra que el SEÑOR te da, de modo que haya una de las ciudades en cada región.” (v. 3). No hay contradicción alguna ya que la instrucción de Deuteronomio 19 está apuntando hacia la tierra de Canáan, una vez que cruzaran el Jordán y conquistaran la tierra prometida. Dios continúa pidiéndoles tres ciudades pero ahora les da más dirección pidiéndoles que lo hagan mediante una división estratégica del territorio.
  2. ¿Qué refleja esta instrucción? Pues la compasión y la justicia de Dios ante casos de muerte accidental. Simplemente quería asegurarse que todo israelita que cayera en esa lamentable situación tuviera a su alcance una oportunidad para salvarse y ser tratado con justicia. Recordemos la condición para huír a estas ciudades de refugio: “Si un individuo mata a otro accidentalmente y sin enemistad previa, el responsable de la muerte podrá huir a cualquiera de esas ciudades para vivir a salvo.” (v. 4). Estamos hablando de que no hubiera malos motivos de un hombre hacia el otro y que fuera una muerte accidental y que un “vengador enfurecido” (v. 6) quisiera hacer justicia por su propia mano a pesar que el hombre era inocente de motivos malvados hacia su pariente muerto.
  3. En los versículos 8 al 9 podemos contemplar una extensión de la gracia de Dios para con las personas que cayeran en esta situación, “??8 »Si el SEÑOR tu Dios extiende tu territorio como les juró a tus antepasados y te entrega toda la tierra que les prometió,    ??9 deberás designar otras tres ciudades de refugio adicionales.” ¡Otras tres ciudades! Esto extendería el número a 9 ciudades de refugio en el territorio de Israel. Así se evitarían muertes de inocentes (v. 10).
  4. Pero todo terminaba cuando había malos motivos para causar la muerte a una persona (v. 11), “alguien está enemistado con un vecino y le tiende una emboscada a propósito y lo mata, y luego huye a una de las ciudades de refugio”. A Dios no se le podía engañar y nadie podría abusar de su misericordia. La orden en este caso era que los “ancianos de la ciudad” (v. 12) entregaran al asesino al vengador y muriera por su pecado. Y lanza una advertencia contra el sentimentalismo, ” ¡No sientas lástima por ese asesino! Limpia a Israel de la culpa de asesinar a personas inocentes; entonces todo te saldrá bien.” (v. 13). Al hacer justicia a los ojos de Dios, literalmente “todo” les saldría bien. Dios bendice la aplicación de la justicia en su pueblo porque va de acuerdo con su carácter. Por otro lado, si su pueblo se pone sentimental y no castigar al culpable aunque lo mereciera, habría problemas con Dios y las bendiciones que Él les proveía.

Para terminar este capítulo, los versículos 14 al 21 continúan con más instrucciones sobre la impartición de justicia en la sociedad futura israelita. Ahora se enfocan en el asunto de qué hacer con los testigos falsos que presentaran acusaciones maliciosas contra un tercero para causarle daño. Para evitar esto, y porque los hombres no eran Dios mismo sino simples hombres y no podían leer los corazones, Dios les ayuda con un mandato muy práctico e inteligente, “»No condenes a nadie por algún crimen o delito basado en el testimonio de un solo testigo. Los hechos del caso deben ser establecidos por el testimonio de dos o tres testigos.” (v. 15). De esa manera se protegía al acusado inocente.

Ahora, si se descubría, después de un proceso de investigación minuciosa (v. 17-18), que realmente había un “testigo malicioso”, la pena era la siguiente, “le impondrás a él la sentencia que pretendía para la otra persona. De ese modo, limpiarás esa maldad que hay en medio de ti.”, “le harás lo que él intentaba hacer a su hermano.” (BTX). ¡Castigo ejemplar! Así el pueblo se enteraría y tendría temor de cometer lo mismo (v. 20). Dios aborrece la injusticia y estos mandatos tenían como objetivo asegurar un estándar alto de justicia, de acuerdo con el carácter de Dios. No quería que el futuro Israel viviera en la injusticia, la impunidad y la corrupción (características negativas típicas de tantas sociedades modernas).

Curiosamente el NT maneja el mismo principio de justicia cuando se trata de acusaciones contra cristianos, especialmente contra gente de autoridad en la iglesia, como dice 1 Tim 5.19 (DHH-LA), “19No hagas caso de acusaciones contra un anciano, si no están apoyadas por dos o tres testigos.” Siendo los “ancianos” figuras de liderazgo públicas, estaban sometidas a la crítica general y a personas mal intencionadas. Con la limitante que Pablo ordena acerca de cuándo hacer caso a acusaciones a uno de ellos y cuándo no, habría más seguridad también de evitar injusticias. El principio sigue siendo el mismo en el AT y el NT: Dios aborrece la injusticia. Y cuando se trata de acusaciones serias contra otro creyente, necesita haber una investigación a fondo, el involucramiento de varias personas y un veredicto final.

El capítulo 20 trata con lo que se llaman “las ordenanzas para la guerra”. Analizemos varios aspectos relevantes:

  1. Lo primero en el v. 1 es un llamado a la confianza en Dios, a no tener miedo ante “caballos y carros de guerra” (ventajas militares con las que no contaban los israelitas) y ante “un ejército más numeroso”. Cuando eso pasara deberían recordar que no iban solos, que el Señor que los sacó de Egipto con poder iba con ellos.
  2. En los versículos 2 al 8 podemos ver una serie consideraciones que Dios ofrecía a los israelitas guerreros que estaban a punto de ir a la guerra con el riesgo claro de morir en batalla. De acuerdo a esto tenían la oportunidad de evitar ir a la guerra si: a) habían construido una casa y no la habían estrenado, b) habían plantado un viñedo y no habían comido sus frutos, c) se habían comprometido en casamiento con una mujer y no se habían casado aún, d) si alguno tenía miedo estaba angustiado. En los primeros 3 casos podemos ver el corazón de Dios tratando que TODOS los israelitas disfrutaran al menos algo de las promesas que Él les había dado en el desierto. No quería que muriera ningún soldado de Israel que apenas comenzara a disfrutar las bendiciones de esas promesas pero no las hubiera completado aún. En el último caso, la razón era “puede irse a su casa antes de que atemorice a alguien más” (v. 8). Dios quería proteger al pueblo de una persona sin la fe o el valor suficientes y que se convirtiera así en un riesgo para la moral del ejército. No quería otro evento como el de los espías negativos.
  3. Del versículo 10 al 18 encontramos las “reglas del juego” para la guerra santa. El proceso sería el siguiente: a) siempre que llegaran a una ciudad ofrecer un tratado de paz para servicio de trabajos fozados para Israel en lugar de la muerte, b) si no aceptaban, entonces tenían permiso de atacar, c) deberían matar a todos los hombres del pueblo pero dejar con vida a mujeres, niños y animales y quedárselos como parte del botín. Aún en este aspecto tan controversial de la guerra, podemos notar el corazón de Dios tratando de hacerlo de una forma íntegra y justa.
  4. En los versículos 17 al 18 la orden es clara: destruir a los hititas, a los amorreos, a los cananeos, a los ferezeos, a los heveos y a los jebuseos. ¿Por qué especialmente a ellos? El v. 18 tiene la respuesta, “Así evitarás que los pueblos de esa tierra te enseñen a imitar las costumbres detestables que practican cuando rinden culto a sus dioses, lo cual te haría pecar profundamente contra el SEÑOR tu Dios.” Dios quería evitar la contaminación ritual con esas culturas corruptas y la orden de la guerra total contra ellos era una forma de Dios de emitir juicio contra los pecados terribles que esos pueblos habían cometido.

Para terminar el capítulo 20, encontramos en los dos últimos versículos una preocupación específica de parte de Dios para Israel. La orden era no cortar árboles a hachazos que dieran frutos sino hacerlo solo con árboles que no dieran frutos de los cuales podrían construir accesorios para sitiar las ciudades enemigas. Dios quería cuidar a los israelitas de destrucción forestal negligente que después pudiera costarles fuentes de alimento seguras. El sabía cuánto tarda un árbol que da frutos en crecer.

Con este contexto del capítulo 20 vale la pena hacer algunos comentarios. Como en otros días previos de análisis habíamos comentado, hay muchas personas que hoy descalifican creer en Dios por los relatos bélicos de la guerra santa en el AT. Acusan a Dios de genocida, cruel, despidadado, asesino de personas inocentes y más ataques. Tan fuerte ha sido esta percepción en las personas que no tenemos origen ni trasfondo judío, que en el S. II se infliltró una falsa doctrina en la iglesia primitiva que enseñaba que el Dios del AT (malvado y cruel) no era el Dios del NT. Es decir, que había 2 dioses. ¿Qué hacer cuando personas nos cuestionan con estas cosas? ¿Cómo ayudarles? Tomaré como referencia material del artículo “¿Es ético el Antiguo Testamento?”, de Christopher Wright, contenido en la Biblia de Estudio Apologética, en la sección que trata sobre la conquista de Canáan:

  1. La conquista de la tierra prometida debe ser entendida como lo que fue: un evento único y limitado. No son instrucciones permanentes para que el pueblo de Dios de todas las generaciones pueda llevar a cabo limpiezas étnicas y guerras santas (contrario al Corán, que sí enseña la guerra santa en todo tiempo).
  2. Consideremos a veces el uso exagerado de retórica de guerra en el relato de la conquista. Esto era típico de las naciones contemporáneas a Israel cuando relataban actos de guerra y victorias.
  3. La guerra santa fue un acto de justicia de Dios y de castigo hacia una sociedad moralmente degradada. El “autor intelectual” de esta guerra fue Dios, no Israel. No se trató por lo tanto de una guerra étnica ni actos aleatorios de genocidio (como ha sucedido en muchas guerras a lo largo de la historia de la humanidad). Tanto el AT como el NT reconocen que los pueblos que vivian en Canáan habían sido “desobedientes” (Heb 11.31) a la voluntad de Dios por mucho tiempo y que el juicio había llegado contra ellos en la forma de los ejércitos de Israel. Hay una gran diferencia entre violencia arbitraria y malvada contra castigo divino.
  4. Dios no mostró favoritismos ya que amenazó a Israel con hacerle lo mismo si desobedecía también, y al final se los hizo porque desobedecieron.
  5. Y un aspecto final a pensar, la conquista de Canáan anticipa el juicio final que un día llegará a toda la humanidad. Justo como las historias de Sodoma, Gomorra, la conquista de la tierra prometida constituye otra “sombra” de la realidad que vendrá un día cuando Cristo regrese y el fin del mundo llegue. Si hoy a las personas les causa incomodidad y malestar pensar en el castigo que Dios aplicó a las ciudades que conquistó Israel y a Sodoma y Gomorra, ¡cuánto más les causará malestar el pensar en el castigo que Dios tiene destinado para todas las personas modernas desobedientes y esclavas del pecado! Si no pueden aceptar una cosa, tampoco aceptarán la otra de todas formas.

Conclusiones:

  1. Los principios enseñados por Dios a Israel con respecto a las muertes accidentales y el cuidado de no ser injustos con las personas que los ocasionaran tiene eco en los sistemas de justicia modernos: no se trata igual el caso de una persona que atropelló a alguien por accidente y la persona muere, que el de una persona que con toda malicia e intención mató a alguien utilizando su auto. Los motivos vuelven a ser una pieza fundamental para determinar un juicio correcto. De igual manera para nosotros los cristianos los motivos deben ser el foco de atención cuando estamos juzgando tal o cual situación dentro de la confraternidad.
  2. Tengamos cuidado en cómo nos juzgamos unos a otros. Como dijo Jesús en Juan 7.24 (DHH-LA), “24No juzguen ustedes por las apariencias. Cuando juzguen, háganlo con rectitud.” Siempre tengamos cuidado de no creer inmediatamente una acusación seria contra un hermano o hermana sin antes escuchar al menos su versión o incluso verificar si hay otros testigos que puedan respaldar semejante cosa. Creer inmediatamente chismes, rumores o comunicaciones torcidas puede llevar a cristianos a pecar contra Dios al juzgar dura e injustamente a un hermano o hermana en la fe, sin darle siquiera a esa persona la oportunidad de defenderse. Recordemos Prv 18.17 (DHH-LA), “17 El primero en defenderse parece tener la razón, pero llega su contrario y lo desmiente.”
  3. Las consideraciones que Dios tuvo para la guerra santa nos ayudan a entender que esos eventos tuvieron un propósito para Dios: juzgar a las naciones malvadas que no se habían arrepentido y al mismo tiempo abrirle camino a Israel. Dios le estaba dando una tierra a su pueblo que sus moradores originales habían corrompido y habían llenado de maldad. Entendamos que Dios tiene el derecho total a juzgar, condenar y castigar cuando Él lo considere necesario, aún cuando nuestros sentimientos, perspectivas o emociones no estén de acuerdo. Dios no es un Dios injusto, cruel, sanguinario ni genocida, como muchos críticos aseguran. Dios es justo más bien y su justicia nos alcanzará a todos un día si no nos arrepentimos.
  4. Pensemos en el juicio final, pensemos en el fin del mundo. En ese día millones y millones de personas entenderán que Dios si era justo y sí tenía el derecho de juzgar y emitir veredictos sobre nuestros pecados. Pongamos en orden nuestra vida y pongámonos a cuentas con Dios mientras tenemos vida, porque un día el juicio llegará y nadie se escapará.

7 Responses to “Día 107”

  1. Esteban Briones dice:

    Buen dia. Gracias por las reflexiones y la ayuda en los temas controversiales.

  2. Adriana Casas dice:

    No cabe la menor duda de que DIOS es justo y poderoso, vivamos de acuerdo a su voluntad, buscando arrepentimiento, humildad y amor en nuestros corazones, para llegar a la meta.
    “El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama. Y mi padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él.” Juan 14.21

  3. Patricia Núñez González dice:

    si hay que pensar en el juicio fina,no sólo para nuestras vidas,sino por motivo de evangelización,esto nos debe llevar a compasión por los perdidos y a ejercer el mandato que Jesús nos dejo de llevar el evangelio a todo el mundo,porque el día del juicio llegara y nadie se salvará.

  4. Alma dice:

    También, doy GRACIAS por ayudarnos a entender todas estas enseñanzas controversiales y que suenan tan fuertes “a nuestros oídos”. Gracias Arturo. Dios siga bendiciendo tu vida y tu familia.

  5. Monica Loaeza dice:

    Muchas gracias por la guía para responder ese tipo de acusaciones que, en efecto, se oyen mucho. Desconocía que el Corán sí enseña que se haga “guerra santa” continuamente, creí que era sólo por fanatismo de sus correligionarios. Importantísima diferencia, me parece, en especial ante quienes argumentan que la Biblia y el Corán enseñan cosas parecidas. Gracias otra vez.

  6. blanca martinez dice:

    Gracias Arturo por tu dedicacion poara con nosotros por que hemos aprendido mucho creer verdaderamente en DIOS de una manera integra y especialmente por que nos damos cuenta en su forma de actuar con justicia.

  7. Martin Merediz-Funes dice:

    Gracias Arturo, tu dedicación y amor al pueblo de Dios es un ejemplo vivo a seguir.
    Espero esta vez poder seguir con estos estudios diarios y ponerme al día.
    Gracias hermano, un abrazo

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