Día 314

JEREMÍAS 32.1 – 33.26, EZEQUIEL 26.1 – 14.

Continuamos con los mensajes proféticos recibidos simultáneamente por Jeremías y por Ezequiel, ambos ubicados geográficamente muy lejos uno del otro. La cronología de los eventos de Jeremías se mide en base al año de reinado del rey Sedequías en Judá (“”en el décimo año de reinado de Sedequías”, Jer 32.1) y para Ezequiel se define en cuanto al año de cautiverio del rey Joaquín en Babilonia (“durante el año doce de cautividad del rey Joaquín”, Ez 26.1). Recordemos que Jeremía estaba en Jerusalén y el rey Sedequías era su punto de referencia, mientras que Ezequiel estaba en Babilonia y el cautiverio del rey Joaquín era igualmente su punto de referencia.

Veamos los aspectos relevantes de los capítulos 32 y 33 del libro de Jeremías:

  1. El doble fechado proporcionado para los eventos descritos. En Jeremías 32.1 el profeta nos dejó dos fechas de referencia para ubicar el evento que se describe: el año 10 del reinado de Sedequías y el año 18 del reinado de Nabucodonosor. De acuerdo con el The New American Commentary: Jeremiah, Lamentations, de Broadman & Holman Publishers, esta fecha corresponde al año 588/587 a.C. (si se toma como punto de partida el inicio del reinado de Nabucodonosor en el año 605 a.C.). Esto nos proporciona todavía más precisión histórica para el momento que estaba viviendo el profeta.
  2. La acción simbólica de comprar un terreno. En Jeremías 32.6-15 encontramos a Dios pidiéndole algo a Jeremías que pudiera parecer absurdo: ¡comprar un terreno a un primo suyo a pesar de que toda la tierra sería invadida! Le costó 17 piezas de plata (Jer 32.9) y la transacción se hizo conforme a los estándares de compra venta de la época (con una escritura de compra sellada). Después recibió una orden aún más extraña de parte de Dios: guardar la escritura y la copia de la transacción y guardarlas en una vasija de barro “para preservarlas por largo tiempo” (Jer 32.14), pues en el futuro habría nuevos dueños que comprarán y venderán propiedades. Todas estas acciones tenían un fuerte simbolismo profético para ayudar a la gente a comprender lo que pasaría.
  3. La oración de extrañeza de Jeremías (Jeremías 32.16-25). Después de la transacción, la Biblia registra una oración hecha por Jeremías donde después de alabar a Dios, hablar de varias de sus características (su amor inagotable, su poder para hacer lo que sea, su justicia, su sabiduría y más) y de varias de sus hazañas hechas por su pueblo (sacarlos de Egipto con maravillas y señales y la ocupación de la tierra prometida), Jeremías habla de la situación real que estaba enfrentando Jerusalén (el estado de sitio y el hambre y la muerte que se acercaban) y después expresa algo que podría interpretarse como una queja: “Y aun así, oh Soberano SEÑOR, me has ordenado comprar el terreno —hasta pagué mucho dinero en presencia de estos testigos— aunque la ciudad pronto será entregada a los babilonios».” (Jer 32.25), “¿Y Tú, oh Adonay YHVH, me dices: Cómprate la heredad con dinero ante testigos; mientras la ciudad cae en manos de los caldeos?” (BTX), “Si la ciudad está a punto de caer en manos de los babilonios, ¡para qué me ordenaste comprar un terreno delante de testigos!” (TLA). Llama la atención que por un lado, Jeremías al inicio de la oración reconoció, “¡Nada es demasiado difícil para tí!” (Jer 32.17) pero después parece que termina cuestionando el sentido a lo que Dios le acababa de pedir y hasta cierta incredulidad de que fuera a cumplirse lo que Dios estaba prometiendo: que un día volvería a haber transacciones de compra-venta en Israel. La reacción de Jeremías puede parecerse a la que llegamos a tener nosotros cuando enfrentamos situaciones muy difíciles de repente en nuestra vida y donde en nuestra mente reconocemos que Dios es Todopoderoso pero nos resulta difícil creer que está trabajando para nuestro bien a través de lo que está pasando. ¿Te ha sucedido algo parecido?
  4. La respuesta de Dios (Jeremías 32.26 – 33.26). Ante la oración de Jeremias, Dios respondió diciendo, “Yo soy el SEÑOR, Dios de todos los pueblos del mundo. ¿Hay algo demasiado difícil para mí?” (Jer 32.27). Después reafirmó los pecados de su pueblo y el castigo inevitable que les esperaba (v. 28 al 35). Posteriormente hizo más promesas de lo que podemos llamar una “restauración” para su pueblo: el regreso del exilio (v. 37), el reestablecimiento de la relación entre Él y su pueblo (v. 38), el trabajo de Dios en los corazones de ellos (v. 39-40), el regreso de la vida comercial en Israel (v. 43) y el regreso de la prosperidad (v. 44). En un segundo mensaje de restauración (capítulo 33), Dios continuó con las promesas: sanidad a las heridas de Jerusalén (v. 6), retorno del bienestar tanto para Judá como para Israel (v. 7), perdón de todos sus pecados (v. 8), el retorno de la alegría a las calles (v. 10), hasta la naturaleza se restauraría (v. 12), y más. Ante la aparente duda en el corazón de Jeremías, Dios le reafirmó con esas palabras su soberanía y la confiabilidad de sus promesas a pesar de que a los ojos humanos eso no se viera inmediatamente. Si Dios podía reestablecer a Israel y Judá a pesar de la derrota, la conquista y el exilio que estaban enfrentando, ¡nada era imposible para Dios! Tomemos esto como ejemplo para nuestras vidas, si Dios pudo reestablecer a su pueblo que cayó tan bajo y fue castigado tan fuertemente, ¡cuántas cosas no podrá restaurar en nosotros! Para Él no hay nada ni nadie imposible.
  5. La visión de Dios de una relación sana y estable con Él. Dentro de estos capítulos encontramos varias características del estado “ideal” de una relación entre su pueblo y Él: a) Dios trabajando en los corazones de la gente para ayudarlos a estar unidos y a desear estar cerca de su Dios (Jer 32.38-39), b) Dios gozándose en hacerles bien en todas las áreas (Jer 32.40), c) Dios dando sanidad y paz y prosperidad a su pueblo (Jer 33.6), d) Dios perdonando los pecados de su pueblo (Jer 33.8), e) su pueblo dándole gozo y alegría y honra a su Dios (Jer 33.9), f) Dios dando alegría a su pueblo (Jer 33.11), g) su pueblo alabando con mucha gratitud a su Dios (Jer 33.11). Si quisiéramos describir lo que significa idealmente el tener una relación con Dios precisamente estos puntos nos pueden ayudar. Es un enorme privilegio contar con una relación con Dios, ¡valorémosla!
  6. La promesa del descendiente de David en el trono (Jeremias 33.14-26). Aquí encontramos una promesa importante de Dios para su pueblo dividida en 2 partes: a) la garantia de que “siempre” habría un descendiente de David sentado en el trono de Israel, b) la garantía de que “siempre” habría sacerdotes levitas para ofrecer sacrificios a Dios. Incluso se reafirma la seguridad de esta promesa comparándola con la seguridad de la rotación de la tierra (v. 20) y con el hecho innegable de que no se pueden contar la totalidad de las estrellas ni la totalidad de los granos de la arena del mar (v. 22). Pero por la historia sabemos sin embargo que el reino de Israel terminó y que ya nunca más hubo descendientes del rey David en el trono de Israel y también sabemos que el templo de Jerusalén fue destruido en el año 70 d.C. por los romanos y que ahí terminó el sistema de sacrificios de los levitas y los sacerdotes que literalmente se quedaron sin trabajo después de esa fecha. ¿Entonces cómo es que Dios prometió tan sólidamente eso? La Biblia de Estudio Apologética nos ayuda recordándonos que Jesús sí cumplió con esas características: a) descendiente del rey David (Romanos 1.3), b) nuestro Sumo Sacerdote eterno del orden de Melquisedec (Hebreos 7.11-17). Así que esas promesas se cumplirían en la persona de Jesús y siguen vigentes hasta el día de hoy. Dios sí cumplió su promesa con la seguridad de todas las cosas que mencionó.

Para terminar, el capítulo 26 del libro de Ezequiel se enfoca en las profecías de Dios contra la ciudad de Tiro, la cual sería castigada porque “Tiro se alegró por la caída de Jerusalén” (Ez 26.2). El futuro próximo anunciado para esa ciudad era muy oscuro: destrucción de la ciudad, desolación, invasión internacional, masacre, saqueo, ser borrada del mapa literalmente. Dios mismo afirmó, “Te buscarán, pero nunca más te encontrarán. ¡Yo, el SEÑOR Soberano, he hablado!” (Ez 26.21). Dios castigaría a esa ciudad por haberse alegrado de la caída de su amada ciudad Jerusalén y por comportarse de forma oportunista con esa caída buscando sacarle ventaja. A Dios nunca le agrada cuando las personas se alegran de la caída de otros y buscan sacar ventaja de sus fracasos, ¡siempre castiga esa conducta!

Conclusiones:

  1. Durante pruebas y circunstancias difíciles es posible que nos pase lo que le sucedió a Jeremías: que con la mente entendemos que para Dios no hay nada imposible y que Él está en control de todo, pero en nuestro corazón sentimos la duda, la incertidumbre y la desconfianza sobre el futuro. ¡Aprendamos la lección de Jeremías! Que Dios no resuelva las cosas a nuestra manera o en nuestro tiempo no significa que Él no está en control o que está completamente indiferente a nosotros. Fortalezcamos nuestra confianza en Dios y vivamos lo que creemos, ¡que para Dios no hay imposibles!
  2. Si Dios tuvo poder para restaurar a su pueblo tan caído y humillado, ¡cuánto más poder tiene para levantar de nuevo nuestras vidas después de que nos desviamos o caemos! Si hoy necesitamos restauración interna, ¡acerquémonos al Dios que restaura naciones enteras! Seguro que tiene poder para restaurar un corazón humillado y extraviado también.
  3. Valoremos muchísimo el contar con una relación con el Dios Creador del universo. Hay tantas bendiciones que tenemos a nuestro alcance, desde la primera que es ser considerados “hijos de Dios” y Él como nuestro “Padre”. Gracias a la sangre de Jesús podemos ser partícipes de esa relación. ¡Nunca la menospreciemos! Vale mucho y tanta gente que no la tiene sufre en su alma por tenerla.
  4. Hay tanta seguridad y veracidad en las promesas de Dios. Es más fácil que la tierra deje de girar en el sentido que gira o que las estaciones cambien o que las leyes de la naturaleza sean alteradas a que una promesa de Dios para los que creen en Él deje de cumplirse. ¡Tengamos confianza en Él!

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