Día 387

MARCOS 14.1-2, MATEO 26.1-5, LUCAS 22.1-2, MARCOS 14.10-11, MATEO 26.14-16, LUCAS 22.3-6, MARCOS 14.12-16, MATEO 26.17-19, LUCAS 22.7-13, JUAN 13.1-20, MARCOS 14.17-26, MATEO 26.20-30, LUCAS 22.14-30, JUAN 13.18-30.

En los pasajes correspondientes al estudio de hoy estudiaremos el momento de la famosa “última cena” de Jesús con sus discípulos. Después de todas las profecías y advertencias que había enseñado con respecto a la destrucción de Jerusalén y al fin del mundo, Jesús reconoció que ya había llegado el tiempo de terminar su misión en la tierra. Y su última actividad de entrenamiento previa a su pasión sería precisamente la última cena que tuvo con sus discípulos.
Vamos a analizar este importante evento en el ministerio de Jesús de forma temática y revisando los pasajes correspondientes en los 4 evangelios. Primero hablemos sobre el complot contra Jesús. Marcos 14.1-2, Mateo 26.1-5 y Lucas 22.1-2 nos dicen que faltando 2 días para la Pascua, los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo armaron el complot final contra Jesús para determinar cómo y cuándo arrestarlo. Su objetivo final era claro: ¡matarlo! Es decir, el arresto de Jesús y su muerte posterior no fue un asunto que se les salió de control a los jefes judíos, más bien todo lo habían planeado para lograr ese fin. El complot que estaban armando era una conspiración de muerte.
Con respecto a la traición de Judas (Marcos 14.10-11, Mateo 26.14-16, Lucas 22.3-6 , Juan 13.2 y Juan 13.27), mientras que los evangelios de Mateo y Marcos solamente nos dicen que Judas fue a ver a los jefes de los sacerdotes para ofrecerles entregarles a Jesús, los evangelios de Lucas y Juan nos dan más detalles sobre qué pasó: “Entonces, Satanás entró en Judas, uno de los doce, al que llamaban Iscariote.” (Lc 22.3), “El diablo ya había incitado a Judas Iscariote, hijo de Simón, para que traicionara a Jesús.” (Jn 13.2). ¿Cómo sucedió esto? ¿Fue algo repentino que Satanás dominó a Judas para controlarlo y hacer que traicionara a Cristo? ¿O fue más bien un proceso que sucedio en el corazón de Judas desde tiempo atrás? A través de los siglos ha existido mucha controversia con respecto al tema de Judas en los círculos de estudio cristianos, donde diferentes personas han fijado las siguientes posturas:
  1. Que Judas había sido “predestinado” para ser el traidor y que no tuvo opción. Es decir, que de alguna manera fue algo injusto que él fuera el traidor porque no tuvo la libertad para decidir otra cosa.
  2. Otros más, basados en el texto pseudoepigráfico El Evangelio de Judas, de finales del s. II d.C., creen que Jesús planeó toda su pasión y que Judas fue solamente un instrumento, donde el mismo Jesús le dio instrucciones de qué hacer para desencadenar todo lo que sucedió después.
  3. Y otros más piensan que Judas era un ser perverso y malvado, un falso discípulo, que estaba perdido desde el inicio.
La realidad es que Judas fue seleccionado por Jesús después de una noche entera de oración (Lucas 6.12-16) para ser uno de los 12 apóstoles. Al inicio, Judas era como cualquiera de los otros 11 apóstoles y presenció el poder de Dios en su vida también. Fue más bien en Juan 6.60-71 (donde muchos discípulos decidieron dejar de seguir a Jesús debido a que no era el libertador militar y político que ellos esperaban), que podemos encontrar una pista sobre lo que le pasó a Judas. De acuerdo con la International Standard Bible Encyclopedia (ISBE), de Wm B. Eerdmans Publishing Company, el nombre “Iscariote” (que se le daba a Judas) era una forma semítica de “sicario” (quien carga una daga, asesino), es decir, judíos de extrema derecha ultra-nacionalistas y armados, que mataban romanos o colaboradores de ellos. Es posible que Judas hubiera sido uno de ellos y que se integró a las filas de los seguidores de Jesús esperanzado también a que él sería el gran libertador de los judíos de la opresión romana. De hecho, desde Juan 6.70-71 Jesús dijo, “70 —¿No los he escogido yo a ustedes doce?—repuso Jesús—. No obstante, uno de ustedes es un diablo. 71 Se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, uno de los doce, que iba a traicionarlo.” Curiosamente Jesús dijo eso justo en el contexto de los muchos discípulos que lo abandonaron a partir de ese día, cuando él aclaró que no iba a liberar a Israel como ellos pensaban.
¿Qué le sucedió entonces a Judas? Posiblemente se decepcionó también como las demás personas, pero no lo superó ni dejó que Jesús le transformara su mente para aceptar que su trabajo redentor sería de otra manera. Y aunque Jesús le lanzó varias advertencias de forma indirecta (como Juan 6.71), Judas no corrigió su camino, sino que empeoró cada vez más, dejándose llenar de decepción, amargura y resentimiento contra Jesús. Por otro lado, también tenemos la triste realidad del corazón de Judas con respecto al dinero: ¡lo amaba! Y de hecho, robaba de la bolsa del dinero (Juan 12.16). Por eso en cuanto los líderes religiosos le ofrecieron dinero, “él buscaba la ocasión propicia para entregarlo.” (Mr 14.11). Es decir, estamos hablando de un corazón avaricioso, materialista y egoísta.
Todas estas cosas fueron preparando un terreno fértil para que Satanás comenzara a trabajar en el corazón de Judas. Recordemos que desde Lucas 4.13, después de tentar a Jesús, Satanás se alejó de él “por algun tiempo” (DHH-LA). Esto quiere decir que el diablo estaba rondando constantemente a Jesús y a sus discípulos para ver en quién podía trabajar. La acumulación de sentimientos negativos contra Jesús sin resolver más el amor por el dinero y la avaricia en el corazón de Judas representaron una oportunidad única para el diablo, ¡no la iba a desaprovechar! Por eso, aunque al inicio el diablo estuvo “incitando” a Judas a la traición, el proceso se completó como lo dice Juan 13.27, “Tan pronto como Judas tomó el pan, Satanás entró en él.”  A partir de ese momento, el diablo controlaría la mente de Judas, no porque Judas estaba “predestinado” a ser el traidor y no tenía opción, sino porque más bien al permitirse pecados en su vida,  le abrió las puertas de su corazón a Satanás él mismo.
Por último en cuanto a Judas, durante la misma cena Jesús lanzó dos mensajes directos denunciando las intenciones malvadas de Judas: “23 —El que mete la mano conmigo en el plato es el que me va a traicionar—respondió Jesús—… 25 —¿Acaso seré yo, Rabí?—le dijo Judas, el que lo iba a traicionar. —Tú lo has dicho—le contestó Jesús.” (Mt 26.23-25), y “—Lo que vas a hacer, hazlo pronto—le dijo Jesús.” (Jn 13.27). Esos momentos representaron la última oportunidad de Judas de retractarse, arrepentirse y reestablecer su confianza en su Maestro. Pero no quiso hacerlo, más bien decidió continuar en su camino de oscuridad sin que nada ni nadie lo detuviera. Y Jesús se lo permitió, ya que no lo obligaría a amarlo, necesitaba ser una decisión personal de Judas.
En cuanto al día exacto de la última cena, Marcos 14.12 dice que fue “El primer día de la fiesta de los Panes sin levadura, cuando se acostumbraba sacrificar el cordero de la Pascua”, y lo mismo afirman el resto de los evangelios sinópticos. Sin embargo, el evangelio de Juan dice, “Se acercaba la fiesta de la Pascua.” (Jn 13.1), es decir, todavía no había llegado el día. Y también el mismo Juan mencionó más adelante (Jn 18.28, 19.14, 31-32) que el día de la crucifixión de Jesús fue precisamente el día de preparación para la Pascua. Sin embargo, a pesar de esta aparente contradicción, los 4 evangelios ubican el día de la crucifixión en viernes. De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, una posibilidad que hay es que Juan no se estaba refiriendo al día en que la cena de Pascua se comía, sino a toda la Fiesta de los Panes sin Levadura completa, que iniciaba en la Pascua y duraba por 7 días.
Otro punto que podemos apreciar del relato de la última cena son las emociones tanto de Jesús como de sus discípulos que se presentaron aquella noche. No fue una cena cualquiera, fue un momento muy especial para Cristo y también muy emocional. Veamos cuáles fueron:
  1. “—He tenido muchísimos deseos de comer esta Pascua con ustedes antes de padecer, 16 pues les digo que no volveré a comerla hasta que tenga su pleno cumplimiento en el reino de Dios.” (Lc 22.15-16). Lo que este texto nos transmite es que Jesús estaba muy deseoso de pasar ese tiempo con sus discípulos, solo con ellos. Quería comer con ellos, convivir, platicar con ellos, impartirles sus últimas enseñanzas y de alguna manera, despedirse de ellos. Para Jesús esa cena era un momento realmente significativo.
  2. “20 Al anochecer, Jesús estaba sentado a la mesa con los doce. 21 Mientras comían, les dijo: —Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar. 22 Ellos se entristecieron mucho.” (Mateo 26.20-22). Por esta afirmación y también porque unos días antes Jesús les había dicho “el Hijo del hombre será entregado para que lo crucifiquen.»” (Mt 26.2). Los discípulos experimentaron también mucha tristeza esa noche porque su Maestro se estaba despidiendo de ellos y estaba anunciando que sería traicionado y que sería crucificado. ¡Ahora lo comenzaban a ver más real todo! Y la tristeza los invadió.
  3. “21 Dicho esto, Jesús se angustió profundamente y declaró: —Ciertamente les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar.” (Jn 13.21). El mismo Jesús experimentó tristeza pero también una angustia profunda al pensar en Judas y la traición que llevaría a cabo. ¡El también estaba sufriendo esa noche!
Sin embargo, a pesar de esta expresión emocional de parte de Jesús, los discípulos también mostraron su lado débil: “Tuvieron además un altercado sobre cuál de ellos sería el más importante.” (Lc 22.24). Después de estar inquietos por saber quién sería el traidor, después de la tristeza por escuchar que Jesús sería vícitma de una traición de parte de uno de ellos, su siguiente discusión fue sobre algo muy mundano: ¡quién de ellos era el más importante! Imaginemos la discusión de ellos pasando de quién sería el traidor a quién sería el más importante. Obviamente traían algo torcido en sus corazones nuevamente con respecto a la posición y la autoridad. Jesús aprovechó para enseñarles con toda paciencia (Lucas 22.25-30) sobre cómo debería ser su servicio en el reino de Dios: “Al contrario, el mayor debe comportarse como el menor, y el que manda como el que sirve.” (Lc 22.26). Aunque Jesús también estaba triste, se enfocó en ayudarlos una vez más a superar sus tendencias humanas que los alejaban de la voluntad de Dios. Obviamente no vemos aquí a un Jesús deprimido, sino a un Jesús resuelto a enfrentar su destino con firmeza y valor y además enfocado en su misión hasta el final.
También Jesús partió el pan y compartió la copa con vino pidiendo que todos comieran y tomaran, pidiendo que en el futuro “hagan esto en memoria de mí” (Lc 22.19). Además, al ofrecer los alimentos, dijo del pan, “—Tomen; esto es mi cuerpo.” (Mr 14.22), y del vino, “24 —Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos—les dijo—.” (Mr 14.24). ¿Cómo interpretaron los cristianos después esta enseñanza? Como dice 1 Corintios 11.23-26:
  • 23Porque yo recibí esta tradición dejada por el Señor, y que yo a mi vez les transmití: Que la misma noche que el Señor Jesús fue traicionado, tomó en sus manos pan 24y, después de dar gracias a Dios, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que muere en favor de ustedes. Hagan esto en memoria de mí.” 25Así también, después de la cena, tomó en sus manos la copa y dijo: “Esta copa es la nueva alianza confirmada con mi sangre. Cada vez que beban, háganlo en memoria de mí.” 26De manera que, hasta que venga el Señor, ustedes proclaman su muerte cada vez que comen de este pan y beben de esta copa.”
Es decir, la ceremonia de la Comunión o Santa Cena se estableció a partir de ese evento en la cena de Jesús con sus discípulos y especialmente a partir de la petición de Jesús de que lo recordáramos a través del pan y el vino.
Para terminar, hubo otra situación importante que sucedió durante la cena, y fue el ejemplo de servicio de Jesús (Juan 13.3-17). La acción de Jesús de lavarles los pies a sus discípulos fue completamente intencional para darles un ejemplo de servicio. Si él, siendo el Maestro y Señor, hacía eso, ¡cuánto más ellos deberían hacerlo, en lugar de estar discutiendo quién era el más importante y quién tendría más privilegios! Además, Jesús dijo algo muy interesante con respecto a quienes decidieran seguir su ejemplo de servir a los demás desinteresadamente: “¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica.” (Jn 13.17). Prometió una gran dicha para quienes imitaran su ejemplo y comprendieran que en el reino de Dios es más feliz quien sirve a otros que quien solo recibe.

Conclusiones:

  1. Tengamos cuidado con permitirnos llenarnos de sentimientos negativos sin arreglar conforme Dios quiere (como amargura, decepción, enojo, resentimiento, etc.), porque lo que estamos haciendo de manera inconsciente es abriéndole las puertas de nuestro corazón a Satanás para que entre y haga lo que quiera con nosotros. ¿Qué tal andas tú en esto?
  2. Cuando participemos en la Santa Cena (o Comunión) en nuestros servicios de la iglesia, esforzémonos por recordar lo que ese momento significó para Jesús. Todas las emociones, toda la tristeza, la angustia, y también todo el amor que Jesús mostró a sus apóstoles. Ese evento para Cristo fue muy significativo, ¡que así sea para nosotros también!
  3. Cuando estemos luchando contra tendencias mundanas en nuestro corazón, recordemos a Jesús en la última cena y recordemos su sacrificio. La vida cristiana no es para desperdiciarla en ese tipo de cosas. Arrepintámonos y cambiemos, por respeto a Jesús y a su sacrificio por nosotros.
  4. Si ejercemos alguna función de liderazgo en la iglesia, abandonemos toda tendencia a manejar el liderzgo cristiano como en el mundo (con autoritarismo y déspotamente). Jesús nos pide otro tipo de liderazgo y hasta que no lo aprendamos, no podremos ser líderes efectivos para su causa.

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