Día 344

NEHEMÍAS 12.27 – 13.31, 5.14 – 19.

El día de hoy terminaremos el libro de Nehemías. Recordemos que en el último estudio tratamos el tema de la repoblación de Jerusalén y también la buena impresión que tenía el pueblo de sus dirigentes. Hoy estudiaremos las últimas acciones de Nehemías por el pueblo de Dios y la forma en cómo se encomendaba a Dios para que tomara en cuenta todo lo que hacía por Israel.

Así como en su momento se rededicó el templo de Dios una vez que terminó la reconstrucción, ahora tocó el turno a la muralla de Jerusalén. Nehemías 12.27-47 narra este evento. Veamos algunos aspectos importantes:

  1. La purificación llevada a cabo por los levitas (Nehemías 12.27-30). La Biblia dice que se convocó a todos los levitas que regresaron del exilio a la tierra de Israel para que participaran en las ceremonias de rededicación. Ellos se enfocaron en la purificación (junto con los sacerdotes), primero de sí mismos y después del pueblo, las puertas y la muralla completa. Aquí podemos observar el alto valor teológico que tenía la muralla de Jerusalén para los judíos, la cual fue santificada a través de las ceremonias de purificación. Todo Jerusalén, desde las entradas y la muralla hasta toda la estructura del templo, era considerada una ciudad especial, sagrada, santa y dedicada a Dios. Por eso la ciudad de Jerusalén era una sombra de una realidad que vendrá en un futuro, que es la famosa “nueva Jerusalén” que bajará del cielo (Apocalipsis 21.2).
  2. El liderazgo espiritual de Nehemías y Esdras en acción (Nehemías 12.31-42). Este pasaje registra cómo Nehemías y Esdras fueron quienes dirigieron a las 2 columnas que daban gracias a Dios alabándolo con instrumentos musicales. Cada columna partió hacia un extremo opuesto de la muralla hasta que se encontraron nuevamente. Precisamente fueron esos 2 hombres quienes tuvieron mayor influencia en el pueblo para restaurar tanto la muralla como el templo y en general la vida devocional de Israel.
  3. La alegría del pueblo (Nehemías 12.43). Este versículo afirma que después de los muchos sacrificios que se ofrecieron, el pueblo estaba muy alegre y no solamente los adultos hombres, sino que también “las mujeres y los niños”. Era tanta la alegría, que se escuchaba “a gran distancia”. Imaginémonos la escena, hombres, mujeres, niños, ancianos; todos unidos en una profunda alegría que Dios les había dado ya que por fin, después de varias décadas de exilio, estaban siendo testigos de la restauración completa del pueblo de Israel y de la ciudad santa de Jerusalén junto con el templo.
  4. La relación entre la generosidad en los diezmos y ofrendas y el aprecio a los dirigentes espirituales (Nehemías 12.44-47). El pasaje registra cómo el pueblo organizó de forma excelente personas que se encargaran de recolectar las ofrendas, la primera parte de la cosecha y los diezmos. Aunque sabían que era una obligación a los ojos de Dios el hacerlo, había un factor más que los motivaba: “Pues todo el pueblo de Judá se complacía en los sacerdotes y los levitas y en el trabajo que prestaban.” (Neh 12.44), “porque Judá se alegraba de contemplar a los sacerdotes y a los levitas en su servicio.” (BTX), “Pues Judá se complacía en ver a los sacerdotes y levitas en sus funciones.” (BJL). Es decir, el pueblo estaba contento con sus líderes espirituales y el trabajo que estaban haciendo y por eso mismo se sentían motivados a ofrendar de forma responsable y constante. De hecho, el v. 47 registra que el sistema de diezmos estaba funcionando a la perfección, tal como fue diseñado: el pueblo ofrendando para los levitas y éstos ofrendando para los sacerdotes. Es decir, todas las necesidades perfectamente cubiertas. ¡La ofrenda ideal!

Ahora, Nehemías 13, el último capítulo del libro, trata con varias reformas religiosas que Nehemías se vio obligado a hacer debido al descuido posterior de algunos dirigentes judíos en cuanto a la santidad con la que el pueblo y ellos mismos debían conducirse. Veamos cuáles fueron dichas reformas:

  1. La exclusión de los extranjeros de la asamblea de Israel (Nehemías 13.1-3). Nuevamente encontramos referencia a otro descubrimiento bíblico que llevó a los judíos a restaurar un mandato de Dios que había sido descuidado. Se referían a Deuteronomio 23.3–6 (NVI): “»No podrán entrar en la asamblea del Señor los amonitas ni los moabitas, ni ninguno de sus descendientes, hasta la décima generación. Porque no te ofrecieron pan y agua cuando cruzaste por su territorio, después de haber salido de Egipto. Además, emplearon a Balán hijo de Beor, originario de Petor en Aram Najarayin,para que te maldijera…. Por eso, a lo largo de toda tu existencia no procurarás ni la paz ni el bienestar de ellos.” Era un hecho que el pueblo de Israel había olvidado ese mandato y había aceptado entre sus miembros a personas con esa ascendencia, por lo tanto todos ellos fueron excluidos inmediatamente de la asamblea del pueblo de Dios. No era una cuestión de racismo, sino una medida de disciplina que Dios les impuso a esos pueblos por no haber auxiliado a Israel en tiempos del Éxodo. Si Dios había dispuesto eso, los hombres no podían cambiarlo, aunque sus sentimientos les dijeran lo contrario.
  2. El rechazo al nepotismo que mostró el sacerdote Eliasib (Nehemías 13.4-5). Este hombre no era cualquier sacerdote, sino que ocupaba el cargo de “sumo sacerdote” (Neh 13.28). Aprovechando su posición, él estaba tratando de beneficiar a su pariente Tobías entregándole una habitación completa dentro del templo para que la usara como él quisiera, impidiendo así que ese espacio se usara para lo que fue diseñado: un depósito de ofrendas y de utensiios sagrados del templo. Cuando Nehemías se dio cuenta reaccionó así: “Me disgusté mucho y saqué del cuarto todas las pertenencias de Tobías.” (Neh 12.44), “Y eso me indignó sobremanera” (BTX), “Me enojé mucho” (TLA), o incluso “Esto me dolió mucho” (RVR95). Nehemías experimentó un celo por la casa de Dios y se enfureció al ver que el mismo sumo sacerdote, de quien se esperaba mayor santidad aún, era quien estaba actuando de forma corrupta.
  3. La restauración del cuidado a los levitas (Nehemias 13.10-13). Nehemías también se dio cuenta que las porciones de comida que correspondían a los levitas de parte de las ofrendas del pueblo no se les habían entregado, por lo cual éstos tuvieron que salir a trabajar afuera del templo, descuidando así sus funciones. Nehemías confrontó a los dirigentes y restauró el cuidado a los levitas, tal como la ley de Dios lo pedía. No era una cuestión de privilegios del liderazgo, sino un mandato de Dios que los levitas tenían que ser cuidados por el pueblo.
  4. La restauración del día de descanso (Nehemías 13.15-22). Nuevamente Nehemías se dio cuenta que el día de descanso se había descuidado y se estaba permitiendo a los judíos trabajar ese día y que hubiera actividad comercial tanto por los judíos como por extranjeros que llegaban a la ciudad a vender sus productos. Nehemías reaccionó enérgicamente y aparte de reprender a los judíos por esto, usó su autoridad para obligar a que nadie entrara a Jerusalén desde el viernes por la noche para comerciar. Todo lo hizo con energía, hasta con dureza en momentos, movido por su celo por Dios.
  5. La restauración del mandato de no casarse con extranjeras (Nehemías 13.23-31). La última cosa que descubrió Nehemías es que “algunos de los hombres de Judá se habían casado con mujeres de Asdod, Amón y Moab.” (Neh 13.23), incluyendo a uno de los hijos del sumo sacerdote (Nehemías 13.28). La reacción de Nehemías ante esto fue la más fuerte que registra el capítulo: confrontación personal, maldiciones, golpes, arrancar cabellos, juramentos a la fuerza y expulsiones. Su cuestionamiento fue claro: “26 «¿Acaso no fue exactamente eso lo que llevó a Salomón, rey de Israel, a pecar? —exclamé—… 27 ¿Cómo pudieron siquiera pensar en cometer esta acción pecaminosa y ser infieles a Dios al casarse con mujeres extranjeras?». ” (Neh 13.26-27). Nuevamente podemos observar la razón principal para evitar los matrimonios mixtos en el pueblo de Dios: el peligro de la contaminación ritual. Nehemías no estaba dispuesto a aceptar esta grave desobediencia y tomó medidas radicales.

De acuerdo con Nehemías 13.6-7, todas estas cosas sucedieron mientras Nehemías había salido de Jerusalén para regresar a la corte real persa, de donde salió con la promesa de regresar un tiempo después. De acuerdo con las notas de la NTV, el año 32 del reinado de Artajerjes (que fue cuando Nehemías regresó a Persia) fue el 433 a.C. Así que en el tiempo entre que se fue, arregló en Persia su regreso y volvió a Jerusalén, pasaron todas estas desviaciones: negligencia ante los mandatos de las Escrituras, nepotismo de los principales líderes, descuido a los levitas, menosprecio del sábado, y matrimonios mixtos con paganas. En un período que debió haber durado algunos meses, todo esto sucedió. ¿Qué nos revela esto de la naturaleza humana?

¿Por qué Nehemías reaccionó tan fuerte ante los pecados del pueblo? Tal vez la respuesta la encontramos en Nehemías 5.14-19, donde encontramos una perfecta descripción del tipo de carácter que como líder tenía Nehemías: integridad total. El pasaje describe que por motivos de conciencia ni él ni sus funcionarios reclamaron la ración de comida que les correspondía de parte de las ofrendas del pueblo, tampoco se dedicó a comprar propiedades, sino que en todo el tiempo que tuvo el cargo de gobernador (hasta el año 433 a.C.) se entregó de lleno a su misión: trabajar en la reconstrucción de la muralla. No se distrajo por nada ni por nadie. Siendo así su convicción para Dios, era de esperar que no soportara que otros tuvieran convicciones inferiores y que en lugar de contribuir a restaurar espiritualmente a Israel, contribuyeran más bien a acumular más razones para que Dios volviera a disciplinarlos.

Finalmente, durante el libro, como hemos mencionado, encontramos repetidas veces oraciones breves como “Oh Dios mío, acuérdate de todo lo que he hecho por este pueblo y bendíceme.” (Neh 5.19). Parece que durante todo el relato, Nehemías dejó por escrito el anhelo de su corazón: que Dios tomara en cuenta todas las acciones que hizo en favor de su pueblo. Después de cada acción importante, encontramos una oración parecida. Nehemías podía estar tranquilo ya que muchos años después se escribiría Hebreos 6.10 (DHH-LA) que dice, “Porque Dios es justo, y no olvidará lo que ustedes han hecho y el amor que le han mostrado al ayudar a los del pueblo santo, como aún lo están haciendo.” Dios no olvidaría todo su esfuerzo por restaurar la relación de su pueblo con su Creador, así como hoy Dios tampoco olvidará todo lo que hagamos sinceramente para ayudar a su iglesia.

Conclusiones:

  1. La restauración espiritual al camino que Dios quiere siempre traerá mucha alegría a familias completas. ¿Necesitamos alegría en nuesta vida? Restauremos mandatos, prácticas, convicciones o principios que la Biblia nos enseña y sin duda comprenderemos mejor lo que sentían aquel día los judíos.
  2. Apreciemos el gran ejemplo de la ofrenda ideal que vemos en Nehemías: todos colaborando, todos aportando y los líderes haciendo su trabajo. Esa armonía en el pueblo de Dios es lo que motiva a ser más generosos con las ofrendas.
  3. Es impresionante la enorme fragilidad humana, que tan solo se queda un poco de tiempo sin una dirección más firme, se tira de nuevo a las maldades y desobediencias. Tengamos cuidado con esta tendencia que seguramente varias veces hemos detectado en nuestras vidas y aspiremos a tener convicciones propias, que seguirán funcionando bien exista o no un liderazgo espiritual adecuado a nuestro alrededor.
  4. Apreciemos la integridad de carácter de Nehemías y aprendamos de él, especialmente si servimos en la función de liderazgo en la iglesia cristiana. Levantemos nuestras convicciones personales de servicio y rectitud y ayudemos a otros a desarrollarlas también.
  5. Dios nunca olvidará lo que hagamos por su pueblo, simplemente eso no pasará. Aunque los hombres olviden o no aprecien, Dios siempre lo hará. ¡Confiemos en Él mientras servimos de corazón a su pueblo!

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