Día 420

2 CORINTIOS 3.6-6.13.

En los capítulos correspondientes a nuestro estudio de este día, el apóstol Pablo nos dejó profundas reflexiones teológicas sobre la esperanza de la salvación, el rol del Espíritu Santo en nuestra vida como creyentes, el poder de la predicación expositiva y sincera, la renovación interna que un creyente experimenta continuamente y más. ¡Llenemos nuestros corazones de grandes verdades en este día!
Iniciamos con 2 Corintios 3.6 que dice, “Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” Retomando un poco el contexto anterior de este versículo, Pablo continuó hablando sobre la capacitación que Dios nos da para predicar el evangelio y ayudar a otros a conocer a Cristo. Es entonces cuando mencionó que el Antiguo Pacto “mata”, mientras que el Nuevo Pacto “da vida”. ¿Qué quiere decir esto? Veamos algunas reflexiones que el apóstol hizo acerca de la comparación entre los dos pactos:
  1. Recordemos que en la carta anterior que Pablo escribió (Romanos), él mencionó lo siguiente: “Se me hizo evidente que el mismo mandamiento que debía haberme dado vida me llevó a la muerte; 11 porque el pecado se aprovechó del mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató.” (Ro 7.10-11). En ese capítulo de Romanos, el apóstol hizo un desarrollo amplio sobre cómo la ley terminó llevando al hombre a la muerte porque al exponer lo que era el pecado, condenó al hombre. Pablo reafirma esta idea en 2 Corintios 3.7, “El ministerio que causaba muerte, el que estaba grabado con letras en piedra”, es decir, se refiere a la ley mosáica, en la cual gira todo el Antiguo Testamento. Siendo así, cuando Pablo comparó los dos pactos, concluyó que el Nuevo Pacto que es “el ministerio del Espíritu” (2 Co 3.8) trae justicia y vida a las personas que están bajo el mismo y además es mucho más glorioso que el anterior pacto. No tiene ningún caso someterse de nuevo al Antiguo Pacto, ¿para qué vivir bajo algo imposible de llevar y además que nos lleva a la muerte? Lo mejor es someternos al Nuevo Pacto por completo y encontrar verdadera justicia y verdadera vida.
  2. Pablo reconoció que cuando los judíos leían el Antiguo Testamento sin aceptar que Cristo es el Mesías, “un velo les cubre el corazón” (2 Co 3.15). Es decir, no podían ver el plan completo de Dios para la humanidad, ya que “la mente de ellos se embotó” (2 Co 3.14) o “el entendimiento de ellos se endureció” (NBLH). Al rechazar a Cristo como el Mesías esperado, los judíos endurecieron su corazón al grado de que aún cuando son las mismas Escrituras que leían las que apuntaban hacia Cristo en múltiples maneras, ¡no se daban cuenta! Y como dijo Pablo, “hasta el día de hoy tienen puesto el mismo velo al leer el antiguo pacto” (2 Co 3.14), así también hasta el día de hoy los judíos siguen sin reconocer la figura mesiánica de Cristo y les resulta imposible aceptar que en la persona de Jesús se cumplieron las profecías mesiánicas, aunque las estén leyendo ellos mismos. ¿Cuándo se remueve ese velo para un judío?, “cada vez que alguien se vuelve al Señor, el velo es quitado” (2 Co 3.16). Solamente aceptando el plan completo de Dios en la figura de Jesús, como Pablo mismo dijo en Romanos 10.9-13, “que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. 11 Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en él no será jamás defraudado.» 12 No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan, 13 porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo».” Es decir, cuando los judíos acepten que Jesús es el Señor y el Salvador (no en el sentido evangélico de la frase, sino en el sentido bíblico), es entonces cuando el velo se les caerá y podrán ver la gloria de Dios reflejada en Cristo.
  3. En 2 Corintios 3.17-18 Pablo nos dejó una de las mayores evidencias de los resultados del Nuevo Pacto en la vida de una persona: “somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu.” (2 Co 3.18). Es decir, es la transformación constante a imagen de Cristo de una persona la que refleja el trabajo del Espíritu Santo, de quien es el ministerio del Nuevo Pacto. La vida cambiada, el carácter transformado y la mente renovada son y serán siempre las mejores evidencias del poder de Dios trabajando a través de su Espíritu. Y como creyentes modernos, no estamos llamados a estancarnos en nuestro carácter o nuestro estilo de vida anterior o nuestra mente, sino a renovarnos cada día con la ayuda de Dios para parecernos más a Jesús con el paso del tiempo.
Ahora, en 2 Corintios 4.1-5.10, Pablo nos explicó en términos prácticos qué significa realmente “reflejamos como en un espejo la gloria del Señor” (2 Co 3.18):
  1. Nunca manipular la Palabra de Dios (2 Co 4.2-6). El apóstol aclaró que él nunca actuaba con engaño ni torcía las Palabra de Dios, sino más bien “mediante la clara exposición de la verdad, nos recomendamos a toda conciencia humana en la presencia de Dios” (2 Co 4.2) o “sino que renunciamos a subterfugios deshonestos, no andando con astucia ni adulterando la Palabra de Dios” (BTX) o “no actuamos con astucia ni falseamos el mensaje de Dios” (DHH-LA) o “Rechazamos todas las acciones vergonzosas y los métodos turbios.” (NTV). Además Pablo afirmó, “No nos predicamos a nosotros mismos sino a Jesucristo como Señor” (2 Co 4.5). Las diferentes traducciones nos ayudan a enriquecer la fuerza del mensaje que Pablo estaba transmitiendo aquí: un siervo sincero de Dios jamás torcerá las Escrituras para satisfacer una agenda personal de intereses, sin más bien se limitará a exponer de forma clara la Biblia y permitirá que sea Dios mismo quien toque las conciencias de cada persona que lo está escuchando, sin forzarlas ni obligarlas a nada, y sin necesidad de recurrir a auto-predicarse para lograr mantener la atención o para lograr que las personas lo sigan. El proceder de Pablo era muy distinto al de los falsos apóstoles de la época quienes eran movidos principalmente por ambición de dinero y de poder, y quienes recurrían constantemente a predicarse a ellos mismos como “mejores” que Pablo y que los demás verdaderos apóstoles de Jesús.
  2. El “tesoro en vasijas de barro” (2 Co 4.7-18). O también, “Pero esta riqueza la tenemos en nuestro cuerpo, que es como una olla de barro” (DHH-LA), “tenemos esta luz que brilla en nuestro corazón, pero nosotros mismos somos como frágiles vasijas de barro que contienen este gran tesoro” (NTV). Pablo afirmó aquí que los discípulos de Jesús somos como “vasijas de barro”, es decir, ¡frágiles y delicados!; pero por dentro tenemos un “gran tesoro”, que es el Espíritu Santo y la luz que ha hecho brillar en nuestro corazón, es decir, la presencia de Dios en nosotros. ¿Cómo se refleja esa presencia en un creyente? ¿Qué diferencia notable se puede ver entre un creyente y un no creyente que son sometidos a las mismas pruebas y dificultades en la vida? Pablo lo expresó así: “8 Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; 9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.” (2 Co 4.8-9), o también “‎‎8 que estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados; ‎‎9 perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no destruidos.” (RVR95). También dijo, “Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día.” (2 Co 4.16), llamando incluso “sufrimientos ligeros y efímeros” (2 Co 4.17) a la lista anterior. Y por último en 2 Corintios 6.4-10 Pablo describió cómo ese tesoro funcionaba en su “vasija de barro” que era su cuerpo: “4 Más bien, en todo y con mucha paciencia nos acreditamos como servidores de Dios: en sufrimientos, privaciones y angustias; 5 en azotes, cárceles y tumultos; en trabajos pesados, desvelos y hambre. 6 Servimos con pureza, conocimiento, constancia y bondad; en el Espíritu Santo y en amor sincero; 7 con palabras de verdad y con el poder de Dios; con armas de justicia, tanto ofensivas como defensivas; 8 por honra y por deshonra, por mala y por buena fama; veraces, pero tenidos por engañadores; 9 conocidos, pero tenidos por desconocidos; como moribundos, pero aún con vida; golpeados, pero no muertos; 10 aparentemente tristes, pero siempre alegres; pobres en apariencia, pero enriqueciendo a muchos; como si no tuviéramos nada, pero poseyéndolo todo.” Aquí entonces descubrimos una poderosa verdad para nuestra fe, que si nos mantenemos unidos a Jesús (Juan 15), el Espíritu Santo trabajará en nosotros para ayudarnos a vencer obstáculos y dificultades, a sobreponernos a caídas y tropiezos, a animarnos cuando nos llega el desánimo y el desaliento, y a levantarnos cuando incluso llegamos a caer, aparentando no tener nada por fuera pero llenos de riquezas impresionantes por dentro (valor, fuerza, determinación, fe, confianza en Dios, integridad, constancia, perseverancia, rectitud, pureza, sabiduría, conocimiento de Dios, ¡y mucho más!) Todo esto es reflejar la gloria de Dios. Por eso Pablo dijo también, “Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo.” (2 Co 4.10). Es decir, a donde quiera que estemos llevamos la disposición a sufrir por Cristo, para que solo así logremos encontrar vida y poder. Una persona que no tiene a Cristo en su vida, con mucha dificultad se logrará levantar de forma exitosa cuando la vida lo derribe. ¡Y a todos, creyentes o no creyentes, la vida nos derribará de vez en cuando!
  3. Fijándose en lo “invisible” y no en lo “visible” (2 Co 4.18). Otro aspecto clave que Pablo reveló en 2 Corintios para lograr reflejar la gloria de Dios efectivamente en este mundo fue el mantener el enfoque en lo eterno y no en lo pasajer. En otras palabras, ¡mantenernos mirando hacia el cielo que nos espera y no con nuestra vista clavada en los problemas de este mundo! Pablo dio una introducción breve a este concepto en 2 Corintios 4.14, “sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con él y nos llevará junto con ustedes a su presencia.”, y desarrolló la idea más completa en 2 Corintios 5.1-10. Ahí Pablo comparó nuestra existencia terrenal con una “tienda de campaña” (2 Co 5.1) o “tabernáculo” (BTX) o “carpa terrenal” (NTV). Con esa imagen en mente, comprendemos qué frágil y qué temporal es nuestra vida en este mundo, ¡no podemos poner la seguridad de nuestra alma en eso! Pero la buena noticia es que Dios nos tiene preparada una “casa eterna en el cielo, no construída por manos humanas” (2 Co 5.1). Pero, ¿cómo es la existencia terrenal de un creyente que realmente está convencido de su esperanza futura? Pablo lo describió magistralmente de la siguiente manera: “suspiramos, anhelando ser revestidos de nuestra morada celestial” (2 Co 5.2), “suspirando y agobiados, pues no deseamos ser desvestidos sino revestidos” (2 Co 5.4), “sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos alejados del Señor” (2 Co 5.6), “nos mantenemos confiados, y preferiríamos ausentarnos de este cuerpo y vivir junto al Señor” (2 Co 5.8) y “Por eso nos empeñamos en agradarle” (2 Co 5.9). En otras palabras, el apóstol estaba diciendo que un cristiano que realmente tiene su esperanza puesta en la promesa de Jesús de la vida eterna, no vive aferrado a las satisfacciones que este mundo puede ofrecer, sino más bien hay una constante insatisfacción en su alma con lo que encuentra en el mundo, por muy bueno que sea, porque sabe que hay algo más trascendente que lo está esperando y anhela estar ahí. Un discípulo de Jesús no se aferra a esta vida tampoco, porque cuando llegue la hora de su muerte, sabe a dónde va y qué le espera. Así que es un hecho que ni creyentes ni no creyentes encontrarán jamás la satisfacción y la plenitud para sus almas en las cosas terrenales, porque de acuerdo con Pablo, Dios nos hizo para lo eterno (2 Co 5.5) y a los discípulos nos adelanto una garantía de que estaremos con él para siempre: ¡su Espíritu Santo! Aunque muchas personas piensan que la mayor satisfacción en esta vida se la pueden dar sus familiares (esposa, hijos, nietos), sus logros profesionales (puestos, títulos), sus logros económicos (posesiones, viajes, cuentas); ¡todo eso es nada comparado con lo que Dios nos ofrece! Por eso mismo, por la grandiosa esperanza que tenemos, necesitamos poner todo nuestro empeño en agradar a Dios mientras estamos vivos en este mundo, porque es un hecho que todos seremos juzgados por Dios un día (2 Co 5.10), ¡nadie se escapará de eso, crea o no crea en Dios!
Terminamos nuestro estudio analizando 2 Corintios 5.11-6.3, donde Pablo hace varias reflexiones sobre la importancia del ministerio de predicación del evangelio:
  1. El objetivo no es obligar, sino persuadir. Pablo dijo, “tratamos de persuadir a todos, aunque para Dios es evidente lo que somos” (2 Co 5.11). Pablo utilizó la palabra griega πείθω (peídso), que de acuerdo con el Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento, de Editorial Mundo Hispano, significa “Persuadir, convencer, aplacar, granjear, tranquilizar.” No podemos forzar a nadie a seguir a Jesús, ¡ni siquiera Dios mismo lo hace! Siempre se debe respetar el libre albedrío de las personas, predicar la verdad del evangelio y apelar a que Dios trabaje en las conciencias de cada uno. Aquellos que respondan, encontrarán la vida; aquellos que rechacen el mensaje de Jesús, enfrentarán a Dios en el día del juicio. Cada quien decide su propio futuro. El cristianismo bíblico jamás ha sido una religión de imposición para las personas, siempre apelará al libre albedrío y la voluntad de cada ser humano. Que el hombre la haya torcido y a través de los siglos se haya deformado, eso es otra cosa, pero en el inicio no fue así.
  2. El sacrificio de Cristo es el motor del evangelismo (2 Co 5.14-15). Pablo afirmó que “El amor de Cristo nos obliga” y por eso los creyentes ya no vivimos para nosotros sino para Jesús. La gratitud a Jesús siempre será el mejor motivador para la fidelidad y para la obediencia a Cristo, y eso incluye el anunciar el evangelio a otros, crucificando en el proceso nuestro egoísmo y sirviendo a los demás para llevarlos a conocer a Jesús.
  3. El poder del mensaje del evangelio (2 Co 5.16-17). De acuerdo con el apóstol, conocer a Cristo se puede resumir en esta frase: “¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Co 5.17). Verdaderamente el evangelio transforma vidas y lleva a las personas a experimentar un nuevo nacimiento, una segunda oportunidad, un comenzar de nuevo. Ninguna filosofía humana ofrece esto, solamente el evangelio de Jesucristo. Estamos hablando de un “borrón y cuenta nueva” para nuestras vidas, por la gracia de Dios mostrada en la vida y el sacrificio de Jesús.
  4. El “ministerio de reconciliación” (2 Co 5.18-6.3). Como último punto de este análisis, Pablo afirmó que el ministerio de predicación del evangelio es en realidad un ministerio de reconciliación entre el hombre y Dios a través de Cristo. Por eso mismo, los apóstoles y sus ayudantes eran considerados “embajadores de Cristo”, porque representaban de alguna manera el deseo de Dios de reconciliar a los hombres con Él. Incluso Pablo usó el término “colaboradores de Dios” para refirirse a él y a los que andaban como él, predicando el evangelio.

Conclusiones:

  1. ¿Cómo vamos en reflejar a Cristo en nuestra vida? ¿Estamos siendo transformados más y más a su imagen? ¿O nos hemos estancado en el mismo carácter, la misma mentalidad y las mismas debilidades carnales que hace varios años atrás? Medita en esto y toma decisiones.
  2. Cuando hablas de Dios a las personas utilizando la Biblia, ¿te aseguras de exponer el mensaje con claridad e integridad? ¿O te das libertades para “estirar” Escrituras para que digan lo que realmente nunca han dicho? ¿Estás reflejando la gloria de Dios en esto?
  3. ¿Qué tal está tu “tesoro en vasija de barro”? ¿Has aprendido grandes lecciones espirituales a través de tus pruebas y fracasos? ¿Te has levantado de tus caídas para darle gloria a Dios nuevamente? ¿Te has sobrepuesto de los desánimos y las tristezas con la ayuda del Espíritu Santo? ¿Has desarrollado virtudes de carácter a través de los tiempos difíciles que has atravesado? ¡Eso significa reflejar la gloria de Dios en nuestra vida!
  4. ¿Qué tanto piensas en la eternidad? ¿Qué tanto tienes en tu vista la promesa del cielo? ¿O más bien encuentras mayor satisfacción en los placeres y recompensas que este mundo ofrece (dinero, lujos, conocimiento, poder, belleza, relaciones humanas, etc.)? ¿Estás mirando lo visible o lo invisible, lo fugaz o lo eterno?
  5. Recordemos que cuando predicamos el evangelio, somos “embajadores” y “colaboradores de Dios” también, y anunciamos el ministerio de reconciliación entre el hombre y Dios. ¿Conoces a tu alrededor personas que necesitan reconciliarse con Dios y con otros seres humanos? ¿Qué esperamos entonces para llevarles el mensaje de reconciliación?
Meditemos a través de un video en el tema de la insatisfacción de nuestra alma con lo que este mundo ofrece y cómo será satisfecha para siempre hasta que lleguemos a nuestro destino final: ¡el cielo!


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