Día 388

JUAN 13.31-38, MARCOS 14.27-31, MATEO 26.31-35, LUCAS 22.31-38, JUAN 14.1-15.17.

Durante la última cena de Jesús con sus discípulos, Cristo no solamente estableció la conmemoración de su vida y sacrificio a través del partimiento del pan y el tomar del vino (lo que es conocido en las iglesias cristianas como el momento de la Comunión o la Santa Cena). También en esa noche Jesús habló de cosas muy importantes, que van desde profecías sobre su arresto, su crucifixión y su resurrección; hasta el envío del Espíritu Santo de parte de Dios para los discípulos. También transmitió paz y confianza a sus discípulos hablándoles de las recompensas futuras y mostrando empatía para con la tristeza y la desesperanza que estaban sintiendo. Por su longitud y su relevancia, analizaremos este discurso en varios días de estudio.
Primero hablaremos del anuncio de la negación de Pedro y del abandono de Jesús por parte de todos los apóstoles (Juan 13.31-38, Marcos 14.27-31, Mateo 26.21-35 y Lucas 22.31-38). Mateo y Marcos coinciden en que Jesús anunció la negación de Pedro una vez que la cena hubo terminado y cuando estaban en camino al monte de los Olivos (“Después de cantar los salmos, salieron al monte de los Olivos.”, Mr 14.26). Lucas por otro lado, incluye esa profecía dentro del discurso en la cena (Lc 22.31). Y por último, Juan divide las predicciones incluyendo la referente a la negación de Pedro dentro de la cena (Jn 13.38)  y ubicando la que se refiere a la dispersión de todos en el camino al jardín (Jn 16.32).  ¿Por qué estas discrepancias en cuanto a tiempos? De acuerdo con la Biblia de Estudio Apologética, es posible que los evangelistas ubicaron su material dentro del texto guiados por otros motivos diferentes a la precisión cronológica. Es decir, los propósitos de escritura de cada evangelio guiaron la ubicación del material contenido en cada uno, aunque a veces no coincidiera exactamente con la cronología de los eventos. Sin embargo, los 4 evangelios ubican estas predicciones en el período entre que duró la última cena y el camino al monte de los Olivos, así que no hay razones para dudar de la veracidad del relato.
Ahora, en cuanto a la predicción de la negación de Pedro, con la armonización de los 4 evangelios en los textos respectivos podemos mencionar los siguientes aspectos importantes:
  1. Jesús le dijo a Simón, “31 »Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. 32 Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos.” (Lc 22.31-32), o “Satanás ha pedido permiso a Dios para ponerles pruebas difíciles a todos ustedes, y Dios se lo ha dado.” (TLA) . Jesús le advirtió a Pedro que Satanás estaba atrás de todo el asunto. La forma en que Jesús lo planteó nos recuerda un poco la historia de Job, cuando “el ángel acusador” (Job 1.6, DHH-LA) argumentó con Dios que si se le quitara a Job todo lo que tenía, seguro terminaría maldiciendo a Dios mismo (Job 1.9-11). Pareciera como si el diablo mismo hubiera pedido a Dios permitirle tocar a los apóstoles para demostrarle a Dios que ellos no eran dignos de Jesús. Jesús sabía que sus discípulos serían probados por el diablo y oraba por ellos antes de que esto pasara, como le dijo a Pedro, “para que no falle tu fe” (Lc 22.32).
  2. Los 4 evangelios registran que la reacción de Pedro fue afirmar su compromiso de Jesús de no abandonarlo “aunque todos te abandonen” (Mr 14.29) y de incluso dar la vida por Cristo (Jn 13.37). Para el carácter impulsivo de Pedro, escuchar las predicciones de Jesús debieron haber causado un efecto inmediato donde en lugar de pensar en lo que estaba escuchando, se limitó a responder guiado por la emoción del momento. Tristemente todo lo que Jesús dijo sucedería sin falla alguna.
  3. También los 4 evangelios registran el número exacto de veces que Pedro negaría a Cristo: tres (Mt 26.34, Mr 14.30, Lc 22.34 y Jn 13.38). Aunque nos damos cuenta que en algunos detalles cronológicos parece que los evangelistas no pusieron mucha atención, en otros detalles exactos sí lo hicieron, como en este caso el número de veces preciso que Pedro negaría a Cristo. Es posible que para ellos ese dato tendría más relevancia teológica que si tal discurso sucedió antes o después de llegar al monte de los Olivos. Esto nos demuestra que debemos estudiar los evangelios desde la perspectiva de la intención teológica con la que se escribió cada uno, y no como si fueran 4 reportajes periodísticos que deben contener la cronología precisa de cada cosa (aunque en muchos eventos sí hay una precisión cronológica sorprendente).
Por otro lado, también es importante mencionar el uso que Jesús dio a varios pasajes del Antiguo Testamento (considerados como profecías mesiánicas debido a esto) para referirse a los eventos que estaban por suceder:
  1. Citando Zacarías 13.7 (“Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño.”) en Mateo 26.31, Jesús afirmó que esa profecía se dijo con respecto al hecho de que todos los apóstoles lo abandonarían durante su arresto. Cientos de años atrás Dios había inspirado a Zacarías para anunciar que las cosas pasarían así.
  2. Citando Isaías 53.12 (“Y fue contado entre los transgresores.”) en Lucas 22.37, Jesús afirmó que esa profecía se refería que su muerte sería como la de un criminal, no como la de un hombre justo y bueno. Por eso, por la violencia propia del trato a un criminal por la que tendría que pasar, pidió a sus discípulos “el que tenga un monedero, que lo lleve; así mismo, el que tenga una bolsa. Y el que nada tenga, que venda su manto y compre una espada.” (Lc 22.36). Pero, ¿tenemos aquí a Jesús invitando a sus apóstoles a una revolución armada, como lo hacían los zelotes? El IVP Bible Background Commentary: New Testament, de InterVaristity Press, nos dice que las palabras de Jesús eran más bien simbólicas para referirse al tipo de trato que recibiría (la muerte de un revoltoso contra el imperio romano). La presencia de espadas daría argumentos a sus enemigos para las acusaciones. Y de hecho, esa noche los apóstoles tenían 2 espadas consigo. Es decir, ¡algunos andaban armados en la última cena! Posiblemente previendo la tan anunciada confrontación que Jesús había estado proclamándoles varias veces.
Pasemos ahora al análisis del discurso que contiene el evangelio de Juan. Podemos identificar los siguientes temas:
  1. El asunto del “nuevo mandamiento”. Jesús les enseñó lo que él mismo llamó el “nuevo mandamiento”: que se amaran unos a otros como él los amó. Tan importante sería esto que incluso dijo que en el futuro “todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.” (Jn 13.35). También Juan 15.12 dice, “2 Y éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.” Es decir, la evidencia para el mundo de que los discípulos realmente eran seguidores de Jesús sería el amor fraternal sincero que se tuvieran, no tanto los asuntos de doctrina o dogmas de fe. Podemos darnos cuenta que el plan de Jesús es que fuera a través del amor unos a otros en sus discípulos que este mundo fuera impactado por su evangelio. ¿Y cuál es el modelo para los discípulos a seguir con respecto a cómo amarse unos a otros? ¡Pues Jesús mismo! Él quiere que aprendamos a amarnos como él amó a sus discípulos cuando estuvo aquí en la tierra.
  2. La confianza y la paz que quiso transmitirles. Varios pasajes tratan con esto: A) En Juan 14.1-4, Jesús les dijo a sus discípulos que no se angustiaran sino que aprendieran a confiar en él y en Dios. ¿Por qué les mencionó esto? Recordemos que para este momento sus discípulos estaban experimentando todo un cuadro de emociones que iban desde la tristeza hasta la angustia y la desesperanza, debido a los anuncios de Jesús de su próxima muerte. B) En Juan 14.11, Jesús les dijo, “Créanme cuando les digo que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí; o al menos créanme por las obras mismas.” Y les prometió que si creían en él, harían obras más grandes que Jesús en el futuro. Nuevamente estaba tratando de transmitirles fe y confianza para enfrentar lo que venía. C) Juan 14.13 dice, “Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo.” Otra promesa increíble que Jesús les da es la certeza de que Dios estará atento a sus oraciones ya que eran sus discípulos. D) Juan 14.27 dice, “La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.”  Jesús les anuncia que les dejaría una paz inigualable, que el mundo no les podría ofrecer por ningún medio, y esa paz les ayudaría a no tener angustia ni entregarse al miedo. Sólo la paz de Jesús nos quita la angustia y el miedo. E) Juan 15.15 dice, “Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes.” Jesús cambió la forma de dirigirse a sus discípulos y ahora los llama “amigos”. El Salvador del mundo estaba reconociendo como amigos verdaderos a sus 11 apóstoles. ¡Eso era realmente un privilegio! Ellos lo recordarían para toda su vida y sabrían que Jesús, aparte de su Señor y Salvador, era su amigo y contarían con él para siempre.
  3. El trabajo del Espíritu Santo. Jesús prometió a sus discípulos lo siguiente: “yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: 17 el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes.” (Juan 14.16-17). Se refería claro está a la llegada del Espíritu Santo al mundo, especialmente a sus discípulos, como lo estudiaremos más adelante en el libro de los Hechos. ¿Qué función tendría el Espíritu Santo en la vida de los discípulos? Juan 14.26 dice, “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho.” Jesús estaba afirmando que el Espíritu instruiría a sus discípulos en “todas las cosas”, es decir, en todo lo que Jesús no alcanzó a enseñarles y que necesitarían saber para la misión que les había encargado. Efectivamente el Espíritu Santo guió a la iglesia original en muchas decisiones importantes, como lo estudiaremos a detalle en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Por otro lado, Jesús también estaba afirmando que el Espíritu les ayudaría a recordar “todo lo que les he dicho”. A veces nos preguntamos cómo fue posible que décadas después de que Jesús había muerto, los apóstoles hubieran recordado detalles de la vida de Cristo como para plasmarlos en los evangelios. Aquí está la respuesta, Jesús anticipó que sería el Espíritu quien haría ese trabajo en las mentes de los apóstoles. Auténtica inspiración divina.
  4. La forma de demostrar el amor por Jesús. Otro tema importante que Jesús mencionó en su discurso aquella noche se resume en Juan 14.15, “Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.”, idea que es reafirmada en Juan 14.21, “¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece.”, y una vez más en Juan 14.23, “—El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él. 24 El que no me ama, no obedece mis palabras.”  Tres veces en el mismo discurso Jesús pronunció una gran verdad: la única forma de demostrar que amamos a Jesús es a través de la obediencia a sus palabras. Si solamente decimos de boca que amamos a Cristo y que lo seguimos, pero en la práctica no hay evidencias claras de ello, ¡estamos mintiendo! Jesús no aceptará menos como muestra de amor de nuestra parte que la decisión personal de cada uno de nosotros de obedecer su Palabra día a día.
  5. La presencia de Satanás durante la pasión de Jesús. En Juan 14.30 Jesús dijo, “Ya no hablaré más con ustedes, porque viene el príncipe de este mundo. Él no tiene ningún dominio sobre mí.” Jesús estaba anunciando que Satanás (también conocido como “el príncipe de este mundo”) estaría obstaculizando la cercanía de él con sus discípulos. Es decir, el diablo estaría atrás del arresto, juicio y crucifixión de Jesús. Sin embargo, aunque a los ojos humanos e incluso demoníacos pareciera que Jesús sería derrotado, ¡no era verdad! Jesús aclaró que el diablo no tenía ningún dominio sobre él.
  6. El fruto esperado por Jesús. Casi todo Juan 15.1-17 contiene la explicación espiritual de la analogía con el labrador, la vid, sus ramas y sus frutos. El labrador representa a Dios, la vid a Jesús, las ramas a cada uno de sus discípulos de quien esperaría “fruto”. La primera enseñanza importante aquí es que ningún discípulo puede dar fruto si no está unido a la vid, es decir, a Jesús, ya que él mismo dijo, “tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.” (Jn 15.4) y también “separados de mí no pueden ustedes hacer nada.” (Jn 15.5). Es decir, si un discípulo descuida su relación con Cristo y se aleja de él, ¡no puede para nada llevar una vida espiritual por sí mismo! Incluso si no regresa a unirse a Jesús, su destino final será el siguiente, “El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman.” (Jn 15.6).  El mismo destino que las personas que nunca quisieron seguir a Jesús. Por otro lado, otra enseñanza importante es que Jesús y Dios esperan que los discípulos den “fruto”, y además, “un fruto que perdure” (Jn 15.16). ¿A qué se refiere exactamente con “fruto”? Si pensamos en el contexto inmediato a este pasaje dentro del mismo capítulo, Jesús estaba hablando sobre el trabajo del Espíritu Santo en la vida de los discípulos. Recordemos también lo que dice Gálatas 5.22, “el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, 23 humildad y dominio propio.” Es decir, las virtudes que el Espiritu Santo genera en el carácter de una persona pueden bien representar ese fruto del que Jesús está hablando. Si cada discípulo se mantiene dando “fruto” constantemente en su vida cristiana, Dios será glorificado a través de sus vidas (Jn 15.8). Además Jesús mismo dijo, “los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure.” (Jn 15.16). La vida de un verdadero discípulo se distingue entonces por un proceso de transformación constante en su carácter, cada vez pareciéndose más a Jesús y menos a su naturaleza pecaminosa.

Conclusiones:

    1. Es posible que cuando estamos a punto de pasar por pruebas fuertes en nuestra vida, Satanás “nos pida” para sacudirnos y demostrarle a Dios que no somos mas que humanos egoístas y convenencieros, que le daremos la espalda a nuestro Señor ante dificultades fuera de lo normal. ¡No le demos ese gusto! En nuestras manos está esa decisión, pero Dios confía en nosotros y Jesús nos anima y nos fortalece para que podamos pasar las pruebas y aprender lecciones espirituales valiosas.
    2. ¿Qué tal andamos en el amor fraternal a nuestra iglesia local? ¿Entendemos que esa debe ser nuestra “tarjeta de presentación” de nuestra fe? No son los dogmas, las doctrinas, las prácticas o los rituales los que dan el testimonio más poderoso de Jesús al mundo. Es el amor que aprendamos a tenernos unos con otros, por más diferentes que seamos. Eso es lo que impacta al mundo.
    3. Sólo en Cristo podemos encontrar una verdadera paz enmedio de graves problemas que estemos atravesando. Acerquémonos con confianza a Él, que está siempre dispuesto a darnos de su paz, que es inigualable y que siempre funciona.
    4. ¿Qué tal andamos en la obediencia a la Biblia en situaciones específicas en nuestra vida? ¿Entendemos que para Jesús cada vez que decidimos obedecer su Palabra le estamos diciendo, “-Te amo Jesús”? Piensa en esto.
    5. Y con respecto a los frutos en nuestra vida, ¿cómo vamos en la transformación personal a ser más como Jesús y menos como nosotros? ¿Estamos avanzando o estamos estancados(as)? Recuerda que Jesús espera que demos fruto, no que seamos ramas secas y muertas.
Los dejo con un fragmento de la serie The Bible que contiene los eventos correspondientes a la última cena y el discurso posterior (reproducir del 21:32 al 30:05).


Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.