Día 284

ISAÍAS 52.13 – 57.21.

En este día estudiaremos el cuarto “Cántico del Siervo Sufriente”, donde el profeta Isaías nos proporciona una imagen estremecedora del sufrimiento que experimentaría el Mesías muchos años después, como el medio que Dios dispuso para ofrecernos una oportunidad para restaurar nuestra relación con Él y estar para siempre en su reino en la eternidad. También se incluye la visión de Dios para los no judíos y algunos aspectos más de su carácter.

Iniciemos con el cuarto “Cántico del Siervo Sufriente” de Isaías (52.13 – 53.12). En esta sección, el profeta aporta detalles sorprendentes de la pasión del Mesías que coinciden perfectamente con lo que sucedió:

  1. El impacto que el Mesías tendría en el mundo. Frases como “alarmará a muchas naciones… los reyes quedarán mudos ante él… verán lo que no se les había contado… entenderán lo que no habían oído hablar” (Is 52.15), reflejan que el Siervo Sufriente de Dios dejaría una huella poderosa en la historia de la humanidad al abrir el entendimiento a las personas de muchas cosas y sacudir las creencias. Su paso por este mundo no sería despercibido de ninguna manera.
  2. El aspecto físico del Mesías. El profeta nos da una pequeña imagen de cómo sería físicamente el Salvador del mundo: “No había nada hermoso ni majestuoso en su aspecto, nada que nos atrajera hacia él.” (Is 53.2) o ” No tiene aspecto hermoso ni majestad Para que Lo miremos, Ni apariencia para que Lo deseemos.” (NBHL). Llama la atención que en el caso del Mesías no sucedería como en el caso de otros reyes y profetas famosos de la Biblia en quienes sí se hace énfasis en su aspecto físico (DHH-LA): David (“Y el chico era de piel sonrosada, agradable y bien parecido.”, 1 S 16.12), Daniel (“3 además, ordenó a Aspenaz, jefe del servicio de palacio, que de entre los israelitas de familia real y de familias distinguidas trajera 4 jóvenes bien parecidos, sin ningún defecto físico, cultos e inteligentes, entendidos en todos los campos del saber y aptos para servir en el palacio real.”, Dn 1.3-4), Saúl (“tenía un hijo, joven y bien parecido, que se llamaba Saúl. No había otro israelita tan bien parecido como él, pues en estatura ninguno le pasaba del hombro.”, 1 S 9.2). Es muy probable que todas las imágenes físicas de Jesús que las artes y los medios nos han presentado a través de los siglos no correspondan al verdadero, porque el hombre se imagina un Mesías bien parecido, rubio, de ojos azules, alto y demás. Tal vez la realidad fue muy diferente y el plan de Dios fue que los hombres no fueran atraídos a su Hijo por su aspecto físico sino por sus palabras y sus hechos.
  3. La crueldad con que fue tratado. También encontramos varias descripciones del maltrato que recibiría el Mesías y cómo se miraría físicamente. A) “Tenía el rostro tan desfigurado, que apenas parecía un ser humano, y por su aspecto, no se veía como un hombre.” (Is 52.14). Nuevamente la descripción bíblica del Jesús torturado no corresponde a las imágenes clásicas de las pinturas de Jesús con la corona. La Biblia afirma que estaba tan malherido y fue tan golpeado que ni siquiera se reconocía su rostro como el de una persona. B) Tan intenso fue el dolor que experimentó durante su pasión que la Biblia dice, “hombre de dolores, conocedor del dolor más profundo” (Is 53.3) o “experimentado en quebranto” (BTX), “fue traspasado… y aplastado” (Is 53.5), “Fue oprimido y tratado con crueldad” (Is 53.7). Definitivamente el asunto de la pasión de Cristo fue algo terrible y cruel, mucho más que lo que los medios o el arte humano pueda representar.
  4. Las razones por las que tuvo que sufrir. Varios pasajes nos muestran directamente lo que ocasionaría tanto sufrimiento al Hijo de Dios: “fueron nuestras debilidades las que él cargó; fueron nuestros dolores los que lo agobiaron.” (Is 53.4), “fue traspasado por nuestras rebeliones y aplastado por nuestros pecados…. golpeado para que nosotros estuvieramos en paz… azotado para que pudiéramos ser sanados.” (Is 53.5), “cuando su vida sea entregada en ofrenda por el pecado” (Is 53.10). Siglos antes que pasara Dios ya estaba anunciando las causas del sufrimiento del Mesías: ¡nuestros pecados! ¡Nuestras maldades! ¡Nuestra desobediencia y nuestra rebeldía! Lo que Jesús cargaría en la cruz sería todo nuestro pecado. ¿Te conmueve aún el dia de hoy recordar esto? ¿Te lleva a la gratitud profunda entenderlo? Nunca olvidemos todo lo que Jesús tuvo que pasar por nosotros, para darnos una oportunidad.
  5. La actitud con la que la los hombres tomaron su sacrificio. Tristemente, el hombre no podría comprender a quién tendrían enfrente cuando Cristo estuviera en la tierra y su actitud hacia él sería la siguiente: “Nosotros le dimos la espalda y desviamos la mirada; fue despreciado, y no nos importó.” (Is 53.3), “Todos nosotros nos hemos extraviado como ovejas; hemos dejado los caminos de Dios para seguir los nuestros.” (Is 53.6), “A nadie le importó que muriera sin descendientes; ni que le quitaran la vida a mitad de camino.” (Is 53.8). Así fue anunciado, así sucedió, y así continúa pasando en este mundo indiferente al sacrificio de Cristo y a su mensaje: ¡indiferencia!
  6. La recompensa que el Mesías recibiría. El capítulo 53 también nos revela que el sacrificio del Mesías no sería en vano: “tendrá muchos descendientes… en sus manos el buen plan del Señor prosperará… Cuando vea todo lo que logró mediante su angustia, quedará satisfecho… hará posible que muchos sean contados entre los justos” (v. 10-12). De ninguna manera sería inútil tanto sacrificio y tanto dolor que Jesús tendría que experimentar, ¡habría una recompensa! El plan de Dios funcionaría a la perfección y muchos serían bendecidos por ese sacrificio. Gracias a Dios que a pesar de la indiferencia de este mundo, habemos muchos que no queremos ser indiferentes al sacrificio de Jesús y que anhelamos aprender a vivir agradecidos toda nuestra vida por lo que hizo por nosotros. ¡Oremos para que cada vez seamos más!

Además de continuar con los anuncios proféticos acerca de la futura restauración de Israel después del exilio babilónico (Isaías 54), también encontramos varios pasajes que nos muestran el corazón de Dios para la humanidad perdida, no solo para los judíos, y la invitación universal que siempre ha hecho a los hombres para que lo conozcan y se vuelvan a Él. Las palabras del mensaje son directas al corazón: “»¿Alguien tiene sed? Venga y beba… ¿Por qué gastar su dinero en alimentos que no les dan fuerza? … Escúchenme, y comerán lo que es bueno… Vengan a mí con los oídos bien abiertos. Escuchen, y encontrarán vida…. Busquen al SEÑOR mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca… Sí, vuélvanse a nuestro Dios, porque él perdonará con generosidad.” (Is 55.1-7). Más adelante encontramos que esta invitación no solo era para el pueblo de Israel, sino que Dios tenía planeado que a través de su Mesías, todas las naciones de la tierra recibirían la misma oportunidad, como nos lo muestra Isaías 56.3-8, donde se anuncia que Dios tiene las puertas abiertas para los “eunucos” y para los “extranjeros” que se comprometan con Él. También encontramos en Isaías 57.15 el corazón de Dios para quienes lo buscan y se arrepienten sinceramente de sus caminos torcidos: “«Yo vivo en el lugar alto y santo con los de espíritu arrepentido y humilde. Restauro el espíritu destrozado del humilde y reavivo el valor de los que tienen un corazón arrepentido.” Toda la historia de la Biblia es la constante y permanente invitación de Dios a la humanidad entera a que lo conozca, se vuelva a Él y disfrute una relación persona con Él. Qué triste que tan pocas personas en este mundo estén intersadas en conocer su Palabra, ¡se están perdiendo la mejor invitación que pueden recibir en sus vidas!

Es también importante mencionar cómo Dios afirma que su Palabra tiene mucho poder y que nunca llega sin causar efecto alguno, como dice en Isaías 55.11, “Lo mismo sucede con mi palabra. La envío y siempre produce fruto; logrará todo lo que yo quiero, y prosperará en todos los lugares donde yo la envíe.” Discutir con personas con argumentos humanos no lleva a nada, pero abrir la Biblia y dejar que Dios hable a los corazones siempre será lo mejor. Nunca menospreciemos las lecturas y exposiciones públicas de las Escrituras porque solo Dios sabe cómo tiene planeado trabajar ese día en los corazones humanos. Así lo confirmó el apóstol Pablo en 1 Corintios 14.24–25 (DHH-LA), “24En cambio, si todos comunican mensajes proféticos, y entra un no creyente o una persona común y corriente, él mismo quedará convencido y se examinará al oir lo que todos están diciendo. 25Así quedará al descubierto lo más profundo de su corazón, y adorará de rodillas a Dios, y reconocerá que Dios está verdaderamente entre ustedes.”

Por otro lado, encontramos una referencia breve a la creencia en la vida después de la muerte, cuando el profeta afirma que Dios tiene un plan para cada justo que muere y tiene una razón para permitirlo (protegerlos del mal que viene para que no lo vean), y también la promesa de un descanso en paz después de muertos (Isaías 57.1-2).

Finalmente, el profeta denuncia también a los líderes religiosos del pueblo que en lugar de estar enfocados  y trabajando fuerte por llevar al pueblo de Dios a la verdad, estaban muy ocupados “echados, durmiendo y soñando” (Is 56.10), cuidando sus propios intereses (Is 56.11) y solo pensando en hacer fiestas. También vuelve a reafirmar el aborrecimiento de Dios por la idolatría y la práctica del ocultismo que se había diseminado en Judá (Isaías 57.3-13). Está claro: Dios odia la idolatría y odia el ocultismo, ambos pecados son considerados por Él como una grave ofensa contra Él mismo, y nunca quedan sin castigo.

Conclusiones:

  1. Recordemos constantemente el sacrificio de Jesús y entremos en contacto con su dolor. Nunca olvidemos todo lo que él tuvo que pasar por nosotros, para que no perdamos nuestra gratitud a su sacrificio. Nadie ha sacrificado tanto por nosotros y nadie lo hará, solo Jesús. Mantengamos fresco nuestro corazón para recordar todo lo que hizo por nosotros.
  2. La indiferencia hacia Cristo, su mensaje y su sacrificio, es uno de los mayores males de la humanidad en este tiempo. Antes era la persecución, hoy es la indiferencia junto con sus compañeras la apatía y la incredulidad. El mundo necesita nuevamente ver a Jesús cara a cara y conocerlo, porque ha olvidado quién es. ¿Qué estás haciendo tú, si eres creyente, para ayudar a uno más a que tenga un encuentro con el Jesús verdadero? ¿Cómo estás contribuyendo a esta misión?
  3. El corazón de Dios es dar oportunidades a todos y ser paciente con la gente, a pesar de sus maldades y equivocaciones. Aún en casos donde nosotros podemos decir que tal o cual persona ya no tiene esperanza de cambiar, ¡Dios puede lograrlo! Tengamos fe en su poder y en sus planes.
  4. Apreciemos más aún las reuniones cristianos donde se predica y se expone la Palabra de Dios. Tantas cosas buenas pueden pasar ahí en los corazones humanos porque Dios mismo se mueve para tocarlos. Pongamos más atención en cada predicación, quitemos las distracciones de la mente y escuchemos a Dios hablándonos a nuestra necesidad.

 

Les dejo un video con una reflexión poderosa sobre el peso que Jesús cargó en la cruz, que fue nuestro peso también.


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